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Círculo de Hadas

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Círculo de Hadas

Mensaje por Solace el Lun Sep 06, 2010 12:15 pm

Corre, corre, corre, corre...

Era el único pensamiento que al momento podía azotar a su mente en ese mar de emociones que se extendía junto con la adrenalina por todo su cuerpo. La figura pequeña y blanquecina se movió ágil entre los árboles y arbustos, siendo víctima de arañones y desgarres a sus ropas, aunque el hecho le importaba menos que estar siendo perseguida por soldados, que intentaban detenerla en vano, a gritos y amenazas:

- ¡¡Regresa campesina!! -

La cuestión radicaba en que algún noble se había adjudicado más metros cuadrados de la cuenta en la zona donde Solace reabastecía su catálogo de herbolaria y nadie había tenido la delicadeza de avisarle. Fue "pillada" entonces por los guardias, quiénes destilaban desconfianza por cada poro, así que prefirió echarse a correr en vez de contarse como otra baja de guerra, sabiendo la fama - más bien infamia - de la que gozaban los mercenarios hoy en día. Tampoco debía perderse en el bosque, pero parecía muy tarde, pues ya no reconocía la zona, quién sabe cuánto había corrido y ya se le estaba acabando el aliento, no estaba acostumbrada a esos esfuerzos físicos tan prolongados ¿cómo es que corrían como sin nada con todas esas armas y armaduras encima? Volteó por encima de su hombro para ver qué tanta ventaja les llevaba, pero si hay algo que uno no debe hacer al encontrarse corriendo por el bosque, es desviar la mirada del camino.

- ¡¡AAAAAAAaaa...!! -

Y Solace desapareció de la vista de los 3 guardias, dejando un grito como único testigo de la escena.

Abrió los ojos y entonces fue cuando se dio cuenta que había perdido el conocimiento. Poco a poco vinieron las imágenes a su mente: Gerald estaba enfermo, un soldado que había mostrado mucha amabilidad hacia ella desde que se había mudado a la capital... no tenían lo necesario... sola en el bosque, nunca lo hacía, siempre iban en grupo, pero ahora era imperativo... los soldados... árboles, ramas arañándole la piel y azotando contra ella... ya no sintió el suelo... golpes, dolor... y ahora ¿dónde había caído? Su mente le exigió saberlo con suma urgencia, alertándola y provocando que se pusiera en pie rápidamente, sin embargo el dolor la doblegó, provocando que se dejara caer al piso: una pierna, no la aguantaba ¿se la habría roto? Luego de lloriquear y quejarse un rato, segura de que no la habían seguido hasta ahí, se revisó el hueso a ver si no había sufrido fractura alguna, se alzó el vestido ensangrentado y revisó la parte lateral de su pierna: tenía tremendo raspón a la altura del muslo y su tobillo y codo estaban hinchados del lado izquierdo, como que había caído de ese lado. Miró hacia arriba y solamente encontró una luz que le lastimó los ojos, menos mal, todavía era de día, aunque por el tono del cielo, estaría atardeciendo y luego anocheciendo en pocas horas.

- Gerald, ya voy, ya vo-- ¡auch! -

Intentó ponerse en pie, ayudándose de la pared rocosa y fue entonces que lo notó... eran escrituras antiguas, aunque su inteligencia no alcanzó a descifrarlo como tal, sino que lo catalogó de inmediato como "esos garabatos que usan los magos". Repasó sus dedos sobre la superficie porosa, delineando los contornos de las runas grabadas en esas paredes, lo que sí pudo deducir, es que se encontraba en un lugar inhabitado, pues el resto lo devoraba la oscuridad, perdiendo todo trazo de actividad en las tinieblas. Se dio cuenta que estaba atrapada, adentrarse en ese lugar no sería una opción, no lo conocía, parecía gigantesco por el eco que había tardado en regresar a sus oídos. Se hizo presa de la desesperación y se dejó caer de sentonazo, repasando sus manos por su cabello mientras lloraba abiertamente, agachando la cabeza, refugiándose entre sus rodillas, pensando en lo cansada, herida y hambrienta que estaba, para colmo, no llegaría a tiempo con las hierbas... ¡Las hierbas! Se limpió el rostro y comenzó a recoger lo que quedaba de la dura caída, encontrando cercana y despedazada la canasta también, la cual revisó de inmediato, suspirando de alivio al notar que ahí se encontraba la mayoría. Bien, un problema menos, ahora simplemente restaba aprender a volar para salir de ahí...

- !Ayu...! -

Se calló abruptamente, cayendo en cuenta que sus acechadores podrían encontrarse ahí. Suspiró con fuerza, solamente a ella se le complicaban las situaciones más sencillas. Se quedó mirando hacia arriba, mientras la luz la bañaba, siendo una perfecta metáfora de la esperanza sobreviviendo enmedio de una completa oscuridad, tan cerca y tan lejana a la vez. Algo ennalteció su corazón y disparó su ánimo: una mariposa se había posado a la orilla del agujero y revoloteaba sus alas con gentileza, casi como si hubiera acudido al grito de ayuda de Solace, quién sonrió ampliamente, poniéndose de pie con más cuidado, quitándose la tierra y las lágrimas de sus mejillas sonrosadas y maltratadas por los arañones de las ramas.

- ¿Me podrías ayudar? Caí en este agujero y necesito regresar pronto a casa, ¿Podrías...? -

Le explicó su simple plan al insecto, agradeciendo que tuviera la astucia suficiente para hacer lo que ella le pedía, que era sencillo en verdad, aunque no muy brillante, pero era a lo que podía acudir en esos momentos.

Es de saber popular que aquél que encuentra un círculo de hadas cuenta con una gran suerte... aunque puede ser buena o mala, dependiendo del humor y malicia de estas pequeñas criaturas, lo que es certero es que son difíciles de encontrar y uno nunca se da la media vuelta al toparse con uno, así al menos tendrá una historia para la taberna. Nadie sabía con exactitud cómo debía lucir, lo que sabían es que debía ser "mágico" y un "círculo", y bueno, lo mágico es fácil de notarse ¿no? Había pues, en el medio del bosque cercano a las ruinas, un círculo de mariposas que custodiaban un orificio oscuro. Se quedaban ahí, inmóviles y obedientes, dejando que sus escalas de colores sobresalieran entre pastizales y arbustos. ¿Resguardarían un hada?

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Re: Círculo de Hadas

Mensaje por Gilgamesh el Mar Sep 07, 2010 2:33 am

Círculo de Hadas


Un cálido atardecer. Uno de los pocos momentos en los que no lo molestaban con estupideces en el castillo. ¿Nadie podía hacer nada por su cuenta? Firmas, sellos, permisos... y todo para puras nimiedades. Hacía tiempo que no visitaba un lugar en especial... uno en el que vivieron, comieron y bebieron sus antepasados. Antiguas ruinas de... ya no se sabía siquiera su extensión, mucho había desaparecido ya por la guerra. Quizás un castillo o un pueblo entero. Lo que quedaban sólo eran unos muros de pie y algunas cuevas subterráneas. Pero a pesar de que su riqueza cultural era inmensa, no se fomentaba su visita. Es mas, estaban bastante escondidas para las personas del reino.
Gilgamesh esperaba recordar como leer la vieja escritura rúnica que se utilizaba, y que estaba grabada a través de todas las paredes.

El rey abandonaba los límites de su amado Camelot, así como los límites del pueblo. Prefirió ir solo y a pie, ya que no había mucha gente por las calles. No era un rey amante de la atención y odiaba que lo molestaran con súplicas y pedidos. Eso sí, disfrutaba ver a la gente postrarse a sus pies. No era un tirano, no. En el fondo era justo y noble pero con una peculiar manera de demostrarlo. Sea como sea, nadie se atrevía a plantearle alguna queja.
Comenzó a caminar entre los campos, propiedades de adinerados burgueses y asquerosos aristócratas, hasta entrar de lleno en el bosque. Recordaba bien el camino.

Apenas se adentró unos pasos en el bosque, ya divisó dos situaciones que llamaron su atención, eso era de por sí extraño. Una de ellas era que dos guardias estaban en un sector cerca de la entrada del bosque, aparentemente confundidos y buscando algo en el suelo. La otra era que mucho mas a lo lejos, logró ver débilmente un punto de luz brillando, flotando en el aire entre las plantas y arboles.

Ignoró la luz por un segundo y se centró en los guardias. - ¿Que se supone que están haciendo en este lugar?- Preguntó cortante e indiferente. Los soldados se sobresaltaron y trataron de explicarle la situación... una niña, extranjera, ladrona, invasora de propiedad privada... no quería saber nada de eso. ¿Acaso lo mas cercano que tenía a un reto era una mocosa ladrona de canastas?. Se mostró visiblemente enfadado y luego de unos cuantos gritos a los soldados, los envió directo al castillo. Éstos salieron disparados sin reprochar nada y se perdieron en la distancia.

Una vez solucionado ese estorbo, se concentró en la luz que... ya no era una luz... eran tres. Se acercó un poco mas. Cinco. Se acercó mas. Parecían pequeñas luciérnagas, aunque brillaban muy débilmente. Sin duda apenas se percibían gracias a que estaba atardeciendo y las sombras iban conquistando el bosque poco a poco.

Llegó hasta ese lugar haciendo a un lado arbustos, ramas, diversas plantas y algunas mariposas. Había bastantes mariposas por cierto. No tardó en darse cuenta de que esa congregación no estaba en cualquier lugar. Al parecer había un hoyo en el suelo, bien escondido por hojas y pastizales. Antes de poder siquiera seguir su camino, oyó una débil voz que salía de allí dentro. Miró por un momento el interior del hoyo, siempre de pie. Un rey jamas se agachaba, por nada. ESE rey jamás se agachaba.

- ¿Quien anda ahí? ¿Como encontraste este lugar?- Preguntó impasible, frunciendo el ceño y cruzándose de brazos. No podía equivocarse. Sin dudas esa era una de las entradas a las ruinas subterráneas. Mientras los viajeros se dejaban llevar por los restos de edificaciones destartaladas que aún se mantenían en la superficie, descuidaban estos pasadizos ocultos. Ni siquiera él pudo llegar a recorrerlos en su totalidad, nadie sabía su extensión exacta. Ni siquiera nadie sabía que se extendía tanto.
Le era muy emocionante tratar de descubrirlo, mas que nada por las leyendas y poemas que solían cantar los Bardos. Trataban de que al final de los pasadizos, se alzaba una gran fuente de agua cristalina, en la que habitaba un hada de forma humana, resguardada por pequeñas hadas menores, que a menudo eran puntos de luz. Mencionaban también mariposas, pero mas que nada como metáforas y no sabía que papel cumplían en la historia. Tampoco le interesaba como para averiguarlo, él solo quería una cosa: La inmortalidad que podría otorgarle esa hada si la encontraba.

Su pesada armadura le obligaba a dejar profundas huellas al caminar, aunque él mismo no sintiese el esfuerzo. Se quedó de pie, muy firme, junto al hoyo, esperando respuesta de quien sea que estuviese allí.


Última edición por Gilgamesh el Lun Oct 17, 2011 1:16 pm, editado 1 vez


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Re: Círculo de Hadas

Mensaje por Solace el Miér Sep 08, 2010 4:01 am

No hubo respuesta alguna para el imperioso rey, no al menos la respuesta que el buscaba. En vez de eso, un cántico acarició a sus oídos, no por una voz divina, mágica o prodigiosa, no, era una voz de lo más común, sin embargo embebido en aquéllas palabras, había un poder inexplicable, un poder que liberaba el peso del alma por efímeros instantes y luego se escapaba, como una sensación pasajera.

~ Athair Ar Neamh, Dia Linn... Athair Ar Neamh, Dia liom... ~ (
canto en gaélico)

La melodía se propago, viajó al mismo tiempo que las mariposas revolotearon alrededor del hombre fornido, para desvanecerse en las alturas, donde el cielo las atesoraría. Un fulgor amarillento brilló suavemente, emanando desde lo más profundo del pozo, alejando a la oscuridad por instantes. La luz nacía de una figura pequeña y blanquecina, que se postraba al final de la luz, casi como si descendiera de ella a través de un puente intangible. Con la cabeza en lo alto y los ojos cerrados, mostraba la palidez casi absoluta de su piel, ornamentada por el rosado de sus labios y sus mejillas como pruebas fehacientes de su juventud. Acunaba las manos a la altura de su pecho naciente, dejándose llevar por el trance de su plegaria, más que por la exigencia del monarca, estaba lejos de él y del mundo, embebida en ser canalizadora de la magia divina, acunando la luz entre sus pequeñas manos, luz que viajó alrededor de ella para sanarla, cerrando heridas, cortadas, raspones, para al final acumular toda esa luz a sus espaldas, formando el espectro de unas
alas angelicales. La luz desapareció para dar paso a la oscuridad, dejando como único testigo al hombre que yacía parado al borde del precipicio, superior a ella en cualquier aspecto posible, una irónica metáfora en estos momentos. Abrió los ojos con lentitud, revelando un pequeño cielo en ellos, azules, distantes, inocentes... sus ojos se toparon directamente con los de él, como si no hubiera nada más en el mundo que esa mirada severa y carmesí. De inmediato se sintió abrumada, opacada por semejante presencia que se imponía aún desde la distancia, digno del porte de un rey, altanero, orgulloso, ataviado en una armadura digna de un héroe legendario ¿acudiría el mismísimo Oberón, rey de las hadas, a castigar tal engaño? Solace no pudo hilar los cuentos de los bardos con el momento que estaba viviendo, y aunque hubiera tenido la claridad para hacerlo, su lógica no le permitiría pensar que se trataba del rey en persona, acudiendo a su improvisada madriguera para ofrecerle auxilio. Puso una sonrisa en el rostro, una sonrisa auténtica, marcando las arrugitas en los contornos de los ojos y de los labios, mientras se hacía sombra con la mano, para que la luz refractándose en la armadura no le lastimara la vista

- Ho-hola, soy Solace... - tragó saliva pesadamente para poder continuar - Gracias por acudir a mi llamado ¡gracias! Es que yo, bueno, lo que pasa... emm... ¿cree que pueda ayudarme a salir? Es que... - bajó las manos a la altura de su abdomen y las frotó entre sí nerviosamente - Me caí y ahora no puedo salir... y-y alguien me espera, bueno, no a mi, pero... ya sabe... bueno, no sabe, pero... por favor... -

Su voz pasó de ser jovial a quebrarse poco a poco, haciendo que su mentón temblara para evitar que los lagrimones corrieran libres por las mejillas, no sabía la pesadilla que era para ella ese momento, pero incluso en algo tan crítico, solamente podía pensar en ayudar a otros y se sentía terrible de haber complicado las cosas. No podía sostenerle la mirada al hombre, por lo que bajó la cabeza, encogiéndose de hombros, agradeciendo estar tan lejos como para que notara su incompetencia al hablar. La tierra a sus pies se humedeció con un par de gotitas que brotaron de la nada, aunque habían nacido en los lagrimales de la niña, su cabello era la fortaleza a su debilidad en esos momentos, ocultando el caos interno que se había vuelto.

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Re: Círculo de Hadas

Mensaje por Gilgamesh el Miér Sep 08, 2010 11:21 pm

Aún de brazos cruzados, inmóvil a los pies del hoyo, un cántico peculiar llegó a los oídos del rey, mas bien era un rezo, parecido a los que se les ofrecía a los ciudadanos en la misa. Si bien no provenía de una voz angelical, era muy bonita y la suavidad de la melodía lo invadió y lo envolvió por completo. Cerró por un momento los ojos, dejándose llevar por esa sensación y sintiendo cómo se quedaba detenido en el tiempo. Parecía que toda la hierba a su alrededor crecía desmedidamente en segundos, que las nubes pasaban a gran velocidad y las mariposas que revoloteaban, parecían hacerlo a la velocidad de la luz.

Al sentir un brillo poco común, volvió a abrirlos y se encontró de nuevo en el "mundo real", aunque no lo parecía, ya que tuvo que forzar un poco la vista para distinguir que ocurría debajo de ese manto de luz blanca. ¿Un Ángel? ... ¿acaso había encontrado a un ángel en un hoyo? Imposible... Pero esas alas... ese brillo blanco que rebotaba en su armadura de oro. Parecía que Gilgamesh llevaba puesto un trozo del mismo sol.

¿El hada?... ¿La habría encontrado al fin? La gran madre de las hadas de la que tanto había oído hablar. No, No podía estar tan cerca de la superficie. Recordó una vez mas las historias sobre la fuente que tanto ansiaba encontrar. La imaginaba de varias formas diferentes, pero en sus sueños solían aparecer dos versiones de ese lugar.
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No veía la hora que estar de pié frente a esas aguas, pero aún era demasiado pronto y no tardó en despejar su mente de esos pensamientos improbables.
Una vez terminado el espectáculo, todo volvió a las penumbras. Ahora el bosque parecía mas oscuro que antes. Intentó acostumbrarse a la poca luz que ahora lo rodeaba y logró identificar al ser atrapado dentro del hoyo. Su rostro demostró una mezcla de sorpresa y desilusión... y disgusto también. Parecía ser una simple humana. Siempre había razas física o mágicamente superiores a otras, pero a pesar de ser humano, Gilgamesh veía a sus semejantes como seres inferiores a él mismo y como raza en general.
Supuso que por tal demostración divina sería parte del obispado del reino, a cargo de la catedral. Pero tan joven...

A pesar de que parecía imposible, su desilusión creció al escuchar sus palabras. Apretó los dientes y miró fijamente la oscuridad del hoyo. Su armadura todavía brillaba por lo que era fácil de identificar, pero en cambio, él tenía que acostumbrar la vista a la profundidad de la prisión de la joven.
Sonaba torpe, débil e indefensa... no se lo esperaba, y no le agradaban mucho ese tipo de personas. Se esperaba a alguien con mas seguridad a juzgar por lo que acababa de presenciar.

Entre las palabras de la chica y su respuesta, pasaron unos pocos segundos, aunque muy, muy largos. - No has respondido a mi pregunta.- Replicó impasible y cortante, con una postura gélida que parecía que nada podría moverlo de allí. Mirando con desdén a su súbdita debajo de él. Obviamente no iba a ayudarla así nada mas. ¿Qué rayos hacía sola en un lugar tan alejado, anocheciendo? ¿Estaría buscando algo en especial?.
Esas preguntas pasaban por la cabeza del Rey por el mero hecho de que las ruinas de sus ancestros estaban involucradas en el asunto. Los miembros de la iglesia sabían descifrar muchos idiomas diferentes, o al menos tenían libros para hacerlo. De todas formas no había nada que esconder, sólo estaba escrita la historia del reino y de toda su familia, o eso creía.

Alguien me espera...- Había dicho... Gilgamesh miró de reojo hacia los lados, a ver si alguien mas estaba por allí. Quizás un bandido o un saqueador de tumbas la estaba utilizando para sus propósitos. Si era de esa manera, no tardaría en morir de la forma mas cruel y despiadada.

Sus sollozos pasaron desapercibidos y el joven rubio no hizo mas que apresurarla. - Habla...


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Re: Círculo de Hadas

Mensaje por Solace el Jue Sep 09, 2010 5:41 am

Rápidamente guió sus manos hasta sus mejillas, para limpiar con rapidez los residuos cristalino que la delataban como una niña debilucha. Un silencio bastante incómodo dominó en la escena y la sonrisa de Solace se fue desvaneciendo, sintiendo la severidad de la mirada de aquélla aparición sobre sí. Sentía la necesidad de disculparse por haber huído de un par de malandrines y terminar en ese agujero, aunque sabía que ella no había cometido acto vil alguno, ese hombre la doblegaba... claro que intimidarla tampoco era la tarea más imposible, era lo contrario, de hecho. Se encogió de hombros y desvió la mirada, acomodándose el cabello detrás de la oreja, reparando en que parecería un duendecillo por su apariencia desastrosa, se acomodó el cabello - víctima de la vanidad femenina - alaciándolo un poco con sus dedos, en un gesto que no pretendía ser natural, para que el caballero no notara tan futil preocupación, pero es que el lucía impecable, era de comprenderse tal arrogancia. El silencio fue terminado por una réplica de él, algo que la sorprendió, pues no lo había escuchado anteriormente ¿cuánto llevaba ahí? ¿la habría visto utilizar su magia de sanación? torció la boca levemente, sin darse cuenta, preocupada porque quisiera abusar de sus habilidades, como casi todos los que descubrían el potencial de la niña. Tomó aliento y se detuvo antes de ser más torpe, viendo que la paciencia no era la mayor virtud del caballero, replanteando las ideas en su mente para enunciar algo más concreto, armándose de valor para no dejar que las rodillas le fallaran por el miedo ¿no se suponía que debía haberse apresurado a ayudarla? Esa idea cruzó por su mente, acallando de nuevo sus palabras, mirando de reojo a esa persona... lo más común sería preocuparse, por ella, por la propiedad o por la situación, pero mostrar un dejo de compasión al menos y ella no lucía precisamente como un... demonio... sus ojos azulados se abrieron de par en par, desorbitados ante la idea que acababa de fulminar su mente ¿y si ese hombre era uno? Sus ojos destellaban del color de la sangre y portaba una armadura peculiar, además de ese temple fuerte, frío, casi como si no tuviese emociones. Para colmo de la situación, prolongó el silencio mientras alzaba la vista para mirarlo con miedo mientras retrocedía poco a poco, esperando que no lo notara, era preferible perderse en una oscuridad eterna, en un lugar desconocido que hacer frente a la fama de esas criaturas, incluso decían que algunos profanaban tus sueños y se disfrazaban de humanos ¡qué miedo! Se detuvo en seco... entrecerró los ojos y afiló la mirada para examinarlo mejor, se veía recio y duro, sin embargo tenía un alma detrás de esos ojos, si, eso se "notaba", al menos para Solace y a un demonio no le hubiera interesado un grupo de mariposillas o en su defecto, se la hubiera comido de un bocado ¿no? Eso decían los bardos... Lo escrutiñó con la mirada, pasando de temer a ser curiosa, notando que era un hombre muy joven y le recordaba a alguien, tenía esa sensación incómoda de familiaridad, como cuando ves a alguien por las calles y sientes que debes reconocerlo, sin embargo, la imagen no atina a tu mente... ¿qué tal si era un dragón? tenía el mal genio de uno. De repente la emoción se dibujo en su rostro, pensando que podría adoptar su forma dracónica para rescatarla con su cola o algo así, aunque ¿no llevaban un par de cuernitos en la cabeza? Si, lo recordaba porque se le había quedado viendo a un par de ellos y no les agradó que los toqueteara para ver si eran "reales". De repente notó que el hombre la fulminaba con la mirada, y regresó a la realidad, sacudiendo la cabeza para obligarse a estar atenta a la situación. El hombre parecía buscar algo también, mirando a todos lados... en definitiva estaban teniendo un problema de comunicación y las tonterías de Solace no apresuraban a remediar la situación, aunque el temperamento de él si que tensionaban aún más el ambiente. Bajó la mirada y buscó alrededor, para detectar su pequeña canasta llena de herbajos medio despedazados, tomándola por el asta para levantarla por encima de su cabeza y mostrársela al extraño, como prueba de su "inocencia": dentro del contenedor de mimbre se apreciaban varias plantas de la zona, recién cortadas, medicinales - para ojo conocedor - y algunas más inútiles y aromáticas:

- Soy-soy enfermera, vine a recoger hierbas pero me han perseguido hasta que caí aquí, un par de-de guardias... ¡Pero no hice nada! -
negó con la cabeza - ¡Por favor ayúdeme! ¡Haré lo que sea necesario para llegar antes de que amanezca! Por favor... -


Era obvio que un hombre ataviado en kilos de oro no necesitaba dinero y más obvio que sus dichosos "ahorros" no pagaban ni una posada decente, pero estaba desesperada y suponía que la codicia podía mover a alguien con un corazón tan frío, ya que su situación no lo conmovía en lo absoluto al parecer. Mantuvo sostenida la canasta, casi como una ofrenda, sintiendo el cansancio en sus brazos, dando a entender que persistiría, seguía ahí después de todo, tenía que ayudarla... ¿no? ¿no era lo común ayudar a otros? Sobretodo si estaban solos... En el reino se hablaba de una curandera que haciendo gala de sus pociones y remedios herbales, había aliviado heridas mortales milagrosamente, se hablaba de que era joven y de que no tenía un apellido, una descendencia, un buen cargo o sangre noble. Estaba en boca de mucha gente, pues llevaba poco tiempo de haberse asentado en una de las clínicas más pequeñas, de esas que atendían a soldados deshauciados, sin embargo, cuando el mundo los daba por muertos, salían caminando como sin nada. Obviamente entre los rumores, también estaban las malas intenciones de los envidiosos o temerosos, que la anunciaban como una bruja de magia negra, una mujer peligrosa que engañaba con su apariencia inocente y frágil. Muchos rumores circuncidaban la ciudad que era centro de Arcadia en ese momento, no todos podían ser ciertos, aunque tomarlos por falsos también podría ser un error. Lo cierto es que tenía a una niña ahí metida donde no debería, hablando de nimiedades para alguien con las preocupaciones del tamaño del mundo sobre sus hombros, no un par de asuntos mal concluidos, sin embargo, era asunto de Solace y para ella en ese momento era lo más importante del mundo.

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Re: Círculo de Hadas

Mensaje por Gilgamesh el Sáb Sep 11, 2010 10:19 pm

Gilgamesh se le quedó mirando por unos largos segundos. Sus ojos destilaban un poco de lástima y resignación por aquella miserable alma atrapada, cual insecto en una telaraña. Estaba toda deshecha. Su cuerpo estaba cubierto de lodo y césped, mientras su ropa estaba hecha jirones. Sin embargo, no había herida alguna a simple vista.
No solía encontrar pequeños conejos solos por el bosque, pero parece que era una ocasión especial... Si la dejaba sola... ¿moriría allí? Supuso que no, para nada. Incluso se preguntó a si mismo que hacía allí perdiendo el tiempo, de pie frente a un hoyo con un conejo dentro.

Al caballero le impacientó bastante la reacción tardía de la joven y frunció el ceño. - ¿A donde crees que vas? - Le preguntó en el mismo tono que antes, al ver como retrocedía unos pasos. No quería perderle de vista. No quería dejarla a sus anchas en esa zona.
No le prestó mucha atención a lo que decía a continuación, no le era de mucha importancia tampoco. Miró la canasta sin entender e hizo un pequeño gesto de desprecio. Como si él entendiera de hierbas. Los druidas estudiaban ese tipo de cosas, y él no era uno de ellos. Solo conocía alguna que otra flor exótica con propiedades curativas. Incluso algún que otro veneno y su respectivo antídoto escondidos en hermosas flores. Pero si se trataba de algo mas específico y complicado, ya no era para él.

- ¿A donde es que quieres llegar con tanta prisa? ¿Con quien vas a encontrarte?- Indagó como si de un interrogatorio se tratara. La verdad es que estaba anocheciendo deprisa, y ya el sol se estaba ocultando detrás de las montañas, reduciendo la temperatura y oscureciendo el cielo. Los grillos no tardarían en comenzar a cantar y las criaturas nocturnas comenzarían sus rondas en busca de alimento.

- Nunca podrás valerte por ti misma si esperas que te ayuden... Puedes salir tu misma de ahí, veo que no sufriste daño alguno.- Dijo con un poco de sarcasmo y mostrando una sonrisa pícara en su rostro. Había notado, aunque un poco tarde, que el resplandor que presenció era un hechizo de curación. Quizás el canto o rezo que oyó también formaba parte de la magia... Le sería muy útil obtener tal poder, pero no podía hacer nada si no lo producía él mismo. Utilizarla para aprovecharse de sus poderes era caer demasiado bajo para alguien como él.
Decidió quedarse de pie esperando que la chica se levante y se libere por sus propios medios. Tampoco quería dejar a nadie cerca de ese lugar. Si seguía las escrituras de las paredes, podría encontrar los túneles cavernosos de las ruinas, pero no quería darle tal información. Si ella no se daba cuenta, era su problema. La animó para que saliera de la misma forma que entró.

Chasqueó los dedos y una llama se formo en la punta de éstos. No parecía quemarlo ni nada parecido, sin embargo, emitía un calor muy agradable y una luz muy útil en momentos como ese. Depositó la flama en una rama baja que salía de un árbol, y allí permaneció, sin perder fuerza. Como si fuera una antorcha o lámpara instantánea. Su armadura resplandecía mas y sus ojos pasaban a ser un poco mas anaranjados. ¿Estaría siendo demasiado complaciente con ella? Sea como sea, ya no podía poner a la oscuridad como excusa. De hecho, no pasó mucho tiempo hasta que la luz intermitente de la llama atrajera a un par de lobos. Uno era plateado y otro de pelaje mas oscuro. Se quedaron escondidos un momento entre los árboles, acechando y observando. Quizás se habrían percatado del banquete que se les regalaba dentro de ese hoyo. Ni cazar hacía falta.

- Apresúrate si no quieres ser el alimento de algún animal.- Dijo sonriendo. Seguramente desde allí abajo no se habría percatado de la presencia de los lobos, a menos que los haya oído llegar.


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Re: Círculo de Hadas

Mensaje por Solace el Dom Sep 12, 2010 5:44 pm

Ella siempre supo que era débil en un mundo en guerra, sabía que no tenía la menor oportunidad al final del acero, que ella estaría siempre contra la punta rogando al despertar que hoy no fuera ese día. Le sucedía cada mañana, pensaba en los heridos, las muertes, los campos desolados, una casa quemada, un hermano fiero... sin embargo, cierto día se decidió a hacer lo mejor que pudiera, mientras la naturaleza la reclamara de vuelta a la tierra, en el anonimato, sin nadie que llevara flores a su tumba. Y ahora, estaba debajo de la mirada más inquisitoria que pudiera haberse encontrado, sintiéndose más pequeña y en el correcto lugar: un hoyo dónde esconderse de esos ojos que dennotaban imponencia, apenas si escuchó sus palabras, se detuvo en seco, sus piernas pensaron por sí mismas sin pedirle permiso a su voluntad. Nada más negó con la cabeza, aclarando que no planeaba correr y entregarse a la oscuridad, porque le tenía más miedo al hombre ahí parado que a lo que le esperara entre esas cavidades rocosas e inciertas... no, no se lo dijo, pero sus ojos hablaron en su lugar. Fue interrogada con severidad ¿la había escuchado? ¿había hablado muy bajo de nuevo? ¿o simplemente no le importaba? Era obvio que no, no sabía nada de ella, no podría importarle menos alguien como ella, con una canasta de hierbajos secándose. Bajós los brazos y se encogió de hombros, abrazando la canasta, como queriendo robarle fuerzas al objeto para tomar valor y responder, era como si le debiera algo, como si se sintiera obligada:

- Necesito llegar al hospital, me espera un... -
su pauta fue evidente, no pudo evitar recordar a quién le esperaba, agonizante en una cama - Un paciente intoxicado, debo expulsar el veneno antes de poder sanarlo, sino no serviría de nada... mi clínica es pequeña, no tenemos muchas cosas, pero yo las puedo conseguir a veces... y es mi amigo, acudió a mi y me espera. -


Resopló para evitar comenzar a sollozar de nueva cuenta, había notado que nada conmovía a la estatua dorada sobre de ella; apartó las lágrimas con rapidez y se aclaró la garganta, en un muy fallido intento de verse más "fuerte" y lo que obtuvo a continuación, fue un regaño que la había dejado estupefacta, boquiabierta, sin palabras. Entonces las lágrimas no se contuvieron, pero cayeron silenciosas, rodando por sus mejillas, ya que la había herido con una gran verdad, que le cayó como balde de agua fría, quitándole las palabras de la boca... dejó de verlo como un monstruo, intentando pensar si alguien le habría dado la mano cuándo salió de un hoyo... o si seguía ahí, rasgando las paredes para salir solo... cuán abismal era la distinción en carácter, uno del otro, estaban del otro lado, extremos opuestos y entonces envidió no tener esa fuerza. Apartó las cavilaciones que rondaban en su mente en cuanto vio una luz anaranjada, regresando de golpe a la realidad para toparse con una llama danzando al final de los dedos del caballero, pero más bien como parte de él ¿incluso el fuego le obedecía? Solamente logró intimidarla aún más bajo la llamarada rojiza y naranja de la flama, que afirmaba su severidad, obligándola a tragar saliva y apretar los labios, aunque con ello también se percató que la luz a espaldas del hombre moría por completo, anunciando la llegada de la noche que ya tendía su manto nocturno con rapidez. El dijo las palabras correctas "Apresúrate", lo cual la sacó de su letargo, dejando que la adrenalina comenzará a hacer su trabajo, a nublarle los sentidos un poco, teniendo la sensación de estar en una pesadilla de la que debía escapar para volver a la realidad, una realidad donde una persona que no era importante más que para ella, dependía de su pronto regreso. Mostró un poco más de decisión, frunciendo el entrecejo, sin dejar de temblar

- ¡De acuerdo! Lo... - se limpió el rostro - lo intentaré... - Pero su decisión flaqueó en cuanto escuchó un par de gruñidos, lo que la hizo quedarse congelada apenas iba a tomar acción y luego ese comentario que terminó por afirmar su temor - ¿A-alimento? -

¿Y si era una trampa? A lo mejor se la quería dar de comer a sus mascotas, sino ¿por qué estaría tan tranquilo si los gruñidos resonaban desde fuera? Bueno, no iba a temerle a nada con tremenda armadura, pero ella tenía una canasta de mimbre como arma y su daga... ¡su daga! Con rapidez, rebuscó con la mano derecha debajo de su falda, alzándola un poco y extrajo una daga pequeña de hoja negrusca con la punta plateada, siempre la traía consigo, oculta en una correa de cuero que llevaba atada al muslo. Sin duda, ese era un trabajo de herrería nada propio de una jovencita como ella, una vil "enfermera". La empuñó con fuerza, mirando hacia arriba... reconocía el gruñido, era como el de un animal pequeño, un cánido... lo más probable que un lobo o un coyote, eran criaturas territoriales que no escuchaban de razones cuando de proteger a sus crías o cazar se tratara, aunque normalmente gozaban de un honor y noblezas admirables. Tragó saliva pesadamente y comenzó a temblar, por lo que uso su otra mano como apoyo para empuñar como se debía, aunque no podía lastimarlos, no era su culpa obedecer a su instinto y ella era una pequeña invasora, una presa fácil.

- ¡Yo si te hubiera sacado, tonto! -

En un arranque de rabia y desesperación, le sacó la lengua al caballero luego de gritarle, dándose la media vuelta para comenzar a correr a ciegas, la oscuridad sería más alentadora que un hombre con el temperamento del fuego y 2 animales salvajes rondando, además es lo que se le ocurrió hacer al llegar al límite de su cobardía, desquitando su frustración en esa pequeña maldición que fue digna de un infante, pero jamás había conseguido hablar como escudero. Respiraba agitadamente, adentrándose en el lugar ,escuchando su respiración y sus pasos resonando, sin saber a donde se dirigía, dejando que sus ojos se acostumbraran a esa negrura, pudiendo vislumbrar siluetas y contornos, pero nada de detalles, aunque era lo suficiente para seguir avanzando... y seguirse perdiendo. Bien,todo era mejor a seguir a la expectativa del hombre de mirada fulminante

- ¡¡IIIIIIKK!! -

Chilló como ratón en cuanto sintió que el suelo a sus pies se desmoronaba, llevándose los pedacitos de roca con ella, aunque para su suerte, la caída fue de menos de 2 metros, aunque su trasero lo resintió, rebotando un par de veces sobre el frío suelo. Se quedó inmóvil unos instantes, recuperando el aliento, mirando alrededor, aunque no estaba segura si seguía teniendo los ojos abiertos, todo era tan negro y la llama se había quedado atrás. Apretó los dientes y se quejó un poco, resintiendo el dolor del sentonazo, que evitó cualquier herida terrible, pero de igual modo lo resintió. Buscó la canasta, si, seguía en su brazo y tenía algunos hierbajos todavía, por lo que buscó a tientas alrededor y sintió las hierbas, las cuales comenzó a echar de vuelta al lugar donde pertenecían, aunque también palpó algo frío y viscozo... se congeló y sintió como un escalofrío se apoderaba de su cuerpo. Retiró la mano suavemente, no hubo represalía alguna, pero no sabía que estaba ahí, ni siquiera dónde estaba ella. Ahora el hombre dorado no parecía tan malo...

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Re: Círculo de Hadas

Mensaje por Gilgamesh el Miér Sep 15, 2010 4:45 am

-Mil perdones la tardanza, tareas de fuerza mayor-

Ahh genial... ahora se trataba de una causa noble. ¿Acaso se empeñaba en hacer quedar al caballero como un vil villano? No se inmutó ante su explicación, incluso alentó a la causa. - Si es tan importante para ti ¿que haces todavía en ese hoyo?- Era una joven talentosa a simple vista. Al menos tenía una habilidad asombrosa, mayor a la vista en los obispos de la catedral. ¿Entonces que le impedía salir de allí?

Al rey se le ocurrió indagar un poco mas en la esencia de la chica, pero no podía brindarle mas ayuda. Ya era suficiente. Realmente la gente tan débil le causaban malestar estomacal. No había sido criado para convivir con esas personas. Siempre le inculcaron conseguir sus objetivos con lágrimas, sudor y sangre. Jamás pidió ni aceptó ayuda de nadie, no existe ser vivo mas terco y testarudo. - Ni se te ocurra llorar...- Amenazó con calma. Podría darle todo un buen discurso, pero ¿valdría la pena?. Algo era seguro: Si quería salvar a a esa persona, tenía que ser mas fuerte.

Gilgamesh esperó... expectante, unos minutos. A ver si se decidía a salir. Por fin parecía decidida, pero... algo la detuvo. -Tsk...- Hizo una mueca de desagrado con los dientes y miró a los lobos con desprecio. Por fin había logrado algo y esos animales lo habían arruinado, grave error.
Resopló con resignación al ver como la chica corría por los pasillos frágiles y cavernosos. Ya estaba comenzando a enfadarse...

Nadie, nadie le hacía perder tiempo al rey. Otra flama se formó en su mano y no tardó en dirigirse a uno de los lobos a gran velocidad, el cual terminó carbonizado en segundos, entre aullidos agónicos. El otro animal estaba a punto de correr la misma suerte, pero no podía dejar a la joven a sus anchas, corriendo por allí. Por primera vez movió sus piernas y se dejó caer en el hoyo, ahora vacío. La flama del árbol comenzó a debilitarse de a poco... hasta apagarse por completo. Desde afuera, ahora el bosque estaba en penumbras y en un silencio sepulcral, intimidante. Realmente parecía que nada había ocurrido en ese lugar.

Caminó con tranquilidad por la pequeña cueva, como si conociera el lugar de memoria, o mejor aún, como si supiera lo que pasaría a continuación. Y a juzgar por el sonido de las rocas lo comprobó. Y claro, con un andar tan atolondrado, era de esperarse un traspié como ese.
Una vez mas, el caballero encendió una llama en la palma de su mano, la cual iluminó de forma tenue todo el lugar y miró a la niña desde arriba, bien alto. Con la misma mirada serena de desdén.

- Mira lo que has hecho, mocosa. Si me hubieras escuchado, estarías de camino a salvar a tu amigo... Ahora sin mi te será imposible encontrar la salida de este laberinto.- Explicó con una media sonrisa. Ahora la chica no podía ver la luz del día siquiera. Si fuera por él, la dejaría sola para que escarmentara su error, sumida en la desesperación de no saber si es día o noche, de no saber si estaría subiendo o bajando aún mas. Que delicia.

Pero no, aún tenía muchos asuntos que atender con esa niña. Miró el cuchillo en sus manos y sonrió, realmente quería provocarla, sacarle ese lado salvaje, el lado humano. Supervivencia. - ¿Que harás con esa daga? ¿Lastimarme acaso? ¿Quieres matarme?- Preguntó en tono burlón.
Frunció el ceño y repentinamente bajó de su terreno elevado y se dirigió directamente hacia ella, a gran velocidad. Cualquiera pensaría que se trataba de un ataque, y así era. Sin embargo, antes de que la joven pudiese reaccionar, pasó su brazo dorado justo por al lado de su mejilla... y se detuvo en seco. Unos segundos de silencio se hicieron presentes y luego... el chapoteo de algo contra un pequeño charco de lodo.

La niña se había topado con una enorme serpiente, la cual se había elevado por detrás de su espalda mas de un metro y se disponía a hacerla su cena. Sin motivo válido alguno, Gilgamesh la estranguló con su mano antes de que pudiera clavarle sus envenenados colmillos.
No podía dejar que muera siendo tan ignorante... esa era su justificación...

Apretó con fuerza el cuello de la bestia hasta que ésta finalmente cayó muerta. Innumerables criaturas habitaban esas cavernas y su peligrosidad era directamente proporcional a su tamaño. Mal augurio para los viajeros perdidos.

Gilgamesh utilizó sus dos manos para separar a la serpiente en dos, regando sangre y órganos por el suelo. Separó un pequeño trozo y se lo extendió a la niña. - Come o te desmayarás.- Omitió la información final, no pretendía ser tan buena persona. Si su alimento eran esas porquerías de raíces, no tendría suficiente energía como para caminar. - Me has insultado con palabras y gestos, deberás pagar por tu ofensa.- Insistió con el trozo de serpiente aún latiendo. Si lo ofendía con la boca, por allí debía pagar. Si robaba tesoros del rey, con la amputación de una mano debía pagar. Así era... ¿tan así? Quizás dependía de la persona. Quizás el castigo de la sacerdotisa no sería tan extremo. ¿Por qué?.

Comenzó a caminar, dándole la espalda y yendo hacia las paredes del lugar. Algunas tenían dibujos y muchos escritos, y se detuvo a leerlos mientras continuaba hablando con la sacerdotisa. - Eres consciente de tu deuda conmigo, ¿verdad?- Dijo algo satisfecho y divertido. Una sonrisa se formó en sus labios al mencionar estas palabras. Le había salvado la vida, le ofrecía comida y un guía indispensable. Y ella le había pagado con una deshonra. Era mucho mas de lo que había hecho en su vida por alguien en particular, sin mencionar por "el pueblo" en general. Podría hacerla sentir culpable fácilmente, era una presa muy manejable y le daba placer tratar de inclinar la balanza a su favor. ¿Cuantos bandidos se habrían suicidado de la manera mas horrible solo de pasar todo un día encerrados junto a Gilgamesh? Realmente podía entrar en la mente ajena y provocar el mas descabellado desorden.
- Me vas a responder sin reparo alguno a mi pregunta.- Aseguró con firmeza, y comenzó cortante y al grano.

Miró de reojo la canasta con las hierbas. - ¿De que tipo de familia vienes y de que manera te ha bendecido la naturaleza ?- Era simple, quería conocer mas con quien estaba encerrado varios metros bajo tierra. Ella por lo menos debía haber deducido su raza y mas aún su elemento. Dependía de su respuesta si esa iba a ser su tumba o no.




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Re: Círculo de Hadas

Mensaje por Solace el Miér Sep 15, 2010 2:09 pm

Se quedó inmóvil, como si fuera parte del escenario rocoso. Luego de unos instantes, tomó el valor para moverse, con mucha lentitud y precisión, aprovechando su tamaño pequeño y su ligereza. Palpó su daga en el suelo y la alzó, mientras se reincorporaba lentamente, sintiendo como esa sensación viscoza respiraba, pero permanecía inherte por ahora. Para su desgracia, un ruido, un chillido terrible la hizo sobresaltarse y exclamó fuertemente, provocando su propia ruina al hacerlo, notando que lo que estuviese ahí, de un estado pasivo, pasaba a ser más activo. Para colmo, no era el peor de sus problemas, ya que el hombre la había seguido, anunciando su llegada con el fulgor del fuego que encendía y le lastimaba los ojos y una voz de trueno que la insultaba desde lo alto. Entrecerró la mirada para acostumbrarse de nuevo a la luz y sin darse cuenta, empuñaba la daga con toda su fuerza, como si lo estuviera amenazando, pero no era esa su intención en lo más mínimo, claro que no, simplemente era para defenderse

"¿Cómo escuchar a alguien que da tanto miedo?"


Pensó hacia sus adentros en cuanto lo escuchó, se veía que era una persona fuerte, muy fuerte y entrenada, además de contar con habilidades parecidas a las de un mago ¿cómo podría comprender que la mayoría de la gente no estaba ni a una cuarta parte de su nivel? para ella iba a ser eterno escalar esa pared, con pocas probabilidades de llegar a la cima, tan sólo se había lastimado una pierna severamente por no saber caer, porque ella era una persona común... "Qué intolerante", pensó al mismo tiempo que hacía un puchero, pero claro que no le iba a decir nada de esto, no quería quitarle más paciencia, iba a ser terrible verlo enfadado de verdad. Lo peor es que en parte tenía razón: debería ser más competente para sobrevivir en un mundo donde la fuerza dictaminaba la supervivencia y ahora tendría que soportar la pedantería del hombre para salir de ahí, quién parecía disfrutar de la desesperación de Solace, qué mezquino. De repente, cambió de ser un tirano represivo a un acosador, apuntándola con el dedo y llamándola "despiadada" entre líneas, ella simplemente empuñaba su daga en defensa propia, además, como si fuese capaz de apuñalar a alguien, o peor aún, de apuñalar a un hombre altísimo y corpulento con habilidades y mente asesina, pobre lobito...

- N-no, claro que no... -

Bajó la daga junto con la cabeza, tomándose muy en serio su burla, mostrándose ingenua al no detectarla como tal, y lo siguiente que pasó, jamás lo hubiera imaginado ni por error: pese al tamaño y peso de su armadura, el sujeto se movió tan rápido que no alcanzó a pensar o hacer nada más que desorbitar la mirada y quedarse inmóvil, sintiendo que los ojos rojos de él serían lo último que vería. Sintió como la ráfaga de viento causada por la rapidez de su movimiento le movió los cabellos, sin embargo, no hubo dolor, tampoco sangre ni se oscureció el ambiente. Se atrevió a mover únicamente sus orbes azulados para observar el brazo que estaba a escasos milímetros de su mejilla, incluso notó su propio reflejo aterrorizado en la impecable armadura dorada... ni siquiera se atrevió a respirar y su mandíbula tembló involuntariamente. Sintió que algo goteó desde las alturas, cayendo en su hombro, era... ¿sangre? ¡era sangre!

- ¡Aauh! -

Se dio la media vuelta y echó un saltito hacia atrás, cayendo de espaldas al ver la gigantesca criatura que había olvidado estúpidamente a sus espaldas, la cual estaba a punto de engullirla de no ser por ese hombre, que le dio un terrible fin para su gusto, mostrándose frío y sanguinario ¿quién era él? ¿o qué era? Cada vez se convencía más de que era un demonio disfrazado. El rostro de la niña se vio invadido por unas manchas de sangre, mientras observaba horrorizada la escena, que para él parecía de lo más normal, pero no, para ella el ver que descuartiazaran así a una criatura de la naturaleza, a un ser viviente, era simplemente horrible, digno de la psicósis más arraigada. Reaccionó en cuanto sintió que la sangre que tenía en el hombro y en la mejilla comenzaban a quemarla, probablemente por las toxinas en la sangre de la criatura, y se limpió rápidamente con la manga del vestido en la mejilla, mientras se desgarraba la tela en el hombro para que no tocara su piel, lanzándola lejos y viendo como había comenzado a marcarla el veneno, pero para su suerte, no se introdujo en su sistema nervioso, para eso hubiera hecho falta que la mordiera. En cuanto volteó al frente, lo vio a él, extendiéndole un pedazo de la criatura, todavía palpitante y sangrante ¿estaba loco o algo? Miró con pavor al hombre y luego la cosa en su mano, sintiendo cómo se le secaba la boca y se le iban todas las palabras, sobretodo cuando recordó la pequeña rabieta que la niña le hizo minutos atrás... al parecer quería castigarla, probablemente si se rehusaba, le iría peor con él, ya había dejado bien en claro la posición de cada uno ahí. Con asco, acercó su mano hasta el pedazo de carne ¿Sería muy tarde para decir que era vegetariana? Ni siquiera soportaba comer derivados de la leche, mucho menos eso, que vio vivo en un instante y al otro, ser descuartizado por el matador. Finalmente lo tomó, sintiendo su viscoza y gélida contextura y su expresión de repugnancia no tuvo descripción alguna, pero si fue de lo más evidente. Cerró los ojos y le dio una mordida, sintiendo como los hilos de viscocidad se le repegaban a los labios mientras desprendía la carne corriosa con dificultad, llenándose de sangre y demás cosas en el proceso, se obligó a tragar mientras la observaba ¿se estaba deleitando con aquéllo? masticó y engulló sin mucho aliento, aunque en definitiva no repitió la operación, apenas si pudo comer un pedazo sin vomitarlo, aunque su estómago se lo agradeció y le recordó que tenía mucha hambre... eso hubiera sabido bien incluso, limpio, desescamado y cocinado, pero no, lo tenía ahí, medio vivo todavía. En cuanto le dio la espalda, se deshizo del trozo de carne con mucho disimulo y se limpió la lengua y la sangre del rostro con la pobre manga que estaba hecha un asco a estas alturas, escupiendo los restos, haciendo un total escándalo por ello.... por el cielo que no volvería a probar carne otra vez, quizá no volvería a comer nada en toda su vida, había una guerra en su estómago que se había revuelto y al mismo tiempo, le exigía comer. Sintió como la energía regresaba a ella, se había olvidado a sí misma en sus intentos por ayudar a otros, una conducta bastante imprudente, pero muy propia de Solace. Lo peor, es que él no mejoraba las cosas, ahora le exigía pagar su deuda ¿cómo? no tenía mucho dinero... no sabía cómo pagaría pero era consciente que le debía todo en ese instante, por lo cual asintió sin dar respuesta, viéndose cansada y agobiada. Alzó la mirada para no ser reprendida nuevamente, demostrando que tenía su atención, asintiendo por segunda vez, para aclarar que iba a responderle a sus preguntas, iba a obedecer de ahora en adelante, a agachar la cabeza y soportar.

"Hermano..."

Lo recordó, añorando su protección y ternura... en cierta manera, la fortaleza de ese hombre le recordaba a él, aunque nada más eso, por lo demás, eran como agua y aceite. No se atrevió a mirarlo directamente, ni siquiera a mirarlo más que a los pies, mientras se encontraba postrada con las manos tendidas a los lados, encorvando la espalda para tomar aliento, sintiendo como el cansancio le hacía estragos, una vez pasada la adrenalina, de no haber sido por ese trozo horrible de comida, estaría inconsciente seguramente. La pregunta que el hombre hizo a continuación la sacó de todas sus cavilaciones y atrajo su atención, mientras alzaba la mirada, con los cabellos desordenados en la cara sucia, los cuales acomodó con rapidez detrás de su oreja, alisándolos con sus dedos delgados.

- No tengo familia... tenía, pero ya no... - suspiró - No-no entiendo la segunda pregunta, perdón... ¿bendecida por la naturaleza? -

Pensó en muchas cosas: como la salud, por ejemplo, o el estar completa y sin deficiencias ¿Se referiría a su don curativo acaso? Lo había visto entonces... No entendía sobretodo, por qué el repentino interés en saber quién era o qué hacía, no era la persona más interesante con la cual quedar atrapada en un agujero, aunque bien, el no se veía preocupado por la situación en lo más mínimo, lo que la hacía pensar que conocía el lugar o simplemente pensaba regresarse por donde vino en cuanto quisiera. Era verdad ¿por qué no la había dejado ya? le intimidó la idea de pensar que querría algo de ella, muchos la habían querido como herramienta de curación personal en el pasado, el no sería la excepción.

- Gracias por ayudarme... -

Pese a todo, le estaba agradecida, porque aunque fuese una estatua dorada en el exterior, parecía que se preocupaba por ella, nadie se tomaría tantas molestias por una niña, por más bien que curara. Además le gustaba pensar que todas las personas eran naturalmente buenas y la vida les iba metiendo malicia... seguramente el había llevado una vida dura. Alzó la mirada y lo observó con curiosidad, si, era un hombre admirable y fuerte. No podía ser un demonio, probablemente sólo una persona muy entrenada y severa. En eso reparó que no sabía su nombre, sintió que sería importante conocerlo, es decir, un nombre dice mucho de ti ¿cierto? Iba a formular la pregunta, pero no se animó a lanzarla al aire, capaz y la regañaba o desdeñaba, así que mejor quedarse con la curiosidad. Se reincorporó, tomando sus cosas y guardando la daga en su lugar, para que no se sintiera "amenazado", teniendo cuidado de voltearse para que no la viera alzándose el vestido, mostrando mojigatería pese a la edad. Se reacomodó el vestido y entornó la vista, asombrándose de la magnificencia del lugar, que pese a su antigüedad, no perdía imponencia.

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Re: Círculo de Hadas

Mensaje por Gilgamesh el Jue Sep 16, 2010 2:38 am

El Caballero no recordaba la última vez que se había llevado una sorpresa. Pero sí que se la llevó en ese momento a causa de las acciones de una niña. Realmente estaba sorprendido de que accediera sin mas reparos a comerse esa carne asquerosa.
Si bien proveía muchas proteínas y ella parecía mas que nada una mascota obediente y miedosa que una persona, creyó que haría mas escándalo o que se negaría un poco mas, poner un poco mas de resistencia. Aunque eso apareció después, vomitar era muy normal después de probar un bocado de esa cosa. Quizás esa chica era mas valiente de lo que ella misma creía.
Muchos hombres aparentemente fuertes y valientes titubearían mas antes de poner siquiera sus manos sobre los restos despedazados de ese reptil, presos de una cobardía sin precedentes.

En un acto de magnanimidad y recompensa por haber probado ese inusual manjar, no insistió, por el momento, con su deuda y su castigo. No dijo mas nada para oír la respuesta a su pregunta.
Mientras la escuchaba, se cruzó de brazos y encontró una roca a unos diez pasos de la chica donde poder sentarse. Se acomodó en ella como alguien que pasaría un buen rato allí y la dejó seguir. No tenía apuro, nadie se le estaba muriendo a él, no era responsable de ninguna vida.... bueno, sí, de miles... pero en otro sentido.
Recostó su espalda en la pared de barro y raíces y subió su pierna derecha, apoyándola horizontalmente sobre la rodilla de la izquierda, en una posición simple y cómoda. Sus brazos seguían cruzados y parecía muy relajado.

Una vez concluyó, se dio cuenta de que no dijo absolutamente nada. Esa joven parecía tener una lista de las cosas que lo fastidiaban. Y otra de ellas era que al hacer una pregunta, no recibiera ningún tipo de información al respecto, solo puros balbuceos.

- Te pregunté sobre tu familia. No me importa cuando la tuviste, si fue hace tiempo, si fue reciente, si te abandonaron o murieron. ¿Quienes eran y a que se dedicaban?- Preguntó resoplando y frunciendo el ceño. Ya parecía un maestro de escuela, intentando sonsacar las respuestas a su alumna. La herencia era lo que le interesaba al caballero. Algo allí había que seguramente corría por la sangre de la curandera. ¿Solo esa habilidad poseía? Aunque no era menor, debía intentar comprobarlo.
- Y ya que estás en eso... Preséntate.- Impuso con mas severidad. La gota que faltaba para rebalsar el vaso era que no le respondiera con su nombre completo en su siguiente oración. Pregunta, respuesta, pregunta, respuesta. Nada de rodeos para el rey. Mas cuando cree haber sido lo suficientemente claro. No contaba con mucha paciencia, para nada. Pero aún así trataba de hacerle preguntas para ella misma, para ver si podía utilizar algo de sus respuestas como motivación o información que pueda ayudarle a salir de esa dificultad y de tantas otras que le esperaban. ¿Acaso sabría ante quien estaba? Es verdad que no salía a menudo. Solo cuando debía movilizarse o cuando le era necesario salir al balcón para un anuncio o discurso. Sino, su castillo era su hogar, su templo. Aún así, muchas personas aún no conocían la apariencia de su rey, ¿será esta chica acaso una de ellas? Era tan descuidada, que quizás no sería demasiado raro...

La aparente inocencia, ingenuidad y torpeza de esa niña lo superaban, superaban sus nervios. Gilgamesh se dio cuenta de que si quería tratar un diálogo con ella, debía ser lo mas claro y conciso posible. Se llevó una mano a la frente y trató de reformular su pregunta. - Bendecida por la naturaleza o tu herencia sanguínea, mocosa. ¿No recuerdas a tu padre o algún familiar que fuera mas hábil con un elemento en particular?- Inquirió levantando el tono de voz, comenzando a salirse de sus casillas. Quizás no entendería nada con esta pregunta, pero si ese fuera el caso, tendría otro método para descubrirlo.
Al juzgar por su torpeza, quizás ni ella sabía que podía manejar un elemento, pero decidió no subestimar a alguien con esas habilidades. Ya lo había hecho apenas la vio, y sus poderes curativos le cambiaron de parecer.

Esperándose una respuesta negativa, decidió probar. Tomo una piedra del suelo y comenzó a jugar con ella en su mano. El método era simple: La lanzaría con fuerza hacia ella.... mmm, sí, su pierna lastimada era perfecta para la ocasión. A veces el elemento puede ser heredado, pero otras veces el aura de uno mismo puede llamarlo y formarse uno diferente, si se tiene una exposición prolongada y una conexión profunda con él. Sea como sea, era un poder que todos tenían muy dentro y pocas veces despertado. Ante una situación extrema, quizás actúe inconscientemente y detenga el impacto. Y si no... pues nada. ¿Que otra manera tenía para enseñarle? Quizás él lo veía sencillo pues manejaba un par de elementos con total complejidad.

De algo estaba seguro: Ella saldría sola de esas ruinas cavernosas. Pero... ¿Que estaba haciendo? ¿Que había hecho hasta el momento? Había oído que le daba las gracias, a él.... eso no podía ser bueno, ¿verdad? Nadie jamás le había agradecido por algo. Comenzó a replantearse todo su accionar hasta ese momento y seguía sin encontrar el motivo por el cual agradecerle. Incluso esa niña debería de odiarlo con todo su corazón, pero no... Pasó un instante de visible incomodidad pensando en eso, pero luego se recompuso y se acomodó mas en su sitio, dándole a entender que tenía libre toda la noche. ¿Ella también disponía de ese tiempo? No, tenía un paciente enfermo. - No tengo nada que hacer, niña, aquí me quedo... Por si te molesta mi presencia.- Dijo calmado y con una sonrisa a la joven abrumada. No quería perderse lo siguiente, si lograría salir, moriría en el intento o simplemente envejecería en ese laberinto subterráneo. Ahora era solo un espectador, y el espectáculo era interesante.


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Re: Círculo de Hadas

Mensaje por Solace el Vie Sep 17, 2010 2:59 pm

Vastos campos eran su hogar, corriendo al lado de él, ajenos al mundo y el mundo ajeno a ellos, había mucha añoranza en aquéllos días... regresó a la realidad, a su oscuridad y la llama centelleante del caballero de armadura y cabellos dorados, quién - para variar - la estaba reprendiendo. Una cualidad muy notable de Solace, era su adaptabilidad: se adaptaba a cualquier situación, momento, persona o carácter, eso lo incuyó a él, ya se estaba acostumbrando a su ser impetuoso y demandante, en cierto modo, la hacía sentir protegida. Se encogió de hombros, pareciendo que era él quién no había entendido, bueno, ella no era la reina de la elocuencia tampoco, al no ser requerida su opinión con frecuencia, había encontrado en el silencio un comfort peligroso.

- No sé nada de mis papás, mi hermano me cuidó un tiempo... - hizo una pauta para no romper a llorar ante el recuerdo - Después me quedé sola. Aunque mucha gente me ha ayudado, supongo que pueden ser como mi familia - se reincorporó para sonreír, pero no le duro mucho el gesto, pues volvía a atacarla con una orden, sin poder comprender qué quería de ella, era como si le decepcionara su simpleza - ¿Pre-presentarme? Pero, ya lo hice... solamente soy Solace... no hay otro nombre... -

Se quería hacer pequeñita hasta desaparecer, jugando nerviosa con sus manos. No tenía otros nombres o apellidos, si tuvo alguno, nadie se lo dijo y nunca nadie se preocupó en darle otro o ella en tomar alguno al ver que no era importante tenerlo, no entendía por qué era la gran cosa. Quizá para nobles o reyes un apellido o varios eran orgullo de su línea ancestral, para ella era otra línea después de "Solace", nada más... pero claro, el resto del mundo no comprendía eso y terminaba siendo tema de asombro o de burla para aquéllos a quiénes se lo contaba, algo a lo que también ya se había acostumbrado, aunque no sabía si aquél hombre lo entendería, seguramente tendría como 15 apellidos para él solo, con lo importante que se veía. Vio que estaba perdiendo la paciencia, ante lo cual se puso tensa, casi como un soldado frente a él, poniéndole toda la atención que su cansancio y torpeza le permitían, para acertar a contestar lo demás, sintiéndose obligada por esa "deuda" que tenían, además que con su carácter débil, era de lo más sencillo terminar cediendo. Se sorprendió al terminar de entender la última pregunta, con que se refería a eso... ella no sabía nada, pensaba que era alguna arte arcana que requería de habilidades especiales y mucho estudio, de algo reservado para héroes legendarios o caballeros de la Mesa Redonda, por supuesto que ella no tenía nada como eso, si de por sí era sorprendente que pudiera curar con su mera voluntad

- Mi hermano era hábil con la espada, era el mejor guerrero que conocí - sus ojos se iluminaron en cuanto habló de él, pero el brillo se fue tan rápido como vino - Pero no recuerdo que manejara un elemento como usted o... o algo más. Yo solamente sé curar y tengo buena mano con las plantas, dicen que la tierra donde siembro siempre se hace muy fértil, supongo que es la paciencia y el cariño que le pongo al cultivo... - volvió a sonreír algo nerviosa, esa habilidad era algo de lo que estaba orgullosa en particular - Huh... también puedo hablar con la naturaleza. -

Mejor le dio la lista habilidades de una buena vez, para no colmar su paciencia, aunque parece que había hecho lo contrario, pues lo vio blandir una piedra - si, blandir, cualquier cosa en sus manos era amenazadora - y retrocedió un poco, pasando saliva pesadamente, borrando la sonrisa de su rostro mientras la preocupación se apoderaba de ella, hasta que terminó por alejarse muy discretamente, sin darle la espalda hasta que se vio lo bastante lejos, no lo suficiente para obviar su comentario.

"¿Por sí te molesta mi presencia? ¿Qué planea?"

Pestañeó un par de veces, sin comprenderlo en lo absoluto. Transcurridos unos segundos, lo vio sin la más mínima intención de moverse de su cómodo trono de piedra, ante lo cual hizo una mueca pequeña, enchuecando la boca de lado y frunciendo el entrecejo, era gestuda la niña... ¡Bien! Ella no tenía tiempo qué perder, si él era un mezquino sin quehacer, ella era toda una enfermera de clínica que debía resolver un laberinto milenario para acudir al pueblo antes del amanecer... entre más lo pensaba, más difícil le parecía, pero no había elección: sería cobarde, inútil, frágil, pero no sabía rendirse si alguien había de por medio y esta era una de esas ocasiones. Le dio la espalda finalmente, adentrándose ¿o saliendo? del lugar, mirando alrededor con detalle, sin dejar de asombrarse todavía por la magnificencia, le recordaba a... templos. Si, templos, si algo conocía, eran construcciones sagradas, en su tiempo en el convento mucho había conocido y visitado, mucho había visto, hasta darse cuenta que la mayoría de esas edificaciones seguían una estructura similar, lo que ella desconocía como "arquitectura". Se dio cuenta que estaban en un patio principal, bueno, lo que alguna vez fue un patio principal, pues tenía columnas, un desnivel y parecía que alguna vez estuvo descubierto para mirar al cielo cerúleo ¿acaso habrían hundido esas ruinas? ¿las habrían ocultado? ¿serían víctima de tragedias? guiándose por ese conocimiento, anduvo con cuidado, sin caer en cuenta que con cada paso se alejaba del extraño. Fue animándose el espíritu cuando empezó a reconocer corredores, estructuras y entonces adivinó el camino que debía seguir para salir al atrio principal, donde tendría que atravesar una capilla o algo similar para encontrarse con la salida ¡eso era! Comenzó a trotar hacia la "salida" con entusiasmo en el rostro, en poco tiempo estaría fuera, en poco---

- ¡¿EH?! -

Nada. Al abrir la enorme puerta, se encontró con un cuarto enorme, donde las raíces de los árboles se habían filtrado entre las paredes y la luz nocturna se asomaba entre las grietas para iluminar tímidamente lo que parecía ser una fuente destruida y seca. No tenía sentido, simplemente no lo tenía. Se asomó entre las grietas y observó que sobre de ella todavía se erguía más estructura vieja y derruida, como si estuviera niveles abajo de las ruinas de las ruinas. Su corazón se marchitó, sintiéndose más vieja, dejándose caer de rodillas con la mirada perdida.

- ¡No! Jamás lo lograré... -

Agachó la cabeza y se desanimó por completo, frustrada al no encontrar lo que esperaba y no ser lo que la vida esperaba de ella...

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Re: Círculo de Hadas

Mensaje por Gilgamesh el Mar Sep 21, 2010 4:52 am

Esperó, algo distraído, a que Solace terminara de hablar. A medida que iba escuchando su historia, Gilgamesh negaba con la cabeza en señal de disgusto. - Ese es el problema. Te han ayudado toda tu vida...- Dijo cortante el Caballero dorado, quien ha vivido en una soledad que el mismo se forjó.
Entrenaba solo en el bosque, o con su padre, pero siempre negó todo tipo de servicio o ayuda. No hacía buena relación con las sirvientes del castillo, las cuales no entendían que estaba ocurriendo. Se suponía que ese era precisamente su trabajo.
- La ayuda de cualquier índole solo hace a los débiles...- Continuó, calmado, resoplando de resignación.

Nada podía mas que su orgullo, y no concebía deberle nada a nadie. Mucho menos la vida. Es así como en muchas situaciones en las que estaba al borde de la muerte, no acepto mas que su propia fuerza para salir de las dificultades. No había reto que el no pudiera llevar a cabo.

Entendió su falta de apellido pues era casi una huérfana, a no ser por su hermano, pero... Aún así le decepcionaba un poco, y al mismo tiempo se sentía orgulloso. - Así está bien, me alegro por eso.- Dijo en el mismo tono calmado y relajado. - Un apellido solo te quita identidad, en lugar de otorgártela.- Así es, Gilgamesh tenía una teoría peculiar respecto a llevar el legado familiar en el nombre. ¿Ser recordado como "el hijo de..."? Eso solo lo hacía reír. Jamás lo permitiría.
Tener apellido solo significaba llevar una parte de tu pasado contigo, compartir la gloria con tus antepasados. ¿Que rayos era eso? Él no le debía sus triunfos a nadie. Ser el rey de reyes no tenía nada que ver con su padre o su abuelo. Simplemente no era su estilo. La identidad la lleva un nombre, un nombre que el mundo reconocería y nombraría por generaciones, es así como decidió quitarse su apellido para nunca mas ser nombrado.

- Mantente como Solace y el mundo te recordará como tal- Claro, si lograba salir de allí. Pensó con una sonrisa, que comenzaba a formarse en sus labios mientras la miraba. Preguntándose que será de ella... sin dudas sería una pena que pereciera en este lugar.
Continuó oyendo y otra vez su tan famoso hermano salió de su boca. Se notaba que le tenía un especial aprecio. Quizás sea porque fue el puntapié para hacer de esa chica "alguien" en un mundo tan hostil. Sin embargo, su sonrisa previa desapareció casi de golpe, y comenzó a ponerse de pie. Le había llamado la atención su última frase.

- Así que... ¿puedes comunicarte con los animales?- Repitió algo nervioso, haciendo añicos la piedra que tenía en su mano. Realmente no tenía razones para mentirle, pero no había visto esa habilidad y bien que tuvo sus oportunidades para hacer gala de ella.
- ¿Y aún así le temiste a un par de lobos, y casi te dejas devorar por una serpiente? ¿Eres inútil acaso?- Preguntó molestándose cada vez mas. Bien podría salir de innumerables dificultades gracias a eso, o bien pedir ayuda a los mismos animales, o algo así... algo... Esa chica era un diamante en bruto, y sin embargo allí estaba, corriendo a ciegas por un abandonado templo subterráneo.

Al verla correr, la siguió caminando lentamente, divertido con la situación. Realmente le era entretenido ver su desesperación, por fin estaba haciendo algo por si misma, ¿Tanto le costaba? Pero si quería salir, aún le faltaba. Claro que le faltaba...
Justo la alcanzó para ver su desilusión. Una vez mas, estaba como al principio. El Caballero resopló, pero si borrar su sonrisa se acercó a ella y apoyo su mano derecha en el hombro izquierdo de Solace.

- ¿Que es lo que pasa ahora? Estabas llena de energía recién- Dijo de modo cargoso, casi burlándose de su infortunio. - Por fin parece que te has enterado de donde estás, ¿verdad?- Preguntó al ver a través de la entrada que había abierto la joven. Efectivamente varios niveles superiores se erguían frente a ellos, dándoles una idea de inferioridad.

- Pues si es así, ya es hora de que te de un saludo apropiado. Bienvenida a las Catacumbas.- Se burló una vez mas, esta vez intentando contener la risa. Cientos o miles de muertos los acompañaban a centímetros de ellos, reposando desde tiempos inciertos en sus respectivas tumbas. No había cajones, sino que cada uno dormía en un hoyo delimitado cubierto de tierra.
A algunos no los había favorecido el paso del tiempo, pero otros estaban bastante bien conservados, gracias a hábiles técnicas de momificación de la época.
Con la luz adecuada y prestando atención, se podía ver alguna que otra mano esquelética rozando la superficie arenosa, por otros sectores el torso completo de algún noble salía a la superficie. Todo gracias al alborto causado por esa niña imprudente.


Última edición por Gilgamesh el Jue Nov 25, 2010 1:12 am, editado 1 vez


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Re: Círculo de Hadas

Mensaje por Solace el Jue Sep 23, 2010 2:22 am

La ayuda de cualquier índole solo hace a los débiles...

Esas palabras resonarían en su cabeza hasta sus últimos días, siendo palabras severas y que cargaban una profunda soledad con ellas. Se le quedó viendo al rubio, no con miedo, no con temor, sino que le tuvo compasión y comprendió más su carácter recio, forjado en hierro, caliente el acero, frío el corazón. No dijo nada al respecto y bajó la mirada antes que la reprendiera o tuviera pensamientos erróneos al respecto, de haber sido cualquier otra persona, le hubiera compartido sus piensos, pero se los guardó para ella, como siempre. Entre más hablaba, sin darse cuenta, el joven se proyectaba en sus palabras... ahora renegaba de los apellidos, en verdad era impredecible como la llama que ardía entre sus manos, en verdad era severo ¿tan terrible sería la magnitud de un apellido? ella, al carecer de uno, desconocía sus beneficios o perjuicios, simplemente veía que todos gozaban de un segundo nombre el cual enunciaban con orgullo, así fuera apellido de asesinos o ladrones, sin embargo ese hombre...

- ¿Mantenerme como Solace? -

Pestaneó un par de veces, su mente joven no alcanzaba la sabiduría de esas palabras, de hecho, ahora que lo pensaba, el parecía mucho más grande que ella en cualquier aspecto, si, denotaba la grandeza de su armadura, reflejaba el porte en el metal dorado. Pero no le daba respiro, no la dejaba circular y airear los pensamientos, la acediaba constantemente con acusaciones, comentarios, preguntas, nunca se había sentido tan acosada y pequeña, unos momentos parecía casi dulce -casi- y en otros parecía que era un error y quería remediarlo con mezquindad, tal como lo probó con esas últimas observaciones sobre su poder ¿cómo explicarle que no era tan fácil?

- Bueno... ¿usted le preguntaría a un conejo si le permite comerlo? ¿se detendría si está enfadado o amenazan algo que quiere? Los animales también tienen esas sensaciones... si hablando lo resolviera todo, hablaría más... -

Agachó la cabeza, pensando en la propia magnitud de sus palabras, cayendo en cuenta en que había dejado de hablar cuando la habían dejado de escuchar, normal, a nadie le importaba la opinión de una mujer tan común e insignificante, bueno, parecía que a él sí pues la obligaba a pensar y decir en cosas que no hubiese pensado o dicho antes jamás.

- No soy inútil, simplemente soy útil en otras cosas que usted no... -

Entresacó la lengua y sonrió.

(Regresando a la escena en el otro salón)

Sintió el peso de la armadura sobre su pequeño hombro, lo que la sobresaltó en principio, sacándola abruptamente de sus cavilaciones para entrar de golpe en una cruel realidad, donde él se mofaba de ella, como si no le importara nada ¿qué nunca había perdido nada? parecía no tener idea de lo que era eso, al menos no lo reflejaba en lo absoluto. Observó hacia arriba, sin verle fin a la oscuridad y con ello, a su infortunio. Entonces, la muerte le sopló en la nuca, pues sintió un escalofrío como nunca antes en cuanto él enuncio tan terrible "bienvenida". Se pusó pálida, amarilla y sus ojos azules se quedaron mirando hacia la nada, desorbitados, a punto de salirse de sus cuencas. Sus labios temblaron, al igual que el resto de su cuerpo, sus manos sobretodo, bajando la vista con espanto hacía las sombras que antes no había notado por la decepción, ahora el terror se apoderaba de su rostro, un terror muy puro y nunca antes experimentado, ni siquiera a mitad de una invasión de ladrones. Montículos de tierra marcaban el descanso de aquéllas almas antiguas, algunas parecían vivas, otras más conservaban la mayor parte de sus órganos intactos, aunque secos, se veían terribles, era como estar vivo y esperando... sintió algo a sus pies y de inmediato se horrorizó, formando imágenes en su mente que se fueron más allá de su control, deduciendo cosas imposibles. Por instinto miró hacia abajo y observó una mano esquelética que había sido aplastada por sus pequeños pies, podrosa, roída, mal oliente y una simple suela la separaba de ella

- ¡¡UUAAAH!! -

Gritó, haciendo un eco estruendoso en la estancia, mientras se daba la media vuelta para refugiarse en el pecho del extraño, con las manos entrelazadas, comenzando a rezarle a (dios benevolente de este mundo... si es que hay dioses, sino a cualquier deidad de la naturaleza) ávidamente, empujándose contra él para que no la rechazara o abandonara a la oscuridad, a ese lugar lleno de muerte. Era una simple mujer, una campesina podría decirse, aunque habría presenciado la muerte varias veces, no había nada como todo lo que vivía en esos instantes, en ese día.

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Re: Círculo de Hadas

Mensaje por Gilgamesh el Dom Sep 26, 2010 2:16 pm

La miró un momento sin decir nada y luego ladeó la cabeza. - Olvídalo, no importa...- Respondió en voz baja. Quizá se había sobrepasado un poco con esas palabras hacia ella. Había olvidado por un momento que solo era una dulce y asustada adolescente con la que trababa. ¿Cómo iba a hablar de apellidos? Quizás ella sufriría por no tener ni uno, pero eso ya es problema suyo nada mas.

Se cruzó de brazos con violencia y frunció el ceño, recordando la ventaja que Solace tenía sobre las criaturas vivientes, y cómo la había desperdiciado. Quizás estaba fastidiado porque ella le estaba dando a él una explicación convincente.

Estaba a punto de recriminarle cuando volvió a hacerlo, volvió a desafiarlo, pero al parecer en un tono mas juguetón. ¿Tanta confianza se había tomado ya? Imposible... Debería de odiarle a estas alturas.
Indirectamente le había dicho inútil... era evidente que no le temía. O tal vez no le temía a una vida sin lengua. Se quedó unos segundos mirándola, intentando comprender sus intenciones después de esas palabras y gestos.

Nuevamente se quedó con las palabras en la boca, pero sonrió, no sabía bien por qué. Había muchos hombres fuertes y de gran contextura física que se atrevían a desafiarlo, y duraban tres segundos. Ahora tenía frente a él a esta niña. Y no podía hacerle nada.

(Regresando a la escena en el otro salón)

Simplemente se limitó a disfrutar de su estado de pánico. Está bien, no era algo trascendental o necesario, pero le divertía bastante. Total no corría ningún peligro en ese lugar, y verla tan asustada era...
Bien, no podía decir que no corría ningún peligro. En Arcadia los muertos no están tan muertos como parecen.
Gilgamesh ha presenciado en ese mismo lugar a algunas almas esqueléticas levantándose de su reposo eterno. Eran completamente etéreas y parecían estar hechos de un gas verdoso, pero su cuerpo se distinguía detalladamente y sus espadas... eran muy reales para el gusto de un mortal. Deambulaban por los pasillos sin sentido o rumbo alguno, como si buscaran la salida para completar su misión en el mundo de los vivos y así poder descansar en paz.

Por el suelo, mas allá entre una rocas, había varios cuerpos mas recientes, todos sobre la superficie. Si algo había de cierto en las leyendas, era que no era una buena idea entrar a las Catacumbas. Los ladrones y saqueadores de tumbas solían entrar pero jamás salir. Incluso aventureros perdidos encontraban su final al caer en esta tierra mojada en sangre.
Miró a Solace pensando en ello pero no sintió peligro alguno, mas allá de su absoluto temor... Alguien como ella podía alejar a esas almas hostiles, tenía los poderes para hacerlo. O al menos eso creía a simple vista. De todas formas no atacarían al Rey, y en ese caso, tampoco a Solace, pues estaban juntos.
Los muertos matan. Era peligroso olvidarse de ello.

En ese momento no había ningún alma inquieta, no muchas. Solo dos o tres y se veían a lo lejos, pequeñitos, cada una en su propio camino... Era extraño... ¿Sería acaso culpa de Solace?

- Q... que!- Cuando la joven pegó el grito y se lanzó hacia él, intentó echarse para atrás pero ya era tarde. Solace estaba encima de él, aunque no lo tumbó ni lo hizo retroceder. La pobre solo podía conformarse con apoyar su mejilla en el frío oro de su armadura. - ¿Que se supone que estás haciendo? Aléjate ahora mismo, no eres un bebé.- Reprochó pero sin hacer uso de la fuerza. Alguien como él no podía entender los sentimientos de una chica como ella. Sin dudas no veía ese lugar tan terrible. Los campos de batalla eran peores, con todo ese apestoso olor a sangre, los muertos aún cálidos y sus órganos aún latiendo, otros gritando en agonía... Si lo pensaba de esa manera, ese lugar era como para tomarse unas vacaciones, era muy tranquilo y silencioso, y sobre todo, todo lo sólido estaba quieto.
Al principio parecía que Solace era algún tipo de hierba venenosa, causándole rechazo. ¿Después de todo lo que el caballero había hecho, lo abrazaba? Estaba equivocada si consideraba a Gilgamesh como lo menos peligroso de ese lugar, o lo menos temerario, pero la desesperación obligaba a hacer locuras. No recordaba haber recibido un gesto como ese, como si fuera su salvador o algo así. Para cualquiera, bien podría ser el demonio de Solace.
Mientras decía estas palabras, se percató de algo que también había pasado por alto: Los pequeños puntos de luces que revoloteaban en la entrada del hoyo, ahora estaban justo allí, en las profundidades de las ruinas, y parecían tener afinidad por ella. En realidad no lo sabía con seguridad, pero de todo el lugar, que era inmenso, la mayor concentración estaba alrededor de la niña, como si fueran satélites sin rumbo atraídos por ella.

Solace estaba demasiado concentrada en apretujarse contra el caballero, por lo que no sabía si había notado de las luces que flotaban y alumbraban el lugar. Volvió hacia la niña, quien ahora seguro se sentiría un poco mas protegida. - ¿Tu sabes acerca de ésto? Explícame- Aquello y las mariposas debían ser algo que la joven conocía muy bien, seguramente seguirían a las almas puras, pero el codicioso rey también quería tener ese don.


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Re: Círculo de Hadas

Mensaje por Solace el Mar Sep 28, 2010 4:59 pm

Alzó la cara y lo miró muy de cerca, mostrando el cansancio en su aniñado rostro, la angustia y la desesperación de su situación actual, lo miró por instantes, teniendo que alzar la cabeza para toparse con su mirada rojiza que contrastaba con el cielo en sus ojos... ¿infierno en los de él? Frunció los labios y se separó, limpiándose el rostro con el dorso de una mano claramente temblorosa, dando pasos atrás, intentando contener su miedo ella sola, aunque era difícil, nada más quería sentir a alguien cercano para saber que todo estaría bien. Constipándose aún del llanto, volteó lentamente hacia alrededor, notando que lo que más asustaba ahí era ella con su escándalo, pues los muertos se veían muy en paz, tétricos, pero tranquilos. Recogió su canasta del piso, echando lo que quedaba de las hierbas dentro, recordando su labor como un peso, como una daga que la hería hondo con cada recuerdo; apenas se puso en cuclillas y sus rodillas temblaron para ceder, cayendo víctima del cansancio sobre ese mismo lugar, levantando polvo por el costalazo. Luchaba por tener los ojos abiertos, no sabía qué bestia la había dominado para sentirse tan agotada, simplemente nunca había estado expuesta a tales proezas o emociones y su cuerpo le exigía reparo, teniendo un límite bastante pequeño de resistencia física. Se quedó como sonámbula unos instantes, meciendo el cuerpo para no caerse por completo, sin decir nada, luego se puso en pie con mucha dificultad, ayudándose de sus manos apoyadas en el piso, sintiendo como los musculos resentían las caídas y flexiones abruptas.

- Vamos... -

Dijo en un hilo de voz que apenas si alcanzó a ser murmullo. Se pasó la mano por la cara y luego por el cabello, dándose la media vuelta para continuar ¿a dónde? no sabía, pero había qué hacerlo, no podía abandonarse. Comenzó a caminar pesadamente, casi arrastrando los pies, mostrando que su equilibrio era equivalente al de un ebrio... y su hambre, ese pedazo de carne estaba haciendo estragos en su estómago revuelto, vacío, estaba hecha un desastre, pero en su poca fuerza, continuaba, no por ser una persona admirable, simplemente porque entendía que en ese mundo cada ser tiene un rol en la naturaleza, algo por lo que nace, para lo que está hecho y ella necesitaba hacer su parte, cuando todos los demás lo hacían tan bien y la ayudaban encima de todo...

- Seguro te estás muriendo de hambre, esos huesos no son para una muchacha de tu edad... esperemos que termine mi turno, te compraremos algo de comer... -

La voz acudió a su mente, despertándola de su sonambulismo, como un recuerdo que acecha al consciente para ayudarnos a avanzar. Recordó la cara afable del guardia que pese a la edad y las arrugas, tenía rostro agradable, un rostro que se iba apagando en la memoria de Solace, conforme las horas avanzaban y ella continuaba faltando a su labor, faltando a ese favor que el guardia le había hecho al darle comida, la noche que llegó hambrienta y perdida a la capital. Tenía razón el caballero de armadura dorada, dependía mucho de la gentileza de las personas, pero es que no la pedía, la gente era buena por naturaleza y quería compartir esa gentileza, esperando que les regresaran un poco a cambio, a ver si sus almas se salvaban. Eso creía ella al menos.

- ¿Qué... sé...? ¿De qué? -

Volteó a ver al joven que la cuestionaba duramente de nuevo y negó con la cabeza, no sabía a qué se refería, pero lo supo en cuánto las lucecillas acudieron a ella y comenzaron a merodearla, jugando con sus cabellos y su vestido, mientras ella las espantaba como moscas, encogiéndose de hombros y agachando la cabeza, temerosa y sorprendida de ser "atacada" de tal manera que no vio venir. Sus contraataques no tenían efecto alguno, pues traspasaban la luz pura que tales criaturas irradiaban, realmente atraídas ¿a ella? Mientras la muchacha retrocedía espantada, una sombra se cirnió en la cámara, una sombra que al poco envolvió a la chiquilla y en un movimiento se apoderó de sus brazos para aprisionarla, elevándola en el aire a punto de llevársela, mientras las luces apagaban su brillo, como temerosas...

- ¡¡AAAHH!! ¡¡AYUUUDA!! -

Gritó aterrorizada, no le daban ni un respiro, no sabía que la estaba levantando en el aire ni qué eran esas lucecitas, solamente sabía que se sentía muy cansada, cada vez más, como si la vida se le fuera, poniéndose pálida y dejando de patalear, para colgar la cabeza poco a poco, como si quisiera dormir un rato nada más, dejando un cuerpo inerte en manos de aquélla criatura que asemejaba a un wraith, un fiero guardián de aquéllas almas que buscaban descansar... o quizá un intruso que quería robar algo y ahora se condenaba a esa prisión ¿cuál era la verdad? Que la niña ya no se movía.

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Re: Círculo de Hadas

Mensaje por Gilgamesh el Vie Oct 01, 2010 11:41 am

El Caballero se cruzó de brazos y contempló la lenta caída física y espiritual de la jovencita. Sus ojos se mostraban algo mas piadosos de su situación, ya que no veía mejoría alguna, ni motivación... ¿Acaso lo estaba haciendo mal? Era la única manera que conocía, la única manera que había aprendido... el único método con el cual había crecido. A pesar de todo, el Caballero solo quería hacer el bien y lo mejor para ella, claro que a su manera, pero el bien al fin. Sabía que Solace podía hacerlo sola, todos pueden cuando están desesperados y ella era más que capaz... pero algo en su mente la aprisionaba. Al menos eso quería pensar... ¿Que tan malo era aceptar un poco de ayuda si la necesitaba? Ya se había involucrado mas de lo que quería como para dejarla sola.
No buscaba dificultarle la vida, había muchos bandidos a quienes torturar en el reino y no se iba a ensañar con una niña aparentemente mas inocente que una ardilla. A medida que caminaba, el caballero se iba acercando por detrás, ya que no parecía con fuerzas para seguir en pie.
A estas alturas Solace se compenetraba realmente con el ambiente. A juzgar por su andar parecía un cuerpo mas de los que yacían en la tierra, sólo que su piel era blanca como la nieve, mientras que la de los residentes era negra y pútrida... los que aún tenían piel, claro. Parecía un zombie sin rumbo, totalmente rendida y vencida.

En cierto momento, efectivamente la joven perdió el equilibrio y cayó nuevamente, esta vez hacia atrás y sin que ella siquiera advirtiera este hecho. Cuando parecía que su espalda chocaría con el suelo, el rey estiró vagamente el brazo y detuvo su caída. Estaba a punto de reprocharle, como siempre, pero al ver nuevamente su estado semi-ausente decidió no abrir la boca y se limitó a enderezarla con su mano. - Ya es suficiente, despierta...- Dijo de forma tranquila, zarandeándola un poco.
Sin embargo, ella continuó en su mundo hasta que algo pareció despertarla, y no parecía que fueran sus palabras, sino algo dentro de ella. Todavía parecía algo aturdida y no sabía que responder, incluso le temía a las pequeñas esferitas de luz. Gilgamesh negó con la cabeza para si mismo en señal de resignación... parecía una gata jugando con una bola de estambre. No sabía bien si las luces querían jugar con ella, protegerla, ayudarla, curarla o necesitaban de ella para sobrevivir, ya que irradiaba algo especial que las atraía.
Lo primero que pensó fue que quizás sería esa luz incandescente que la cubrió cuando estaba en medio de su canto, pero no estaba seguro. Tampoco tuvo tiempo para pensarlo, ya que una nueva amenaza se abalanzó sobre la desafortunada chica. Una persona que propaga la vida no parecía congeniar muy bien con un lugar de muerte.

Lo primero que notó fue que Solace flotaba en el aire, luego pudo distinguir a la figura oculta en la oscuridad, al menos la silueta. Rápidamente dirigió su mano a la empuñadura de su espada y ahí la dejó unos segundos.
- ¿Que quieres?- Preguntó sin importarle mucho la respuesta, solo quería saber si era una criatura inteligente o un monstruo sin razón. De todas formas, cualquiera que sea la respuesta, ya se había ganado un motivo para ser partido a la mitad.
Quería dejar que la joven se defendiera por sí misma, que liberara su temor. En una situación límite, podría hacerlo... Pero su grito resonó en toda la cripta y algunos de los espíritus verduscos detuvieron su camino y voltearon buscando de donde venía el sonido. Luego al notar que comenzaba a flaquear nuevamente, decidió actuar.... ¿Había llegado demasiado lejos la criatura? Al seguir sin reacción, Gilgamesh desenvainó su espada en menos de un segundo y una aureola de fuego la cubrió desde la empuñadura hasta la punta, envolviéndola por completo e iluminando la cueva mucho mas que antes y reflejando un cegador resplandor en su armadura dorada. Al iluminar cada rincón, se alcanzaban a ver algunas almas gaseosas que se acercaban por los pasillos, buscando el origen de tan estridente sonido. Ojos no tenían, por lo que se guiaban por el sonido, incluso atravesaban paredes que ni sabían que se alzaban en su camino.

La oscura criatura en cuestión, no mucho mas solida que los espíritus habituales del lugar, parecía tener forma humana pero mas grande de lo usual, lo suficiente para levantar sin esfuerzo alguno a una persona pequeña. El rey apuntó su espada hacia el ser etéreo y lo miró severamente. - Suelta eso de inmediato- Ordenó de forma seca y calmada. Nada ni nadie se metía con las pertenencias del rey, y estaba claro que ese espectro no sabía a quien tenía frente a él. Sin duda lograr que todas las criaturas del reino le temieran y le respetaran no era tarea fácil.


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Re: Círculo de Hadas

Mensaje por Solace el Jue Oct 07, 2010 2:34 am

¿Alguna vez has mirado en la oscuridad y has sentido que te devuelven la mirada? Ese escalofrío que recorre tu espina dorsal, esa sensación de ansiedad y temor, pavor, que va emergiendo desde lo más hondo para exteriorizarse en tu piel de gallina, en tu aliento gélido marcándose en la oscuridad como una nubecilla de humo grisácea, ese toque en tu nuca y el viento susurrante donde no debería haberlo. Así justamente se sentía la presencia de tal criatura, cuya sola presencia descendía las temperaturas por lo más bajo, provocando que el vaho se cristalizara en el aire. Las luces se alejaron volando a toda prisa, excepto una que fue víctima del espectral clima que ahí se vivía - o moría, más bien - cayendo a escasos centímetros de Gilgamesh, mostrándose como un hada menor, de esas simplonas y curiosas que mueren por su propio pie al meterse en asuntos que no les incumben, justo como ahora. Cayó de inmediato congelada, rompiendo sus alas y desquebrajando su pequeño cuerpecillo en cuanto tocó el piso y se despidió del mundo con un "crack" para ser un hada menos, un poco de magia que se desperdigaba por el recinto sin rumbo.

¿Qué quieres?

Preguntó el joven rey

Morir...

Contestó la figura con una voz espectral y escalofriante, evocando un lenguaje antiguo que pudo ser discernido por el linaje de el rey; aunque pese a ello, no podía mermar el temple de un hombre como Gilgamesh, sin embargo, un dejo de nostalgia atacó su corazón, el cual no pudo explicar, no que importara mucho ahora ¿o sí? Pero fue inevitable esa punzada en el corazón, como cuando presientes, cuando presagias. No solamente mostraba que era inteligente, sino también que tenía un motivo y que lo ocultaba en las sombras del recinto, viéndose como una figura vaporosa y harapienta cuyos ropajes negruscos flotaban al aire, contrastando con la blancura del vestido de la niña inmóvil, tan callada y tranquila, ahora no parloteaba ni temblaba sin sentido.

Spoiler:
El fuego dio paso a la luz reveladora, descubriendo a la amenaza por completo, mostrando una riqueza gastada en sus ropajes y una nobleza indudable en su porte oscuro, intimidante para cualquiera, imponente y tormentosa, pues se refugió de la luz en cuanto se hizo presente, como si le castigara verla después de tanto. Soltó un alarido que hizo que las almas perdidas se retorcieran y aullaran, dando no-vida a las ruinas, llenándolas de luz verdosa, más nada doblegaba la voluntad de aquél, quién ahora demandaba lo que ya consideraba suyo de alguna manera, pero se aferraba a la niña, como quién se aferra con las uñas al precipicio viendo más cerca el inevitable fin.

Ya es suficiente, despierta...

Una voz grave y profunda alcanzaba sus oídos - ¿o más bien sus sueños? - y entonces supo que estaba dormida y tenía que abrir los ojos, pero pesaban demasiado y figuras oscuras se interponían entre ella y la luz tan lejana que le prometía refugio. Luchó contra su propia debilidad, guiada por la voz que le demandaba regresar ¿por qué la obedecía? Es que sonaba tan segura, allá estaría a salvo, si tan solo esas sombras se apartaran... daban miedo, mucho miedo y hacía frío. De los labios resecos y blanquecinos de la niña, salió vaporcillo grisáceo, mostrando que respiraba débilmente, aún seguía ahí, hundida en su flaqueza como siempre.

Despierta...

Un fulgor apartó la oscuridad, no más sombras, solamente quedaba correr hacia el resplandor. Abrió los ojos, sintiéndose muy pesada y revelando el desconcierto inmediato en su rostro al encontrarse en tal situación: amagada por la cintura de una criatura oscura que le provocaba querer desvanecerse de nuevo, ni siquiera pudo gritar una segunda vez pues el pavor la enmudeció mientras miraba hacia la oscuridad que su capucha albergaba, sintiendo como le regresaban la mirada dónde ni ojos habían. Vio al joven, el caballero seguía ahí ¿la estaba cuidando? comenzó a patalear a medio aire y a querer soltarse de ese agarre, pero había una fuerza descomunal en él y ella se sentía cansada en cuanto la sostenía, como si se alimentara de vida en la muerte. Sintió como la criatura se hacía a la fuga, alzándose más lejana del piso, para fundirse con las sombras, revelando una especie de "cámara" que ascendía al piso superior, como un boquete planeado en el techo, llevándosela consigo, mientras estiraba la mano para poder alcanzarlo, pero no pudo, había un abismo de diferencia entre ellos.

- ¡¡VETE!! -

Fueron las últimas palabras que resonaron con el acento de la niña, quién quería que se salvara uno al menos, ya que ella parecía estar condenada a la oscuridad. Una lágrima resonó en el cristal de las alas rotas y congeladas del antes hada, perdiéndose en la arenosa tierra infértil.

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Re: Círculo de Hadas

Mensaje por Gilgamesh el Vie Oct 08, 2010 1:02 am

El espectro se quedaba inmóvil, flotando a mas o menos medio metro del suelo mientras lo único en que que se movían eran sus andrajosos harapos flameando lentamente. Inusual ya que no corría ni la mas mínima brisa.
Las paredes de tierra del lugar comenzaron a tomar un colo blanquecino; Las raíces se congelaban y caían quebradas; Las diminutas hadas abandonaron el recinto, siendo el fuego del rey la única fuente de luz por el momento.
Gilgamesh estaba a punto de pisar la última pequeña hada que quedaba en el lugar, la cual había caído a sus pies y ya contaba con su destino ya sentenciado. Pero recordó su objetivo principal y supuso que una enemistad con esas criaturas no le convendría, y se limitó a ver como se deshacía en la tierra.

La criatura mencionó una palabra en una lengua extraña, que él podía entender y seguro que Solace también. No bastó mas para sacarle una sonrisa al caballero, quien apoyó la hoja de su espada sobre su mismo hombro derecho, mirando y esperando.
- Que coincidencia, se me da bien ese tipo de cosas.- Dijo relamiéndose el labio inferior, respondiendo al pedido del espectro. A pesar de la luz que iluminaba el recinto, varios metros los separaban y no alcanzaba a ver mas allá de la capucha, sin rostro, negra como la noche. Parecía un vacío sin fondo.
De todas formas sospechaba que no había nada que mostrar debajo de esos ropajes.

El wraith parecía estar buscando algo, querer algo, pero no sabía que era exactamente. ¿Acaso tenía que ver con Solace?. La niña flotaba frente al espectro, como si de un escudo humano se tratase. En contraste con todo el ambiente, parecía brillar con luz propia.
La luz anaranjada del fuego fue respondida con un resplandor verde proveniente del espectro. Los muertos que rondaban el lugar no se atrevieron a acercarse mas y por el contrario, se alejaron rápidamente.
Gilgamesh miraba con gran severidad el agujero negro que formaba su capucha, el cual parecía una dimensión diferente ya que nada se podía ver a través de él.

En cualquier situación el caballero hubiese atacado sin importar la salud del rehén, pero no era cualquier situación. Sentía que no podía dejar morir a la joven con esos pensamientos tan débiles, al menos debería morir como una persona fuerte y decidida. Algo le decía que no solo quería descuartizar a esa criatura, pensó que si la chica moría junto con él, tampoco quedaría satisfecho... ¿Entonces? Le dedicó a la criatura una mirada fulminante, llena de malestar por no poder atacar libremente. Gilgamesh no sentía el frío y por el contrario, en su armadura comenzaron a formarse gotas de agua a causa de la condensación. El fuego a su alrededor comenzó a crecer y a envolverlo completamente, haciendo añicos las bajas temperaturas que comenzaron a invadir el recinto. - Cumpliré tu deseo...
Estaba listo para realizar un movimiento cuando la aparición comenzó su huida. Es desgraciado optó por alejarse por una abertura en el techo. Era demasiado alto y no podía saltar tan alto completamente vertical. Tampoco tenía métodos para flotar o llegar hasta allí de ninguna manera, por lo que tuvo que buscar una forma humana de ascender. Por suerte conocía ya ese lugar y sabía donde podía encontrar escaleras.

Se quedó un momento de pie en el lugar hasta que el espectro y Solace desaparecieron y todo se volvió silencio. ... ¿Te atreves a darme ordenes a mí?- Dijo en voz baja para sí mismo. - ¿ACASO ESO FUE UNA ORDEN?- Gritó esta vez muy fuerte, creando un eco duradero en el lugar. Momentos después todo volvió a ser silencio y comenzó su camino mientras maldecía por lo bajo.

Al abandonar ese piso, el hada abandonada comenzó a brillar desde la zona donde había caído la lágrima de Solace y de a poco fue recomponiendo sus alas, regresando a la vida una vez mas, con los muertos como únicos testigos de la resurrección.

Se dirigió directamente a la zona donde había una escaleras ascendentes y desapareció en ellas a gran velocidad. Le bastó subir dos pisos para encontrarse con una especie de capilla, efectivamente con un hueco en el suelo del pasillo que llevaba al altar. Sin embargo, lo único que encontró fueron mas raíces secas cubriendo las paredes y los objetos, y otras vivas que continuaban su crecimiento por el suelo y el altar.
A pesar del conocido panorama, algo le llamó la atención. Veía. Veía sin necesidad de utilizar fuego, y era porque entraba luz natural del exterior. Eso era... un pequeño rayo de luz lunar se filtraba por una grieta del techo, que ya estaba bastante resquebrajado. Eso significaba que estaban solo a un paso de la superficie.

Pero aún seguían sin aparecer. Podía sentir su paso por allí, podía sentirlos cerca... ocultos. Agudizó el oído intentando percibir gritos provenientes de la joven y esperó, inmóvil... No intentó dirigirse a la aparición, pues no lo consideraba un ser inteligente, o al menos digno de escuchar palabras del Rey. Siguió inmóvil justo en el punto donde caía el haz... bañado por la luz de la luna de medianoche.



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Re: Círculo de Hadas

Mensaje por Solace el Vie Oct 08, 2010 3:21 am

Se sintió perderse en la oscuridad, sin saber si seguía despierta o era una terrible pesadilla y tendría que esperar a caerse de la cama, para respirar aliviada y reírse de sí misma, sí, eso quería... pero sabía que no era verdad, que era su realidad en ese momento y eso desgarró sus esperanzas, pensando en que la mirada fúrica del hombre cuyo nombre nunca conoció, sería lo último que vería.

Abrió los ojos de par en par, no vio nada todavía, pero si que lo escuchó y sintió que una sonrisa apareció en su rostro, pensando en lo enfadado que estaría con ella por ser alguien a quién los problemas seguían tan de cerca. Le había cogido cariño al carácter recio del joven, a sus malos gestos y a la severidad de sus palabras, algo que contrastaba totalmente con la preocupación que tenía al ocuparse de alguien tan insignificante como ella... estaba loca por encariñarse con un completo extraño, pero quizá sería la última persona que conocería y al menos había valido la pena el recorrido por eso, lástima que jamás sabría cómo se llamaba. Se sintió desvanecer nuevamente, hacía mucho frío y la oscuridad la absorbía ¿la extrañaría alguien? Probablemente no, así que no importaba mucho, su hermano la recogería en brazos, sería bueno verle de nuevo...

¡NO!

Gritó una voz en su interior, provocando que despertara una vez más. Esa voz sacó fuerza de su flaqueza y la llenó de decisión. Alguien la esperaba y seguramente, alguien en algún lugar la extrañaría, pero lo importante era no dejarse vencer ahora, el caballero no había desertado de su lado en ninguna ocasión, la había mantenido caminando y viva, no podía pagarle dejándose en las garras de una criatura oscura, no, debía darle tiempo, seguramente vendría a reclamarle que no le diera órdenes más que a salvarla y ella tendría que contestarle algo muy rudo para mostrarle que ella también era brava. Aflojó el cuerpo, sin hacer ni un solo movimiento para que la criatura no notara que había despertado, pensando que no lo notaría, se suponía que por ser clériga sabía mucho de entes macabros como ese, pero todo ese conocimiento adquirido en el convento escapaba a su mente por el miedo y el cansancio, además no era fácil distinguir una criatura de otra, en los libros pocos los ilustraban y sus características siempre rayaban en lo mismo: una figura humanoide, envuelta en ropajes oscuros. ¡Gran ayuda! Si sobrevivía, quizá escribiría un libro sobre tales cosas... bueno, primero tendría que aprender a escribir.

Se hizo la luz. Si abajo reinaba lo macabro, ahí arriba todo se volvía nostálgico, en tonos azules, con la santidad del recinto al que entraban cerniéndose con tristeza por los rincones oscuros, derrumbados y olvidados, sin duda ni la sombra de lo que alguna vez fue ese lugar. La naturaleza se había encargado de terminar de hacer estragos en el lugar, ya parecía parte de la misma arquitectura y el aroma a humedad penetraba bastante al olfato. Solace tuvo cierta sensación de alivio al saber que ahora estaba atrapada al nivel del suelo y no kilómetros por debajo de él, un problema menos, había qué ser positivos. Sintió un cambio en su cuerpo, del frío tacto de la criatura vino la frialdad del mármol, mientras la depositaba sobre el altar, completamente tendida, dejando caer su cabeza de lado para ser más convincente en su actuación, que no le costó mucho trabajo hacerse pasar por un cuerpo inerte, cuando el cansancio la agobiaba tanto. Lo que vino, nunca nadie podría haberlo previsto: sintió como alzaban su vestido lentamente, dejándole un escalofrío en el cuerpo y eso la dejó más helada de lo que ya estaba, a punto de sentarse sobre el altar para abofetear al wraith, pero afortunadamente su cobardía se lo impidió, ante lo que tragó saliva pesadamente y presionó los puños mientras temblaba como gelatina de Solace. Para su sorpresa, ya no veía a la criatura, como si se hubiera tornado invisible, sin embargo su gélida presencia todavía dominaba el lugar y la respiración de la niña. Sintió como su daga, esa arma tan especial que su hermano le había dado, comenzó a salir del liguero de cuero donde siempre la ocultaba y de repente la vio brillar y flotar en el aire, justamente encima de ella. No pudo continuar con la farsa y lentamente movió la cabeza, contemplando horrorizada el acto e imaginando ya el corte en su pecho, advirtiendo un dolor que no conocía y pensando en el olor de su propia sangre. Lágrimas se vertieron sobre el mármol, mientras su labios trémulos quisieron suplicar, gritar, formular oraciones a su dios, pero nada salió de ahí. Entonces advirtió que detrás de la daga, sobre el mural en el techo, muchos ángeles piadosos se pintaban con compasión, rehusándose a ceder a la humedad del recinto, quedándose olvidados para que algún día, un par de ojos opacos, volvieran a brillar.

"El vendrá, tengo que darle tiempo..."

Pensó en sus adentros, sintiendo el frío del acero cada vez más próximo a su corazón. La daga se alzó en el aire, anunciando lo mortal del golpe que daría, lo cual fue indicio para que Solace se rodara a un lado del altar, cayendo pesadamente mientras se escuchaba un sonoro "CLANK", agrietando el altar, seguido de un alarido parecido a la furia que heló los nervios de la niña, la cual comenzó a gatear torpemente en un intento por alejarse de ahí, ayudándose de las paredes para poderse reincorporar y finalmente correr, encontrando lo que parecía ser la salida -un par de majestuosas puertas dobles- bloqueada por piedras y demás escombros, ante lo que rápidamente buscó con la mirada alguna ruta alterna de escape a la ira de esa criatura, encontrando una especie de sagrario lo más adecuado, al tener la puerta bastante entera, como si un wraith tocara antes de entrar, pero no estaba muy lista en ese momento. Se introdujo en la habitación y cerró la puerta tras de sí, dejando a la criatura momentáneamente desconcertada ante la desaparición de la escurridiza clériga. Sentía que el corazón se le quería salir del pecho y su respiración agitada era incontrolable, pero tenía que durar un par de instantes más, el vendría ¿cierto? ya había tardado, qué tal si no venía y ella moría ahí esperándolo... No tuvo tiempo de pensar más, pues sus ojos se posaron automáticamente en el interior de ese lugar, el cual era iluminado tenuemente por un par de flamas azules perpetuas que a leguas daban el indicio de nacer de la magia. Eso parecía un mausoléo dentro de una capilla, de eso si sabía ella: solamente a grandes reyes y monarcas muy unidos a su religión, se les daba el honor de descansar en la mismísima casa del dios al que servían en vida, incluso en algunas ocasiones, estos templos se edificaban sobre las tumbas mismas, siendo un monumento a la magnificencia de tan dignos hombres. Esa impresión le dio, al ver que en su pequeño refugio, ahora se encontraba frente a varias tumbas emparedadas, con placas de mármol negras e intactas, casi nuevas y letras doradas anunciando nombres larguísimos que dennotaban nobleza al instante, incluso algunos los reconocía, pero sobre de todo dominaba una tumba al fondo de la Cámara donde había una daga cruzada y se marcaba el hueco para otra, y claro está, que la daga era idéntica a la que le había regalado su hermano. Parecían una ofrenda a la tumba de ese antiguo monarca ¿Sería acaso...? Entrecerró los ojos, sacando conclusiones apresuradas, pero no pudo pensar por más tiempo cuando vio marcarse en el piso una sombra enorme que la devoró por completo y entonces, ya no supo más de sí, más que el indescriptible frío que sintió en ese instante, como el toque de la muerte.

Gilgamesh finalmente llegó al recinto, pero no hubieron más que un silencio espectral y la luz de la luna para recibirlo, expectante, hasta que algo terminó con la espera, con la calma: un ataque que vino rápido y de costado, con fuerza sobrenatural. Era Solace la que ahora se paraba empuñando su daga frente a él, con los ojos perdidos en una luz azulada y sin un ápice de inseguridad o cansancio, como lo había mostrado desde que se topó con ella. Ahora simplemente callaba y runas luminosas se marcaban por su joven cuerpo, mostrando una estancia muy típica de la esgrima, el arte de los nobles, algo más en lo que ella se había mostrado incompetente tiempo atrás. El golpe había sido más una advertencia, pues ahora se quedaba a la defensiva, como dándole la oportunidad a retirarse ¿qué era todo eso? Los cabellos castaños de la jovencita ondearon con un aire gélido que la rodeaba constantemente y clavaba lo que podría ser su mirada en el caballero.

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Re: Círculo de Hadas

Mensaje por Gilgamesh el Lun Oct 11, 2010 3:11 am

Gilgamesh oyó varios ruidos mientras subía la escalera... un golpe seco... pasos... incluso respiración agitada... Pero uno le llamó la atención en particular: Un sonido metálico. ¿Que estaba ocurriendo? Se apresuró a subir pero al llegar solo se encontró con el silencio. Esperó y esperó hasta que una rápida figura se abalanzó contra él... - El Wraith... No- Apenas volteó ya la tenía encima, perdió el equilibrio y casi cae al suelo, pero pudo mantenerse en pie. Al volver el silencio recuperó la postura y le echó un vistazo detenido al responsable del ataque...

Se sorprendió bastante de ver a la niña, aunque no lo demostró mucho. Parecía tener de un momento a otro el carácter de una leona, y no solo eso, sino que estaba en su contra. ¿Como se atrevía a tal cosa? Normalmente poco le importaban los motivos, si alguien levantaba una mano contra él, sería la última vez que levante esa mano. Sin embargo, no tardó mas de unos pocos segundos en darse cuenta de que no estaba actuando la voluntad de la joven. Sus ojos la delataban, y si eso no era suficiente, bastaba un rayo de luna para que las extrañas runas de su cuerpo reaccionaran y brillasen, como si de la activación de un antiguo hechizo se tratase. Pero no... no sabía que era realmente. A juzgar por la extraña desaparición del misterioso espectro, podría jurar que fue una simple posesión. La duda era, por qué un fantasma como ese desearía el cuerpo de una mocosa como aquella, sin dudas no aguantaría mucho dado la pureza espiritual de Solace.

Parecía otra persona, una guerrera, una valiente y fuerte chica, decidida a todo. Incluso hacía gala de una postura desconocida para la versión inocente de la sacerdotisa.
El Caballero sonrió de lado, bajó la mirada y arremetió contra la niña, tomándola del cuello y estrellándola contra una pared de tierras. Tan débil y seca estaba que se desmoronó apenas recibió la presión y no dañó a la chica. Gilgamesh se quedó un momento con Solace en el aire contra el muro, tomándola del cuello débilmente.

- ¿Acaso pensabas que por ser una niña no iba a atacarla? Sin duda los muertos no piensan mucho...- Se mofó aún teniendo como prisionera a la poseída. No era su estilo tratar así a las mujeres, pero quería engañar a ese pútrido espíritu y hacerle creer que no sirvieron de nada sus esfuerzos.
Un momento después la soltó y dio un gran salto hacia atrás, tomando distancia. A pesar de todo, a los golpes no iba a sacar al espectro de allí dentro, y no sabía la manera de hacerlo. La chica no parecía sentir nada, ni siquiera percibir lo que ocurría a su alrededor. Aún así parecía estar mas a la defensiva que al ataque. Era extraño.

- Utiliza lo que hiciste cuando caíste al hoyo... hazlo de nuevo.- Dijo en voz alta, a sabiendas que llegaba a sus oídos pero no tanto a su cerebro. Sabía que Solace tenía varias maneras de deshacerse de espíritus malignos, pero... ¿Acaso ella las sabía? ¿Y si el espectro no estaba dentro de ella? Las runas llenaban de desconfianza al caballero.

De pronto, algo llamó su atención... No lo había visto antes, pero ahora que empuñaba su daga firmemente y sin dudas frente a él, pudo ver mejor... Algo de parecía familiar de ella. Sabía que había visto esa daga en otro lugar...

Sí... sin duda alguna... Una de las cosas que le sorprendieron al venir por primera vez, fue una daga brillante en lógico mal estado debido a los largos siglos enterrada, clavada en una tumba. Una tumba que no recordaba a quien pertenecía. Aquello sería lo de menos en ese momento.

- ¿Acaso viniste a robar los tesoros de mis antepasados?- Inquirió en broma, son una sonrisa en sus labios. Bien sabía la respuesta, pero quería intentar despertarla con palabras, o bien provocar a quien la controlara.
Aún no se había percatado que eran dagas diferentes, ya que era idénticas. Recorrió con la mirada el recinto y pudo notar una gran puerta doble, con una hoja entre abierta.
Giglamesh se pegó a la pared y comenzó a caminar al ras de ella, recorriéndola con la mano en busca de alguna puerta secreta o pasadizo, algo que pudiera provocar confusión. Caminaba sin quitarle la vista de encima a una Solace impasible. Pensó un tiempo que hacer con ella, que pasos seguir... intentó leer las runas de su cuerpo, pero no le era nada fácil. No sabía de exorcismos tampoco. Trataba de no llamar demasiado su atención ni de provocar algún ataque de su parte... cuidaba mucho sus movimientos para que no parezcan amenazantes ni bruscos. No quería provocar el ataque de la chica... si tenía que defenderse, no dudaría en usar técnicas dolorosas o mortales.

Lo único que atinó a hacer fue a crear pequeñas llamas a su alrededor, preparadas para atacar o defenderse. Si era necesario... ¿La lastimaría? No, de todas formas era incomprensible que el cuerpo de esa mocosa le causara el menor rasguño, menos con ese pequeño cuchillo.

- Sal ya, basura cobarde.- Ordenó en voz mas alta aún, mirando a los ojos muertos de Solace y refiriéndose al encapuchado etéreo.
Luego volvió a hablar, pero por primera vez denotaba seriedad en su semblante, y está vez estaba dirigido a la niña tierna de siempre.
- Será mejor que hagas algo, o jamás podrás volver a ver a tus seres amados.- Ignoraba si esas palabras llegaban o no, pero aún en ese momento y siempre, sentía que era responsabilidad de ella recomponerse. Quizás ese sea un defecto del Caballero....

Dicho esto, las llamas se expandieron por delante de él, formando un muro, al mismo tiempo que Gilgamesh llegaba a la zona de la gran puerta, ingresando rápidamente a la cámara contigua y hogar de reposo de importantes almas.


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Re: Círculo de Hadas

Mensaje por Solace el Jue Oct 14, 2010 2:19 am

Aquéllas canciones que cantábamos, tan suaves como la brisa...
Campos interminables, nuestro hoga... Cómo anhelo esos días.


Se encontró a sí misma atrapada... ¿dentro de sí misma? Era como verlo todo a través de un cristal, que aunque golpees con fuerza, sabes que nadie te escuchará, o te verá, jamás podrás romperlo ni pasar al otro lado, estás atrapado y lo ves todo, pero nadie te ve a ti... no, no es un cristal, es un espejo, una pantalla y estás solo ahí. Veía cómo su cuerpo era una vil extensión, una mera herramienta de los deseos de odio y repudio del espectro, podía sentir esa antigua ira reprimida, queriendo salir, pero el dolor, el dolor era el que hacía que le doliera el pecho ¿por qué lo comprendía? ¿por qué veía a los espectros? ¿por qué le hablaban a veces? Nunca supo por qué la buscaban, qué necesitaban de alguien tan débil y común como ella, ella simplemente podía sanar... ¿no? La llamaban clériga, pero no entendía muy bien el concepto por completo, era mucha la magnitud como para que una chiquilla pudiera comprenderlo, simplemente había aceptado el nombre sin ponerse a pensar en la responsabilidad de cargarlo.

- ¡No! ¡Vete! -

Le gritaba desde el interior al caballero dorado, quién se mostraba inmutable y valiente, sin embargo, no podía evitar preocuparse por él, no se perdonaría el lastimarlo porque... porque era muy débil y por eso la había tomado el ser oscuro, por eso su voluntad no era más que una herramienta para él. Tenía razón: ella era muy débil...

La daga cayó sobre el piso terregoso, provocando un sonido metálico que resonó en la estancia unos momentos, y de un segundo a otro, el cuerpo de la niña pendía suspendido en el aire, mostrando la voluntad nula que tenía al momento, siendo una mera marioneta para el titiritero, con la mirada perdida y ese aire gélido causando escarcha alrededor de la armadura del caballero, la cual se derretía ante la presencia del fuego constante en su arma. De tener la mirada perdida, movió la cabeza, pero no para mirarlo por su insolencia, ni siquiera para reclamarle, miraba sobre su hombro, a una distancia más lejana mientras alzaba el brazo y lo extendía hacia aquél punto: la daga comenzó a tambalearse en el piso y en un abrir y cerrar de ojos, apuntó hacia la cabeza desprotegida del hombre, para lanzarse mortalmente hacia él, en una trayectoria veloz y directa, dejando las partículas de hielo impregnadas en el viento que se congeló para crear nieve que cayó suavemente, en contraste con la fuerza del ataque, marcando su estela espectral que relumbró con la luz lunar, casi envidiosa del brillo de la armadura dorada del rey. El tiempo se hizo más lento, los cabellos de la niña se movían más lentamente y el alma en su interior gritaba con miedo, viendo como el filo del arma marcaría su destino en cuanto él esquivara.

Una lágrima se congeló en su mejilla.

La luz la acarició, le regaló el calor de vida que había olvidado entre tanta oscuridad y muerte, provenía de ella, él se lo había recordado "Utiliza lo que hiciste cuando caíste al hoyo... hazlo de nuevo" ¿Su poder curativo tenía efecto alguno sobre tales criaturas? ¿no era más que una manera de protegerse? Era verdad, necesitaba comenzar a cuidar mejor de sí misma, antes que preocuparse de los demás. Tomó impulsó en su interior, sintiendo como el cristal se desquebrajaba ante su paso, más no dolían las heridas. La luz blanca reemplazó esa sensación gélida y purpúrea que la rodeaba, pero solo por instantes, los suficientes para hacerse a un lado, soltándose del agarre del noble, cayendo pesadamente al piso mientras su mejilla sangraba por el corte que apenas si la tocó, pero dejó su marca evidente, manchada en carmesí. La daga yacía clavada en la pared, la cual agrietó y terminó de desmoronar, para que ahora la observara con detalle y la reconociera como Tesoro Ancestral, aunque su origen era desconcertante todavía.

El cuerpo se puso en pie nuevamente, se veía pesado y esa aura lo cubrió de nueva cuenta ¿la voz del rey era tan imponente que llegaba a ella? ¿o llegaba por ser familiar y de él, no de un rey? Nadie lo sabía en el momento, lo único que era certero era la sangre que se vertiría esa noche. Sacó la daga de la pared, trayéndose un buen pedacerío de rocas consigo, levantando polvo, mientras volteaba a ver a su oponente, quién se mantenía repegado a la pared, como si quisiera escapar.

Click

El hombre escuchó, y una estatua piadosa de una diosa olvidada, abrió sus brazos para revelar una entradilla que ascendía en una escaleras pétreas, en forma de caracol, como si la mujer guardara dentro de sí un secreto que ahora revelaba al digno. En cuanto el espectro vió eso, reaccionó con violencia, lanzándole la daga al caballero, la cual comenzó a congelarse en el viento, formando una lanza de hielo que apuntaba al corazón, con la intención de sacarlo de ese pecho y verlo marchitarse en el polvoso piso.
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Re: Círculo de Hadas

Mensaje por Gilgamesh el Sáb Oct 16, 2010 8:16 am

Spoiler:
No te preocupes, me pasa igual últimamente, perdón!!!. Yo recibo motines de mis propios libros x.x

Observaba con cuidado a la poseída Solace, un simple cuerpo sin vida aparente, movido por una fuerza externa como si fuese una marioneta de trapo. Había alcanzado a esquivar fácilmente el primer ataque de la daga pero también tuvo la oportunidad de desviarlo unos centímetros, para que las consecuencias en el cuerpo de la joven sean solo una pequeña cortadura en su mejilla. Poco le importaba al espectro que ocurriría con su cuerpo puro y angelical.

No se vio ni un dejo de compasión en su rostro al ver a la chica tirada en el suelo, con una gota de sangre que bajaba desde la mitad de su mejilla hasta el mentón a causa de la herida. No tenía por qué sentir nada si no estaba en peligro de muerte. Tampoco se preocupaba mucho por su estado espiritual, ya que siempre la luz hacía a un lado la oscuridad.

Quiso tomar la daga de la pared pero los papeles habían cambiado y ahora estaba del otro lado del cuarto. Entre ella y el Caballero se encontraba esa miserable aparición, con su escudo humano. Gilgamesh continuó desde su lugar, tanteando la pared hasta encontrar lo que buscaba.

Al encontrar la puerta, se dispuso a ingresar no sin antes recibir un nuevo ataque de parte de la Solace oscura. En parte eso era lo que quería, le vendría muy bien y un ahorro de tiempo. Una vez mas creó fuego a su alrededor y lo expandió a un radio considerable, derritiendo de a poco el hielo que recientemente se había formado alrededor de la daga. En su trayectoria, podía verse la estela de agua que caía al suelo, dejando el camino marcado por ella.
Usualmente no sentiría la necesidad de realizar ninguna acción, sino esperaría pacientemente con las manos en sus bolsillos a que la daga rebote sola en su gruesa armadura y caiga al suelo como si de un pequeño cuchillo de lata se tratara. Pero ya se estaba cansando de esa pútrida criatura y no quería perder su tiempo, no lo merecía. Sin moverse del lugar, hizo un rápido movimiento y tomó la daga por la empuñadura centímetros antes de tocar su armadura, como quien intercepta una flecha en pleno vuelo con la mano desnuda.

Listo

Eso era lo que necesitaba. Entró al sagrario donde hace unos momentos Solace había entrado y se puso a observar con cuidado las tumbas a su paso. - Esta no... esa tampoco... aquella tampoco.... Esa!- Pensó al ver al final la que resaltaba por sobre el resto. Estaba al final de la habitación y en el centro, llamando la atención mas que cualquier otra. En parte porque era la única con un objeto brillante clavado frente a ella... plateado y plano. Una hoja... una daga.

- Lo sabía- Dijo para sus adentros. Recordó que había visitado ese lugar cuando era pequeño, y que había visto el mismo objeto clavado en la tierra, como si fuese la mismísima leyenda de aquel que se convirtió en rey al sacar una espada de una roca.
Ante ese momento, no sabía que hacer, se le ocurrían muchas teorías, pero no disponía del tiempo ni de múltiples vidas para Solace como para ponerse a averiguarlo.

El espectro venía tras él, decidió comprobar si efectivamente, eran dagas gemelas, y colocó el arma blanca de Solace en la ranura vacía junto a la otra. Ahora parecía una ofrenda completa, o una reliquia del muerto mas bien. Al estar juntas, ambas comenzaron a brillar tenuemente con una luz extraña y acto seguido sintió esa presencia gélida justo detrás de él, ignorando por un momento los efectos próximos a ese resplandor.


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Que vergüenza x.x apenas me libere de mis tareas juro que escribiré un post decente. Te hartarás de leer.


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Re: Círculo de Hadas

Mensaje por Solace el Mar Oct 19, 2010 1:56 pm

- ¡¡WRAAAAAARGH!! -

El gritó resonó con furia, estremeciendo el recinto y las pequeñas almas que rondaban, cuyas lucecillas se extinguieron para entregarse a una absoluta oscuridad. Del cuerpo de la niña emergió un vapor espeso y negro, emergió la rabia del espíritu colérico quién se alzaba con un grito de guerra del cuerpo inservible que ahora dejaba extendido y agotado sobre la fría piedra caliza de la capilla, el cual hizo un sonido sordo al desplomarse, alzando polvillo blanco que relució con la luz lunar y luego se opacó por la negrura que se esparcía en el recinto, desecrándolo con herejía. A cualquiera se le hubiera helado el corazón y los sentidos al presenciar tal escena, la ira de un espíritu antiguo y entregado a la oscuridad ¿o quizá condenado? De igual manera, a ella pertenecía ahora y sus cruentos actos carecían de consciencia alguna, simplemente se manejaba por una única sensación que abrumaba el sentido - si lo poseía - esa sensación de matar, como si eso le regresara algo de lo que había perdido. El camino de agua que ahora se enlodaba en el piso, se alzaba por comando de la mano seca y huesuda que le comandaba, formando agujas de hielo en la atmósfera para viajar furiosas, cortando el aire, clavándose en la gruesa pared, mostrando una dureza nada propia del hielo, como si la propia ira las moviera, no eran simple agua, el elemento de vida... qué ironía.

El sagrario retumbó por el castigo de las estacas y rápidamente comenzó a cubrirse de escarcha y hielo, esparciéndose desde fuera hasta dentro, buscando alcanzar al rey en su carrerilla con la sola intención de congelar su armadura y hacerla quebradiza, usaría la fragilidad del hielo a su favor, aún cuando tuviera las de perder contra su elemento opuesto.

Solace abrió los ojos, pero no sentía que había despertado, se encontraba pesada, cansada, agobiada por un sentimiento que no era el propio, era como intentar salir de una terrible pesadilla, pero la voluntad del sueño se impone sobre el miedo. Tenía frío, mucho frío ¿era el toque de la muerte? vio su propio aliento congelándose en la noche y un montón de escarcha en el recinto y... ¡el caballero! Se sentó en un solo movimiento, buscando alrededor ávidamente, recordando que no eran sólo 2 ahora, sino 3 ¿dónde estaría el amenazante tercero? Se puso en pie lentamente, temblando, ya no sabía si por el frío - probablemente no - y el azul de sus ojos se posó en el sagrario el cual era acediado por la criatura, quién pretendía congelarlo ¿por qué? ¡No! ¡El debía estar dentro!

- ¡NO! -

Si, era cobarde. Sí, era débil, pero su cualidad más grande era su inigualable lealtad, absoluta por sobre de todo, incluso por sobre de una nula relación hacia el extraño, quién se había expuesto toda la noche por el bienestar de una mujer torpe que debió haber muerto por su ineptitud, en este mundo y estos tiempos no había lugar para la duda. Corrió, con la fuerza que le quedaba en sus piernas cortas y amoratadas, claro está que no pensó ni razonó, simplemente extendió la mano y sintió que el tiempo corría más lento.

El rey sintió un frío incomparable, no era el frío de las montañas nevadas o de los campos de guerra por la madrugada, este frío era distinto, recorría las fibras nerviosas con cuidado, expandiéndose como un virus, dejándote esa sensación incómoda en la nuca que provocaba que los hombros se encogieran y temblaran sin control. Escuchó una respiración, era pesada y tan gélida como la temperatura del lugar, sin duda una sombra de muerte se cernía a sus espaldas, aproximándose inevitable, así como el velo oscuro de la noche caía después de cada atardecer para repudiar al sol y ahuyentarlo detrás del horizonte, más la voluntad de un monarca tendría que sobrepasar al temor de la muerte incluso y los efectos de tal criatura, lo alcanzaron demasiado tarde.

¡¡RAAAARGHH!!

Exclamó, perforando sus oídos, antes de abalanzarse sobre el rey, que le estaba dando la espalda para ocuparse de un asunto que no le interesó en lo más mínimo al fúrico espectro, quién se entregó a la venganza, acercándose poco a poco al reflejo de la brillante armadura y entonces... la luz, porque la luz siempre hacía a un lado la oscuridad. La criatura giró sobre su propio eje, aterrizando en la tierra para observar al futuro cadáver que atrevía a echarle un conjuro tan pobre, aunque pese a eso, se veía que le quitaba su propiedad etérea y calmaba su ira por instantes, permitiendo que Gilgamesh cumpliera el ritual sin alguna otra premura. El brillo de las dagas se unió al tenue fulgorcillo que Solace provocaba con sus manos extendidas y su voluntad puesta en ello, para después convertirse en una luz enceguecedora que se encargó de alejar al hielo y la oscuridad, brindando un sentimiento de nostalgia y trayendo alivio, alivio al alma cansada que ahora se despojaba de sus negras y roídas vestiduras, para emerger con gloria olvidada del cascarón que se podría en el polvoso piso, para ascender a la luz: se mostraba un hombre joven, del más puro y noble linaje, con un tono muscular muy propio de alguien atlético, envestido con los ropajes de alguna de las casas fieles a la corona desde hace varias generaciones. A sus costados, 2 fundas de buen tamaño, donde la esencia de las dagas dio forma a 2 espadas que tomaron su lugar finalmente, luego de quién sabe cuánto tiempo, cuánto silencio y oscuridad. El noble no sonrió, pero mostró un profundo respeto hacia su libertador, con una reverencia que rayó en lo magnífico, antes de entregarse a la luz, dejando el eco de un suspiro profundo resonando entre las paredes del sagrario, el cual se entregó a la noche una vez más, con los 2 jóvenes como únicos testigos de todo aquéllo.

Solace se quedó estupefacta, con la boca abierta, de haber podido, tocando con la mandíbula el piso, mirando hacia donde una vez estuvo el alma, como si todavía siguiera allí. Las dagas en la tumba se tornaron pétreas, fundiéndose silenciosamente con el monumento de aquél que acababa de ascender a beber ambrosía entre los nobles caídos. La chiquilla observó eso a continuación, respirando agitada, dejando que la adrenalina la mantuviera en pie, con una invasión de ideas y pensamientos en su cabeza al respecto de todo lo que había acontecido, preguntándose si despertaría en cualquier momento y se encontraría en la clínica, o en el orfanatorio, o en... cualquier lado menos ese. Posó su mirada sobre Gilgamesh y cerró la boca, apretando los labios y pasando saliva pesadamente... curiosamente, aunque se encontraba contenta de que todo hubiera terminado, y de que él estuviera bien - como si hubiera corrido peligro en algún momento - temía correr a abrazarlo, que es lo que quería hacer, pero se refrenó al recordar el mal genio del caballero, incluso ahora que ya no tenía que temer al wraith, recordó que le debía temer a él, sin embargo.

- Gracias... -

Sus labios trémulos forjaron una sonrisa en su rostro sucio y cansado, sus ojos se entrecerraron y se formaron pequeñas arrugas en su sien, mostrando la sinceridad y honestidad del gesto que se apoderaba de ella, expresando lo que su cuerpo y cobardía no le permitían. Así pues, 2 extraños en la situación más extraña, estaban parados a mitad de la noche en un recinto igual de extraño, pero así era la vida: extraña.

Spoiler:
[OFF: V-A-G-O >_> Ñajaja... es broma, no importa, yo también tengo asuntitos personales que me han quitado de mi tiempo en la compu, además siempre me agrada que tengan tiempo para responderme, no podría exigir nada, gracias! n.n *coffmentirascoff* XD ¡POSTEAAA! ¡O¡]

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Re: Círculo de Hadas

Mensaje por Gilgamesh el Miér Oct 20, 2010 4:33 am

Spoiler:
Esas letras rojas gigantes me tomaron de sorpresa xD

De a poco sintió como una sensación gélida se apoderaba de él desde su espalda hacia adelante. Estaba bien, ese lugar era caluroso de por sí y no le venía mal refrescarse. De todas formas podía utilizar su elemento cuando quisiera para calentar la temperatura de su cuerpo hasta límites insoportables.
Cuando su aliento comenzó a tornarse visible a causa del frío, sonrió satisfecho. El Caballero no tuvo la necesidad de voltear, pues todo pasó a sus espaldas, tan rápido y automático que no hizo mas que relajarse y cerrar los ojos.
La luz proveniente del sepulcro y de las dagas cruzadas brillaba arduamente, pero había otra luz que se sentía detrás de él y la que hacía doblegar al ahora débil espectro. Sonrió de lado al suponer con acierto que se trataba de la misma Solace. - Al fin... ya era hora...- Pensó resoplando. La luz puramente blanca que salía de las manos de la clérigo se unió al resplandor amarillento de la tumba y se mezclaron como si fuesen dos fluidos, para luego descender de lleno hacia el ente fantasmal caído. De repente y sin mas preámbulos, sus ropas andrajosas cayeron al suelo, cual globo al que le habían quitado el aire.

La nueva luz que se formó se fue reduciendo de a poco y se concentró en una pequeña bolita perfectamente redonda y tremendamente brillante que flotaba en el aire. Ésta ascendió lentamente, traspasando todo obstáculo posible hasta elevarse a los cielos, dejando una estela de polvo brillante a su paso. Antes de desaparecer en el techo de tierra y piedra, el Caballero pudo notar que la diminuta hada revivida por la lágrima de la sacerdotisa revoloteaba alrededor de la esfera de luz y la acompañaba en su viaje.
Luego de haber presenciado cómo el alma en pena comenzaba por fin su viaje, volteó por primera vez hasta que sus ojos se posaron en el rostro de Solace. Al verla tan sorprendida, pudo notar con extrañeza que su mirada estaba fija en un punto, no estaba perdida, parecía realmente estar mirando algo, pero el rey no veía nada. ¿Sería otra aparición? No... el rostro de la joven no demostraba que fuera una nueva amenaza. Sea lo que sea, solo ella podía verlo.

Gilgamesh decidió dejarla en sus pensamientos y volvió su típica mirada indiferente a la tumba. Las dagas gemelas estaban ahora cubiertas por una capa de piedra resquebrajada. Sin decir nada, sonrió con cinismo y extendió la mano hacia una de ellas, tomando su empuñadura. ¿Que pasará si la quito? ¿Volveré a perturbar a ese fantasmita de medio pelo?- Murmuró en voz baja, pero lo suficiente para que Solace escuchara. Realmente no le molestaría si así fuera... mejor para él tener un poco mas de entretenimiento. Pero quizás lo que lo motivaba era el deseo de fastidiar a tan miserable ser que se había atrevido a poseer a un mortal inocente. Si por él fuera iría todos los días a quitar la daga por un rato, tentándolo al descanso eterno y volviéndolo a condenar cruelmente a vagar en el abismo entre la vida y la muerte, solo para enseñarle la lección.
De todas formas sería divertido darle un buen susto a la pobre chica. Sin embargo, al afirmar su mano sobre la empuñadura de la daga, ésta se termino de resquebrajar y se deshizo en pedazos y polvo, para sorpresa del Caballero que miraba confundido. Al parecer no estaba recubierta por piedra, sino que se había convertido totalmente en piedra...

- Adiós diversión.- Pensó visiblemente desilusionado ante éste acontecimiento. A pesar de la caída en pedazos de la reliquia, nada mas pasó. El silencio ocupó el trono del rey en ese lugar.

- Tsk...- Chasqueó mientras se volteaba de nuevo a ver a la clérigo asustada. No hizo mas que sorprenderse y extrañarse ante su nuevo semblante: Ahora estaba sonriendo, al parecer emocionada por algo. Sus ojos brillaban como los de un niño al recibir un regalo. El rey no entendía para nada esta actitud, ¿Que le agradecía?. No tenía caso desconfiar de alguien así, su rostro lo demostraba: La cría de un venado tenía mas maldad que esa chica.

No entendía su felicidad, supuso que al ser poseído, uno experimentaba la mas profunda depresión, los mas oscuros pensamientos y momentos del pasado, y que ya liberada de eso, solo podía invadirla la euforia.
La miró fijamente por unos minutos, sin responder a su agradecimiento, y luego buscó algo entre sus ropas. Tanteó sus caderas y entre su capa, y por fin encontró lo que estaba buscando. Una reluciente daga compuesta casi totalmente de oro puro y con una funda incluida del mismo material apareció en su mano derecha. Era bastante extravagante para ella, llamaba mucho la atención. Aunque no le quedaba al porte de la tímida chica, era lo único que llevaba encima además de su espada, tampoco podía andar dándole a elegir.

Spoiler:

La miró a los ojos y le extendió la mano con la daga. - Parece que he inutilizado tu arma, así que toma esta.- Dijo mas bien como una orden. - Si quieres puedes venderla, haz con ella lo que te plazca.- Agregó despreocupado, al recordar que el oro era muy preciado para los ciudadanos, pues suponía un gran valor. Dijo esto último sin mirarla, volteando la mirada hacia un lado.

Sin mas que hacer, salieron de ese recinto encerrado y regresaron a la zona del altar, donde al menos corría aire fresco proveniente del techo. El rayo de luz lunar ahora se había movido, prueba de que un par de horas habían pasado.

- Solo queda salir de este lugar...- Pensó al tiempo que miraba la grieta, ideando una forma de escapar.
El techo de esa capilla estaba realmente alto y no veía escaleras por ningún sitio. Se quedó pensando un momento y se le había ocurrido una solución, pero no quería tener que usarla, no veía la necesidad. Se sentía furioso de estar tan cerca y tan lejos al mismo tiempo. A pesar de sus constantes refunfuños, recordó que la niña tenía una tarea pendiente con un conocido. Buscaba ciertas hierbas y estaba apurada. ¿Estaría enfermo? ¿Necesitaría urgente de su ayuda? No recordaba bien los detalles, pero bufó al notar que en vista de ese suceso, sería de gran utilidad usar esa carta...

- Pégate a una pared.- Dijo simplemente mientras se alejaba de ella unos pasos. Se detuvo de repente, cerró los ojos y lentamente pasaron algunos segundos, en los que el Caballero no se movió en lo mas mínimo.
Con la cabeza gacha y los ojos cerrados, comenzó a decir unas palabras en voz muy baja, en un idioma casi impronunciable.

- Yr wyf yn ysgrifennu atoch, fy creadur celestial ffyddlon. Orchymyn i fynd yn syth i'm galw yn y lle hwn anghysbell. (Galés)

No habrá pasado mas de un minuto luego de esas palabras y un extraño ruido resonó en el exterior. Inesperadamente, de un momento a otro, el techo de la capilla se derrumbó y cayó pesadamente al suelo en forma de grandes rocas. Una enorme cabeza de dragón, causante del desastre, entró por el agujero tranquilamente como si nada y se detuvo a milímetros del rey.

Spoiler:

Aún caída polvo y algunos trozos de roca pequeños, y luego de acariciar y darle unas palmaditas a su majestuoso y elegante dragón, se volvió hacia Solace. - ¿Vas a quedarte allí toda la noche? ¿O piensas salir?- Preguntó algo fastidiado, invitándola bastante indirectamente a montar junto a él en el cuello del gigantesco dragón, que tenía el grosor de un tronco de árbol, de esos muy antiguos.



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Gran trabajo de Ghatta! ;)

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Re: Círculo de Hadas

Mensaje por Solace el Sáb Oct 23, 2010 1:15 am

Ya no había luz más que en su mirada, irradiaba ternura, conmovida de haberse despedido de la pequeña silfo, que como una guardiana del alma, ahora le acompañaba en su camino, cuánta nobleza para merodear por la tumba de su amo, quién en su cruel ceguera de ira no pudo notar a quién lastimaba, tal era la naturaleza de los humanos, tan efímera y cruel, sin embargo siempre quedaba algo qué salvar, sí, algo por lo que seguir despertando cada mañana.

Regresó al mundo solamente para intentar descifrar los movimientos del caballero, quién parecía no haber tenido efecto alguno ante tan bella ilusión, que provocaba una lágrima corriera furtiva por la mejilla blanquecina de la pequeña clériga ¿tan frío era? ¿No era la ascención algo que conmoviera al más impío? No era posible, negó Solace con la cabeza mientras este pensamiento rebuscaba en su mente, sin embargo se esfumó tan rápido cómo vino ante el comentario que ahora arrojaba con desdén, y no pudo hacer nada sino agacharse y cubrirse la cabeza, como si una piedra le cayera encima con su tonelada rocosa, cerrando los ojos con fuerza para negarse a la realidad, esperando lo peor, aunque sentía que esa noche no podría augurar más sorpresas... qué equivocado se está cuando sé es joven. Suspiró aliviada cuando la daga se unió al polvo del lugar, aunque mil dudas asaltaron su mente en ese momento, mil dudas donde ninguna respuesta encajaba, no sabía por qué tenía la daga de un antiguo noble de unas antiguas ruinas de un regalo antiguo de su hermano fallecido, quién jamás reveló el origen de tan singular arma y ahora era tierra, bendita tierra. Ella se reincorporó lentamente, mirando alrededor para cerciorarse que solamente su paranoia reinaba ahí y no algún otro ser oscuro, deseoso de alguna otra cosa que ella pudiera poseer, aunque le habían quitado ahora la única pertenencia valiosa que consideraba tener, ante lo que bajó la faz, mostrando ahora decepción y tristeza en el rostro. Era tan voluble la niña que eso hablaba de su juventud e inmadurez, de un momento agraciada al otro siendo sombría, ni siquiera se percató que el caballero no reaccionó a su agradecimiento tan genuino, estaba bien, no esperaba reacción alguna, simplemente era necesario deshacerse de tales palabras que abarcaban todo su pecho, quemándolo, ahora se habían esfumado en el viento, quién sabe si habrían alcanzado sus sordos oídos de noble.

Se sorprendió y echó un poco el cuerpo hacia atrás, sobre sus propios talones, ensimismada con el brillo dorado de la daga que ahora ofrecían ante ella y relucía pese a la poca luz que se filtraba en el recinto, gritando el nombre de nobleza en su sola forjadura. Se quedó boquiabierta y la miró de un extremo al otro, sin poder creer que tanto oro estuviese junto ¡y en un arma! además esa forma curvilínea era simplemente única, no había visto nada igual, ni siquiera en los viajeros que venían de lo que llamaban "Oriente", si, el arma era tan peculiar como su dueño y eso mismo fue lo que hizo que Solace se intimidara aún más de tenerla. Sintió la severidad de su mirada rojiza examinándola, mientras le exigía tomar el arma, vaya manera de dar un regalo... por supuesto que bajó la mirada para dejar que sus cabellos ocultaran el rubor en sus mejillas, mientras se frotaba las manos entre sí de manera bastante nerviosa, por varias razones, entre ellas: era una pertenencia del noble, aunque sabía que esa clase tendía a atesorar objetos con el solo propósito de tenerlo, el que le desviara la mirada a otro lado le hizo pensar que tendría una historia con ella; además no podía aceptar algo tan costoso ¿qué haría con eso? terminaría siendo blanco de extorsión, incluso si intentara venderla para ayudar a la clínica, terminaría en la cárcel acusada de ladrona ya que una mujer como ella jamás poseería algo de tal magnitud y además... y... y... se encogió de hombros al darse cuenta que tenía la mano extendida hacia ella sin siquiera darse cuenta, aunque era joven, tal tesoro atraía la codicia de cualquiera, cuánto podría hacer con eso, sin embargo, apartó la mano y entrelazó ambas detrás de sí, como para evitar caer en la tentación

- N-no necesito otra daga, ahora intentaré que mi arma más fuerte sea la voluntad... gracias por enseñarme eso, es usted una persona muy amable. -

Sonrió ampliamente, intentando no llorar, ya que además de haberlo despreciado, haber despreciado algo que pudo ayudarla en su precaria situación, el único objeto que la unía a su hermano ahora yacía en el polvo. Volvió a bajar la cabeza, esperando el regaño del joven, como si fuera ya una especie de ritual el que ella lo irritara y el que el terminara maldiciendo, por lo que arremolinó su piecillo en la arena y apretó los labios, para no echarse a pedir perdón de rodillas, implorando quedarse atrapada con ese wraith mejor que enfrentar la ira del malhumorado caballero.

- Por favor no se enfade... es que... tengo voto de humildad... -

Se encogió de hombros y jugó con sus manos detrás de su espalda, mostrándose como la peor mentirosa sobre la faz de esta tierra, pero ella estaba convencida que no era tan mala. Luego de la escena, lo siguió fuera del recinto, muy pegada a él, invadiendo su espacio personal pero ya había descubierto que la mejor manera de estar segura, era estando con ese hombre tan fuerte y seguro de sí mismo, totalmente envidiable. Pestañeó un par de veces sintiendo como la alborada que emergía le lastimaba los ojos y entonces la sorpresa se apoderó de su rostro, mientras pensaba que era tarde y que ella se estaba olvidando de lo más importante ¿cómo era posible? Se dio un par de palmaditas en la cabeza, atentando a su integridad física, castigándose por ser tan torpe. Mientras él permanecía tranquilo, ella comenzó a caminar por todos lados, mirando de un lado a otro con desesperación, tanteando las paredes para ver si había alguna puerta mágica que la llevara a su destino, además ¡su canasta! miró por todos lados, inclusó comenzó a gatear por el suelo para buscarla, recordando que se había quedado en el nivel inferior y entonces las ganas de llorar la abatieron por completo, por lo que hizo caso omiso al ritual que realizaba el caballero, además de su advertencia, mientras yacía derrotada, sucia y maltrecha hincada en el piso, nada más apropiado para el santuario en el que se encontraban, sintiendo las ganas de implorar misericordia a los dioses. Entonces un estruendo la hizo aferrarse al piso con las manos, casi yéndose de boca, respiró agitadamente como un ratoncillo atrapado y no se atrevió a moverse, mirando de un lado a otro, expectante de lo siguiente que acontecería, aunque nadie nunca la hubiera podido preparar para lo que veía. Sus ojos abiertos como un par de platos ascendieron lentamente mientras sentía un aliento a sus espaldas, un aliento que movió su cabello con fuerza, indicando que era algo muy, muy grande, quizá el causante de tal estruendo. Poco a poco fue girando la cabeza, temiendo lo que pudiera encontrar e hizo bien, pues temor es lo único que sintió ante tal visión, de el hombre con carácter de dragón conviviendo con uno como si se tratase de una pequeña mascotita indefensa.

- E-e-e...es... es un-un d-d-d-ra... - tragó saliva pesadamente, apuntando con lentitud hacia la enorme cabeza que se encontraba tan tranquila ahí en el recinto - dra... -

No alcanzó ni a terminar la palabra, quedándose helada un par de instantes, mirándolos a ambos, con un torbellino de pensamientos peleando en su cabeza, cuando se desplomó sobre el piso, luego de hacer bizcos con los ojos, dejando que un sonido pesado resonara en la estancia en cuanto cayó de costalazo, levantando polvo. Tal cual se dijo anteriormente: los jóvenes saben tan poco...

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