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Esperanza destrozada

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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Firenze el Jue Mayo 26, 2011 7:20 pm

Tan pronto como mis dedos habían llegado a ella la perdí. Apenas expiraron mis palabras también lo hizo ese acercamiento, huyó de mi, no con torpeza pero sí atolondrada, como si escapar de mi mano fuese lo más importante, un puro impulso. Algo en aquel momento me provocó una punzada en el pecho, una incómoda, mordaz y que sin saber porqué consiguió que me encogiese un tanto. Agaché las orejas junto a la mirada, cerrando la mano que ahora zafaba el vacío antes de caer finalmente con suavidad sobre el maltratado suelo. Alcé la mirada sin acompañarlo con la cabeza, era como cuando siendo un cachorro sabía que había hecho algo mal, pero no el qué. Negué suave, más bien queriendo despejar mi cabeza de aquellos símiles absurdos, hacía mucho había dejado de ser un crío, y tampoco... había hecho nada malo. O sí. Pero si no me arrepentía...!... Si no me arrepentía solo podía hacerlo más malo todavía. Por todas las diosas, ya no sabía cuantas reglas estaba rompiendo de todos los códigos civiles, religiosos, morales y autoimpuestos en una misma noche, en un pensamiento, en un gesto... El gesto. Ella. Y bien valía todos esos quiebros.

Nuestros ojos volvieron a conectar un segundo que se desvaneció en la intensidad de esa mirada, que consiguió encender de nuevo el leve rubor en mis mejillas y arrancar una orden por su parte. Se tapó las orejas, y yo luché contra la suave sonrisa que lidiaba en mis labios ante aquel gesto tan tierno. Suspiré despacio, dejando que terminase de moverse antes de ser yo mismo el que se alzase sin prisa, sin dejar de mirarla. ¿Qué pretendía... esconder? ¿Qué era lo que tanto la avergonzaba? Bien es cierto que conocía de primera mano lo que significaba ser diferente, lo que era tener unas orejas pero ella no las tenía siempre, era imposible, me habría fijado y... Ahora pensaba que estábamos en confianza. Cierto, apenas hacía unos días que nos conocíamos pero habían sido tan intensos, me hacía sentir tanto que cada segundo junto a ella equivalía meses perdido en sus medias sonrisas, en su olor, en su ceño fruncido y sus mohínes, en sus ojos de ámbar, en esa nota, en esa caricia y en ese roce... Quería más momentos como aquellos, aun si acortasen mi vida, porque sin saberlo una parte de mi traicionaba todo en lo que creía, todo a lo que me había consagrado por la esperanza de volver a sentir su respiración sobre mis labios... No, ni eso, estaba dispuesto a traicionar una promesa divina por un día a su lado, por una no-cita, por una locura y...
Es que a esas alturas, ya estaba loco, solo que por la razón equivocada del delirio...

- No hay nada en ti que no sea digno de admirar Ghatta... -susurré despacio, humedeciéndome los labios sin saber muy bien si acercarme o dejarle aquel espacio. Cerré los ojos con un hondo suspiro... no había vuelta atrás. Comencé a caminar - ... No hay razón para esquivar la mirada.

El corazón volvía a latirme con fuerza los oídos, casi no podía escuchar mis pensamientos mientras me acercaba a ella, a su espalda, su figura perdida en el cobijo de las sombras tal como si se arropase bajo una sábana incorpórea. Volvió a asaltarme esa sensación, esa impresión de fragilidad, de que si decía la palabra equivocada, si le rozaba en el lugar incorrecto estallaría como un sueño arrancado en un sobresalto nocturno. El vértigo me encogió el estómago, pero los nervios cedían ante la suave calma de la razón, de las cosas claras, de la verdad acariciando mi lengua, y el anhelo en las yemas de los dedos por volver a rozarla. Porque cada parte de mi susurraba con más calma que mi voz, que todo iría bien.
Ahora... ¿sería capaz ella de escucharme?´
¿Cómo defenderla de sus propios miedos...?

- No es mi intención... - susurré a su espalda cuando se quejó de lo de los nervios, aunque mi voz delató una suave sonrisa, en el fondo... la idea me agradaba. Porque mi serenidad tenía tentativas de fugarse a su piel cada vez que estábamos cerca, y yo no tenía la voluntad para retenerla. Cerré los ojos, dedicándome a sentirla en esa oscuridad, a dibujarla surcando el escaso espacio que me separaba de su espalda, a rozar su cabello cuyo aroma me azotaba, a obviar el gesto nervioso de sus labios y su corazón martilleándome los oídos al compás del mío. Que viva la sentía. Que vivo... me hacía sentirme. Nervios. Lejos de eso... daría mi alma por hacerla sentir segura a mi lado.

Abrí los ojos, y sin decir nada, sin hacer nada por voltearla... Tomé la mano que descansaba inerte junto a su costado.

- Solo quiero estar a tu lado.... Solo... permíteme cuidar de ti todo eso que crees no necesitar. - un nuevo suspiro abandonó mi pecho. Por fin, esa noche, dejé escapar el miedo que había sentido. No por mí, por ella. Por ella, sus misterios, su fuego y la tristeza de sus pupilas engañada a la luz de la luna.

Esa era una Ghatta... que no quería volver a ver si podía evitarlo.
Porque no quería romperla por acercarme demasiado.
Ni que se rompiese por estar demasiado lejos.

Quería... quería...
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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Ghatta el Jue Mayo 26, 2011 8:19 pm

Las palabras de Firenze siempre le hacían tragar saliva.. No sabía cómo lo hacía, qué tenía, qué cojones hacía.. Pero siempre provocaban que la piel de la ladrona se erizara completamente y que su saliva acumulada fuera enviada de forma sonora por su garganta. Le acababa de pasar lo mismo, primero con lo de admirarle y luego con sus susurros.. ¿Por qué le hablaba con ese cariño? No podía soportarlo o más bien, era su corazón el que no lo podía soportar en absoluto. Ahora más que nunca tenía miedo de darse la vuelta, sabía a la perfección que su silueta gatuna estaría bien visible, por lo que dejó la cola ya más suelta a pesar de que no le hacía mucha gracia que revolotease. Cuando escuchó los pasos de Firenze acercarse, su cuerpo se puso totalmente recto y sus sentidos se quedaron bien alertas, se notó sobre todo en sus orejas, que estaban más puntiagudas que nunca y algo giradas para oir lo que venía por su espalda mejor. Sin embargo, no se acercó mucho más, se quedó justo detrás de ella, a su espalda. Notaba su mirada atravesarle completamente por la nuca y eso provocaba que la ladrona cerrara los ojos fuertemente, como si así fuera a dejar de sentir esa sensación que no acababa de decir si le gustaba o no. Su respiración estaba más agitada que antes y aunque intentaba calmarse, era imposible. ¿Qué cojones estaba pasando que escapa a su control? Abrió los ojos de golpe cuando un contacto se inició. Firenze había cogido su mano libre de forma suave pero decidida, haciendo que un escalofrío volviera a recorrer todo su cuerpo por completo. No obstante, la mano de Ghatta estaba totalmente muerta, como la dueña, que ahora mismo estaba plenamente ida; por lo que era el perro quien estaba ejerciciendo la fuerza del agarre y no ella, de momento.

- Sólo quiero estar a tu lado.... Sólo... permíteme cuidar de ti todo eso que crees no necesitar.

Blanca, paralizada, totalmente absorda, ida, inmovilizada, estancada... No había palabra para describir ahora mismo la reacción que había tenido Ghatta ante esas palabras. Sus labios se habían entre abiertos y sus ojos permanecían como platos, más abiertos que nunca mirando a la nada, sólo a muebles seguramente y polvo, mucho polvo. Su cuerpo no reaccionaba y su corazón tampoco, y no era para menos. ¿Qué..? ¿Qué significaban realmente esas palabras? La mente de Ghatta comenzó rápidamente a sopesar ideas, seguramente erróneas pero ideas, y muy descabelladas a veces, tanto, que las descargaba enseguida por supuesto. Sin embargo hubo una.. Que era más lógica, para ella claro. Antes habían hablado de mascotas, de ambos, de él ser el perro guardián ya que la vida le salvó y ahora él tenía que entregarse a ella. ¿Acaso quería que Ghatta fuera su dueña..? ¿Debía ser eso verdad..? ¿Si no...? ¿Si no qué explicación racional había a eso? No podía ser que él.. Que él a ella.. No, no podía ser. Se conocían de pocos días y vale que habían sido días intensos pero.. ¡Pero eso no quería decir nada! ¿No?

Aún sentía el agarre del chico y aún su cuerpo no respondía por si sólo y era solamente su garganta la que se dignaba a moverse, pero no para ayudar a articular palabra sino para lo de siempre, tragar saliva de forma nerviosa. ¿Qué podía hacer? ¿Qué debía hacer? Qué... ¿Qué quería hacer? Su cuerpo era un auténtico flan.. El que él la llevase durante la noche para así acercarle hasta su casa, que le cogiera de esa manera en el callejón para simular un acto que aún sentía en su barbilla plenamente, ese agarre de muñeca que había sufrido segundos antes, ese efímero beso que había surcado sus labios hace nada... No podía con todo eso, su cabeza iba a explotar y su.. Su corazón también. Ghatta no era una persona que tuviese contacto físico en general y encima con un chico, con un chico-perro para más inri. En general, nunca había tenido contacto o acercamiento con hombres, más bien tropiezos tontos pero nada más allá de todo.. De todo lo que acababa de pasar esa noche.

Un suspiro salió de sus labios y su corazón pareció liberarse de pronto. En un gesto rápido había cerrado su mano, agarrando así la mano de Firenze con algo de rudez, propia de la ladrona. A pesar de haber reaccionado de cuerpo, su alma seguía en otra parte y ahora mismo, no podía moverse un ápice. El silencio se había evidente y las dos respiraciones agitadas también. Sin embargo ocurrió, poco a poco su cuerpo iba reaccionando y finalmente se giró, hacia el lado de la mano agarrada porque sino quedaría presa y de forma ridícula además.. Pronto, sus ojos estuvieron en contacto. Ghatta le veía, Firenze la veía.. Ambos se podían ver claramente. Qué situación tan extraña para ella.. Soltó de forma suave su mano y entonces sintió el impulso no tardando así en corresponderlo.

Le abrazó.

No recordaba casi la última vez que había abrazado así, o bueno quizás sí.. A su hermana, a esa hermana que le habían hoy arrebatado. Intentó no recordarlo y se quedó abrazándole, poniéndose de puntillas para ello y rodeando su cuello con ternura. Pero.. ¿Lo estaba haciendo bien? ¿Era así como tenía qué responder? No, faltaban palabras aclaratorias... Entre comillas, pues no sabía en donde se estaba metiendo ni en qué situación estaba realmente.


- ¿A esto te referías con lo de antes..? ¿Lo de ser sirviente?.. - susurró entonces de forma inocente y suave - Y-Ya te dije que no tienes por qué tener ese trabajo y menos conmigo.. Eres mucho más que un sirviente para mí, lo sabes de sobra.

Tonta, y del bote además.


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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Firenze el Vie Mayo 27, 2011 6:27 am

Su mano permaneció lánguida entre mis dedos, carente de toda vida, solo estando, solo esperando a ser tomada, solo... dejándose hacer, tal como la dueña debería hacer de cuando en cuando. No la apresuré, no retiré mi mano ofendido ante la falta de respuesta, ni entrelacé nuestros dedos ansioso por más. No podía hacerlo. Porque el amor era paciente, y... n-no es que esto lo fuese!. O sí. O no. O... La cuestión es que no pensaba exigirle nada, no quería más de lo que quisiese ofrecerme y si eso era el mero derecho a tomarle la mano bien lo aceptaba, guardándome la esperanza de que llegase el momento en el que ella también quisiese responder al gesto. Sonreí suave, tan suave que dudaba que lo notase, rozando con suavidad su dorso con el pulgar, tenía las manos heladas, ella en sí misma tenía que estarlo en esos momentos.

¿Qué piensas Ghatta? Habría dado unos cuantos años de vida por poder meterme en su cabeza unos segundos, por acallar los nervios que encogían mi corazón de forma incómodamente arrítmica y tiraban de mis pulmones para sacar más de un suspiro de anhelo, de alegría, de incertidumbre. No era el único impulso contra el que tenía que luchar, pues las ganas de abrazarla no habían desaparecido ni se veían con el propósito de querer hacerlo. Me humedecí los labios, notando su sorpresa por la nueva postura, rígida, seguro que estaba buscando el sentido de la vida en las motas de polvo que tanto incordiaban mi nariz cada vez que revoloteaban demasiado cerca, pero no quería dejar de aspirar el aire, ese impregnado de su nuevo aroma, más felino que nunca, y sin embargo... Como cánido me costaba reconocer esto, pero me encantaba. Era su olor.

En un impulso que me hizo dar un pequeño bote su mano se había cerrado en torno a la mía como una verdadera tenaza. Su fuerza me pilló de improvisto, sus nervios me enternecieron, y algo en ese simple y tosco gesto hizo que mi corazón se disparase de nuevo latiendo a un ritmo inhumano. Mis dedos respondieron con un suave apretón a su mano, prometiéndole todo lo que ahora no podía mi boca, pues sentía que si la abría en esos instantes saldría todo lo que por ahora no sabía si debía guardar. Sentía un nudo en la garganta y la lengua torpe, su suspiro todavía ascendía erizandome el vello de la nuca. Fue entonces... cuando empezó a moverse.

Ambos quedamos enredados y perdidos en una nueva mirada, sus pupilas de gata se perdían en mi cánida mirada en un extraño encuentro lleno de un algo que dudaba que ninguno quisiese modelar con palabras. Porque ahora sí veía sus nervios, porque ahora sí ella veía mi sonrisa, y sin saber por qué exactamente... no podía dejar de mirar sus labios. Solo algo me hizo apartar la mirada, pude sentir como sus dedos iban soltándome despacio, obligándome así a aflojar los míos lentamente bajo mi mirada. Un mohín suave de segura tristeza debió de cruzar mis labios mientras el aire llenaba pesadamente mis pulmones una vez más. Acaso...

No. Fuera lo que fuera que iba a pensar la respuesta era no. Su cuerpo chocó contra el mío, sus manos encontraron mi cuello mientras las mías envolvían su cintura con urgencia, apresándola contra mi cuerpo con ese cuidado que me hacía sentir. Mi rostro quedó enterrado en un punto iconcreto de su clavícula mientras me agachaba un poco para que estuviese más cómoda. Solo sonriendo, solo suspirando. No quería abrir los ojos... porque sentía que en cuanto lo hiciese volvería a estar en un jergón de paja de cualquier establo. Una de mis manos ascendió lentamente por el filo de su columna hasta enredarse en sus cabellos, hundiendo mis dedos en ellos mientras sus palabras inundaban lejanas mis oídos... Unas que me hubiesen entristecido, incluso dolido un poco sino fuese por la brillante inocencia que las bañaba. Di gracias a que mi rostro estuviese oculto para ella en esos instantes, y me tomé mi tiempo para responder con toda la calma posible.

- No... Con esto me refiero a que quiero cuidarte - susurré depacio, alzando suavemente la cabeza para pegar mis labios a su cabello- A que... - apreté los dientes unos segundos, notando el leve temblor de mi voz. Sonreí cálidamente, mientras el mundo se ponía boca abajo para mí, y algo estallaba frenético en mi pecho.

- A que te quiero a ti... Porque también eres mucho más para mí, pero eso tú... no lo sabes.

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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Ghatta el Vie Mayo 27, 2011 7:23 am

Lo que en un principio fue un cariñoso abrazo, un amistoso abrazo.. Ahora se había convertido en algo muchísimo más importante. Ghatta había abierto de par en par sus ojos y su cuerpo de nuevo temblaba como un auténtico flan. Firenze, de forma automática, se había aferrad a ella, abrazándola por la cintura, rodeando esa pequeña cintura, apresándola contra él y seguidamente hundiendo su rostro contra el hombro de Ghatta, dejándole sentir a ésta el cosquilleo de su cabello castaño que ahora en la oscuridad era totalmente negro azabache. Nuevamente, la ladrona tuvo que tragar saliva totalmente contrariada por esos nuevos gestos que el chico le brindaba cada vez más, a cada segundo que pasaba. Una de sus manos, además, abandonó la cintura de la chica de cabellos de fuego para inmediatamente enredarse con sus cabellos de forma lenta y suave. Las orejas de la muchacha ya no estaban totalmente erguidas sino ahora, medio inclinadas, como si estuviera preocupada o asustada.

Firenze habló, haciendo su aliente chocara contra su hombro, ese aliento cálido. Unas primeras palabras desconcertantes para la ladrona que hicieron que entreabriera los labios de forma automática para decirle que ella se podía cuidar solita, como buena chica orgullosa que era y además, bromista cuando no debía serlo, y sin embargo, no tuvo tiempo de decir absolutamente nada.


- A que te quiero a ti... Porque también eres mucho más para mí, pero eso tú... no lo sabes.

Las mejillas de Ghatta se pusieron rojas al instante, como si se hubiese activado algún mecanismo. El calor inundó completamente todo su cuerpo y sus piernas flaquearon haciendo que la planta de ambos pies tocara finalmente suelo y por lo tanto, se generara de pronto esa pequeña distancia entre los dos, algo corta la verdad. ¿Q-Qué estaba diciendo? ¿P-Por qué lo estaba diciendo? Era cierto que se había convertido en un buen amigo para Ghatta pero de ahí a... Al amor, había un gran paso ¿no? ¿Cómo podía ser que él estuviera diciendo lo que estaba diciendo? ¿Cómo podía decir esas cosas si tan sólo se conocían de...? ¿Cuántos? Qué más daba.. La cuestión era lo que estaba pasando en aquella casa abandonada, en ese momento. ¿Qué le estaba intentando decir? Ya no había opción a equivocarse, ya no había opción de cambiar el sentido de las cosas, Firenze estaba diciendo lo que estaba diciendo, y se lo estaba diciendo a ella y a nadie más.

Ghatta bajó su rostro, clavando la mirada en la fría madera. Seguía plenamente sonrojada y ahora el único contacto que había entre ambos era la mano de Firenze, que seguía más o menos, agarrando aún en su cintura. Su corazón latía con fuerza, con tanta fuerza que parecía que se le iba a sacar por la boca. No podía articular palabra, tenía que relajarse como fuera y cuanto antes mejor. Un suspiro salió de sus labios, un suspiro entrecortado y nervioso. Cerró los ojos durante unos segundos y luego volvió a abrirlos, pero no desvió la vista hacia él, permaneció mirando el suelo.


- Y-Yo... - articuló como pudo, completamente nerviosa.

Otro suspiro más.


- Y-Yo no.. Yo n-no sé... - totalmente nerviosa - No puedo.. No puedo permitírmelo.. - susurró finalmente clavando, con valor, la mirada en los ojos bicolor de Firenze.


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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Firenze el Vie Mayo 27, 2011 8:55 am

Me gustaban las cosas simples de la vida. Como correr hasta quedarme sin aliento y me duelan las piernas. El llenar mis pulmones hasta que no podía más con una cálida brisa de verano. Tumbarme después de un día de trabajo. La playa. Es más, las olas. Tenía una inquietante pasión por las olas, a pesar de que nunca me había aventurado al mar. La forma en la que el agua se retraía, como acariciando su acuosa superficie, huyendo, aventurándose al océano... para volver, primero como una suave onda, la cual iba tomando fuerza, empuje, aceleraba, crecía, se rizaba, se alzaba sublime, espumosa y feroz, y una vez alcanzada su perfección... estallaba. Aun a sabiendas de su destino continuaba implacable hasta chocar contra el épico muro de piedra de los acantilados, dejándose quebrar en miles de gotas, destruyendo su gloriosa existencia para no volver más. Cada ola era única, irrepetible, y si apartabas la mirada no había opción para volver atrás.

Aquello, estaba siendo mi ola personal. A sabiendas de lo que podía pasar, de lo que ocurriría, me había lanzado a cada gesto, a cada roce, a cada palabra, entregándome sabiendo que iba a perderme, que una vez dicho, tocado y sentido no habría vuelta atrás, conociendo que perdía toda voluntad sobre mi destino dejándome a sus manos, a que ella decidiese si ser risco o arena para mi. Porque nada tenía excepto a mi mismo... y como tal había decidido entregarme en un impulso irracional, vibrante, creciente, uno que había acelerado cada parte de mi, que había engatusado mi alma y conquistado mi cuerpo, uno que había flirteado con mi fe para acabar asfixiando mi corazón. Uno, al cual no tenía nada que reprocharle.

Pero no arrepentirse no significaba que no doliese. No significaba que esa escasa distancia entre nuestros cuerpos no la sintiese como un mundo, ni que no extrañase el calor de sus manos sobre mi cuello. No significaba, que mi mano no temblase sobre su cintura, y más que un impulso cariñoso ahora fuese un mero seguro porque no cayese. Porque... aun antes de que hablase, yo ya conocía la respuesta. La leía en su cuerpo, en la ausencia de su mirada, en su cuerpo lánguido y sus intentos vacilantes de hablar. Lo sabía, y ella sabía que lo hacía. Y algo en mi también se congeló, estalló, y heló el aliento que pudiese contener mi pecho. Porque como toda ola, también tenía su final. Esta vez, no lamería la suave arena de la costa.

Nuestros ojos se encontraron, con la misma intensidad, pero con un brillo muy distinto. Me perdí en esas pupilas rasgadas, en la promesa dorada de sus ojos y el valor que reflejaba. La sombra de una sonrisa empañó mis labios, pese a que la alegría no llegó a mi mirada. No podía hacerle eso, tampoco podía hacérmelo a mi. Había sido una noche demasiado intensa, estaba aquel asunto de su hermana, del rey, del fuego. ¿Quién era yo para darle un dolor de cabeza más..? No correspondía a un sirviente aquello, no a un perro.

Cerré los ojos... y lentamente, incliné la cabeza.

- Entiendo... - susurré finalmente, con una nota cálida que se quebraría si volvía a mirarla. Porque ella derribaba cada uno de mis instintos sin compasión. Porque a fin de cuentas... ella... No podía dañarla. Ni uno solo de mis gestos debía hacerlo. No podía pedirle nada. No podía recriminarle en absoluto. Solo permanecer a su lado... de la forma en la que ella creyese conveniente. Pero no era la noche, no era el momento para firmar y poner los puntos de un extraño tratado. No sabía si lo que faltaban era horas, o fuerzas.

Alcé la mirada, solo para acortar la distancia una vez más al tomar su mejilla con mi mano, queriendo acallar el miedo que mostraba, el temblor de su voz, o esa... tristeza de su mirada. Era lástima. Me habían mirado demasiadas veces así. Pero ni tan siquiera podía ofenderme por eso. Mi pulgar, surcó su piel con cuidado, hasta dibujar en la oscuridad su carnoso labio inferior.. estirando su comisura en el intento de una sonrisa. En esa promesa.

"Todo irá bien"

Aunque fuese mentira. Tal vez fuese yo el que necesitaba confiar en ello esta vez.

Mis labios no llegaron a rozar su frente... deteniéndose a una escasa distancia. No iba a rascar la herida. No cuando estaba en carne viva. Cuanto antes digiriese sus palabras antes podría volver a ser el perro de siempre. El que ahora necesitaba. El que no sabía si podría ser. Mis dedos abandonaron su piel. Mi aliento dejó de estrellarse contra su cabello. Mi cuerpo dejó de sentirla en la distancia. Mis ojos perdieron su felina figura.

Y para cuando quise darme cuenta, la distancia había vencido nuestros cuerpos.

Era hora de volver a casa.
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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Ghatta el Vie Mayo 27, 2011 10:23 am

" Entiendo.. "

Su corazón se encogió por completo y su puño se cerró con mucha fuerza. Firenze había dejado de apoyar su mano en la cintura de la ladrona y ahora, sus piernas efectuaban pasos hacia detrás. Ghatta abrió los ojos de par en par y entonces comenzó a levantar la vista totalmente contrariada y con un sentimiento de impotencia que no era ni normal. Estaban pasando muchas cosas y todas fuera de su control, algo que no le gustaba en absoluto. ¿Por qué todo tenía que estar pasando esa noche? ¿Ese día? Observó como poco a poco el cuerpo de Firenze se iba siendo menos visible, en aquella oscura casa. Ghatta permanecía con ojos abiertos y algo totalmente vidriosos. Su corazón llevaba demasiada carga ahora mismo y también su cuerpo en general.

Nuevamente, un aura rojiza comenzó a rodearle de forma suave, pero no era enfado, era impotencia, era tristeza. Sus rodillas cayeron al suelo de forma seca y dolorosa y no tardó en apoyar ambas manos también en la fría madera, dejando que sus cabellos cayeran otra vez hacia delante. Sus ojos estaban cada vez más vidriosos. ¿Cuándo? ¿Cuándo había pasado? ¿Desde cuándo estaba sufriendo tanto? ¿Desde cuándo llevaba ocultándolo? Ese aure fue acentuándose cada vez más, cubriéndola por completo en un manto anaranjado y rojizo, por el cual se le podía ver a la perfección. Sus uñas comenzaron a clavarse poco a poco en la madera antigua del suelo y comenzaron a crear surcos en la misma, no tardando en ver varias astillas saltar suavemente.

No podía creerse todo lo que estaba pasando. Su cuerpo ya estaba muy débil, no quería hacer nada.. No tenía fuerzas para nada sólo.. Sólo tenía ganas de llorar. Separó ambas manos del suelo y se las llevó al rostro no tardando en salirle un llanto totalmente ahogado que quebró sobre sus manos. Nunca lloraba, prácticamente no lloraba, era una promesa que le había hecho a su hermana pero es que ya no podía más. Su cuerpo se encogió, totalmente, quedando su espalda totalmente encorvada mientras sus manos procuraban no dejar caer ninguna lágrima. Todas estaban acumuladas en sus ojos ambarinos..

Su mente comenzó a recordarlo todo, recordaba la feliz vida que tenía en Tialys, recordaba a sus conocidos y amigos, recordó las últimas palabras que Leonna le dedicó antes de mancharse, recordó su viaje hacia Arcadia buscando un nuevo hogar, recordó su soledad en el proceso... Recordó la negativa que le había dado a Firenze y un nuevo pinchazo abordó su corazón haciéndole caer en el llanto más triste que jamás hubiera salido de sus labios.

Y lloró... Y lloró durante mucoh tiempo, descargándose de todo.


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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Firenze el Vie Mayo 27, 2011 11:24 am

No puedes curar las aristas de un corazón herido sin cortarte en el camino. No puedes abrazarlo, sin antes aceptar que te pinchará cada una de sus imperfecciones, y que las usará en su defensa hasta sus últimas consecuencias. Que no querrá esa ayuda, ni verá tu promesa de sanarlo. Que desconfiará. Que no creerá en imposibles. Que no creerá en ti. Has de saber, que posiblemente fracases, y salga un balance negativo. Que también sufrirás, y pequeñas esquirlas cicatrizarán bajo tu piel haciéndolo todo más difícil. Más todavía, sí. Porque no se puede dar pasión a algo tan frágil. Porque no puedes jugar con ello sin medir antes las consecuencias. Porque también saldrás herido.

Pero... Pero si tienes paciencia. Si eres capaz de rodearlo con cuidado, de dibujar cada imperfección con la delicadeza necesaria para adorarla tal como se presenta, y tienes la templanza para escuchar como se quebró con mesura. Si eres constante, lo suficiente como para no darte por vencido con la primera negativa, y soportar las tormentas que azoten el camino, para esperar, para besar en la distancia y hacer de cada gesto una verdadera declaración. Si eres sincero, y curas con la verdad sus mentiras, aun siendo lo paciente para aceptar su desconfianza... Si aprendes a amar de verdad, entonces, todos esos trozos pueden recomponerse, y dar la oportunidad a un mañana. Es un proceso largo, desalentador, duro y poco agradecido en un principio. Pero si el corazón merece la pena, si todavía hay esperanza que destrozar... puede salvarse. Puede recomponerse. Y puede volver a amar.

Escuché su golpe seco contra la madera. Me giré en el acto, como atravesado por una saeta, saliendo de golpe de aquella oscura sensación que me embriagaba por momentos. Y vi su aura. Me frené en seco, apretando la mandíbula, notando las pequeñas ampollas que había creado su ardiente piel en el palacio. Pero es no tenía nada que ver, con el dolor que me causaron sus gemidos ahogados. Cerré los ojos, apretando tan fuerte los puños que sentí como las uñas se me clavaban en las palmas, lastimando mi piel. ¿Cómo había sido tan egoísta...? ¿Cómo había podido someterla a todo aquello...? Algo volvió a estallar en mí, pero no era momento para autocastigarse, no mientras sus lágrimas escapaban sin control. Era hora de hacer las cosas bien.

Por ella.

Me acerqué en el más absoluto silencio, sentándome frente a ella... y la dejé llorar, la dejé sollozar largo y tendido, hasta que sin mediar palabra mis brazos rodearon sus hombros, y por el efusivo gesto acabé arropando su cuerpo contra mi pecho, dejando que su llanto empapase mi camisa, sin decir nada, absolutamente nada... Cualquier palabra habría sobrado, o mis labios se habían vuelto demasiado torpes. Mesé su cabello, sintiendo el leve quemazón de su piel ardiendo contra mí. Pero no importaba, nada importaba.

Solo el momento preciso, solo el lugar indicado.
Y para mí, era aquel...
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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Ghatta el Vie Mayo 27, 2011 12:07 pm

Siguió llorando, no podía evitarlo. Ahora que había empezado no podía pararse ni por asomo, era como si después de tanto tiempo reservándose, esperando el momento adecuado, hubiese llegado de sopetón y por ello lloraba de aquella forma tan desesperada. No escuchó a Firenze acercarse, no pensaba que lo haría, pensaba que ya se había ido del lugar. Ella seguía con las manos en su rostro, el aura rojizo con tonalidades anaranjadas seguía presente y seguramente quemaba. Sus rodillas parecían estar totalmente clavadas a la madera mientras su estómago se encogía una y otra vez, entre el llanto y su respiración fuerte y entrecortada. El aura que desprendía Ghatta pronto apresó a Firenze, aunque en un principo parecía que se quemaría, luego se quedó simplemente en una alta temperatura. Los ojos de Ghatta se abrieron de par en par cuando sintió ese aferramiento hacia él por su parte. Le había abrazado nuevamente, y las manos de Ghatta seguían en su rostro mientras sus orejas estaban más agachadas que nunca.

¿Por qué ahora la abrazaba? ¿No acababa de irse? ¿Por qué? ¿Estaba jugando con ella? ¿Qué estaba pasando? Cuando estaba en ese estado no controlaba para nada sus emociones y además, su fuerza y temperamento eran mayores, de forma considerable además. Sus dedos se entreabrieron dejando ver a los ojos de Ghatta el cuerpo de Firenze o más bien sus ropas. Ahora veía el aura más claramente y alrededor de él. No pudo evitar fruncir el ceño y de repente, apartarle la mano con un gesto un tanto brusco, como disgustada. Aún estaba llorando, aún las lágrimas caían por su mejilla.


- ¡N-No lo entiendes! N-No.. Firenze..

Lo había gritado, sin quererlo realmente y sus ojos habían buscado una ventana, pero estaba como tapada con maderas así que sólo se le ocurrió desviar la vista hacia la puerta. Aún en su forma gatuna, salió corriendo hacia una de las puertas como si quisiera huir.

- ¡NADIE LO ENTIENDE!

Otro llanto ahogado salió de pronto de sus labios y aunque se llevó la mano a ellos fue inútil. No tardó pues en salir corriendo por los callejones, tirando algún que otro cubo de basura en el proceso. Su cuerpo y mente estaban fuera de control ahora mismo y lo único que ayudaría en estos momento sería... Sería dormir de una santa vez. Miró hacia detrás durante unos segundos y en ese momento, pudo sentir algo... Algo que le hizo enfadarse aún más. Pronto los pinchazos de sobre esfuerzo fueron más que evidente en su cuerpo.


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