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Un amargo adiós

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Un amargo adiós

Mensaje por Ghatta el Mar Ago 21, 2012 2:25 pm

El camino se le había hecho más largo de lo normal a pesar de que sus pasos eran más rápidos que nunca debido al manojo de nervios que llevaba encima. Por fin Ghatta estaba frente aquellos guardias que ya no la paraban, sino más bien saludaban como si fuera parte del servicio, como si fuera de la familia por así decirlo. Y era cierto, había estado tantas veces allí que aunque no podría jurar saberse los nombres de todos los empleados, sí que se sabía unos cuantos. Pronto entró en el Castillo y nada más hacerlo su corazón comenzó a palpitar muy rápidamente. Seguro que estaría en su trono, ejerciendo de Rey pero es que ahora.. No se atrevía a entrar en aquella sala. No, había llegado hasta aquí y ahora debía enfrentarse a todo lo que quedaba. Unas puertas enormes y majestuosas pronto estuvieron frente a la ladrona, quien no tardó en dejar sus cosas junto al pie de una columna, rechazando casi inmediatamente la ayuda por parte de una de las sirvientes, quien le decía que si le dejaba sus pertenencias en la habitación de invitados... No. Esta vez no haría falta. Respiró hondo, una y otra vez y los nervios no pasaban... Se giró y comenzó a caminar en dirección opuesta para calmarse pero no, sus pies querían huir así que volvió a girarse no tardando en disimular al encontrarse uno de los guardias merodeando y haciendo su trabajo. Para disimular bien del todo, le preguntó que si Gilgamesh estaba en el Salón y éste asintió con la cabeza haciendo que su armadura chirriase. Pasó de largo y entonces Ghatta volvió a caminar hacia aquellas puertas que eran vigiladas por dos guardias más, de esos que no pueden hablar y que parecen estatuas. Ghatta cogió ambas anillas de oro y entonces empujó, siendo ayudada por los guardia-estatuas.

Y allí estaba él.

Sentado en su trono con aquella armadura de oro, ese cabello rubio y aquellos ojos color sangre que desde siempre tanto habían llamado su atención. Su corazón dio un literal vuelco y comenzó a bombear muy rápidamente, tanto que creía que sus pienras pronto flaquearían y acabarían por hacer que Ghatta quedase arrodillada en el suelo, pero no como a Gilgamesh le gustaría en forma de postrarse, sino por el simple hecho de no tener fuerzas y ni valor. Se había quedado un poco paralizada, y su mente no ayudaba en absoluto, pues no sólo su corazón había recordado sentimientos sino su mente... Su mente era aquella enemiga que le estaba recordando cada beso, cada caricia, cada choque contra cualquier cosa de la habitación, cada susurro de los labios del Rey hacia sus oídos de ladrona... Cada todo. Sus pasos iban acercándose hacia él, pero de forma muy corta, no con la energía con la que solía hacerlo y sus mejillas se habían teñido de un evidente rosado. Era raro verla así pero estaba muy nerviosa, y cómo para no estarlo.. Quería decirle tantas cosas pero a la vez nada, quería saber tantas cosas pero a la vez ser ignorante para no sufrir absolutamente nada. ¿Cómo expresar todo eso con un adiós? Era imposible. Otro plan había fracasado. Primero con Leonna había querido sólo decirle adiós y que ya volvería, y no había sido posible y sus ojos enrojecidos lo demostraban. Había llorado durante el camino por ella y ahora que se había serenado, eran otros sentimientos los que acudían a ella.

El camino ya se le había antojado más largo todavía y aunque la sala fuese enorme, tampoco demasiado como para tardar más de cuatro minutos en llegar hasta él y por fin lo había hecho. Ahora sólo unos peldaños y su trono separaban a ambas personas. Seguramente él estaría esperando a que ella dijese algo pero... No sabía ni cómo empezar, no solía estar nunca tan nerviosa y siempre era más divertida y liberal, pero era hora de... Dejar las cosas claras.

- Gilgamesh..

Por fin dijo su nombre, era como si lo hubiese tenido atascado en la garganta durante demasiado tiempo. Habían estado un día sin saber nada el uno del otro pero ella no solía decir su nombre al completo, siempre lo acortaba así que quizás con eso podría deducir que ella quería hablarle de algo serio.. O quizás no, porque muy pocas veces se enteraba de cosas así.

- Me marcho - dijo de forma algo seca y contundente, levantando justo la vista en ese momento para conectar con su mirada, una mirada que la atrevó de arriba a abajo rompiendo cualquier barrera existente - Voy a emprender un viaje, un viaje muy importante para mí y debo... Debo hacerlo sola. Mi hermana ya sabe de todo esto y bueno, no sé, sentía que debía contártelo aunque puede que no te importe mucho - se llevó la mano a tras la cabeza y se rascó ligeramente.

Un largo suspiro salió de sus labios, no iba a dejarle hablar todavía. Alzó la mano con el brazalete.

- Es un viaje largo y no sé cuanto tiempo me llevará pero sólo te pido que...

"Que no me olvides"

- Que no hagas uso de esto, por lo menos no hasta que vuelvas a tener noticias mías. Necesito hacer esto y cualquier interrupción podría, no sé lo que podría, pero sé que necesito hacerlo sola.

No sabía qué más decirle, no sabía por qué había venido. Ahora se sentía estúpida, viendo como él estaba con aquel codo apoyado en el trono, con aquella mano que medio sujetaba su barbilla medio ocultaba los labios, con aquella mirada fija en ella. Estaba deseando que él dijera algo y ahora lo único que su corazón le estaba rogando era que por favor, de aquellos labios finos, fríos y algo secos saliese por favor, alguna palabra.


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Re: Un amargo adiós

Mensaje por Gilgamesh el Jue Ago 23, 2012 1:11 am

Esa mañana fue como cualquier otra hasta el mediodía. Se levantó, se dio un baño, desayunó, y se dispuso a atender sus quehaceres. El castillo estaba muy frío debido al crudo invierno y las sirvientas tiritaban en los pasillos. Fue así como el rey en un acto de bondad emitió calor corporal en una onda que abarcaba gran parte de la fortaleza, dándole una agradable sensación de calor a los pasillos y habitaciones. El aire alrededor de él estaba viciado y se movía de forma ondulante, lo que hacía parecer al soberano como un espejismo en el desierto. Siempre le molestaba vestir muchas ropas cuando usaba ese poder y ni hablar de su armadura, por lo que permaneció envuelto en las sedas que vestía en sus ratos de ocio. Parte del entrenamiento de Gilgamesh fue pasar semi desnudo en medio de la nieve de las montañas, viviendo bajo el hielo y las bajas temperaturas, era parte de su entrenamiento extremo para soportar cambios abruptos de temperatura, por lo que aunque no esté usando sus poderes, no tendría problemas con un poco de frío de la época.

Se sentó en el trono de su Gran Salón como lo dictaba la costumbre, esperando visitas y así solucionar algunas nimiedades de los habitantes de la ciudad. Se limitaba a no pensar, él sabía que el fracaso de los reinados era producto de la desconcetración del soberano, y Gilgamesh estaba decidido a dedicarse a su pueblo, como una obligación que no se permitía otras distracciones. ¿Ella estaría pensando lo mismo? ¿Que si perdía la cabeza por alguien perdería todo lo demás? No lo sabía, pero se lo preguntaría en algún momento. Fue en ese momento cuando se escuchó el sonido del eco de la aldaba de oro chocar contra la madera de la enorme puerta. Alguien iba a entrar. Agitó levemente la copa de vino que llevaba en una mano y se la llevó a la boca. Las puertas se abrieron lentamente y dejaron pasar al visitante... cuya identidad casi casi le sorprende, pero la había visto tantas veces pasar por esa puerta que era una imagen muy reconocida. Era Ghatta. Lo que le sorprendió fue el porte que llevaba. Parecía vulnerable, débil, quebrada.

Casi de inmediato le vinieron a la mente los recuerdos de aquella noche. Unos días después, en frío... y utilizando el frío como término metafórico, no podía creer lo que había pasado. Ni tampoco podía creer cómo habían llegado a eso. Ahora parecía tan lejano, como si hubieran retrocedido. No se veían como los típicos tórtolos que apenas se veían se abrazaban, besaban y se iban a un cuarto a hacer cosas sucias. Ella allí abajo, como un pichón herido, y él allí arriba, como un halcón hambriento. Pero de tantas presas que pasaban por su salón, ella no iba a ser una de ellas. Comenzó a hablar, y la dejó hacerlo hasta el final.

El rey la miró fijamente durante toda su explicación. Sus ojos inexpresivos del comienzo comenzaron a entrecerrarse, como si quisiera hacer foco en algún objeto lejano. Su ceño se frunció y sus labios no dibujaban ninguna curva. Clavó su mirada gélida en los ojos de la joven, nuevamente utilizando un término metafórico, pues sus ojos eran rojos como el fuego mas vivo de la hoguera y aún así hacían erizar la piel. Un viaje... ¿Todo eso le provocaba? Se veía a simple vista su miedo, sus nervios, su impaciencia, sus expectativas, su ansiedad... Estaba hablando con el Rey de Héroes, el cual ha hecho innumerables viajes, algunos sin destino, sin rumbo, sin esperanza. Otros sabiendo que le esperaba una muerte segura, guerra, sangre y caos. Los viajes son parte de la vida de cualquier ser humano, muchos más de la de un guerrero, mucho más de la de un rey... Todo el mundo debería hacer un viaje al menos una vez en la vida. No le sorprendía en absoluto la decisión de la ladrona, pero no mostró entusiasmo ni fervor ¿Que razones había? No era nada para celebrar, y por lo que veía, tampoco para ella. Parecía estar mucho mas angustiada que alegre por hacer tal viaje, se notaba que era por causas deprimentes. ¿Debería preguntar? No le respondería a algo tan privado... Por sus palabras de despedida tan trágicas parecía como si no fuera a volver, o como si le esperara un fatal destino a donde sea que fuera. Suspiró. Está bien, los viajes se realizan aunque sean buenos o malos. Todos limpian el alma. Y el alma siempre necesita ser limpiada.

Un largo, largo silencio se hizo en el salón. La expresión del rey no cambió, como si inspeccionara cada detalle del rostro de la chica, como si esperase que sus gestos le respondan a sus preguntas. No tenía ánimos para dar vueltas en esas cuestiones. Sin apartar su perforante mirada de la suya, pronunció su despedida. - Tráeme algo valioso al regresar- Dijo imbuido en su orgullo, el cual no le permitía demostrarle más que la fina capa de indiferencia que mostraba ante todo el mundo, pero era una capa que la ladrona podía atravesar fácilmente con su perspicacia. Una capa que de romperse y mirar dentro, se vería claramente que en sus palabras le afirmaba a la ladrona que regresaría, casi como una amenaza, sin forma de pregunta. Le traería algo al regreso, por que regresaría. Para el rey no había discusión en ese aspecto. En su decisión de marcharse no estaba incluida la libertad de "no regresar" a él. También se dejó entrever que recibiría noticias suyas, lo que ya no podía pedir más. Había sido testigo de peores viajes, gente que nunca ha regresado, gente de la cual solo ha regresado su cadáver sobre un caballo, gente desaparecida, gente de todos los tipos que no han sido capaces de superar la prueba interna del viaje espiritual. No permitiría que pase lo mismo con ella. Esperaba que interpretara correctamente sus palabras, pues dichas de la boca de tal monarca significaban que sentía una gran preocupación hacia ella. ¿A quien más le pediría que volviera? - Completa tu viaje y encuentra lo que estás buscando. No te rindas hasta hacerlo y cuida tus espaldas.- Le ofreció como consejo, de alguien que podía dar cátedra de aquello.

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Re: Un amargo adiós

Mensaje por Ghatta el Jue Ago 23, 2012 7:07 am

El corazón de Ghatta se oprimía un tanto con cada segundo que pasaba. Él no decía nada, ¿por qué? ¿No quería decir nada? ¿Acaso le daba igual? Espera.. Claro que le daba igual, ¿qué pensaba? ¿Qué las cosas cambiarían? ¿Que él se mostraría diferente? Menuda estúpida. Quizás sí que había roto una promesa finalmente, aunque ella no quisiera sentirlo así, comenzaba a hacerlo. Seguía sin decir nada, seguía mirándole de aquella forma tan fija que en cualquier momento podría hacer saltar a la ladrona con un simple "¿qué cojones miras? ¿Tengo monos en la cara?", pero quizás lo dejaría para otra ocasión, ahora no tenía ganas de pelearse o eso pensaba, quien sabe, a lo mejor era más fácil si se iba enfadada, así no pensaba mucho en él. Lo primero que dijo... Hizo que la ladrona alzara finalmente la vista, dejando de mirar al suelo y clavando su mirada en él. ¿Qué? No.. ¿Cómo podía decirle eso? Lo que antes parecía una pequeña gata débil, ahora se estaba convirtiendo internamente en toda una leona, notando como su sangre comenzaba a hervir ligeramente.

Ella.. Ella era gilipollas literalmente. Ella había ido hasta allí, ella había tenido el valor de ser la primera en ver la cara del otro, mientras que a él todo le importaba una mierda y encima lo primero que le decía era que le trajese algo, y encima valioso. Sus últimas palabras no lograron calmarla, así que no tardó en cerrar los ojos para luego apretar puños y tras abrir nuevamente aquellas orbes naranjas, comenzar a subir los peldaños con fuerza hasta apoyar su mano en el tronito del maldito Rey.

- ¿Pero tú qué cojones te crees que esto? No soy tu sirvienta, ¿no lo recuerdas? ¿Algo valioso? ¡A lo mejor te piensas que voy de compras! ¿¡Es lo único que se te ocurre decirme!? - le tomó por el collar de oro, que sabía que no se rompería y le acercó - ¿Cómo eres capaz de ser tan frío, tan idiota? Ni siquiera eres capaz de preguntarme nada porque te importa una mierda y yo he venido aquí como una gilipollas, pensando... Pensando en gilipolleces. - le espetó.

La lengua de la ladrona era afilada y mal hablada en esos instantes, pero poco le importaba. Los gestos que tenía con el Rey de Arcadia eran inapropiados pero ella no lo hacía como alta de respeto, sino como gestos de rabia e indignación. En ese momento, como si de escoria se tratase, soltó el collar y suspiró.

- No sé en qué coño estaba pensando cuando vine aquí.

Seguidamente se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la salida.

- Que te vaya bien - finalizó, alzando una mano para seguidamente barajar la posibilidad de despedirse de Marta, aunque mejor no hacerlo, seguro que se preocuparía en exceso y acabaría por convencer a Gilgamesh de que la escoltara hasta el fin del mundo.


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Re: Un amargo adiós

Mensaje por Gilgamesh el Vie Ago 31, 2012 10:30 am

El rey suspiró resignado ante la situación que se había generado. No podía esperar otra cosa, era evidente que no le había entendido, pero era normal en su personalidad. La ladrona comenzó a subir los peldaños, cosa que no era buena idea. Los guardias del salón rápidamente giraron sus cabezas y se escuchó el ruido de las armaduras sonar, poniéndose en guardia. Un movimiento de muñeca del rey bastó para que se quedaran en sus lugares. Tenían ordenes de proteger al rey de cualquier situación. - No necesito saberlo, y si quisieras contármelo me lo hubieras dicho al comienzo. Debe ser algo que quieres mantener en privado- Dedujo, evitando así perder el tiempo. Gilgamesh la miró sin decir nada ante todo ese reproche y malos modales, como si fuera el otro lado opuesto de la moneda. - Ya lo entenderá- Pensó resignado. No le sorprendía que se enfadara así, después de las mil situaciones parecidas que habían pasado. Se quedó imperturbable al ver como de a poco se tranquilizaba y se daba media vuelta para marcharse.

- Que tengas suerte, o que las diosas te acompañen...- Concluyó su despedida mientras regresaba a la posición desgarbada y desganada apoyado contra su mano en el costado del trono. ¿Sería algo muy grave lo que tiene que hacer? ¿Algo familiar? Quizás iría a buscar a su padre para asesinarlo... si, era lo más seguro, después de las pocas conversaciones que había tenido de él y que no habían sido para nada positivas. O quizás buscaría a ese tal medio hermano suyo de la otra vez. Sea como sea, debía tener cuidado.


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Re: Un amargo adiós

Mensaje por Ghatta el Sáb Sep 01, 2012 3:31 pm

¿Qué podía esperar...? Su orgullo no le permitía darse la vuelta pero su corazón le pedía a gritos que le preguntara sobre todo y sobre nada a la vez. Quería pararse de golpe y preguntarle sobre si le daba igual que ella se fuera, sobre si incluso le echaría de menos, pero aunque así fuera, tenía miedo de oir la respuesta. En muchas ocasiones él respondía de forma fría, tal cual lo sentía, él no sabía de sentimientos en general y menos sabría ahora... Pero ella confiaba en haber cambiado o más bien despertado algo en él que ni el propio Gilgamesh entendía. No era esa su idea de despedida, es más, se imaginó en su momento un abrazo de por medio pero él le había respondido tan mal... Con tan poco interés a sus ojos que su orgullo no podía permitirle más, y además sufría por dentro al sentirse así.

- Gracias...

No lo dijo muy alto, simplemente lo dijo y continuó su camino. En la puerta estaban sus bártulos y tras cogerlos iría hacia la cuadra en donde le esperaba un buen caballo con mucha energía y aunque era algo rebelde, conseguirían hacer benas migas seguro. Una vez en aquella gran puerta, Ghatta desvió la vista a uno de esos guardias que dejaban prácticamente pasar a nadie para seguidamente desviarla nuevamente hacia sus cosas. Las cogió en peso y tras ponérselo todo debidamente en la espalda. Miró una vez más hacia la gran puerta y entonces negó con la cabeza para decidir salir del lugar.

En el camino se encontró a un par de sirvientas que la saludaban como si fuera de toda la vida, aunque luego se preguntaban que a donde iría y pronto fueron a avisar a Marta, claro que Ghatta no sabía nada. Cuando saliese del castillo debía ir a por el caballo y seguidamente tomar rumbo para empezar lo más pronto posible su viaje.


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Re: Un amargo adiós

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