Últimos temas
» The Enchanted Forest {Once Upon a Time ROL}
Lun Abr 13, 2015 7:09 pm por Alawen Lannister

» Reservas y Denuncias de físicos
Lun Abr 13, 2015 7:04 pm por Alawen Lannister

» Peticiones de rol
Jue Oct 23, 2014 3:34 pm por Elisabeth Light

» Breanainn Ó Scathach
Dom Oct 19, 2014 1:19 pm por Administrador

» Beyond the sea afiliacion | Afiliacion elite
Sáb Oct 18, 2014 12:09 pm por Afiliado

» Reglas Generales y Manual de Rol
Vie Oct 17, 2014 11:16 pm por Angra

» The Lightbringer
Dom Oct 12, 2014 2:06 pm por Administrador

» Anzus
Vie Ago 22, 2014 11:30 pm por Afiliado

» Arkham City {Afiliación Normal}
Jue Ago 21, 2014 9:47 pm por Afiliado

» Asómese quien pueda
Sáb Jul 26, 2014 6:47 pm por Jack Frost


Pokémon ÁmbarPain Killer




contador de visitas
Contador de visitas


Todo siempre tiene un comienzo, y éste es el mío.

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Todo siempre tiene un comienzo, y éste es el mío.

Mensaje por Ghatta el Sáb Sep 01, 2012 3:50 pm

Primeros días:


Empezaba el viaje. No podía creerse que estuviese cabalgando hacia la Ciudad de Erelien, aquella ciudad que tantos problemas le trajo en su momento. De sólo recordar el incendio su corazón se estremecía y comenzaba a pensar que era mala idea… Pero no, debía ir. El primer día se le hizo demasiado largo y por cabezonería había pasado demasiada hambre y presentaba un cuerpo débil hasta que llegó a la que debería haber sido la segunda parada del viaje, que en este caso fue su primera y encima ya por la noche. Los nervios no le dejaban probar bocado, pero en aquel medio albergue le dieron de cenar por un módico precio. Se portaron bien con ella. Salió mucho más temprano que de costumbre tras haber dado alimentos a su caballo para que tuviese fuerza en el viaje. Ghatta seguía un rumbo fijo con un mapa y una brújula que para ella, no tenía pérdida. A pesar de ser invierno, aquella mañana era soleada y aunque la brisa fresca hacía que su piel se erizara a pesar de tener un buen abrigo, disfrutaba sobre su rostro de aquella bocanada de luz que enrojecía sus mejillas y secaba sus labios. Sacó una manzana de uno de los bolsillos y comenzó a morderla, no tardando en darle otra al caballo mientras aún cabalgaba sobre él. Sabía de sobra que el camino sería largo y debía tener paciencia, pero el miedo no se iba de su ser a pesar de intentar relajarse con la belleza que le presentaba la madre naturaleza. La ladrona paró en un especie de rincón del viajero para comer y descansar, dejando el caballo en su respectiva cuadra para que descansara. Allí no entabló amistad ni habló con nadie, pero sí que fue observada por muchos. Una muchacha joven.. Con ese cabello tan llamativo, ¿qué haría en un lugar así? Además no parecía guerrera, por lo menos no de apariencia y físico así que.. Más de uno se preguntaba que a dónde iría, sin embargo ella permanecía en silencio, misteriosa, con la capucha puesta para no perder el calor. Pronto el descanso llegó a su fin y aquella mujer que una vez fue ladrona prosiguió su viaje. Su mano no paraba de tocar el collar que estaba en su cuello, ese collar que le daba ánimos c para proseguir y para armarse de ganas no sólo de llegar, sino de volver. No sabía qué se encontraría pero estaba segura que el estado de la Ciudad.. No le gustaría nada.

No recordaba que la ciudad estuviese tan lejos, pero eso no le quitaba ganas pues si con Leonna había podido hacer este viaje, ella también podría sola confiaba en ello. Y también confiaba en no tardar más de dos semanas y así fue. El tercer día se avecinaba, llenando el cielo de un color anaranjado. Ghatta había parado para recoger algunas frutas y bayas energéticas. Mientras, el caballo bebía agua pura de un riachuelo. Alzó la vista a uno de los árboles y tras mirar más profundamente en el bosque observó una criatura que llamó su atención. Un centauro. Nunca había visto uno antes pero sí que había oído hablar de ellos y de su peculiar forma. Lo cierto es que quiso admirarlo un rato más, pero no había tiempo, ella quería avanzar en su viaje, necesitaba llegar a para aclarar sus dudas que pronto volvieron. La mente de Ghatta se puso en negro completamente y una sensación de mareó provocó que tuviese que agarrarse al árbol que tenía más cercano. ¿Qué había sido eso? ¿Una capa roja? No entendía nada… ¿Por qué le dolía tanto la cabeza? Sin darse cuenta, había acabado arrodillada en el suelo, manchando los pantalones de tierra, aunque poco le importó. Volvió a levantarse con esfuerzo y se dirigió hacia su caballo, al cual acarició suavemente primero para después montarse entregándole un par de manzanas más. El mediodía se acercaba y las tripas de Ghatta reclamaban que por favor, entrara algún alimento en ese lugar o acabaría por ordenarle a su mecanismo que se desmayase, así que finalmente, hizo otra parada para almorzar, dándole a su caballo pienso y un lugar en el que reposar a la sombra. El lugar le daba mala espina, y estaba en guardia por si acaso. Pronto pagó la comida y nada más ser servida la devoró. Si Leonna la hubiese visto en ese momento habría pensado que su esfuerzo por que fuese una señorita se había ido al garete completamente. Ahí los modales no hacían falta, no eran necesario si el hambre estaba a flor de piel o más. Sin embargo, algo turbio ocurrió. De pronto un malhechor empezó a acercarse con intenciones no muy buenas, ella parecía no estar alerta pero en cuanto el tipo posó la mano sobre su hombro echándole un despreciable piropo, Ghatta agarró su muñeca y se la giró de tal forma que el tipo acabó lamentándose y sus amigos no tardaron en levantarse para ayudarle. No había tiempo. Cogió su saco y salió volando del lugar llamando al caballo de un silbido alarmante y montándose en él a las prisas para acabar por huir del lugar.

Por los pelos..

Para su fortuna, la noche fue más tranquila y aunque no se quedó esta vez en una posada, descansó muchísimo más estando en contacto con aquel caballo que ahora parecía como de su familia. Ella estaba apoyada sobre el estómago y una manta cubría un poco a ambos. Parecían tener un vínculo especial y es que fue precisamente así. La habilidad de Ghatta a la hora de comunicarse con los animales era especial y en ese sentido, daba gracias de ser medio gato para algunos aspectos.. Otros ya no le hacían tanta gracia. Pero bueno, tampoco podía pedir tener sólo lo bueno, así que era justo.

La segunda semanacasi estaba terminando y el día que esperaba acto de presencia. Ghatta se levantaba de buen humor, con ánimos, con más fuerza que nunca. El mapa indicaba que a escasas dos horas la ciudad de Erelien comenzaría a verse o… Lo que quedaba de ella pues al llegar, los escombros lograron que el estómago de Ghatta se cerrara y revolviese a más no poder y una oleada de recuerdos asaltó su mente. Fuego.. Mucho fuego, muchos muertos. Cerró los ojos y respiró hondo. Aquellas ruinas, una vez fueron su hogar. Recordaba todo… Es decir, no cada calle y cada callejón pero sí la luminosidad de la ciudad. Erelien fue en su día una ciudad.. Espléndida. Las tripas de Ghatta aún no se habían serenado y el caballo caminaba con cautela, sorteando los escombros. Sin embargo, algo llamó la atención de la ladrona. Ese muro.. Esa zona… Era su casa. Se bajó del caballo, despacio, y comenzó a caminar con la mano en el pecho para rozar su collar de vez en cuando, logrando así serenarse muy ligeramente, pero algo era mejor que nada. Podía ver los muebles carbonizados y con el paso del tiempo, muy inestables, casi no se apreciaba su forma, estaba todo desmontado en el suelo. Ghatta se agachó acariciando un trozo de.. “algo” con cariño. No obstante, a pesar de sentirse tan mal, no obtuvo respuestas. Su mente no le decía nada y su corazón parecía que tampoco. ¿Por qué? ¿No era eso lo que venía a buscar? Por lo visto no, tendría que ir más allá. ¿Pero cómo encontrar respuestas? Allí no había nada o quizás sí sin embargo era hora de calmarse, asearse y comer algo de forma tranquila para trazar un plan y relajarse. Tomó la cuerda del caballo y tiró suavemente de él, no teniendo que hacer mucho esfuerzo para que la criatura le siguiese. Avanzó hacia el bosque y se dirigió al lago, en el cual no tardó en lavar su piel y aprovechar para hacerlo con la ropa, dejándola luego sobre una roca al sol mientras ella se tapaba con otras ropas limpias, que era la última muda que le quedaba. El caballo reposaba a su lado y ella miraba hacia el cielo, acostada en el césped mirando hacia arriba. Necesitaba encontrar su yo interior pero ella no sabía hacer eso, ¿cómo lo habría logrado Leonna? Tenía que aprender tanto de ella pero.. Ni sabía por donde empezar. Miró hacia el sol, esperando y deseando que ella también mirase el sol en ese preciso instante.

“ Querida Leonna,

Ruego a las diosas o más bien a esta paloma mensajera, que por favor te entregue contra viento y marea este mensaje. Quería decirte que todo está en orden, yo estoy bien y ojalá tú también lo estés. Ojalá pudiera tener noticias tuyas, no me ha sido fácil encontrar esta paloma… lo cierto es que fue la única receptiva a entablar comunicación conmigo. ¿Tú como lo consigues? Ojalá fuese como tú… ¡Bueno! Pues eso que no te preocupes, que soy una tipa dura y que volveré en menos que canta un gallo. ¡Espero que la idea de no hacer una fiesta sin mí siga en pie!

Te quiere, Ghatta. “


No era buena escribiendo cartas, nada buena pero.. No podía preocuparle con sus tonterías. Sólo esperaba que aquel ave cumpliera. Ghatta lo tuvo entre sus manos un rato más y tras colocarle bien el mensaje agarrado a su cuerpo, la soltó hacia arriba y ésta salió volando de forma majestuosa. Un suspiro coronó el momento y seguidamente se sintió débil. ¿Cuánto tiempo llevaba ya allí? Más de dos semanas, sin contar el viaje, y aún no había obtenido ni una respuesta. Sólo encontraba enanos y globins que tenían una versión diferente de los acontecimientos que habían azotado a Erelien y ella no tenía paciencia para ello. Quizás las respuestas no estaban en Erelien sino en Tialys. Suspiró aún más profundamente acabando en la cima de una colina completamente verde y en ese instante… En ese preciso instante en el que asomó en aquel prado, los ojos de la ladrona se volvieron prácticamente blancos y cayó al suelo desmayada. Una sensación de mareo la envolvía mientras sentía como rodaba.. Rodaba y rodaba entre risas, pero ella no estaba riendo. ¿Quién era esa persona? Una capa roja… Una capa roja la envolvía y quería alzar el rostro para ver de quien se trataba pero no podía. Una armadura fría rozaba sus manos pero no entendía nada, no entendía absolutamente nada.

- ¿Eso te ha parecido soso? ¿A que no?

¿De quién… era esa voz? ¿Quién era.. Él? El cuerpo de Ghatta pareció despertarse al fin pero casi de una pesadilla pues se levantó con tanto impulso y sudor que todo le pareció raro. ¿Dónde cojones estaba? Más aturdida aún se quedó cuando vio que estaba en una casa… Una casa casi en ruinas pero una casa. El paño que estaba sobre su frente se había resbalado y ahora estaba sobre su regazo. Tras tomarlo, miró hacia todos lados, ¿dónde estaba? Sobresaltada, se puso toda la ropa que misteriosamente estaba sobre una silla y no tardó en abrir la puerta con cautela y esperando combatir. Escuchó un ruido y en cuanto tuvo la oportunidad cogió su daga y abrió la puerta dispuesta a cualquier cosa. Una anciana. Una anciana la había recogido y la ladrona paró su gesto de golpe en cuanto la vio, sin embargo no cambió su postura y rápidamente le preguntó que qué estaba pasando, explicándole así la buen señora que se la había encontrado con el cuerpo helado y desmayado en el prado, junto a un caballo que pretendía darle calor. Ghatta abrió los ojos de par en par, aún con el corazón acelerado y notando un mareo creciente en ella. La fiebre hacía acto de presencia y logró que se tambaleara.


Continuará...


avatar
Ghatta
Daguera
Daguera

Elemento : Fuego
Raza : Humano
Mensajes : 1606

Edad : 21

Heroísmo del Personaje
Valentía Valentía: ••••• (5)
Puntos de Vida Puntos de Vida: 3

Volver arriba Ir abajo

Re: Todo siempre tiene un comienzo, y éste es el mío.

Mensaje por Ghatta el Sáb Sep 29, 2012 12:54 pm

Ghatta había comenzado un viaje sin retorno, ahora no podía volver con las manos vacías, necesitaba encontrar alguna maldita respuesta que aclarara toda esa incertidumbre que crecía en ella cada día que pasaba de su vida. Ahora había emprendido un viaje, un viaje que era crucial y decisivo, y tenía que llegar hasta el final, pasando por cada prueba que seguramente el destino querría someterle. Pero no se iba a rendir, por muchas adversidades que pudiesen aparecer, ella iba a llegar hasta el final, era su meta. La ladrona ahora mismo había llegado a Erelien, pensando que era allí donde hallaría todas las respuestas que buscaba, pero ahora ese reino de luminosidad que fue en sudía, estaba convertido en las ruinas que ya una vez recordó, un incendio, fuego y más fuego. Todo el mundo huía de sus casas y recordaba perfectamente aquella sensación de temor al no encontrar a su hermana de primeras, pues algo pasó, algo le golpeó y no.. Y no recordaba nada más desde entonces. ¿Qué había pasado ahí? Sabía de sobra que luego estaba en Tialys, en una cama y que lo primero que había hecho al despertarse era salir a la calle y gritar su nombre, el nombre de su hermana y por ello mismo, lo pasado daba igual, debía encontrarla y así fue.

Pero algo había cambiado. Su mente le estaba comenzando a jugar malas pasadas y los recuerdos comenzaban a aflorar, algo debía despertar de una vez, y era su oportunidad, la oportunidad de crecer y de seguir adelante con la verdad, con el recuerdo. Por fin en Erelien, uno de los tantos había aparecido nuevamente por su mente, haciéndole recordar algo que realmente no recordaba, un pequeño flash que sólo logró ponerla enferma y que cayera totalmente sin consciencia. Para su fortuna, una anciana la recogió, una de las supervivientes y de las que habían vuelto para seguramente, proteger aquella ciudad en ruinas y sus secretos. Por fin despierta, Ghatta miraba a todos lados sin comprender nada, sin embargo, una vez el encuentro entre ambas mujeres se efectuó, la ladrona no pudo evitar ponerse en alerta a pesar de sentir que su mente quemaba en ese instante por el ardor de la fiebre. Se tambaleó y se apoyó contra la pared mientras la anciana alzaba suavemente la mano hacia ella en señal de que estuviese tranquila, sin embargo, una luz apareció en aquellos dedos que comenzó a dirigirse hacia la pelinaranja. Aquella luz se filtró por la rente de la muchacha, quien miraba quedándose incluso algo bizca, aquella luz cegadora. Los ojos Ghatta acabaron por cerrarse en una especia de sumisión a su magia, la cual actuó de forma hechizante, logrando que entrara en un especie de trance explicativo, en el cual sólo oía a la anciana explicarle la situación, además de decirle que eso le haría bajar la fiebre.

~~~~

Pasaron semanas y Ghatta había permanecido con aquella anciana que le había dado cobijo a cambio de que la ladrona se encargara de la comida, así que era un placer. Durante su estancia, volvió a recordar la historia de la Ciudad de Erelien gracias a Edenia, la anciana, que con suma paciencia cada día le daba un dato nuevo pero... No. Sentía estar perdiendo el tiempo. Fue entonces cuando se prepararó para su próximo viaje, hacia la ciudad de Tialys. Si no encontraba respuestas aquí, era hora de partir hacia un nuevo destino. Fue así como preparó todo para un nuevo viaje, sin embargo, antes de partir, Edenia le hizo entrega de un objeto, un objeto que que la protegería. Ella le dijo que se trataba de un amuleto, un amuleto de protección y suerte. Ghatta lo agarró con fuerza y entonces lo guardó dándole las buenas gracias por todo y tras un abrazo, la ladrona montó sobre su caballo y partió hacia el Norte.

Otro viaje comenzaba, éste era más corto que el primero pero igual de difícil. En el camino comenzó a fijarse en los árboles, en la naturaleza. El invierno seguía estando muy presente pero... Pero la estación estaba cambiando, seguramente ya habría pasado la mitad de la estación, ni sabía, había perdido la cuenta de los días, de las horas.. De todo. Su única meta era encontrar respuestas. Durante el viaje tuvo que hacer numerosas paradas por su caballo, que parecía haber enfermado y cada vez tenía menos fuerza y fue por ello por lo que acabó obteniendo ayudas de los seres del bosque que finalmente le dieron una cura. Quizás nunca antes hubiese visto centauros tan de cerca. Se le estaba haciendo duro, muy duro y los descansos cada vez eran menos para ella.. No lograba conciliar el sueño, no lograba dormir para nada. Allí estaba, la noche había caído por completo y su caballo descansaba plácidamente mientras ella, apoyada en un árbol contemplaba las estrellas y su luna, en todo su esplendor. Su brazo reposaba sobre su rodilla, así que sólo tuvo que alzar la mano un poco para el siguiente gesto... La ladrona se llevó el brazalete a los labios y lo dejó reposando ahí, cerrando los ojos de forma momentánea y sintiendo por unos segundos un escalofrío recorrer todo su cuerpo. ¿Qué estaría haciendo? ¿Dónde estaría? ¿Qué.. Qué estaría pensando en ese momento? Su mano se dirigió luego hacia su cuello, tocando el collar y apretándolo con fuerza. Deseaba con toda su alma que la nota le hubiese llegado y que todo estuviera realmente bien. Un largo suspiro salió de sus labios y para cuando se dio cuenta y salió de sus pensamientos, el sol comenzaba a teñir todo el cielo de un suave amarillo que pronto se tornó naranja rojizo.

~~~~

Por fin, tras un frondoso bosque que no dejaba casi entrar mínima luz... Un sendero, un sendero que dejaba ver claramente un reino: Tialys. El pecho de la ladrona se encogió de forma momentánea y pronto muchos recuerdos afloraron. La ciudad parecía llena de vida, había mucha gente por todos lados y parecía incluso ser una hora punta. Ghatta se bajó del caballo y cogió con tranquilidad la correa de éste, tirando ligeramente de él para seguidamente darle unas manzanas que pronto devoró. Comenzó a caminar de forma tranquila, mirando hacia todos lados y dándose cuenta de que.. Conocía cada rincón de aquella ciudad, era como si su mente le dijese dónde debía estar todo, como si fuera un sueño y ella fuese la encargada de recontruirlo todo y fue entonces cuando su paso se aceleró.. Un paso, luego otro y pronto acabó en dirección hacia una casa en concreto. El caballo seguía con ella y no comprendía bien su ritmo frenético por mucho que ella se molestase en hablar con él, que aunque se entendían, tampoco se estaba explicando bien y entonces, de nuevo, por fin. Una puerta de color azul ocre bastante desgastada. Allí estaba, allí estaba aquella casa, aquella casa tan pequeña pero con tantos recuerdos para ella. No obstante, cuando una sonrisa se dibujaba en los labios de la ladrona, ocurrió algo.. Una niña pequeña salió de aquella casa. Claro, qué tonta.. ¿Cómo iba a estar esa casa sin nadie dentro? ¿Entonces? ¿Dónde poder ir a buscar respuestas? Parecía todo volverse de lo más complicado pero.. No iba a desistir. La pequeña se había acercado al caballo así que ella aprovechó para preguntarle desde cuando vivían allí y si en su momento, qué había pasado con los objetos, pero ante tanta pegunta su madre intervino y pronto Ghatta pudo explicar muy por encima. Todo lo que había en su interior había sido donado a una pequeña casa del bosque, cerca del lago. Por lo menos tenía una respuesta, y su siguiente destino no sería esa casa sino otro lugar.. El lugar donde despertó.

Lo primero que hizo a continuación fue dejar a su caballo en una granja a buen recaudo, donde lo limpiarían y tratarían con cariño hasta que ella volviese. La noche había llegado nuevamente y ella estaba por aquellos callejones, caminando casi con los ojos cerrados hacia la posada. Entró con una capucha, algo misteriosa la verdad, pero pronto en su interior se descubrió. La posada estaba ligada a una taberna, lo recordaba perfectamente, así que no tardó en dirigirse hacia la barra y ahí.. Ahí seguía él, ese señor medio criatura a la cual la naturaleza no le había beneficiado y que tenía un sentido del humor particular que sólo mostraba con algunos clientes. ¿La reconocería? Sus codos pronto se apoyaron en aquella barra que estaba húmeda, tan húmeda como el primer día que entró ahí y no tardó en pedir una cerveza, sin embargo.. La primera pieza le fue lanzada, así que no tuvo más que sonreir para si misma.

- ¿Qué le trae nuevamente por aquí, señorita?

Le recordaba, y si tenía tan buena memoria para ello.. Entonces quizás tuviese memoria para otras cosas. Apretó el asa de la jarra con algo de fuerza y entonces dio un largo primer trago. Estaba nerviosa.. ¿Pero por qué tanto? Alzó su vista hacia Faruch y entonces tragó saliva. Parecía que el tiempo no había pasado para él pero sin embargo ella ya era toda una mujer. Sonrió de medio lado y entonces lo confesó...

- Necesito saber... Qué pasó la noche que me trajeron aquí.

Fue entonces cuando en el rostro del tabernero se dibujó una mueca y finalmente, con un ademán señaló hacia una cortina de color negra. Había pasado bastante tiempo desde el traslado, normalmente nadie en aquella Ciudad quería recordar lo ocurrido aquella nefasta y trágica noche para todos pero él sabía algo, él sabía algo que había prometido de forma momentánea no contar a un desconocido, por así decirlo. Ghatta cogió su cerveza y entonces entró por aquella cortina, encontrándose un especie de despacho. Se sentó en una de las sillas libres y entonces Faruch no tardó en sentarse en frente. Los labios del hombre pronto se abrieron, comentándole que era una noche de pánico y que muchas personas guardaron cobijo en aquel lugar, todas habían sido socorridas por los unos y los otros y que incluso su hermana había estado ahí, pero antes que la pelinaranja. Pero era poca información, ¿sólo la trajeron y ya está? ¿No había nada más? Sus recuerdos se paraban ahí era algo extraño, faltaba algo ahí, alguien.

- Ghatta.. De verdad que no recuerdo nada más - comentó ante la insistencia - Aquel muchacho de trajo y luego se fue, no pasó nada más.
- ¿Muchacho? - preguntó de forma directa.
- Sí, ya sabes, ese con el que casi siempre venías.

¿C-Cómo? No estaba entendiendo nada. Ghatta dio un pequeño puñetazo a la mesa de desconcierto y acabó por levantarse, caminando de un lado hacia otro en aquel cubículo. ¿Qué estaba pasando? ¿Qué muchacho? ¿Y por qué lo había olvidado si es que existía? Volvió a girar hacia Faruch y entonces con la mirada algo desesperada comenzó a pedir detalles, muchos detalles sobre ese muchacho... Sin embargo no obtuvo respuestas, sí un poco pero no demasiada. Le contó que parecían tener mucha confianza entre los dos, y que él a veces le bromeaba con que si eran pareja pero poco más, pues no se les veía fuera de esa taberna. No obstante añadió una última cosa.

- Lo único que puedo decirte es que se quedó toda la noche y esperó a que despertaras. Luego se fue y no le he vuelto a ver.

Alguien normal hubiese preguntado qué por qué lo preguntaba pero Faruch no era así, no se interesaba por la vida de los demás, pero sí que se preocupaba de vez en cuando por los que merecían la pena, por los que tenían una pequeña historia ligada a él. Ghatta estaba desesperada y ahora debía descansar, ya era muy tarde.

- Dámela. Dame la misma habitación, me quedaré aquí hoy.


Continuará...


avatar
Ghatta
Daguera
Daguera

Elemento : Fuego
Raza : Humano
Mensajes : 1606

Edad : 21

Heroísmo del Personaje
Valentía Valentía: ••••• (5)
Puntos de Vida Puntos de Vida: 3

Volver arriba Ir abajo

Re: Todo siempre tiene un comienzo, y éste es el mío.

Mensaje por Ghatta el Sáb Oct 06, 2012 7:31 pm

La llave que colgaba de su mano emitía un ligero sonido con cada paso que la ladrona daba hacia aquella habitación, una habitación que estaba al final de un largo e interminable pasillo. Con la capucha bajada, Ghatta caminaba hacia esa puerta hasta finalmente estar en frente. ¿Qué habría al otro lado? Una habitación normal, eso lo sabía de sobra pero... ¿Obtendría algo? ¿Recordaría algo? La mano de la ladrona se dirigió hacia el pomo, bajo el cual metió la llave algo indecisa e incluso temerosa. Giró dos veces aquel troco de metal y seguidamente abrió... La abrió. Parecía ir todo muy a cámara lenta. Dos pasos hacia el interior de aquella habitación que dentro de poco serviría como otra pieza más a su puzzle incabado.. Cerró la puerta tras de si y su mirada se dirigió hacia aquella cama vacía. Puso los ojos en blanco y respiró hondo pero.. No ocurrió nada. Otro paso, y otro paso más hacia aquella cama y sólo cuando su cuerpo tocó aquel colchón, sólo cuando ella resposó boca arriba en aquella cama, algo vino a ella. Cerró los ojos con fuerza al sentir aquella presión, parecía que algo quería salir pero había sido taponado y no había salida. Pronto, un calor... Un calor muy acogedor en su mano derecha, que era la que quedaba por fuera de la cama y alguien... Alguien tomaba su mano. ¿Quién era? La mano de la ladrona era elevada suavemente hasta recibir un beso sobre su dorso de unos labios algo ásperos. ¿Quién...? La ladrona había caído en un desmayo momentáneo que no dejaba de infundarle recuerdos. Notaba su cuerpo muy pesado, cansado y dolorido, sobre todo lo último y no obstante, se sentía totalmente protegida en aquella cama, junto..

Junto a esa persona.

- Pronto despertarás...

Una voz algo ronca pero a la vez dulce estaba su lado y era.. Era de un chico. ¿El muchacho que había nombrado Faruch antes? Debía ser él, sino ¿quién? Quería abrir los ojos para poder verle, quería abrir los ojos para saber qué estaba pasando, pero cuando más lo intentaba y menos se relajaba, más pesados eran sus párpados y su alma.

- Te pondrás bien, siempre has sido una chica muy fuerte - decía aquella voz de forma simpática y divertida - Además, eres Ghatta ¿no?

Otro beso más... Ahora sobre su frente, un beso que consiguió relajar por completo a aquella ladrona desesperada y ansiosa por saber más. ¿Qué había sido eso? Su rostro poco a poco se giró, aún con los ojos cerrados y el cuero yaciendo en aquella cama. Y de pronto.. Lo consiguió. Sus ojos se fueron abriendo muy poco, logrando ver una estela.. La estela de una persona, de un chico con.. ¿Armadura? Y.. Una capa roja que se marchó del lugar. Se marchó y no regresó jamás. Y entonces, cuando aquella puerta se cerró Ghatta abrió los ojos de golpe bastante agitada, respirando muy entrecortadamente. Giró su vista hacia aquella puerta.. Sabía de sobra que nadie había entrado por ahí y que por lo tanto, sólo se trataba de un recuerdo más. Debía encontrarle, debía encontrarle y esperar a que él le explicara todo, el por qué de su olvido, el por qué de todo.

Por ahora, lo que la ladrona había descubierto era que efectivamente, algo ocurrió después de la huída de Erelien, algo que provocó que ella olvidara muchas cosas, una pérdida de memoria importante. Y además, había sido socorrida en esa huída por alguien, un chico del cual no sabía el nombre, ni el aspecto ni nada.. Bueno.. Llevaba una capa roja.


~~~~

La noche pasó rápido para su fortuna y un nuevo día se avecinaba, no había tiempo que perder. Su siguiente movimiento sería ir a aquella casa, aquella casa del bosque donde habían llevado sus pertenencias. Si no recordaba mal, la casa estaba en las profundidades del bosque, sin embargo, preferió volver a su hogar para tener más información y no perderse. Una vez obtenida, fue en busca de su fiel caballo para seguir con él hacia el bosque. En un principio creyó estar completamente perdida, no obstante, a lo lejos.. Pudo verla. Era una especie de cabaña con un doble piso que parecía ser bastante antigua.. ¿Quién viviría allí? Tragó saliva y prosiguió con su acercamiento a través de aquella espesa nieblina que se generaba por el frío de los troncos. Sentía como la piel se le ponía de gallina cada vez que se acercaba un poco más.. Decidió bajar ya del caballo y agarró su correa comenzando a tironear de él hasta llegar la entrada. Allí, se giró hacia el animal y pidió que esperara en la entrada, por si acaso debía huir.. Nunca se sabía.

Una vez frente aquella puerta alzó la mano, con el puño cerrado y.. Dio unos toquecitos. Toc toc toc... Nadie respondió. Nuevamente, más toques en la puerta acompañados de la voz de la ladrona. Sin embargo, no obtuvo respuesta. Su mirada se desvió hacia aquel pomo de la puerta que parecía estar más destrozado que la madera de aquella casa. Ladrona. Esa era su condición, no podía obviarla. Llevo la mano hasta el susodicho y entonces lo giró sin contemplaciones y con toda la fuerza que obtuvo de todo su interior.

Estaba abierta.

La maldita puerta encima estaba abierta. Los labios de la ladrona se volvieron a abrir suavemente y antes de abrir definitivamente la puerta probó a ver si había alguien pero.. Nadie contestó. Soltó el pomo y por la inercia del viento, el único muro que separaba a los ojos de la ladrona del interior de la casa pronto se retiró a un lado. Y... Fue entonces cuando vio todo. La planta baja de aquella casa estaba.. Era.. Era su casa. ¿Qué era todo aquello? Era como si hubiesen arrancado su casa y la hubiesen trasladado a aquella casa en ruinas y abandonada. ¿Quién? ¿Quién había hecho eso? Sus ojos pronto examinaron todo el lugar y una sonrisa melancólica se dibujó en sus labios sin poder evitarlo. Estaba todo tal cual lo recordaba, aunque lleno de polvo.. Dos pasos más y entró en donde no debía, siempre alerta claro. Volvió a hablar en voz alta pero nadie respondió. ¿Dónde estarían las habitaciones si ahí no cabía? En la planta de arriba y por supuesto... No se iba a quedar abajo. Pronto comenzó a subir las escaleras, unas escaleras tan destruídas que crujían con cada paso que daba la ladrona y que encima se deterioraban aún más todavía. Finalmente llegó. La habitación también era idéntica, la cama de Leonna.. Su cama. ¿Por qué? ¿Quién estaba intentando jugar con ella? ¿Quién quería hacerle esa crueldad? ¿O quizás no era crueldad lo que estaba viendo? Pero dioses.. ¿Quién querría llevárselo todo para ponerlo exactamente igual? Es más.. ¿Quén era capaz de eso? Tenía que ser alguien muy cercano, alguien que hubiese estado tantas veces en esa casa para recordar cada detalle, por así decirlo, porque ni Ghatta se acordaba de muchas cosas.

Palpó su cama con tranquilidad y se sentó, llevándose las manos a la cabeza.. Y de pronto.. Un ruído en la planta baja. Lejos de seguir con su plan de ladrona sigilosa, bajó rauda hacia el piso de abajo pero no contempló a nadie. Estaba harta de no obtener respuestas y en un arrebato totalmente de impaciencia y de no saber qué hacer, comenzó a revolverlo todo. Cajones, en la chimenea, armarios.. Todo. Pero no encontró nada hasta que cayó de rodillas sobre aquella madera... Una madera que sonó hueca. Sus ojos se abrieron como plato y miraron al suelo, una alfombra totalmente polvorienta que no tardó en ser rodada hacia otro lado. Allí había algo... Levantó la madera metiendo una daga como empuje y entonces descurbrió como un especie de cofre alargado. Lo sacó con cuidado.. Era bastante alargado. ¿Qué sería? Sopló quitándole toda la extensa capa de polvo y entonces lo palpó de un lado a otro hasta hallar la forma de abrirlo.

Por fin.. Una de las últimas piezas del puzzle.

¿Qué habría dentro? Notaba su corazón latiendo a mil por hora y sus manos temblaban cual flan pero debía hacerlo, sentía que ahí estaba la respuesta de absolutamente todo y tenía que hacerlo ahora o nunca. Abrió finalmente aquel cofre descubriendo una espada... En los ojos de Ghatta pudo verse reflejado aquel arma que parecía totalmente limpia y pulcra, como si alguien la hubiese estado cuidando aunque la caja presentase claros signos de que no era así. Una piedra negra brillaba ligeramente en su empuñadura y sin ella saberlo, un aura comenzaba a rodear aquella casa, un aura comenzaba a rodearla a ella, un aura que había logrado que su caballo retrocediera unos metros. Las manos de Ghatta comenzaron a acercarse hacia aquella espada con extremo cuidado hasta que... La tocó.

Fue entonces cuando algo muy poderoso salió de aquel instrumento, como si llevase muchísimo tiempo encerrado, envoliendo a la ladrona de forma directa. Un aura blana y otra negra rodeaban a la ladrona y la había hecho entrar en un trance de recuerdos y de pronto, todo lo que no tenía forma.. Todo lo que no tenía explicación: la tuvo. No obstante, lo que ella no sabía, es que había otra persona implicada en ese proceso, y era su hermana Leonna y fue por ello por lo que un poco del aura blanca, y sólo la blanca, partió de aquella casa para dirigirse hacia su dueña, Leonna, quien ahora recordaría todo tal cual había ocurrido. Los ojos de Ghatta permanecían abiertos como platos, inexpresivos completamente y de un color rojizo cual rubí que comenzaban a ver las escenas con absoluta claridad. El aura había comenzado a hacer estragos en aquella casa con su fuerza, rompiendo las paredes y dejando claro que en cualquier momento todo se precipitaría dejándolo todo derruído a su pado y Ghatta... Ella debía salir de ahí. Una de las manos de Ghatta empuñó la espada con fuerza, tomando su funda de paso.

- Cless.. Alvein..

Miró la espada con un odio infinito y seguidamente salió de la casa con un paso extremadamente lento y con el aura negra a su alrededor. Se giró una última vez hacia la casa y de un movimiento rápido, destruyó uno de los pilares básicos que acabó por derrumbarlo todo.

Sus ojos volvieron a mirar aquella espada.. Una espada que le había quitado todo lo que quiso un día.

Continuará...


avatar
Ghatta
Daguera
Daguera

Elemento : Fuego
Raza : Humano
Mensajes : 1606

Edad : 21

Heroísmo del Personaje
Valentía Valentía: ••••• (5)
Puntos de Vida Puntos de Vida: 3

Volver arriba Ir abajo

Re: Todo siempre tiene un comienzo, y éste es el mío.

Mensaje por Ghatta el Miér Oct 17, 2012 4:48 am

No lo hubiese nunca imaginado pero, ¿por qué? ¿Por qué había querido que olvidara todo eso? ¿Por el daño causado? ¿¡Quién era él para decidir lo que debía olvidar?! Ghatta lanzó en ese momento el palito con el que removía el fuego a la misma hoguera, quedándose ensimismada con el fuego, abrazándose las piernas. Es como si de pronto hubiese recuperado parte de su vida, y no es como si de pronto en realidad, es que había pasado justamente eso. Desde lo ocurrido en Erelien, no recordaba nada de toda esa experiencia y aunque ahora tenía un nudo en el estómago, prefería saberlo todo que no saber nada. Su mente comenzó a repasarlo todo con detenimiento, repasaba tanto los buenos momento como los malos, y los malos amargaban el sabor de la boca de la ladrona. Cierto, había sufrido mucho y lo había olvidado, quizás por eso.. Tal vez por eso. Desvió su mirada hacia aquella espada maldita, era peligrosa, ella lo sabía de sobra pues lo había vivido en sus carnes pero aún así quería demostrar algo, quería demostrarle algo a Cless. ¿Por qué? No lo sabía, simplemente lo sentía así. ¿Por qué estaba escondida? ¿Dónde estaba él? ¿Qué... Qué le habría ocurrido? Las preguntas se le hacían eternas y deseaba hallar una respuesta, pero ahora lo único que podía hacer era volver a casa pues.. Su viaje había concluído.

A la mañana siguiente volvió a Tialys. No iba a marcharse tan rápidamente, había cosas que echaba de menos, lugares, y ahora tenía la oportunidad de verlos nuevamente y no sólo eso, tenía algo más en mente y por ello acudió a alguien que nunca le hacía ascos a nadie, que siempre había velado por el pueblo, que en días tan luminosos como era ese, salía a pasear para ver si todo marchaba bien, y ese, no era otro que el rey Lorthien. Él siempre velaba por todos y más de una vez Leonna y Ghatta le habían pedido ayuda, es más, lo del trato con reyes ya venía de antes, vamos que parece que Ghatta siempre se buscaba buenas amistad con la realeza, aunque la de Gilgamesh le hubiese costado un poco, sobre todo porque no la andaba buscando, surgió sola... En fin. Pues eso. Acudió a él en busca de entrenamiento. No era fuerte, no físicamente y no tenía destreza con las armas así que lo único que le rogó, fue que le ayudase a entrenar. El rey la recordaba aunque muy poco, pues era generoso con todo el mundo y con todos sus súbditos tenía ese mismo trato amable, vamos.. Nada que ver con el Rey con el que frecuentaba Ghatta. Lorthien accedió para la buena suerte y pronto fue destinada a un guerrero que sería su entrenador.

Pasaron semanas, largas semanas y Ghatta había recibo un duro entrenamiento, uno bastante duro que había reforzado tanto su físico como su carácter. No es que estuviese más fuerte, quizás algo sí de tronco y piernas, pero era su alma la que se había reforzado en cantidad y además su técnica y destreza frente a la espada que quería controlar. Como agradecimiento, Ghatta pasó la siguiente semana sirviendo al Rey en cuestiones de proteger al reino y una vez cumplido el plazo, partió nuevamente en su viaje. A todo esto, su caballo siempre había estado a buen recaudo con el resto de caballos del rey, así que había sido más que bien tratado o eso esperaba por supuesto, no dudaba nunca en que cada persona siempe tenía trapos sucios, por muy amable que fuese aunque de Lorthien, era difícil imaginárselo de todas fromas. Y bueno, allí estaba ella, con un atuendo diferente, con pinta diferente, con una coleta alta y con una cinta blanca en la frente. Llevarla ahí le recordó algo... Más bien a alguien. A ella una vez le regalaron una cinta así, el color de la misma era de un rojo algo oscuro y... Había sido un regalo bonito, en su momento. Un suspiro atravesó el corazón de la ladrona, el cual no sabía qué sentir pues tenía una lucha interna entre unos sentimientos pasados ahora no superados y unos sentimientos que habían aflorado muy recientemente y que no sabía si eran correspondidos. No sabía que era lo que le molestaba más, si que no supiese nada al respecto de él y encima no hubiera dado señales de sentimientos cuando ella se fue o... Que finalmente no fuera correspondida. No estaba segura si esto último le disgustaba o le daba igual. Sólo sabía que le había entregado una parte de ella muy importante y que esa noche parecía.. Parecía que Gilgamesh también había querido entregarle algo muy valioso por su parte también, con lo orgulloso que eran los dos, llegar a esa situación fue compliado y arriesgado, pero no les importó en ese instante, por supuesto que no importaba.. En aquella habitación sólo existían él y ella y nadie más, no había realeza, ni robos, ni orgullo, ni nada... Era todo perfecto por así decirlo, pero había que enfrentarse a la realidad. ¿Entonces? ¿Entonces por qué le dolía tanto? ¿Por qué sentía que en el fondo quería besos robados? Incluso su mente le había jugado una mala pasada imaginándose a ambos caminando por el pasillo normal y que de pronto se besaran tras una columna para no ser vistos.. Qué estúpido... ¿No? La ladrona no pudo más con estos pensamientos, su corazón iba a estallar, así que lo más sano...

Lo más sano sería dormir, pues ya había caído la noche entre tanto camino y pensamiento.


Continuará...


avatar
Ghatta
Daguera
Daguera

Elemento : Fuego
Raza : Humano
Mensajes : 1606

Edad : 21

Heroísmo del Personaje
Valentía Valentía: ••••• (5)
Puntos de Vida Puntos de Vida: 3

Volver arriba Ir abajo

Re: Todo siempre tiene un comienzo, y éste es el mío.

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.