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Esperanza destrozada

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Esperanza destrozada

Mensaje por Ghatta el Mar Mar 08, 2011 8:30 pm

Había salido corriendo de aquella plaza. Su respiración era más que agitada pues como había comenzado a correr de cero, notaba esa sabor a sangre que inundaba ahora su paladar y garganta. Sin embargo no paraba de correr, con su cabellera al viento, la cual se movía a su ritmo que era bastante rápido. Durante unos segundos paró y comenzó a caminar hacia el castillo, no sabía si la seguían o no, pero de pronto, comenzó a correr nuevamente sin pausa mientras apretaba los dientes con auténtico odio y sus ojos volvían a amenazarla con algo que no podía permitir. Su cuerpo estaba muy acelerado, su mente muy confundida y por ello no podía pensar con claridad y empezaba a sentir un agotamiento por estar aún corriendo pero no quería pararse por mucho que sus pulmones le exigieran un pequeño parón. Apoyó las manos en las rodillas haciéndose hacia delante cuando vio el castillo frente a ella. Aún estaba a pocos metros, pero ya no hacía falta correr. Durante el camino, había gritado el nombre de su hermana varias veces, sin respuesta... ¿Cómo habían conseguido ir tan rápido? Claro, ellos tendrían otro transporte aunque cuando la habían atrapado a ella, no habían utilizado nada los muy cerdos, pero quien sabía...

Levantó la vista viendo así el enorme castillo justo frente a ella. Tenía que ser cautelosa por así decirlo, pues había muchos guardias. Por haber ido otra que otra vez, se conocía algún que otro punto negro de los cuales Marta le había informado además, por si algún día quería venir a visitarla a ella, no tener problemas con los brutos de los guardias, así que recordó las instrucciones al pie de la letra y pronto pudo estar frente al salón, al cual entró con un gran portazo. Entró corriendo a éste también y miró directamente hacia el trono. Por inercia comenzó a caminar hacia él, ¿por qué cojones estaba vacío? Sus pasos comenzaron a ser menos rápidos, cada vez más lentos e impotentes mientras sus brazos estaban hacia delante con las manos algo alzadas, pidiendo una explicación a todo aquello. Se quedó de rodillas justo delante del trono con los puños completamente cerrados y la mandíbula totalmente tensa. Su rostro miraba al suelo mientras su corazón iba quebrándose poco a poco... Era como si su corazón se hubiera roto en diez mil pedazos y ahora estuvieran estirpándoselos con una daga muy afilada...

Apoyó las manos en el suelo, haciendo que su cabello se hiciera también hacia delante y tapara levemente su rostro. Había un pequeño tic nervioso en sus ojos, era como si no se pusieran cerrar, pero estaban apunto de echarse a llorar de una maldita vez después de dos años. Sus manos también tenían pequeños espasmos y poco a poco... El enfado fue incrementando... Su cuerpo comenzó a aumentar de temperatura, quizás demasiado y pronto un aura roja apareció alrededor de ella. Cierto es que la primera vez había sido en el baile y no se había dado cuenta pero... Ahora al verse las manos en frente, sí que lo notaba pero.. Ahora le daba exactamente igual, quizás en el fondo lo sabía y no quería reconocerlo, igual que la maldición de ser media felina. El aura comenzó a moverse de forma rápida alrededor de ella y de pronto, una lágirma cayó por su mejilla... Goteando y quedando estampada contra el frío suelo de mármol blanco de aquel castillo. Cerró los puños con fuerza y de pronto, dio un fuerte golpe al suelo tras aullar nuevamente el nombre de su hermana a la vez que daba el golpe. Aunque eso no fue sólo lo que ocurrió... De pronto había aparecido como fuego en el lugar, un pequeño círculo la rodeaba... No obstante, ella estaba con los ojos cerrados mientras lloraba... Y lloraba con los dientes totalmente apretados de la rabia.


- Gilgamesh... - susurró - Te.. Mataré...


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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Firenze el Jue Mar 10, 2011 1:47 pm

No tenía ni idea de qué había ocurrido exactamente, lo único que sabía con certeza es que tenía que alcanzarla, calmarla, consolarla si era necesario. No me detuve a pensar lo extraño que sonaba aquel término referido a ella, no era la típica persona que pareciese necesitar consuelo pero algo me decía que lo que había ocurrido rompería todos mis esquemas. Apreté los dientes con fuerza y con ello el paso, no importaba cuan ágil y rápido corriese, el tiempo que había tardado en emprender la persecución valía su peso en oro, era más ligera de lo que pensaba y si no fuese por su aroma tal vez la hubiese perdido ya que no había indicios de su melena de fuego.

Me paré un segundo sobre los húmedos adoquines, mirando a un lado y otro en las callejuelas, alzando la cabeza para husmear discretamente el aire tan contaminado por los preparativos para la fiesta. El humo de los hornos, las ingentes cantidades de flores, cerveza y la gente en general, era como aspirar fango, el aire estaba cargado y denso pero... la suya era una nota inigualable a mis sentidos. En cuanto la localicé salí corriendo de nuevo, con un ritmo totalmente canino más rápido de lo habitual incluso ya que ahora todas las calles y avenidas parecían desiertas, fuera del ruido ya un tanto distante de la plaza no se escuchaba un alma, todas las casas parecían vacías, algún que otro mendigo se arremolinaba en un rincón y un par de gatos tentaron con distraerme, pero ningún otro transeúnte.

“Leonna”, lo había dicho con una claridad absoluta, el eco de este nombre también fue pista para seguir a la zaga e incluso alcanzar a ver el resplandor flamígero que desprendía una melena bien parecida al doblar la esquina. Ahí estaba, apresuré más la loca carrera en la que la había perseguido sin darme realmente cuenta de por donde iba, de ahí que al doblar la misma calle que había hecho ella es normal que me quedase congelado mirando de abajo a arriba el imponente edificio real... ¿Palacio? ¿Qué demonios tendría que arreglar ahí y más a estas horas? ¿Quién era Leonna? ¿Cómo cuadraba en todo esto...? Me rasqué la nuca un segundo frunciendo levemente el ceño, aquel era un movimiento que pensarse, por mucho que esa gata de cabellos de fuego me llevase de cabeza entrar a palacio podía hacerme perderla literalmente. Además, ella no quería mi presencia ni había solicitado mi ayuda, algo que tampoco podía brindarle ya que por otro lado tampoco tenía la menor idea de qué ocurría pero... Arf, sabía que acabaría haciéndola. Por alguna extraña razón que tampoco me quería detener a analizar en esos momentos tenía la necesidad de saberla a salvo, un instinto muy distinto al de un mero sirviente. Uno... en fin, de nombre impronunciable.

En el breve lapso de duda que me había movido pude ver como las puertas se cerraban. ¿Y había entrado? ¿Cómo lo había hecho tan fácil? Bueno, tal vez no fuese la primera vez que iba, puede que incluso tuviese que tratar algún tema con algún cortesano o su mismísima alteza, aunque de ser así mi error solo se multiplicaba. Y era extraño que lo fuese a solucionar tan repentinamente y en aquel estado. No, no era nada oficial de eso estaba seguro, ella no estaba bien. Tenía que entrar.

Me acerqué a un ritmo tranquilo, cubriéndome la cabeza con la capucha del capote bajando las orejas para que quedasen disimuladas al igual que la cola, bajando la cabeza. Los guardias parecían más interesados en su charla y los dados que en mi presencia, aunque cuando me acerqué pusieron su pose más marcial y me escrutaron con una clara señal de alto. Cerré los ojos tomando aire y... los abrí de golpe alzando la mirada quedando esta clavada en los ojos de uno de ellos. Podía sentir como su rostro cambiaba de expresión hacia la duda, y mirada de reojo a su acompañante que tras fijar sus ojos en los míos movió la cabeza de un lado a otro como queriendo buscar una respuesta cercana o alguien que lo explicase.

- Disculpad las molestias pero... debería entrar. Debo entrar. - pronuncié despacio, dejando la aterciopelada nota grave en cada palabra, dejando que fluyesen hasta los oídos de ambos hombres que ahora roto el primer contacto visual bajaban la mirada a mis labios. - Se trata de algo importante, sé que lo comprendéis y me dejaréis entrar... ¿verdad? No será necesario reportarlo a nadie... después de todo, soy un simple sirviente.

Una vez más sentí el característico cosquilleo que parecía unirnos de forma invisible, obligando a sus cabezas a asentir aunque ni tan siquiera ellos supiesen muy bien el como habían llegado a la conclusión de obedecer. Sentían que estaba bien, aunque no supiesen por qué. Yo sí. Porque... Deo dixit. Debía entrar. Sin más demora.

No esperé a que terminasen de pensar en nada, ni tan siquiera al descruce total de alabardas para colarme hacia adentro, dejando a ambos hombres un tanto anonadados y apagados, planteándose tal vez si seguir con su juego. Lo más probable, es que ni me recordasen en un par de horas. El rastro de Ghatta era claro, las estancias de palacio estaban en mejores condiciones que la calle así que su olor era más definido y persistente. Cual fue mi sorpresa cuando este me llevó directo al salón del trono, a pesar de que la duda me mordió unos segundos me asomé finalmente apoyándome en el marco de la puerta. Estaba totalmente vacía, no había rey, ni séquito, ni guardias, ni tan siquiera luces. Solo ella. Mi gata de cabellos de fuego arrodillada frente al trono vacío como una tea a punto de apagarse. El aliento se me congeló mientras sentía un nudo en la garganta, no sabía qué pasaba exactamente, ni si era por instinto pero... la empatía hacía que me sintiese increíblemente pequeño a su lado. Suspiré bajito, como para no romper el momento y me acerqué, despacio, viendo como su cuerpo empezaba a... ser envuelto por una extraña luz. Dejé que la capucha cayese alzando las orejas con sorpresa, ¿qué se suponía que era aquello? Distaba de ser normal, eso desde luego, es más, desprendía... Calor, en un parpadeo su voz se rompía mientras una llamarada surgía a su alrededor como un círculo perfecto.

- ¡Ghatta! - Exclamé de forma casi inconsciente, acercándome los pasos que todavía me separaban de ella, saltando la barrera de fuego que la rodeaba para quedar junto a ella, a la distancia precisa para no acabar envuelto en llamas por una razón muy distinta. La tomé por los hombros, queriendo alzarla para apartarla del fuego aunque este parecía no importarle, de hecho ni siquiera parecía ser consiente... En cuanto a sus conjuras ya tendría unas palabras con ella, lo primero era salir de ahí, pero tampoco quería llevarla en aquel estado de shock. ¿Por qué su piel... también quemaba?

- Ghatta por favor...
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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Ghatta el Jue Mar 10, 2011 2:05 pm

Lloraba y seguía llorando.. Había roto la promesa de no llorar jamás hasta que Leonna volviese... Aunque técnicamente, lo había hecho sólo que aún y para su desgracia no había podido estrecharle contra sus brazos y decirle lo mucho que la quería y había echado de menos. Allí seguía pues, con los puños empotrados contra el suelo, con la cabeza agachada, con el llanto en el corazón, con lal respiración agitada,c on el pelo cubriéndole parte de su rostro... No podía, no podía creérselo simplemente. ¿Cómo era posible que hubiese pasado algo así? ¿Qué clase de cabrón haría algo así? Tenía que haber una explicación razonable aunque ahora, la ladrona no estaba como para estar razonando, ella quería una explicación fácil y clara y como no la iba a obtener... Se hacía sus propias conclusiones y la única que estaba clara, era el deseo de asfixiar al rey con sus propias manos y ordenarle que le dijera donde estaba su hermana y qué cojones había hecho con ella. No podía evitar sentirse totalmente desgraciada... Después de tanto tiempo sin ver a su hermana y ¡le era arrebatada de esta manera! No podía permitirlo, simplemente no podía.

De pronto sus ojos se abrieron de golpe al escuchar un grito. Un grito que había pronunciado su nombre. Le hubiera gustado que fuera Gilgamesh, para girarse y directamente asestarle un golpe nada más acercarse a él, pero no, él no conocía su nombre y uno de los pocos que lo hacía era Firenze y sabía que era él por su voz, la había reconocido al instante, por muy cabreada que estuviese. ¿Qué hacía ahí? ¿Por qué le había seguido? Su corazón palpitaba cabreado y nervioso a la vez, eran sentimientos totalmente mezclados ahora mismo y no sabía cual era el que predominaba... Seguramente, el del odio.

Cuando el contacto en sus hombros fue evidente, la ladrona comenzó a darse cuenta de la situación y se quedó algo alarmada. Al Firenze alzarla, se había dado cuenta del pequeño muro de fuego en el cual estaban los dos metidos, un círculo casi perfecto. ¿De dónde había salido eso? Miró sus manos durante unos segundos viendo que estaban algo rojas y pronto, había comenzado a sudar. No por el calor que desprendía el propio fuego, sino por su propio calor corporal.


- Ghatta por favor...

Otra vez, otra pequeña sacudida que hiciera que volviese al mundo real. Se puso en pie y giró la vista hacia Firenze. Unos ojos totalmente rojos por haber llorado aunque con una pupila algo más iluminada, quizás mucho más naranja que nunca. Una nariz también roja y unas mejillas sonrojadas, un ceño fruncido y un sentimiento de desesperación que podría inundar cualquier luegar. Sus piernas flaquearon durante un instante, haciendo a la chica caer hacia delante y pegar la mejilla en el pecho del chico, quedando su vista fija en el fuego. Todo le estaba superando, todo le estaba superando demasiado... Había gastado demasiada energía tanto en correr como una loca, como en golpes y lo más importante, su elemento oculto del cual no tenía conocimiento hasta ese precioso instante, aunque ya lo pensaría más tarde.

Susurró unas palabras que seguramente, Firenze no hubiese alcanzado a oir... Era un especie de "lo siento" tras el cual el cuerpo de Ghatta había perdido toda su fuerza por completo, quedando así desmayada.


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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Firenze el Dom Mar 20, 2011 5:55 pm

El crepitar de las llamas inundaba mis oídos, el humo empezaba a ser sofocante para mí, sabía que parte de mis ropajes se habían chamuscado un poco al entrar en el círculo y en general estaba agobiado. Pero... tal vez no fuese solo por el círculo ígneo que nos apresaba, era por ella, por su extraña relación con aquel incendio, por sus lágrimas, esa mirada enrojecida por ellas me había quebrado por dentro literalmente, tan poderosa y frágil a la vez, voluble como una llama inquieta danzando indecisa sobre las brasas.

La estreché contra mí en cuanto pareció medio desfallecer, al instante comprobé si respiraba o era a causa del humo pero parecía estar bien por ahora. ¿Puro agotamiento? ¿Decepción? El dolor vibraba por cada poro de su piel, desde que abandonamos de forma precipitada la fiesta de San Valentín había notado la necesidad de protegerla y ahora sabía por qué era. “Leonna” ¿Era esa la clave? Dudaba que ella me lo fuese a responder aun si estuviese consciente, todo lo contrario, lo más seguro es que se cerrase en banda o se molestase porque me metiese en su vida... De todos modos, lo acabaría descubriendo, porque... por una extraña razón que no quería ni pensar ella me importaba, más de lo debido sobretodo para un sirviente.

Apreté los dientes maldiciéndome a mí mismo, no era el momento para pensar en ello, siempre había confiado en las diosas después de todo, y sería bastante irónico que justo en el momento en el que quería quedarme alguien viniese a reclamar mis servicios. Unas palabras casi furtivas llegaron a mis oídos, y mientras su mejilla y por ende su cuerpo acababa recostado en el mío la estreché con fuerza, bajando mis labios hasta su frente, sin buscar por qué esa vez...

Quemaba, podía notar como su piel ardía contra mis labios y mi mejilla, era como besar un cuchillo tras estar a pleno sol en Agosto, y fue precisamente el burbujeante dolor el que me hizo apartar los labios. Tal fiebre sobraba decir que no era normal, más cuando el resto de ella parecía estar... bien. O todo lo bien que podía contando sus circunstancias.

Una voz de alarma me hizo salir de golpe de mis pensamientos, el fuego se había expandido y como no los guardias vendrían en breve alertados por las llamas. Me mordí el labio, había que ser rápidos, tras echarme la capucha encima y hacer lo mismo con la de Ghatta la envolví tomándola en brazos para saltar una vez más entre las llamas. Pude notar el agudo escozor en la piel de mis dedos, pero no había tiempo para minucias, en un par de zancadas estaba cruzando la puerta dejando a un anonadado guardia mirando la estela de la capa que se perdía escaleras abajo. Un grito, esta vez no era de atención sino una orden, una hacia nosotros. ¿Culpables del fuego? Bueno, en cierto modo podía pero... Arf! No había tiempo para tonterías, salté por el hueco de las escaleras en la rápida carrera, cortando el aire con un sonido silbante para aterrizar con inhumana suavidad dos pisos más abajo. Un leve crack, nada por lo que preocuparse, mis músculos y articulaciones caninas habían respondido bien al sobreesfuerzo, y tan pronto como había pasado la energía me impulsé en una feroz carrera que acabó con una figura atravesando una ventana abierta.

Por ventura el fuego era el principal foco de preocupación, todo el castillo parecía más bien centrado en la sala del trono. Suspiré con cierto alivio, escabulléndome como buen rastreador por las sombras de los jardines para colarme por la primera rendija... y poner rumbo a su casa.
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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Ghatta el Dom Mar 20, 2011 6:23 pm

No era consciente de nada ahora mismo. Su cuerpo había hecho demasiado esfuerzo y ahora estaba preso por el agotamiento y por ello, Ghatta se había desmayado. Sin embargo era como si todos sus sentidos o parte de ellos siguieran todavía activos y por ello había sentido una suave presión en su frente que le hizo mover suavemente ésta, como creando pequeña arrugas de la impresión aunque pronto dejó de moverse. Sin saberlo, ahora estaba entre los brazos de Firenze quien a toda prisa la sacaba de aquel lugar sin pensárselo demasiado vamos, era normal. Escuchaba sin darse cuenta unos pasos corriendo y luego caminando a toda prisa... ¿A dónde irían? Lo veía todo demasiado negro o más bien no veía absolutamente nada. En ese estado de desmayo, su mente trabaja a una rápida velocidad haciendo que el agotamiento fuera mayor y por ellos sus ojos no quisieran abrirse de momento o simplemente no tuviesen fuerzas para ello. Sentía su cuerpo arder, quemar... Altas temperaturas para ella. Le había pasado antes pero siempre se había creído una chica de fiebres altas... Una vez le ocurrió eso y tras ir al médico, éste salió confuso y algo deprimido por no saber qué demonios tenía Ghatta encima como enfermedad... No era una enfermedad, era un elemento interno y oculto, muy oculto para ella y que ahora estaba intentando salir a la luz poco a poco.

Su cuerpo aún seguía muy débil pero poco a poco, sus ojos se fueron abriendo lentamente, viendo primeramente los ropajes del chico. ¿De quién? Levantó la vista... Ah, ya recordaba un poco.. Una punzada atravesó su mente y corazón al comenzar a recordarlo todo. Fuego, desesperación y tristeza. Quizás esas palabras lo resumían. Recordaba a Firenze yéndola a buscar, susurrando su nombre y ella cayendo de bruces por el desmayo. Su cuerpo no tenía fuerza como para aún articular palabra y sus ojos se medio entrecerraban. Su respiración era lenta, quizás demasiada lenta. Se pasó la lengua por sus labios secos y entonces volvió a abrir los ojos con algo más de firmeza... Una mano se agarró de la camisa de Firenze haciéndole así darse cuenta de que Ghatta estaba reaccionando. Su calor corporal había descendido a medida que el chico caminaba, de forma considerable como si de pronto, alguien hubiera pulsado un especie de botón.

Levantó la vista hasta encontrarse a los ojos bicolor del chico y entonces, recordó más cosas. Su hermana... ¡Había visto a su hermana! Debía ir a buscarla al calabozo del castillo, quizás estuviese ahí. Aunque ahora mismo, era un poco locura volver al castillo en busca de respuetas pues, estaba rodeado de guardias por todos lados y sería un suicido volver, a menos que quisiera ser capturada. Aún así su cabezonería no la iba a dejar muy tranquila y por ello, intentó indicarle con la mirada hacia un lado, al chico, que la bajara que ella ya podía caminar por si sola... Aunque, como estaba seguramente éste no la dejaría.

-
Tengo que volver... Ella está allí, déjame volver.

Su voz sonaba desesperada y su mirada era más de cabezota que de cualquier cosa, aunque de verdad sus ojos ahora mismo estaban suplicando.


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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Firenze el Vie Mar 25, 2011 12:24 pm

El barullo creado en el castillo no había tardado en llegar a las calles, aquellos que habían vuelto relativamente pronto de la fiesta de San Valentín salían de sus casas o se asomaban por las ventanas curiosos y confundidos, seguramente hacía años que el palacio no lucía tan ajetreado y menos por algo tan alarmante. Apreté los dientes, seguro que se empezaba a rumorear sobre traición o conjuras contra el rey, seguramente un cabeza de turco acabaría en el patíbulo para dar la falsa sensación de paz y seguridad a los habitantes del reino o cualquier tetra cortesana por el estilo. Suspiré, colándome con disimulo por las callejuelas más recónditas, aunque supusiesen cierto rodeo sería lo mejor, no era cauto frecuentar las calles principales esa noche, de hecho era más que posible que se empezasen a montar patrullas y demás.

Apreté un poco más el cuerpo de Ghatta, la situación me estaba poniendo nervioso y eso no terminaba de ser fácil. Aunque bueno, bien visto yo siempre había evitado los problemas si era posible, dejando pasar el asunto siempre y cuando no me salpicase demasiado y tampoco crease un mal mayor. Suspiré, en tres días en la capital había envejecido más que en los últimos treinta años, me planteé por unos momentos la idea de irme de allí, a algún pueblecito costero a disfrutar de un trabajo mal pagado pero tranquilo a la orilla del mar. Instintivamente mis ojos se desviaron a la figura inconsciente de la pelinaranja... Por todas las diosas, como si pudiese moverme de aquella dichosa ciudad.

Su mano apretó mi camisa, más bien enredándose en la tela para dejar que su peso hiciese el trabajo del tirón. Le dejé tiempo a que enfocase su vista en la mía, consciente de que ahora mismo era bastante más fría y un tanto refulgente bajo la sombra que la capucha proyectaba sobre mi rostro. No aminoré el paso, menos el agarre, no tenía la menor intención de dejarla ir ni darle la opción a salir corriendo aunque... bueno, en su estado tampoco es que fuese a llegar muy lejos.

- Volveremos a por ella si insistes, pero no ahora. No esta noche. - Alegué firme, volviendo a desviar la mirada hacia el sombrío camino, frunciendo un poco el ceño mientras apretaba la mandíbula. ¿Estaba completamente loca? Apenas barajaba la posibilidad de llegar a su casa de una pieza como para volver a la colmena enfurecida que era ahora el palacio. Leonna... tenía que ser realmente importante para ella, pero Ghatta era lo primero para mí.

No había discusión posible. No pararía.
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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Ghatta el Vie Mar 25, 2011 6:22 pm

Firenze no sólo la miraba de forma distinta, sino que se había aferrado aún más a ella, dándole a entender que no la iba a soltar por nada del mundo... O de eso daba la impresión. Ghatta frunció el ceño pero pronto suspiró por casi el sobreesfuerzo que eso le supuso, alterarse no iba a ser la solución. Escuchó las palabras del chico y desvió la vista. Éste seguía caminando entre los callejones, pero ella se los conocía muy bien y si no se equivocaba, había un camino seguro por esos callejones hasta la propia casa de Ghatta, aunque aún quedaba un ratillo para llegar y como la ladrona pesaba aunque sea un poco, el paso del chico sería más lento o por lo menos eso esperaba la chica de cabellos anaranjados.

Ghatta había desviado la vista hacia otra parte, pero su corazón no podía dejar de pensar en su hermana y nada más que su hermana. ¿Dónde estaría? ¿Estaría cautiva? ¿Estaría sana y a salvo? No dudaba de la capacidad de Leonna, no dudaba de su saber defenderse pero.. Toda precaución contra el rey era poca, y era imposible no desconfiar ante el poder del rey y la capacidad para defenderse de su hermana, en ese caso. Sus ojos seguían abiertos y una fuerza interior comenzaba a emanar de ella pero no podía sacarla del todo. ¿Por qué estaba tan agotada? Quería recordar todo lo ocurrido pero sólo recordaba su furia, sus lágrimas, sus puños clavados en el suelo como dos dagas afiladas y calor... Mucho calor a su alrededor. ¿Fuego? ¿Otra vez esa sensación? No.. No había sido sólo una sensación era un hecho.. ¿Desde...? ¿Desde cuando ella..? No, no lo sabía, no podía ser... Ya tenía bastante con lo de mujer-gata para ahora, para ahora esto.

Volvió a desviar su vista hacia Firenze y entonces sus ojos volvieron a humedecerse con la sola idea de recordar a su hermana, pero evitó llorar, sus ojos sólo estarían brillantes y nada más, como si una luz estuviera apuntándola de forma directa a aquellas orbes de color miel.


- Gracias... Y-Yo...

Sabía de sobra que el chico la había sacado de allí, que la había seguido hasta el castillo.. ¿Por qué lo había hecho? A veces pensaba que todos los tíos eran exactamente iguales, pero le fastidiaba sobremanera que de pronto, no fuera así y que todo lo que había creído durante bastante tiempo, se disipara con una sola buena acción. Suspiró nuevamente y cerró los ojos tras sus palabras. No iba a insistir en eso de soltarse porque por la mirada que tenía el chico y su decisión en agarrarle de aquella manera, quedaba claro que, no iba a dejar que volviese al castillo, por lo menos no aquella noche, tal y como había dicho él en sus anteriores palabras.


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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Firenze el Mar Mar 29, 2011 5:29 pm

Poco a poco mis pasos se serenaron, como si estuviésemos dando un desinteresado paseo más que una fuga de palacio tras casi ponerlo a arder. Escuchaba el ajetreo, las pesadas botas y el retintineo de las armaduras, los focos lejanos de las patrullas y algún que otro grito lejano de sorpresa. Pero aun así... era como si todo resonase en un lejano eco submarino. Estábamos aparte, lejos de ellos, sumidos en la oscura burbuja de falsa protección que nos daban los sitios casi inaccesibles. Pese al paso relativamente lento me sentía cómodo, moviéndome con fluidez entre cajas, muretes y alguna pequeña escalada de apenas un par de pasos, como... Como se movería un perro callejero.

Sonreí para mí mismo cuando frunció el ceño, ese gesto tan leve y titánico por esta vez le quedaba sorprendentemente bien a la pelinaranja, que lejos de afearla o transmitir verdadera fiereza le daba un toque muy suyo, muy Ghatta, ese "algo" a lo que me había acostumbrado a una pasmosa velocidad. Suavicé mi mirada en cuanto vi como brillaban sus ojos, no lloraría, no se lo permitiría pero... las ganas estaban ahí de forma indudable. Me removí un poco, no quería verle llorar, y ella tampoco querría hacerlo delante mío pero se veía que lo necesitaba.

- Gracias... Y-Yo...

Sin mediar palabra acerqué mi rostro al suyo en una fracción de segundo... para coger con los dientes el filo de su capucha y dar un tirón repentino, de modo que esta le cubría hasta prácticamente la boca. No dije nada, ni emití sonido alguno, solo la estreché un poco más intentando darle ese calor que lejos de sus excesos incendiarios parecía necesitar esa noche. Que niña era todavía... o qué mujer, el caso es que no sabía como no me había percatado antes. En mis brazos esa frágil figurilla se me antojó mucho más pequeña de lo normal.

- Tú... eres la no-cita más problemática que he tenido en San Valentín - murmuré con voz grave, suave, más pausada y confidente de lo normal. No usaría mi habilidad para alterar su ánimo, pero si por lo menos conseguía darle una breve pausa de paz a su corazón me daba por satisfecho. Mantuve la mirada al frente todo el trayecto, confiándole ese pequeño espacio de intimidad que había surgido entre su capucha y mi pecho. Su cuerpo todavía transmitía calor, pero ya no era tan ardiente como cuando la había cogido por los hombros... Me humedecí el labio notando la pequeña ampolla que había surgido por la quemazón, consciente que del mismo contacto había surgido la molestia de mis manos, posiblemente surcadas de las pequeñas pompitas de una quemadura. Ese "calor" no había sido fiebre, había sido puro fuego... y tanto el rey como la tal Leonna tendrían algo que ver.

La cuestión era que no quería preguntar, no era el momento. Además... un simple sirviente no se podía conceder esos aires.
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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Ghatta el Miér Mar 30, 2011 3:29 pm

El gesto repentino de Firenze provocó que Ghatta frunciera un poco el ceño aunque divertida por la situación y pronto apartara la capucha de su rostro, aunque lo hizo un tanto brusco por lo que la capucha cayó suavemente hacia detrás, dejando el rostro de la ladrona al descubierto. Miró a Firenze durante unos segundos y entonces negó con la cabeza y suspiró pero, totalmente amistoso. Ghatta seguía entre los brazos del chico y eso le ponía algo nerviosa, la verdad es que no le gustaba ser una carga para los demás y aunque cierto es que estaba muy débil, su orgullo seguramente la haría caminar costara lo que le costase. Si, siempre había sido muy orgullosa en general, nunca dejaba que nadie ni nada hiciera algo por ella pues se sentía incluso, infravalorada a veces pero... Había veces como esta, que se daba cuenta de que en realidad es que le daba corte, aunque también dependía de la persona que le hiciera el favor por supuesto... Alguien como Firenze, alguien como este chucho que a veces le sacaba de quicio con sus bromas e intentos de molestarla... Le ponía nerviosa.

- Tú... eres la no-cita más problemática que he tenido en San Valentín.

Sus palabras provocaron que Ghatta volviese a mirar a aquel chico con orejas de perro. ¿N-No cita? Por una parte había sentido vergüenza pero por otra.. Le había hecho gracia. Lo cierto es que nunca había celebrado el día de San Valentín con nadie en estos dos últimos años en los que su hermana estaba desaparecida pues normalmente, siempre intentaba hacer algún que otro pastel.. Y hablando de pasteles ¿qué habría pasado con el que había hecho junto a Firenze? Seguramente otra pareja se lo habría comido... Bueno, se lo recompensaría algún día de alguna forma.

- ¡P-Pues tú...! ¡Eres el chico-perro más raro q-que he conocido! - dijo entonces, como respuesta - Aunque... Creo que con esa descripción, sólo te conozco a ti.

Rió ligeramente y se llevó una mano al mentón para luego llevársela a sus labios por la pequeña risa repentina seguida de una tos por el esfuerzo. Sí, estaba claro que estaba débil y no podía ocultarlo, por lo menos de momento. Cuando se serenó un poco y Firenze siguió caminando Ghatta le dio un pequeño tirón para llamar su atención. En cuando observó como el chico movía su cuello para luego quedar su rostro mirándola, le hizo un gesto con la cabeza que indicaba que le bajase.

- Ya puedo yo sola... - rectifica, rectifica... - Bueno, ya puedo caminar aunque no estaría mal si recibo un poco de ayuda.

¿A qué le recordaba eso? ¿Quién había llevado a quien así alguna vez? Ah sí claro, la propia Ghatta al chico cuando le llevó al hospital en su momento.


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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Firenze el Lun Abr 04, 2011 5:28 pm

La leve risa que escapó de sus labios me concedió un respiro, aunque no pudiese hacer gran cosa a parte de cargarla ver que podía alejar su mente de aquello era una verdadera bendición. Desvié la mirada hacia un lado con una delicada media sonrisa en los labios, una que se confundía con las sombras que proyectaba la capucha sobre mi rostro, asemejándola a una aparición nocturna. ¿Estaba ahí? Ni yo podría jurarlo... Tal vez porque no sabía si que estuviese era bueno o malo, por una parte una sonrisa siempre me había parecido agradable pero... que la provocase ella con tal facilidad retaba mis nociones de bien y mal. No podía engancharme a nadie, yo me había jurado pertenecer solo a mi dueño, y si ambas figuras estuviesen en peligro no tenía claro en absoluto a cual salvaría primero. ¿Acaso sonaba tan ridículo que repitiese la estupidez de esta noche sacándola de aquella forma de palacio? La respuesta dejó un sabor agridulce en mis labios.

Firenze... ¿qué demonios has hecho?

- ¡P-Pues tú...! ¡Eres el chico-perro más raro q-que he conocido! Aunque... Creo que con esa descripción, sólo te conozco a ti.

- Si lo de raro es por las orejas de perro... ahora es como si no las tuviese. - bromeé con una sonrisa esta vez más clara, no podía llenar mi mente de más preocupaciones y dilemas éticos aquella noche, no cuando me había convertido en un semiprófugo de la justicia por salvar a una chica que apenas conocía, a la cual ya por añadir había perseguido. No, definitivamente, aquella noche me daría más de un disgusto moral, así que más me valía disfrutarla en la forma que pudiese. Volví mi mirada hacia la suya, estirando desafiante la comisura de mis labios, cuestionándome la pregunta en sí. De hecho, no tenía ni la más remota idea de qué le parecería a la pelinaranja además de un traidor molesto que optaba por cruzarse en su camino cada dos por tres.

Su tos me preocupó un poco, provocando que frunciese el ceño con su siguiente cuestión. ¿Andar? ¿Así? Ni en broma. Pero tenía que admitir que esa rectificación me arrancó un suspiro que no llegó a ver la luz. Vaya sorpresa, su amabilidad era tres veces más dulce que lo amargo de sus puyas.

- Tú me cargaste con una carretilla, deja que esta vez sea yo el que te lleve en brazos. Es lo menos que un sirviente puede hacer... - sin detener el paso, solo realentizándolo un poco más de lo necesario me quedé mirando esos ojos miel tan eclipsantes. Sin pensar, sin querer, sin saber como... acabamos al cobijo de un sombrío portal, detenidos bajo lo que podían ser quinientas excusas racionales, y solo una verdad que jamás aceptaría esa misma razón.

Ghatta... ¿Por qué tienes que ser tan tú...?
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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Ghatta el Lun Abr 04, 2011 5:45 pm

Era cierto. Ahora con la capucha no parecía tanto... Pero ella sabía de sobra que seguía teniendo esas orejas marrones, esas orejas que una vez un pequeña niña había manoseado, dejándole claro a Ghatta que Firenze no era mala persona en sí, y ya había quedado más que demostrado. Lo cierto es que en ese momento, le había parecido alguien bastante dulce y la verdad es que la niña se había quedado muy contenta. ¿Y ella? ¿Y la propia Ghatta? ¿Algún día sería como él? ¿Alguien algún día querría tocar de esa manera sus orejas? ¡No! Debía ser un secreto.. Entre comillas. Nadie podía saberlo, era algo vergonzoso para ella, pero no por la raza en sí, ella respetaba las razas y desde que se era lo que era, pues más todavía, sino porque.. Ella misma, se veía muy ridícula, le daba una pinta que no era nada acorde a su personalidad y eso le daba vergüenza, siempre acababa sonrojada cuando se veía frente a un espejo con colmillos, orejas y cola larga de gato.

- Tú me cargaste con una carretilla, deja que esta vez sea yo el que te lleve en brazos. Es lo menos que un sirviente puede hacer...

¿S-Sirviente? Y hablando de sonrojarse, no había sido menos en este momento. ¿Por qué había dicho lo de sirviente? Él no era el sirviente de nadie, y menos de Ghatta.... Para ella no era un sirviente y él no debía sentirse como tal. ¿Acaso se sentía usado o algo por el estilo? Ella esperaba que no. Desvió su vista unos instantes y notó el aminoramiento de marcha del chico y aquel umbral. Alzó la vista encontrándose con sus ojos bicolor en aquella pequeña oscuridad que le brindaba la capucha. Se quedó en silencio unos instantes y entonces suspiró para luego alzar su mano mientras negaba con al cabeza... La lazó hasta la propia capucha de Firenze, haciéndola hacia detrás y dejando ver ahora su melena y orejas. Sonrió suavemente y entonces deslizó la mano por inercia por su pelo, por el que llegaba claro y luego la bajó hasta su estómago.

- Tú... T-Tú no eres mi sirviente no seas tonto, eres mi amigo.

¿Amigo? ¿Ella había dicho eso? Sí... En realidad sí. ¿Qué tenía que no podía evitarlo? ¿Qué tenía que no podía evitar confiar en él? Por la palabra, por darse cuenta de cómo había dicho las cosas, volvió a desviar la mirada. Sus palabras habían sonado totalmente sinceras y se notaba que no estaba preparado, las había dicho tal cual iban saliendo de sus labios, de su mente y de su corazón.


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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Firenze el Dom Abr 17, 2011 4:47 pm

Su gesto de asombro no se me escapó, es más, me arrancó una sonrisa suave, casi imperceptible la nota melancólica que la bañó. Bien, era un sirviente y en cierto modo era el camino que yo mismo había elegido, no era hijo de esclavos ni víctima de la guerra, me podía haber dedicado a cientos de oficios diferentes a lo largo de mi vida puesto que había hecho casi de todo, desde herrero pasando por cocinero, jardinero, ayudante de médico y herbolario, jornalero y... bueno, cientos de cosas más, treinta años de trabajo habían dado para mucho. La cuestión, es que pese a haberlo elegido no terminaba de... de... sentirme bien. O bueno, sí, lo había hecho, con unos más y con otros menos pero a fin de cuentas había tenido las cosas claras, me sentía satisfecho con mi vida. Hasta ahora, ¿por qué demonios ya no podía darme por satisfecho? Tendría que aclarar las cosas con las diosas y pedirles un poco de apego más, sus pruebas habían sido justas pero la duda no era algo que pudiese afrontar en ese momento. Jm... no hacía falta que me preguntase la causa, la conocía muy bien.

Miré hacia abajo, fijando mis ojos en los suyos mientras mis orejas se alzaban lentamente, respondiendo involuntariamente a algún ruido que llenaba la calle unos metros más atrás. Podía notar con clínica precisión el trazo que dejaban sus dedos en mi pelo, e intenté prácticamente en vano que no se me erizase el vello de la nuca. Cerré los ojos sin ser consciente de ello, mientras una especie de suspiro salía de mis labios, los cuales torcieron el gesto estirándose en una sonrisa. Aquellas palabras habían sonado tan cálidamente familiares... pese a que una vocecilla rebelde en mi interior rechistaba sin terminar de conformarse. La pincé con los dedos invisibles de la razón y amordacé antes de devolverla cuerpo abajo al fondo de mi subconsciente.

- Me conformo... por ahora. - sonreí mientras maldecía, la vocecilla me había traicionado antes de expirar. Tenía que cambiar de tema lo antes posible, antes de que el rubor aflorase o se hiciese más notable en el caso de que ya se hubiera instaurado incómodamente. Carraspeé un poco, volviendo la cabeza hacia el pálido orbe que iluminaba el despejado cielo nocturno. A decir verdad... no sabía nada de mí, de mi vida, apenas el sitio del cual provenía... No me extrañaba que lo de sirviente le hubiese causado esa reacción.

- Tampoco me importaría serlo en el peor de los buenos casos. - suspiré sin despegar la mirada de la luna - Soy un sirviente, o bueno, ahora mismo no tengo amo pero... tengo el compromiso de encontrar uno. Tal vez para mediados de verano cuando la gente consiga el dinero suficiente con la bonanza de la cosecha y las fiestas estivales atraigan a nobles gentes. Solo las diosas saben cuando... llegarán por mí.

Mi voz se fue apagando poco a poco, dejando tras de sí un sabor amargo. Un amo... seguramente significaría la distancia.
¿Sería el destino lo suficientemente caprichoso como para no despegar mi camino de aquella gata de cabellos de fuego...?
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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Ghatta el Dom Abr 17, 2011 6:57 pm

De mirada aún desviada, Ghatta escuchó la respuesta del chico. ¿Por ahora? ¿A qué se refería con eso? No le dio mucha importancia, aunque como siempre, pasaba de las cosas que realmente sí que la tenían. Ahora estaba descubriendo nuevas cosas sobre él. ¿Un amo? ¿Un sirviente? Espera... ¿Acaso quería él eso? Por lo visto sí ya que le había explicado bastante bien las cosas y además de cuándo seguramente podría encontrar uno. Se quedó un tanto asombrada y entonces levantó la mirada para volver a fijarse en aquellos ojos bicolor que tanto llamaban su atención sin ella darse cuenta. Se quedó mirándole primero fijamente y luego sus ojos menos amarillos que antes se perdieron en los del chico, tanto, que durante unos instantes se quedó así, totalmente en silencio después de que el chico acabara de hablar. Lo cierto es que era un tanto raro pero se había despistado por completo y cuando por fin se dio cuenta, por inercia parpadeó varias veces y luego sólo se le ocurrió como de costumbre, desviar la vista con las mejillas sonrojadas.

¿Entonces Firenze estaba buscando un amo? ¿Y por qué de pronto se preocupaba? No tenía por qué, seguro que estaría bien.. Al fin y al cabo era un perro ¿no? Era su destino. Espera. NO. Claro que no lo era. Que fuera mitad perro lo que fuera que fuese no tenía nada que ver con el destino o chorradas de esas. Le conocía poco pero sentía que sabía ya mucho de él a pesar de en realidad no saber nada y por ello le veía o creía totalmente capacitado para hacer cualquier otra cosa que no fuera tan degradante como ser un sirviente. ¿Y si le trataban mal? ¿Y si abusaban de él?


- ¿De verdad es en eso en lo que te quieres convertir?

Sus palabras habían sonado serias pero algo tristes. Siguió con la mirada desviada, totalmente pensativa y entonces volvió a girar, clavándole aquella mirada ambarina tan característica suya. No parpadeaba, le miraba de forma seria pero a la vez preocupada aunque dudaba que ese sentimiento se viera, aunque quien sabe... Suspiró y entonces le dio un pequeño golpe en la nuca, como echándole la bronca pero a la vez suave, impropio de ella que era muy bruta.

- Estoy segura de que puedes hacer cualquier cosa que te propongas aunque suene muy típico - dijo entonces - Además tienes que tener cuidado si quieres tener un amo. ¿Y si te maltrata? Ya conociste a una persona NO amante de los animales en el mercado... ¿O te has olvidado de ese día?

Un suspiro salió de sus labios. ¿De verdad estaba preocupada por él? Pues sí... ¿Pero por qué? La respuesta estaba claro ¿no? Ella lo había dicho antes.. Era su amigo.


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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Firenze el Vie Mayo 20, 2011 6:48 pm

- ¿De verdad es eso en lo que te quieres convertir...?

Una nota. Fue tan solo una nota en su voz la que dio la vuelta a mi mundo una vez más. La sutil tristeza que las bañaba hizo de pronto la noche más fría, la luna más lejana y mi corazón más candente, pues sentía cada latido martillear con un quejumbroso palpitar cansado y ansioso. Él conocía la respuesta no a sus palabras sino a sus frágiles acordes. Cerré los ojos unos segundos, dejando que la cálida alegría de mis labios se congelase también en ese instante, sin nada que perder por caer unos segundos. Segundos acortados por el impulso de acallar esa tristeza, por hacerle ver que estaría bien, que todo iría perfecto, que no se preocupase por mi si es que lo hacía... Acerqué mi rostro para empujar su frente con la mía suave y así alzarle la cabeza... Pero esta se alzó sola haciendo que nuestras miradas quedasen conectadas a una escasa distancia, una demasiado corta... que aceleró mi oxidado corazón de golpe. Aquella mirada ámbar era una de las razones por las cuales hasta mi fe temblaba. Y yo, estaba dispuesto a...

Me humedecí los labios dispuesto a contestar, entreabriéndolos para hablar con un suave titubeo por la comprometida posición cuando un suave pescozón hizo que la nuca me picase. Fruncí levemente el ceño con una queja inaudible, regresando sin quererlo a una posición más neutral mientras sus palabras volvían a llenar mis oídos. Una suave sonrisa se deslizó por mis labios apenas un par de segundos, estaba preocupada. Por... mí.

Cuando comentó lo del maltrato mis dedos se cerraron suavemente en torno a ella como reflejo. Obviamente ella no se había fijado, como casi nadie, en el entramado de finas líneas blanquecinas que recorrían mi cuerpo, en las fisuras más limpias, los feos cortes y quirúrgicos malentendidos que me habían profesado a lo largo de los años, haciendo de mi cuerpo una extraña composición. Después de todo, era un perro, y como a tal me habían tratado la mayoría de las veces. Pero... ¿qué sentido tenía relatarle las situaciones denigrantes que me habían hecho pasar? ¿Hacerle sabedora de los caprichos de mis dueñas, los golpes de sus maridos, y demás pantomima? Apreté los labios dejando que fuesen una tensa línea mientras un suspiro hinchaba mi pecho con calma antes de desaparecer inaudible... Fruncí suavemente el ceño mientras besaba su frente sin pensarlo, volviendo todo ese torbellino garganta abajo e intentaba que mis dedos volviesen a calmarse... En general, me había puesto tenso. No todos mis dueños me habían tratado mal pero... la mera idea de volver a juntarme con alguno como los que sí, y estar tan estrechamente ligado a su voluntad me inquietaba sumamente. Aunque no más que alejarme de ella.

- Jamás podría olvidar ese día. - Jamás podría olvidarte...

No sé cuanto tiempo pasé perdido en sus ojos, escuchando tan solo el rascar de las ratas por las esquinas del callejón y el brisa nocturna colándose por los desvencijados póstigos de nuestro refugio.

- La vida de sirviente... es lo único que he conocido. Es lo que me salvó, ¿qué menos que devolverle el gesto a la vida entregándome...? Pocas cosas hay que un perro pueda dar... menos que le quieran ofrecer. Aunque... si encontrase una sola razón para quedarme... no dudes que lo haría. -susurré despacio, sin ser totalmente dueño de mis palabras, siguiendo más bien ese impulso frenético que desataba mi lengua.- Algo extraño ocurre cuando una fuerza imparable se encuentra con algo inamovible...

Una suave sonrisa se estiró en mis comisuras, mientras los minutos se suicidaban sin pesar en aquella mirada poseedora de una vida misma para no romperse si así lo deseásemos. Porque ella no conocía su fuerza... porque no conocía, que era mi razón...


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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Ghatta el Sáb Mayo 21, 2011 1:00 pm

¿Jamás podría olvidar ese día? Por alguna razón sentía que Firenze siempre tenía la frase perfecta para cada momento o por lo menos, la frase más adecuada para todo... Tenía un don de la palabra realmente fácil mientras que a ella le costaba horrores y siempre hablaba a tropezones y con nervios por todos lados, eso si no estaba enfadada. Escuchó sus palabras y volvió a sorprenderse. ¿De verdad...? ¿De verdad sólo había sido sirviente en toda su vida? No podía ser.. Alguien como él. Aunque, eso le recordaba a ella.. Durante toda su vida no había sido otra cosa que una sucia ladrona, y aunque no robaba cosas de valor sino más bien comida, hubo un tiempo en el que sí que robaba objetos pero únicamente para venderlos y poder seguir conservando su hogar... Eso sí, había que reconocer que alguna vez que otra robaba por puro vicio y por sentir ese hormigueo recorrer su espina dorsal al cometer una infracción por la cual luego tendría que pegarse la gran carrera de su vida... ¡Pero no era lo mismo! Ella estaba segura de que él no disfrutaba con su trabajo, claro que habría algún que otro momento bueno pero, estaba segura de que la vida le había tratado realmente mal. ¿Y por qué entonces se planteaba la mera idea de volver a ser la mascota de alguien? Y sí, genial, era un perro y no todo el mundo era igual pero... Pero...

- ¡Pero hay más trabajos! - dijo entonces para luego hacer una pequeña mueca por haberse exaltado de pronto así -
E-Es decir.. No sólo eres un perro, eres mucho más.. Es como yo.

¡Mierda! No, ¿qué haces? La ladrona se alteró en ese momento. ¿Como ella? ¿Cómo ella? ¿Por qué había dicho eso? Tenía que solucionarlo como fuese, pero ahora mismo.

- Y-Yo no soy solo una chica sin modales y ladrona.. Sé que puedo trabajar en lo que quiera y no tienen por qué hacerme daño. Tu has lo mismo, podrías llegar a ser un perfecto perro guardián y nadie tendría por qué maltratarte.. Por ejemplo..

Un suspiro salió de sus labios.

- Algo me dice que no me harás ni puto caso.. - rió suavemente, como cansada.


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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Firenze el Sáb Mayo 21, 2011 1:56 pm

Su exclamación me hizo dar un pequeño bote irguiéndome recto, mientras alzaba las orejas atento a cualquier posible ruido que delatase que nos habían escuchado. Giré la mirada clavando mis ojos en la oscuridad reinante, arrugando levemente la nariz al tiempo que las luces se encendían proyectando un fina línea anaranjada contra el muro de enfrente por encima de nuestras cabezas. Moví las orejas suavemente, de forma inconsciente mientras una maldición se congelaba en mi boca y me apretaba contra su cuerpo en el portal, al leve amparo de la sombra. ¿Cómo podía haber sido tan imprudente de quedarme quieto en un mismo lugar? Moverse todo el rato era la máxima para las huidas como aquellas, y ahora estábamos en cierto modo entre la espada y la pared. Podría salir corriendo, pero no era lo más recomendable tan cerca de su casa, no quería que las redadas se hiciesen frecuentes en su zona más sabiendo su oficio. No, definitivamente no podíamos hacerlo, y que justamente dos sospechosos se alejasen de una zona de alerta tampoco era una opción alentadora. Me mordí el labio...

- Espero que tengas una ganzúa a mano - dije sin más preámbulos en un rápido susurro, pues los pasos de la guardia real ya atormentaban mis oídos con todas esas voces y tintineos, una patrulla a la que ya habíamos dado de lado habían vuelto atrás seguramente alertados por las luces y nuestras voces, o las protestas de los vecinos. Parecía que toda la ciudad se había puesto en tensión, y es que las alarmas de palacio no era algo que se pudiese eludir tan fácilmente, su cometido era que toda la capital se enterase, y así parecía haberlo hecho. Pegué su espalda a la puerta justo por encima de la manilla, dejándola al alcance de su mano mientras mi cuerpo la cubría... de una forma un tanto distinta, menos cuidadosa y más... varonil, mientras mi frente chocaba con la suya dejando nuestros labios a milímetros. Cerré los ojos unos segundos mientras un fuerte rubor llenaba mis mejillas, haciendo que agradeciese una vez más la oscuridad, su olor, el roce de su aliento sobre mi boca y seguramente tener su mirada clavada en mi no ayudaban a que me calmase. Menos sintiendo las ganas que tenía de...

Un fogonazo de luz inundó el callejón a nuestras espaldas, las antorchas comenzaban a asomar y el ritmo había bajado al de una simple patrulla. Hice como si no hubiese sentido nada aunque tras los párpados me ardían las pupilas, era hipersensible a todo eso, así que agradecí estar parcialmente apoyando en la puerta. No había habido tiempo a explicar la tetra pero a estas alturas seguro que Ghatta ya había captado perfectamente la idea. Supe que los guardias nos miraban, en poco nos escucharían así que... dejé que una cálida e íntima risa escapase de mis labios, la propia de cualquier flirteo de noche... mientras presionaba mis labios en su barbilla. Y mentalmente, rezaba todo lo que conocía a las diosas, jugándomela a las reacciones tanto de ella como de ellos.

- Mi amor, abre ya la puerta... - susurré conscientemente alto como para que lo escuchasen los primeros de la comitiva, ya cerca de mi espalda. Mientras notaba una pesada mano enfundada en un guantelete aplastando mi hombro.

- Pareja, esta no es noche para estar afuera. ¿O acaso os habéis equivocado de portal...?

Lo supe al instante, era una amenaza.
Por todas las diosas Ghatta, corre.
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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Ghatta el Sáb Mayo 21, 2011 2:34 pm

¿G-Ganzúa? ¿A qué venía ese cambia de tema radical? ¿Acaso se quería librar de la bronca? ¡Pues no señorito..! Sin embargo, los pensamientos de la ladrona se cortaron de forma casi directa cuando éste la medio empotró contra una puerta, dejándola muy cerca de la cerradura, algo que coincidía con lo que había dicho de la ganzúa. ¿P-Pero..? La chica de cabellos anarajados alzó las cejas y sintió como sus mejillas comenzaban a arderle en el momento en el que Firenze había acortado distancias, pegándose bastante a ella y además, mirándole de aquella forma en la oscuridad. Sí, Ghatta también estaba oyendo los pasos de los guardias, oía la cercanía en la que estaban y sabía calcular hasta a qué distancia estaban por la costumbre de huir por los callejones cuando robaba algo pero.. No podía concentrarse ahora mismo.. Estaba demasiado cerca. Y para más inri el chico perro había juntado sus labios con la barbilla de la chica y de forma fuerte. El corazón de Ghatta no podía estar más nervioso, latiendo a mil por hora o más. Por una inercia, iba a apatarle de ella y pedirle explicaciones, era su modo de actuar ante todo eso si no precisaba puñetazo en el costado claro. No obstante, en ese momento había comprendido, cuando de pronto la vista se le nubló por los nervios y su respiración se había agitado de tal forma que era más que evidente todo lo que estaba sintiendo.

- Mi amor, abre ya la puerta...

Sabía que era pura actuación, vale, ya lo había entendido absolutamente todo, pero aún así era inevitable que su cuerpo estuviera totalmente rígido ante cualquier gesto movimiento. Respiró hondo y entonces apartó su mano de Firenze y no tardó en llevarla al pomo de la puerta. Había hecho esto millones de veces para huir, aunque casi siempre era en casas antiguas y abandonadas y esta no parecía diferente, sin embargo al ser de noche, ¿quién se iba a fijar en ello? Cerró los ojos y entonces se concentró... Era lo único que sabía controlar que no fuera convertirse totalmente en gato. Sus pupilas de pronto se rasgaron tomando un aspecto totalmente felino, sus colmillos crecieron pinchando suavemente su lengua y sus uñas por lo tanto, también lo hicieron. Atinó de pleno y no tardó en abrir la puerta cuando la amenza del guardia dio fruto. No podía abrir ahora mismo los ojos, lo único que podía hacer era actuar... Actuar para que no les pillasen. Oh dios, ¡acababa de quemar el salón real! De pronto sintió como un miedo invadía todo el momento pero no dejó que esto acabara con ella, ¡era más fuerte que nadie y demás podía con cualquier situación!

Es por ello por lo que los pies de Ghatta abandonaron los brazos de Firenze y comenzó a sostenerse en pie, con bastante esfuerzo no tardando en comenzar a dar pasos para detrás, agarrando a Firenze por el cuello o más bien, entrelazando sus manos tras éste. Asomó su rostro por uno de los hombros del guardia y sonrió suavemente, sonrojada.


- Disculpe las molestias.. Ya nos íbamos - sonrió pícaramente creando de forma incconsciente un rubor en el guardia.

¿Cuándo había perdido ese toque? No lo recordaba. Antes, cuando vivía en Tialys era una ladrona pícara, recordaba todas esas veces en las que había utilizado a los hombres única y exclusivamente por diversión y ahora.. Ahora ya casi ni trataba con ellos y menos de aquella forma. Siguió tirando de Firenze hacia el interior de aquella casa oscura y no tardó en cerrar la puerta tras ellos, dejando al chico luego apoyado sobre ésta y ella misma media apoyada en él. Un suspiro salió de sus labios.


- Por poco... - desvió la vistay... Un momento, todo estaba oscuro, él no podría verla así que aprovechó para "mirarle" en la oscuridad - Era lo que faltaba...


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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Firenze el Sáb Mayo 21, 2011 6:37 pm

Estaba casi seguro de que quería matarme en aquellos instantes, para no tener que ser una cita nuestra noche de San Valentín se había vuelto de lo más acalorada por las más diversas razones, pero esta en particular tendía hacia un calor bastante físico, el mismo el cual me había dejado claro que ni por asomo le gustaba. Yo mismo estaba nervioso, cosa que no debería puesto que solo era una actuación, nada de aquello era real, y yo no debería sentirme así, sentir todo aquello. El corazón me latía tan fuerte que me embotaba los oídos, sentía como mi piel ardía y mi estómago parecía replegarse sobre sí mismo como si el fin del mundo se concentrase justo ahí.

Llegó un punto en el que no sabía que ocurría exactamente, pero pude sentir las delicadas puntas de sus pies equilibrándose con cuidado justo rozando las mías, como si por unos segundos quisiese ser consciente de que el suelo estaba ahí bajo sus pies, sin querer apoyar todo su peso en ellos por si acaso. Mis manos se deslizaron con cuidado por su cintura, en una lenta caricia por sus costados hasta afirmar sus caderas con suavidad, casi sin rozarla, afirmándola lo suficiente para sostener su peso contra mi cuerpo. Tragué saliva con cierta dificultad, se la veía tan ágil, pero jamás la había sentido tan frágil, como si se pudiese romper en mil pedazos si apretada demasiado. Me humedecí los labios, intentando recordarme debería respirar, pero por otro lado tampoco quería que el cálido roce de su aliento abandonase mi paladar.

Fueron sus dedos colándose por mi cuello lo que me hizo volver a temblar en un escalofrío de puro... placer, no podía negar que era aquello lo que sentía por las caricias de la pelinaranja, era imposible que mi cabeza no se desviase hacia otros pensamientos mientras nuestros pies se arrastraban hacia la entrada. Sonreía, pude sentir como la piel de su mejilla se estiraba haciendo que su voz se distorsionase gratamente, y a pesar de la cercanía sus palabras estallaron contra mi cabello no sabría repetir lo que había dicho. Pero pude percibir un suspiro y más de un corazón tan acelerado como el mío. Sonreí... quien podría culparlos. Yo desde luego no...

Solo cuando la puerta se cerró tras de mi con un suave crujido recuperé vagamente la consciencia, pude notar la envejecida madera a mi espalda, estaba fría, o tal vez es que yo seguía ardiendo, y por detrás la guardia saliendo del callejón con algún que otro comentario jocoso. La noté apoyarse en mi pecho, y mis brazos subieron inconscientes hasta abrazarla, recargando su peso en mí. Rogué en todas las lenguas conocidas y por conocer que no sintiese el martilleo de mi pecho desaforado.

- Sí... por poco - musité intentando ser coherente, pero mi voz me parecía algo ajena. La miré a los ojos en aquella oscuridad, intuyendo las formas de su rostro... Me mordí el labio. ¿Y ahora... qué? Mis manos se negaban a dejar de estrecharla y... y no sabía bien que se supone que debería hacer, comentar, o lo que sea. Porque ella era mi fuerza imparable. Porque mi fe ya no era inamovible.

Y en aquellos momentos, la besé en la distancia.
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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Ghatta el Sáb Mayo 21, 2011 6:56 pm

La respiración de la ladrona se había calmado pero sus mejillas seguían terriblemente sonrojadas. Menos mal que estaban en la más absoluta oscuridad, una oscuridad que únicamente era interrumpida por alguna que otro rayo de luz que pasaba por las persianas deterioradas de al final de la pieza. ¿Y si alguien vivía allí? ¿Algún mendigo? Esperaba que no, la verdad. Las manos de Firenze habían abrazado a Ghatta y ésta había abiertos los ojos ante ese nuevo gesto. ¿P-Por qué la abrazaba? Seguramente por creer que no podría mantenerse en pie, sí, seguramente era por eso y por nada más... Ella seguía con la barbilla alzada hacia arriba y por lo tanto mirándole aunque en realidad no pudiesen apenas verse... Bueno, ella podía ver ahora mismo más que él. Sus pupilas eran ahora las de un auténtico felino y con aquel pequeño rayo de luz, podía distinguir algunas de las facciones del chico, el contorno de su rostro, las orejas... Y hombros. Ghatta tenía ambas manos posadas sobre el pecho del chico, como si se estuviera medio agarrando pero sin hacerlo plenamente. Al haber tanto silencio después de las efímeras palabras del chico, pudo sentir unos pequeños golpes justo bajo sus palmas. Se sorprendió al sentir eso, pero seguramente se habría puesto nervioso por la repentina situación en la que se habían visto envueltos.

Aún seguían sin decir nada, sólo el silencio reinaba a su alrededor. ¿Qué debían hacer ahora? Deberían salir... Y volver cada uno para su casa, pero dudaba que los guardias hubiesen dejado de peinar la zona tan rápidamente.. ¿Y entonces? ¿Debían quedarse allí durante toda la noche? No, seguramente no, pero más les valía permanecer un rato allí. Ghatta respiró hondo y entonces posó, como pudo, ambas piernas de forma enteriza sobre el suelo. Se notaba cansada pero no tan débil como antes.. Ahora se encontraba mucho mejor, era como si en realidad, hubiese agradecido esa descarga de adrenalina en el castillo. No estaba orgullosa de haberlo quemado todo y sin saber cómo ni por qué.. Bueno, por qué.. Por su hermana estaba claro pero ¿cómo? Ninguno de sus familiares era mago ni nada por el estilo y hasta lo que ella sabía... En fin, no era el momento de pensar en esas cosas la verdad. Había incluso bajado el rostro mientras lo pensaba, dejando su mirada totalmente hundida en el pecho del chico, el cual sólo palpaba y no veía.


- Tendremos que esperar un poco.. A que se relaje la cosa ahí fuera.. - susurró entonces.

Pero aún seguía sin saber qué hacer y el calor entre ambos comenzaba a aumentar, pero por la cercanía. Pasó una lengua por su colmillo, sintiendo un pequeño pinchazo en ese momento o quizás una pequeña raspada. Seguramente sus ojos seguían tan amarillos como siempre, así que descartó cualquier cosa que tuviese luz. No obstante, decidió separarse muy ligeramente de él, dejando así que el aire corriera entre ambos de una maldita vez.


- Por cierto - dijo entonces en un tono un poco más burlón, para quitarle hierro a todo lo que acababa de pasar - No vuelvas a llamarme mi amor.

Alzó una mano y le agarró de una oreja, zarandeándola luego de manera suave pero peleona.

- ¿Queda clarito?



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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Firenze el Dom Mayo 22, 2011 9:45 am

Asentí suave a sus palabras, intentando todavía encontrar la voz al fondo de mi garganta, pero podía sentir poco más que mis latidos acelerados en la yugular, martilleándome. Cerré los ojos con algo de fuerza, intentando concentrarme, y discretamente tomé una profunda bocanada de aire. Sus manos contra mi pecho, mis dedos enredados en uno de sus mechones sin saber como, su peso, más consciente contra mí, y yo totalmente inquieto... Diosas, había que parar eso YA.

-Si... deberíamos pasar un par de horas por lo menos, además necesitas descansar...

Como una dudosa respuesta a mis no tan deseadas pelgarias ella se separó levemente, dejando que una cálida brisa nocturna se colase entre ambos. La casa tenía toda la pinta de estar abandonada, el polvo que revoloteaba me cosquilleaba la nariz, las ventanas y demás estaban casi totalmente cubiertas, y ese suelo se quejaba a cada cambio de peso como si ya no estuviese acostumbrado. También olía a algo medio podrido pisos por arriba, a humedad, a abandono. Seguramente ahí hubiese vivido la familia del algún rebelde, si la corona ni siquiera se había hecho cargo de readjudicarla. Si me descuidaba la semana siguiente habría una oficina, un puesto de guardia o cualquier otra cosa. Es lo que pasaba con las zonas insurgentes.

Aunque ahora eso me importaba poco, por mal visto moralmente que estuviese. Un plegaria por los pobres. Un ruego para mi. Y sus palabras de nuevo rebotando en mi cerebro. Una media sonrisa nerviosa se dibujó en mis labios, mientras intentaba centrar la mirada en ella. Sabía que había una fuente de luz, ese halo tenía que hacer que mis ojos brillasen suavemente y en cualquier otra ocasión hasta podría ver con perfecta claridad, pero el fogonazo de luz de los guardias hacía que todo se distorsionase con un molesto puntilleo blanco y negro que me mareaba. Sentí la garganta seca.

- Intentaré recordarlo... - sonreí suavemente, agradeciendo que la noche ocultase el rubor... el cual se disparó de nuevo de pronto. Noté como zafaba mi oreja haciendo que me agachase con cierta brusquedad para evitar tirones y... se me cerraron los ojos. Bien, una cosa es que una niña me rascase las orejas, y otra que... "ella" las tocase de aquella forma. Un suspiro un tanto ronco se escapó de mis labios, mientras mi mano iba automáticamente a su muñeca y ambos girábamos en una extraña pirueta hasta quedar invertidos. Su espalda contra la pared de madera, su mano contra esta también con la mía agarrándole la muñeca con firmeza... aunque en cuanto fui consciente aflojé el agarre. Destensé mis facciones ¿qué había sido eso? Pocas veces me daban impulsos de ese tipo, ni mis habilidades se ponían en juego de forma tan incontrolable.

- Por cierto... no vuelvas a tocarme así - susurré cerca de su rostro de nuevo, estirando una media sonrisa... algo en todo aquello me había gustado demasiado.
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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Ghatta el Dom Mayo 22, 2011 10:11 am

¿Intentará? No, no.. Se iba a acordar como que ella se llamaba Ghatta. Qué tontería, en serio, la ladrona pensaba que los apodos cariñosos eran demasiada pérdida de tiempo y además una estupidez. ¿Acaso no les daba vergüenza llamarse cariñín por la calle? ¿O simplemente "mi amor"? A ella le parecía totalmente ridículo por supuesto, los motes cariñosos eran estúpidos en general y muy avergonzantes. Es más, es que de sólo pensarlo no había podido evitar ruborizarse, aunque no le hizo demasiado falta, porque ya lo estaba de antes. Aún seguía sujetando su oreja y le había zarandeado de forma suave cuando de pronto una mano abandonó su cintura para agarrar fuertemente su muñeca parando así el gesto del zarandeo. Sus ojos se abrieron de par en par, sintiendo entonces el repentino giro. Ahora era ella quien tenía la espalda contra aquella fría y quebrada madera y era él quien estaba en frente.

¿A-A qué había venido eso? Firenze siguió agarrándola de aquella forma, como dándole a entender que ese gesto por su parte no le había gustado en absoluto. ¿A lo mejor se había pasado? Pero si era típico de los perros que les manosearan las orejas, ¿por qué tantas pegas de pronto? Frunció el ceño sin poder evitarlo al sentir ligero dolor en su muñeca por lo débil que se encontraba pero entonces, sintió como el gesto se relajaba y entonces una voz desde muy cerca de susurraba.. Ese susurro chocó contra su rostro, un susurro cálido e incluso algo insinuante. No pudo evitar sentir un pequeño respingón y una corriente eléctrica recorrer todo su cuerpo. ¿T-Tocarle así? ¿A qué se refería? Ella no había hecho nada malo.. Además, él tendría que estar más que acostumbrado.

No pudo evitar desviar el rostro rápidamente hacia un lado, clavando la mirada en lo que ella supondría que sería el suelo.


- N-Ni que te hubiera hecho daño.. - dijo entonces.

Firenze seguía con la otra mano en su cintura y aún agarraba su muñeca de aquella forma tan... Autoritaria de pronto. ¿Por qué se había sentido de pronto totalmente presa? ¿Sin escapatoria alguna? Su cuerpo temblaba por dentro, ¿era por el cansancio? Sí, seguramente.. Su boca pidió que por favor tragara saliva de una vez y por ello lo hizo, no tardando en relamerse los labios por tenerlos demasiados secos. Pasó de paso su lengua por sus dientes notando ahora los colmillos mucho menos punzantes que antes. Bueno, era bueno ¿no? Pero sabía que no desaparecería todo tan fácilmente, estaba muy nerviosa y no podía evitarlo. ¿¡Por qué cojones no podía evitarlo!? Le sacaba de quicio.. Es más, se lo iba a decir ahora mismo, le iba a decir qué por qué se ponía así de repente con ella, si no había hecho nada malo.


- Fi... - susurró entonces alzando su rostro de forma rápida y decidida.

Sin embargo, todo se le cortó. Sus narices habían rozado y entonces se había quedado totalmente congelada.

¡.....!


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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Firenze el Lun Mayo 23, 2011 8:05 am

A pesar de la oscuridad podía discernir sus movimientos, más en aquella escasa distancia así que casi sentí el roce de sus pestañas cuando abrió los ojos tanto antes de apartar la mirada girando la cabeza, tal como si hubiese pulsado alguna clase de resorte oculto que hizo que todo su cuerpo se pusiese rígido uno segundo, arqueándose sutilmente... y es que no sabía en qué momento no habíamos acercado tanto, pero pude sentir el roce de su cadera al removerse ¿nerviosa?

- N-Ni que te hubiera hecho daño..

Sentí como la media sonrisa se estiraba tensando mi mejilla, sorprendiéndome a mi mismo de la "malicia" del gesto, pues no era precisamente daño lo que me había hecho. Lejos de eso. Muy... lejos. Cerré los ojos unos momentos, dedicándome a sentir solo sus reacciones. Estaba ciego, pero el resto de mis sentidos zumbaban inquietos, podía sentir el desaforado palpitar de las venas de su muñeca bajo mi mano, el pulso tamborileando mi palma, el como tragaba saliva con cierta dificultad, sus labios ahora húmedos al separarse tomando aire sutilmente, el como su pecho se desacompasaba al no saber si retener el aire o suspirar. Había sentido aquello otras veces, en mi misma carne esa noche, el tener que ser consciente de cada uno de esos procesos supuestamente mecánicos que tu cuerpo hacía a diario cintos de veces. Su calor abrasaba mi piel, podía sentirlo en los labios, en sus palabras chocando contra mi boca cuando alzó la cabeza repentinamente... Su nariz contra la mía.

Cerca. Muy cerca.
Demasiado.

- Me has hecho algo mucho más fuerte que cualquier tipo de daño Ghatta... - susurré arrebatando su aliento a cada palabra, mientras un intenso cosquilleo remontaba mi columna erizando cada centímetro de mi piel. Mis ojos fijos en los suyos, sintiéndola más que viéndola, mis dedos ascendiendo por su muñeca en un roce, dibujando cada delicada curva de su anatomía hasta llegar a su palma y entrelazar nuestros dedos todavía contra la madera. ¿Rápido? ¿Lento? Había perdido la noción del tiempo y con ello la sensación de ritmo, todo ocurría tan fluído, tan espontáneo, pero a su vez sentía tanto que no podía concebir que cupiese en un solo segundo. Mi cuerpo iba a voluntad. Una alejada de mi razón. Mi mano afirmaba su cintura contra mi cuerpo con cuidado.

Y sin saber ni como, ni cuando...

La besé.
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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Ghatta el Lun Mayo 23, 2011 8:31 am

¿Cómo era posible que se hubiera quedado callada? Ghatta, ahora mismo estabas diciéndole cuantro cosas a ese chucho que quería ponerle nerviosa. Es cierto que su corazón latía fuertemente, pero es que habían pasado muchas cosas aquella noche y estaba segura de que las sorpresas no acabarían ahí. Iba a abrir su bocaza para empezar a decirle que no se andara con juegos de niños y que no se comportara como tal, pues había sido un leve tirón de orejas como para hacerse el machito ahora. Pero no pudo decir nada porque él se le adelantó, y vaya si se le adelantó. La ladrona se quedó muda, y si ya estaba ciega, lo peor que había ahora es que no pudiera emitir ni una sola estúpida palabra. ¿Algo mucho más fuerte? ¿A qué se refería con eso Firenze? No obstante no tuvo tiempo de pensarlo mucho pues poco a poco, la mano que agarraba la muñeca de la pelinaranja fue subiendo en un gesto suave, como recorriendo la palma de su mano hasta finalmente entrelazar sus dedos con los de ella en un gesto dulce pero fuerte. Ghatta abrió los ojos de par en par y sintió como una ola de calor había apresado su cuerpo de repente. ¿Qué cojones estaba pasando? ¿Qué iba a pasar...? Era claro, y tan claro que hasta ella lo supo ver en ese momento y más aún cuando la mano del chico se aferró de tal manera a su cintura, atrayéndole hacia él.

Sus nervios estaban a flor de piel tanto, que empezó a notar otra cosa.. Otra cosa, terrible para ella. Sobre su cabeza, algo quería salir, del final de su columna, algo quería salir, en sus ojos algo iba a volver a cambiar. Ghatta se había encogido medio de hombros al notar todo esto, de los nervios por supuest, y ahora sus piernas estaban mas frágiles que nunca tanto que sus rodillas se habían quedado juntas.


" Aléjate por favor.. " pensó para si misma.

Sin embargo, hubo detonante para que Ghatta de forma casi inmediata se apartara de él con algo de brusquedad y saliera casi corriendo o por lo menos, lo que su estado físico le permitía. Había salido de forma muy brusca y caminando hacia detrás tras zafarse por lo que, había tropezado con una mesa pequeña y deteriorada que la había hecho caer de culo. Y todo esto había ocurrido en cuánto los labios de Firenze rozaron los suyos. Ese contacto sacó a flote todos los lados gatunos que poseía en ese momento. Sin embargo, había sido algo más que un roce pero, por suerte para ella, no había sido un contacto pleno totalmente. Sus ojos estaban totalmente desorbitados y se había llevado una mano hacia sus propios labios, palpando estos. Ardían completamente y no eran lo único que ardía en ese momento, pues su cara... Era un verdadero poema.

Se olvidó del golpe por completo, se olvidaba que aún bajo sus pies había una mesa seguramente ya rota por el peso, Se olvidó de su trasero malherido y de, seguramente, su rabo algo doblado y dañado por el golpe. Sus orejas estaban algo inclinadas y bajadas y ella permanecía confusa totalmente. ¿Por qué..? ¿Por qué había hecho de repente? ¿A qué había venido todo eso..? Acaso.. ¿Acaso quiso seguir el juego de antes para dejarle en evidencia? Claro, ¿quién sino querría acortar esa distancia si no fuera por puro fastidio? Nadie en su sano juicio querría estar a ese nivel con una sucia ladrona... ¿No? Que para variar, se convertía en gato. Pues qué bien.


- Si querías dejarme en evidencia... - comenzó en un susurro - Podrías haber hecho otra cosa pero esto.. ¡Ha sido muy cruel!

Entre los nervios y el enfado, no sabía qué expresar más ahora mismo. Se llevó las manos hacia el rostro y lo agachó.

- No sabes.. La importancia que tiene esto para mí ¡para que sólo sea por un estúpido juego!


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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Firenze el Mar Mayo 24, 2011 6:38 am

Tal y como todo había comenzado... acabó. Abrí los ojos de golpe, al sentir como su figura escapaba bajo mi brazo con su habitual agilidad de ladrona, tan escurridiza como cualquier gato callejero. Durante un segundo que se me hizo eterno no conseguí moverme del sitio, todavía sentía su calor en los labios, el como palpitaban contra los míos, la única muestra de que aquello había pasado de verdad y no era un sueño. Un crujido me hizo girarme en redondo sobre los talones, pero mi paso se congeló apenas comenzar. El sobresalto había conseguido desembotarme de nuevo, había estado tan pendiente de ella y ese beso que no había caído en la cuenta de que ya veía perfectamente... más cuando aquel haz de luz incidía directamente sobre su cabello. Sobre... algo más que su cabello.

Eran orejas. Unas pequeñas orejas naranjas.

No me hizo falta un segundo vistazo, mi memoria era más que excelente, podía darme cuenta de si alguien había movido dos centímetros un vaso en una sala con apenas un vistazo y sus orejas no eran lo único que había cambiado. Dos orbes de amarillo tornasol quedaron ocultos entre sus dedos, unos poseedores de unas uñas mucho más largas, unos que acompañaban a una cola mal doblada entre los restos de lo que había sido hasta hace minutos una mesita. Murmuraba palabras, unas que llegaban a mis oídos pero no llegaba a comprender, estaba demasiado centrado en esa aclaración tan obvia que no llegaba a mis labios.

Ghatta... era una... ¿gata?

Me acerqué con cuidado y un encomiable sigilo para ese viejo suelo, agachándome frente a ella sin decir palabra. Alcé con cuidado una mano, y la llevé a una de sus orejas... rozando con infinito cuidado el filo peludo con las yemas de los dedos, acariciándolo con delicadeza hasta la punta para bajar por el lado contrario hasta su cabello. Busqué su mejilla con la misma cautela, presionando mi palma contra ella para hacerle alzar el rostro liberándolo de sus manos para poder ver sus ojos de gata.

- Nunca lo ha sido - susurré con calma, clavando mi mirada en la de ella, en esos ojos rasgados que en lugar de la habitual malicia que me profesaban todos los mininos reflejaban puro temor, completado por el rictus enfadado de sus cejas. Ladeé suavemente la cabeza a un lado, hacia mi hombro derecho. No podía negar que era... curioso. - Nunca has sido un juego para mí...

Bajé la mirada hacia el suelo, abandonando su rostro solo para alejar con la mano los trozos astillados de madera de su alrededor, conocía de su poca fortuna con las astillas. Porque ciertamente no había olvidado ni un detalle de nuestro primer encuentro. Volví a mirarla a los ojos, un tanto azorado, con todo eso se me había olvidado un pequeño detalle.

- Yo... siento lo del beso, no quería molestarte solo...! - tomé aire, ¿cómo explicar algo que ni yo entendía exactamente? - Solo eres mi fuerza imparable... mi gata de cabellos de fuego. - susurré con delicadeza, como si con esas palabras tallase un cristal. Al final... mi instinto no andaba tan desviado.

- ¿Te has hecho daño...?
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Re: Esperanza destrozada

Mensaje por Ghatta el Mar Mayo 24, 2011 9:23 am

Allí seguía ella.. Con las manos cubriendo su rostro y las mejillas terriblemente sonrojadas.. ¡Y encima convertida en gata! Cuando entre abrió sus dedos se dio cuenta de un pequeño problemilla... ¿Por qué estaba viendo perfectamente? Porque las ventanas justo estaban detrás y todo estaba a contra luz y además, de porque tenía pupilas totalmente felinas y con ello, todas sus características. Eso significaba que.. Él también podía verla, estaba segura. No tardó en escuchar los pasos de Firenze acercarse a ella de forma cautelosa pero la madera antigua estaba ayudando a que Ghatta supiera donde estaba en cada segundo que pasaba en aquella casa abandonada. Nada más sentir ese tacto sobre sus orejas, levantó la vista rápidamente y se topó con esos ojos bicolor que tanto podía ver en estos momentos. No tardó en llevarse las manos hacia las orejas para apriosionarlas y taparlas. Él decía que no era un juego pero.. Ahora mismo ella no estaba para hablar del tema, ¡se había convertido en gata! ¡Él la estaba viendo! ¡Él era un perro! Seguro.. Seguro que se enfadaría, por varios y antiguos motivos además de que seguramente un pequeño odio inesperado crecería por ser simplemente eso, un gato.

Se hizo hacia detrás de forma instintiva, quedando sentada ahora algo más lejos y notando aún como ardía su trasero por la caída. Cerró los ojos durante unos instantes y volvió a abrirlos volviéndose a topar con.. Esa mirada. Un escalofrío volvió a recorrer su cuerpo ante sus nuevas palabras, ante su media disculpa y ante el último comentario. ¿Gata de cabellos de fuego?


- ¡N-No me mires!

Sus manos siguieron aprisionando sus orejas y con agilidad se levantó con cuidado de que su rabo estuviera lo más cerca posible a una de sus piernas, pues no le gustaba tenerlo revoloteando por ahí de forma natural y como si no pasara nada y entonces comenzó a dar pasos hacia detrás. ¡Él sabía ahora su secreto! Le daba mucha vergüenza que le viera con esas pintas la verdad, muchísima vergüenza. Sólo había estado así ante otra persona más y bueno.. La verdad era que Seth nunca había dicho nada al respecto es más, siempre la había respetado a pesar de echarle alguna que otra broma sobre el asunto pero es que ahora.. Había muchas cosas de las que no podía olvidarse y de las que tenía que tener en cuenta por supuesto. Se mordió el labio inferior aún mirándole y entonces, volviendo algo más en la penumbra, se giró.

Ya daba todo igual, ya la había visto. ¿De qué servía ahora taparse las orejas y hacer como si no hubiera pasado nada? Las cosas no funcionaban así y ella de momento no tenía una poción para que las personas olvidaran su memoria aunque fuera durante un corto plazo. Un suspiro salió de sus labios finalmente. Demasiadas cosas.. Gilgamesh se llevaba a su hermana, una hermana que había estado esperando durante dos largos y solitarios años, y además de eso, quemaba sin saber como todo el salón real.. Luego huída con Firenze a quien agradecía que le sacara de allí y posteriormente esto.. ¡ESTO! Se llevó las manos a los labios durante unos instantes.. Seguía sin comprender por qué había hecho eso. Dejó la otra mano relajada junto a su cuerpo, pero aún permaneció de espaldas.


- Sorpresa... Miau.. - dijo entonces con sarcasmo - ¿Has visto lo que ha pasado por tu culpa..? Deja de ponerme nerviosa..


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Re: Esperanza destrozada

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