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Entre puestos y palos.

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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Ghatta el Dom Feb 06, 2011 11:17 pm

Ghatta se había quedado sentada en la sala de espera. La verdad es que ese lugar olía bastante mal y no sólo eso, su ambiente.. No es que le hiciera mucha ilusión. Se levantó y comenzar a caminar, como paseando. ¿Pero qué estaba haciendo? ¿Acaso no podía estarse quietita? Una enfermera vino y le informó de que le habían sedado y que seguramente pasaría mínimo una hora antes de que se despertara. Fue entonces cuando decidió marcharse del lugar, pero no para no volver, sino todo lo contrario. Lo que pasa, es que su estómago no era de piedra y como siguiera más en aquel lugar se le iban a quitar las ganas de todo. Por lo que se fue nuevamente hacia el mercado, pero antes de ir, pasó por el veterinario para recoger la carretilla. No tardó pues en dirigirse hacia el puesto de aquella señora tan amable que se lo había prestado. Pronto tocó sus bolsillos y le pidió disculpas por no tener nada que ofrecerle, sin embargo la señora no parecía querer nada en absoluto, pues cogió suavemente a Ghatta de la mano y tras una inclinación le dió las gracias. Ghatta se sonrojó por aquel... Tratamiento tan ¿maternal? No supo definirlo, pues jamás había tenido una madre... Por así decirlo. Suspiró aún sonrojada y se fue del lugar con una reverencia de cortesía y agradecimiento al fin y al cabo y le dijo que en cuánto necesitara algo y la viese, que no dudase en llamarla.

Tras todo eso se maldijo.. Ahora mismo no tenía nada encima, y no le apetecía volver a su casa para busar más oro... Pero se estaba muriendo de hambre literalmente, y su estómago se lo pedía ya. Suspiró. Odiaba tener que hacerlo, pero esta vez no es que tuviese dinero y robase, que de vez en cuando pasaba para qué negarlo, algo le hacía cometer ese tipo de robos, aunque eran insignificantes... Una pieza de fruta, una pequeña brocheta de pescado, nada de gran valor, sólo alimentos. Y ahora, ocurriría igual. No tardó pues en tener en sus manos una brocheta de pescado, cómo no. Era uno de sus alimentos favoritos y tras una gran carrera para evitar al guardia, había llegado al hospital. Por estar intentando esquivarle, finalmente habría pasado quizás una hora, o quizás más. Cuando llegó un doctor había salido a fuera, comunicándole que el efecto del sedante se le pasaría en breve. Ghatta, con la brocheta de pescado aún en la mano, siguió comiendo en la sala de espera.

Por otro lado, el doctor había ido a donde dormía Firenze para finalmente despertarle. Le informó de cómo se encontraba y de que no se preocupara pues todo había sido pagado debidamente y que además, debería estar tres días mínimo de reposo. Cuando ojeaba unos papeles, miró hacia el chico, pues este parecía querer hablarle.


- Ella... ¿sigue ahí?

El doctor sonrió ladeadamente.

- La señorita de cabellos naranjas dice usted ¿no? - colocó el papeleo - Sí, está en la sala de espera. ¿Quiere que la llame?


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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Firenze el Lun Feb 07, 2011 8:09 am

Todavía tenía la cabeza embotada, más vale que había usado el Ragnarök para autoinducirme en ese trance, si llegan a acercarme de más el potingue somnífero que utilizaban ya me podía despedir de mi olfato por lo menos un mes. Un grito, varios en realidad surcaron la sala, un pobre desgraciado había despertado a mitad de la intervención y tampoco parecían decididos a darle más de aquella asquerosa droga para devolverle a los brazos del sueño. Más de uno nos retorcimos en nuestro jergón compartiendo su pesar, era hasta nauseabundo, peor que el aroma a mandrágora y opio que había quedado en mis pulmones sin permitir que terminase de despertarme. Como el desgraciado no se callase seguramente optarían por un mamporro en la nuca, de hecho ya se veía como una rolliza enfermera con cofia mojil envolvía la pala de madera en sábanas. Oh diosas, desde luego prefería no verlo así que me volví en la cama. Aunque gritos y quejidos eclipsasen mis oídos el golpe seco segó el aire con una espeluznante claridad. Ya no había más gritos. Pero todos temíamos si los volvería a haber algún día de esa boca. Era un secreto común que más de una vez se les iba la mano, por eso el hospital tenía su propia fosa común en el jardín.

Decidí centrarme en intentar responder yo mismo a la pregunta, pero tenía los sentidos demasiado embotados como para percibir ese aroma felino o escuchar su característico caminar. De todas formas el médico con una extraña sonrisa me hizo la pregunta. Me quedé en silencio unos segundos, durante todo el camino había tenido la sensación de que ella quería olvidarse de mí, pero si en verdad todavía estaba en la sala de espera... quería decir que tampoco era tan cierto. Aun así era una respuesta complicada, aunque puede que como afirmó en un primer momento solo quisiese ver que salía vivo de esa.

- Solo si quiere venir - respondí sin mirarle, sonriendo para mí mismo mientras me acomodaba lo que podía en el incómodo jergón, notando las ramitas de paja flexionarse bajo mi peso, alguna clavándose, y ¿por qué no? El olor a sangre que emergía de ellas. No me extrañó. Por otra parte cerré los ojos intentando respirar tranquilo, me tendría que tomar con filosofía aquellos tres días pero tampoco había más remedio, quería quedar bien curado para la fiesta de la siesga, tenía que conseguir un trabajo cuanto antes y ser jornalero no terminaba de ser una mala opción. Cualquier cosa con tal de conseguir el dinero suficiente para saldar las deudas con la pelinaranja, tardara lo que tardase pero le iba a devolver hasta la última onza que había invertido en mí.



OFF: siento que sea tan corto >.<

Spoiler:
OFF: Mira xD que nenaza es Firenze~ entrando del brazo por unas costillitas, y estos en plan:

- Doctor, me han atravesado dos espadas ¿Creéis que será grave?
- *palmadita en el hombro* Qué va hombre, tranquilo que esto...

- Doctor, me han abierto en canal, me siento un poco mareado.
- Tú tranquilo muchacho, que un remiendo...

- Doctor, esto que me sale por aquí es el estómago ¿Es normal?
- Claro buen hombre, esto...

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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Ghatta el Lun Feb 07, 2011 8:31 am

El doctor escuchó la respuesta del joven y le pareció incluso algo original. Había visto que como desviaba la mirada y se ponía cómodo. Negó con la cabeza y entonces dejó al muchacho solo ante la riada de camillas que había en esa sala en concreto. Volvió a mirar sus papeles comprobando por última vez que los niveles estaban bien y cuando por fin lo hizo, se apresuró en mover sus piernas para ir a la sala de espera. Tenía una sonrisa divertida, quizás pudiese hacer un pequeño esfuerzo por alguien hoy, total.. Como sólo acababa de salvar una vida. Nada más entrar la vió mordisqueando una brocheta de pescado. El doctor quedó algo sorprendido al principio pero pronto se acercó hacia ella. ¿Es que acaso nadie le había dicho que allí no se podía comer? Ghatta observó como el médico de bata blanca se acercaba a ella y por lo tanto alzó una ceja. ¿Ya? Pues menos mal, porque me como siguiese esperando la tendrían que ingresar a ella. Menos mal que se había cogido la brocheta más grande de todas.

- El muchacho pregunta por usted.

No era del todo mentira. Es más, era toda la verdad y nada más que la verdad. Nada más despertarse, el chico había preguntado por ella y aunque no lo dijese directamente, quería verla. Así que, ¿por qué no dejarse de palabrería y decirle directamente lo primero? Además así se dejarían de rollos. Ante las palabras del médico Ghatta se sorprendió. ¿Quería verle? Seguramente para darle las gracias por haberle traído y nada más, conocía a los hombres.. Todos eran exactamente igual. Ghatta se levantó de su asiento y entonces hizo un gesto con la cabeza como para que fuesen, aunque sería ella la que seguiría al tipo, pues si no, no tendría ni nidea de como llegar. Caminaron por un largo pasillo y entonces entraron en una sala repleta de camillas. Allí estaba él, tan reconocible como siempre, no sólo por sus ojos sino también por las orejas que salían de su cabeza. La ladrona cogió un último cacho de brocheta y entonces medio la apartó, pues no quería que nadie se incomodara y de pronto empezara a pedirle que la tirase, o algo por el estilo. Se acercó hasta estar al lado de la camilla.

Le miró a los ojos y entonces se quedó en silencio durante unos instantes. Hubo un contacto visual de algunos segundos y ninguno de los dos decía nada. El médico se había qeudado espectante durante unos segundos pero pronto se había ido suspirando.


-De nada...

Claro que ninguno de los dos oyó nada. Pronto Ghatta alzó una de las manos y entonces le dió un capirotazo en la frente, con el uso del dedo índice y pulgar. Seguramente el golpecito habría sido molesto, aunque no doloroso.

- ¿Y bien?


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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Firenze el Lun Feb 07, 2011 9:10 am

Intenté acomodarme sin demasiado éxito, todavía me preguntaba como iba a aguantar ahí tres días y más cuando tenía tantas cosas que hacer. Bueno, puede que los inexplicables nervios porque ella siguiese en el hospital fuesen también un buen factor, siempre salía por un camino sorprendente y suponía que en esta ocasión no sería distinto. Podía ser que viniese, comprobase que estuviese bien y se fuese. Puede que de hecho no volviese a verla, no me cabía la menor duda de que podía ser tan esquiva como desease, algo que a decir verdad quería evitar. Me aparté el pelo de los ojos dejando escapar un nuevo suspiro, sin duda volvía a estar en camino, dudaba haber tenido un día tan intenso en años.

Noté como las aburridas miradas de los enfermos se volvían casi a un tiempo hacia la entrada. Cualquier cosa que entrase por esa puerta y no fuese un médico era digno de atención, y si era médico había que vigilarlo para ponerte a rezar porque no fuese hacia tu camilla. De cuando en cuando entraba algún loco o moribundo desquiciado por una pizca de ayuda, pero nunca tardaban en llevárselo más de dos segundos. Unos deseando salir y otros entrar, una cruel ironía cuando la línea que delimitaba ambos bandos era la muerte. Sin embargo esta vez no se trataba de ningún ánima torturada en busca de alivio a su dolor, un doctor bien conocido y una mujer más conocida aún cruzaron la puerta. Sentí como las comisuras de mis labios se elevaban levemente al reconocer esos cabellos de fuego.

Se quedaron a la orilla de mi cama, notaba la presencia del médico junto a nosotros pero era como si se fuese difuminando hasta desaparecer con el resto de la habitación. Ya no había mandrágora ni opio, ni gritos, ni garrotes, ni sangre, ni muerte. Solo esos ojos de gata color avellana que por una vez abrazaban mi mirada sin prisa. ¿Un murmullo? No entendí bien que había dicho pero el hombre se alejó ante la evidencia de que sobraba, porque lo hacía aunque no supiese muy bien el porqué, pero me agradaba que lo hiciese. ¿Aceptación? ¿Era eso lo que refulgía en su felina mirada?

Cerré los ojos frunciendo levemente el ceño cuando me dio aquel toque, en mi forma canina más de un gracioso me lo hacía en la nariz y era harto desagradable. Pero esta vez no me molestó en absoluto. Abrí mi ojo ambarino ensanchando mi sonrisa. ¿Y bien? Mi elocuencia se había perdido tras pasar esa puerta, no tenía una respuesta precisa a una pregunta informulada, pero sí que había más de una cuestión que rondaba mi mente.

- Me alegra que estés aquí. - admití abriendo el otro ojo para recuperar su mirada- Dentro de tres días salgo, será a tiempo para la fiesta de la cosecha así que con algo de suerte en una semana podré devolvértelo.

Ladeé levemente la cabeza, había percibido el aroma a pescado, pero nada eclipsaría el atigrado olor a felino que siempre la acompañaba. ¿Tendría un gato? No era esa exactamente la pregunta que quería formularle, pero me planteó otra nueva. Que tal vez debiese esperar un poco más.

- ¿Cómo lo hacías? El entenderme. Con los ladridos.- era algo estúpido hacerle ese tipo de preguntas cuando ni tan siquiera conocía su nombre, pero sabía que solo recibiría los datos que ella quisiese ofrecerme.
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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Ghatta el Lun Feb 07, 2011 10:03 am

- Me alegra que estés aquí. -dijo entonces, para abrir finalmente el otro ojo que le quedaba.

El contraste era brutal. De estar mirando uno ojo ambarino y el cerebro creer que ambos serían así, de pronto el contraste del azul hacía que Ghatta se impresionase cada vez. Tardaría en acostumbrarse... E-Es decir, no tendría ni por qué hacerlo, porque en cuanto acabasen esto ella se iría.

- Dentro de tres días salgo, será a tiempo para la fiesta de la cosecha así que con algo de suerte en una semana podré devolvértelo.
- Como quieras. - respondió directamente.

Ella no era nadie que fuera a obligarle a pagarle lo que le debía. Cierto era que se acababa de gastar una suma importante, pero al ladrona a pesar de ser pobre, no era de las que pedían nada a cambio por nada, siempre hacía las cosas quizás sin pensar, pero de corazón, y por lo tanto, sabía de sobra que las cosas que se hacían de corazón no necesitaban devolución. De pronto, el chico formuló otra pregunta. La verdad es que tendría que responder rápido porque sino sería algo sospechoso.. O eso pensaba ella. ¿Qué iba a contarle? "Disculpa es que por un hechizo soy media gata y claro, desde ahí comprendo a los animales"... Era absurdo. Sin embargo pronto respondió algo totalmente creíble.


- No lo sé. Desde pequeña tengo ese don - dijo entonces.

No podía ni quería decirle nada más. ¿Para qué? No era necesario además, a él no le interesaría saberse la historia seguramente y a ella no le agradaba contarla básicamente. ¿Quién querría saber sobre ella? Se quedó mirando al chico, supuso que su respuesta dejaría al chico satisfecha con lo que había preguntado, o por lo menos eso esperaba. Suspiró y entonces alzó la brocheta para darle un mordisco con sus colmillos. Estos eran un poco largos pero lo normal en ella, siempre había tenido colmillos afilados, aunque sin exagerar. La verdad es que eran algo molestos cuando crecían por la transformación felina.


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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Firenze el Lun Feb 07, 2011 11:12 am

Sus respuestas cortantes con aquel ademán de que todo le molestaba empezaban a encantarme, era cuando más la podía imaginar como uno de esos gatos altaneros que tanto odiaba, solo que en ella tenía el efecto contrario, me divertía a modo de extraño juego personal, y de hecho había algo en nuestra extraña relación que nos hacía parecer cada vez más como un perro y una gata.

Aunque me sorprendió que no me pidiese el dinero, lo cierto es que cualquier persona normal me exigiría hasta la última onza aunque fuese por haber ocupado su tiempo y sus esfuerzos. Ladeé un poco la cabeza pensativo, a pesar de que parecía dura como una roca de hielo empezaba a comprender que era una pura fachada, o eso o tenía una extraña filosofía de vida bastante saludable a decir verdad. Me quedé mirándola en silencio, meditándolo mientras una leve sonrisa asomaba la comisura derecha de mis labios. Al parecer no estaba tan equivocado finalmente y sí que nos habíamos acercado aunque fuese un tanto, todavía quedaba la posibilidad de no volver a verla, pero una vocecilla empezó a susurrarme de que aquello no era cierto. Tal vez mi estancia en la capital se prolongase un tanto, y no solo por lo de las costillas.

La segunda respuesta me intrigó incluso más que la primera. Contra mi voluntad sentí como una de mis cejas se arqueaba un poco. La respuesta en general había sido un tanto más brusca, como si quisiese escupirla pronto para olvidarse del tema. Mantuve la mirada fija en ella, midiendo y cavilando, de paso viendo como le daba un gatuno bocado a la brocheta de pez. Sus colmillos eran algo más grande de lo normal, aunque parecían finos y recatados comparados con los míos, mucho más caninos. Sin embargo, ¿qué quedaba decir? Una vez más me vi aceptando que no obtendría mayor respuesta, ya fuese la verdad o no tendría que conformarme, suponía que era un buen don, extraño, pero bueno de igual modo.

Bajé la mirada hacia mi costado, jugando un poco con el vendaje para recolocarlo de forma más cómoda, me dolía un poco y no precisamente la costilla, seguro que habían intentado recolocarla a la forma más humana posible y yo no tenía una anatomía precisamente humana. Si me descuidaba habían dañado algún músculo de más, pero bueno, nada que unas cuantas cacerías y ejercicio no quitasen.

- ¿Irás a la fiesta? - pregunté de pronto, sin mirarla todavía. Había escuchado por las calles que junto con la cosecha celebrarían el día de los enamorados, como cada año la primavera haría sus maravillas con los jóvenes y al resto nos darían aunque fuese un día de grata diversión. Quería saber si por lo menos tendría una excusa para volver a encontrar a mi Gata o tendría que rastrearla por toda la ciudad. Aunque no era por la deuda, la quería ver precisamente por el gusto de volver a verla en una situación más favorable. O de volver a verla en general.
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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Ghatta el Lun Feb 07, 2011 11:57 am

Por dentro, la ladrona sonrió satisfecha. ¿Por qué? Porque el chico parecía haberse quedado agusto con la respuesta. Sabía que le estaba mirando, sabía que el perro estaba clavando la mirada sobre ella como para comprobar si era verdad o no, pero ella se limitó a mordisquear la brocheta para estar "entretenida" y no tener que mirarle sin que se notara demasiado. Sin embargo, pronto masticó y tragó y levantó la vista. Vió como el chico se recolocaba la venda, aunque una pequeña mueca o más bien su expresión hizo que Ghatta sospechara de pronto. Como le hubiesen hecho algo en falso después del dinero que había dado, aquí rodarían cabezas... Lo tenía por seguro. Aunque, supongo que ese tipo lo sabría, Ghatta no tenía pinta de ser una cualquiera, sino más bien de una chica dura y ruda y no creo que nadie se atreviese a tener problemas con ella desde un principio, en general. Siguió mirándole hasta que se recolocó la venda y por ello apartó la mirada mirando el gesto pero luego volvió a mirarle otra vez. Parecía que iba a decirle algo...

- ¿Irás a la fiesta?

La pregunta le cogió totalmente desprevenida. ¿Qué fiesta? Ghatta nunca se enteraba de nada de eso, normalmente no.. Sin embargo, recordaba antes haber visto a muchas personas con ramos de flores y muchas cosas de colores llamativos... Colores que a ella no le gustaban demasiado y entonces de pronto, recordó una fecha. Se pudo ver claramente que en un principio Ghatta no tenía ni dea de qué fiesta era esa que nombraba Firenze sin embargo, en sus ojos de pronto se vió como una iluminación, un pequeño gesto de abrirlos más de la cuenta y ahí, justo ahí, fue cuando se dió cuenta. ¿Cómo se llamaba esa estúpida fiesta del día de los enamorados? ¿S-San Valentín? Bueno, una vez hallado el nombre ahora había que preguntarse otra cosa. ¿Por qué Firenze le estaba preguntando sobre esa fiesta en concreto?

La ladrona desvió la vista sin poder evitarlo, hacia la brocheta.


- No - respondió primeramente - Vamos, no creo. No es que me entusiasmen demasiado ese tipo de fiestas, la verdad. Además, eso es para los enamorados.

" Y yo no lo estoy, y no creo que le esté nunca "
pensó.

Quiso añadirlo, pero le pareció demasiado frío hasta para ella, así que se lo reservó. Ella nunca había estado enamorada y bueno... Por mucho que alguien alguna vez le hubiese dedicado palabras bonitas a ella, no era del todo recíproco. Lo máximo que había sentido por alguien era amistad pero nada más. Desconocía ese sentimiento por completo, no sabía como se comportaba ni sus consecuencias.


- ¿Por qué lo preguntas? ¿Tú sí? - volvió a clavar la mirada en él.


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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Firenze el Lun Feb 07, 2011 1:16 pm

Su respuesta me decepcionó un poco en un principio, pero bien visto tampoco la veía en un evento así. De cualquier forma habría sido la excusa perfecta para reencontrarla, sabía que guardaría su olor en mi mente sin problemas y que incluso si nos cruzábamos veinte años después podría saber que era ella así no hubiese ningún otro indicio, pero no me apetecía rastrearla como si buscase una presa, prefería que nos encontrásemos, que el destino nos tuviese deparado un segundo encuentro en el que no acabásemos con ella enfurecida y decepcionada y yo en una cama de hospital con tres costillas rotas y una deuda para con ella. Sin embargo más que su negativa me llamó la atención su forma de pronunciar "eso es para enamorados". Eso quería decir que a) ella no estaba enamorada, y b) tampoco parecía tener un gran entusiasmo por el amor. Se me escapó una sonrisa más amplia de lo que hubiese deseado al imaginármela rechazando a un pobre pretendiente con su forma tan gatuna. Bajé la mirada como si estuviese comprobando una vez más el vendaje, mientras me pasaba una mano por la barbilla para ocultarlo un tanto, no creía que mi imaginación le hiciese gracia en absoluto, es más, imaginaba su reacción dejándome los ojos de un solo color con la brocheta al sacarme uno.

- Ajá, no me lo perdería por nada del mundo.

Comenté divertido, me encantaba cualquier tipo de festival, ya fuesen las procesiones de Maia, el día de los enamorados, la siembra de Octos o los bailes de invierno. Ver las coloridas decoraciones, la gente y el espíritu armonioso que las regía, los extraños mercados en los meses cálidos y los puestos y diversiones que traían otras. Desde que era un cachorro había presenciado cualquier motivo de celebración, desde lo más sacros de Monaghan en la celebridad de las diosas hasta los paganos festejos de agricultura y artesanía. Pero los de primavera siempre eran mis favoritos, la gente se engalanaba más y las flores hacían que la ciudad pareciese aunque fuese un poco más brillante, te hacía olvidar que albergaba sitios como ese hospital llenos de desgracia. Y este año parecía ser que se preparaba algo grande, había visto mucho movimiento los días previos.

- Me encantan los festejos, además, también es la fiesta de la Cosecha, así que me parece que los no enamorados también tenemos pase. - negué divertido con una sonrisa, devolviéndole la mirada mientras hundía un poco la cabeza en la almohada- Deberías venir, va a ser divertido.
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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Ghatta el Lun Feb 07, 2011 1:42 pm

- Ajá, no me lo perdería por nada del mundo.

La verdad, es que no se esperaba otra respuesta. Todo el mundo iba a ir, y se veía venir que alguien como él también, además si era un especie de perro, tendría dueño o dueña, y seguramente iría con esa persona, por acompañar. Ghatta no dijo nada ante su afirmación de qué iría. Sinceramente, ella odiaba este tipo de fiestas, aunque es cierto que anteriormente las celebraba con su hermana Leonna, le gustaba siempre hacer algún que otro pastel. Al principio eran un poco defectuosos pero ahora que había cogido experiencia, le salían riquísimos. Siempre recordaría la cara de Leonna al probar su primer pastel, una mueca totalmente desagradable mientras la ladrona ponía ojitos de cachorrillos, pues en aquel tiempo el convertirse en gata quizás era un sueño... Ains, era tan soñadora antes, tan abierta y extrovertida, tan loca... Con tantas ideas. Pero la vida, o más bien sus golpes, la había vuelto así.

- Me encantan los festejos, además, también es la fiesta de la Cosecha, así que me parece que los no enamorados también tenemos pase. - dijo, como divertido para luego mirarle - Deberías venir, va a ser divertido.

Había escuchado sus palabras. ¿Los no enamorados? ¿Qué quería? ¿Que Ghatta no se sintiese sola o triste por no estarlo? A ella le daba igual estarlo o no.. Bueno, a lo mejor la había dicho sin pensar, como quien dice información o un comentario simplemente. En fin, mejor no pensarlo mucho pues sino acabaría por recordar todo desde el principio y por lo tanto, enfadándose sin control. A sus últimas palabras suspiró y entornó los ojos.

- Oh sí... Muy divertido ver como las parejas que se besan y achuchan a tu lado - dijo entonces con una voz algo sarcástica, a propósito - Te quiero, te adoro y te compro un loro - bufó - Te digo que eso no es para mí. Además no creo que haya ni una persona que no sea así allí.


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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Firenze el Lun Feb 07, 2011 2:02 pm

Su respuesta fue si cabe más mordaz que las anteriores, sentía como intentaba controlarse pero el instinto me decía que algo bullía ahí adentro y no era precisamente bueno. La traducción a todo ello era "hora de cerrar el hocico". Dejé escapar un hondo suspiro, cruzando un brazo tras la nuca para mirar al techo, mis esperanzas habían salido volando por la ventana, y no creía que seguir con el tema fuese algo inteligente. Tendría que replantearme el plan de rastreo, sin duda el cosmos me daba un alto en cuanto a cualquier posibilidad de amistad con la gata. Cerré los ojos, dejando escapar un suspiro cansado, la fiesta sería una buena oportunidad para buscar dueño también, sabía que era mi cometido pero ese primer encuentro con alguien que posea tal poder sobre ti seguía siendo simplemente aterrador, me podía tocar cualquier tipo de persona, y habría de aceptar el encargo me gustase más o menos, no podía ser selectivo con ese hecho, tenía una promesa que cumplir y un modo de vida que acatar. Nadie dijo que fuese fácil, y más vale o sino habría mentido vilmente.

- Bueno... es una pena.

Admití con sencillez, no iba a persistir en que yo no era uno de ellos y estaría ahí, dudaba que le importase un pimiento donde estuviese ese día, de hecho dudaba que le importase donde estuviese nada más cruzase aquella puerta, ya había rendido cuentas con su paz moral y había sacado un excelente. ¿Era un hilo tan fino y quebrable el que tenía con alguien que prácticamente me había salvado? Bueno... supongo que los de ahí arriba sabrían. Desvié los ojos sin girar la cabeza para mirarla de reojo, no sabía qué expresión tendría, si se supone que debía insistir o por el contrario quedarme calladito como estaba.



OFF: siento que sea tan corto pero me tengo que ir pitando xD nos vemos luego!
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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Ghatta el Lun Feb 07, 2011 2:43 pm

- Bueno... es una pena.

A ella no le daba pena no ir la verdad, para qué engañarse. Si iba, sería sólo para ver a alguien conocido y saludarlo, pero, ¿a quién conocía que fuese a lo mejor a estar en ese lugar? Pues.. A Seth. Pero de momento no había hablado con él sobre nada de eso, ni de la fiesta ni de si participaría, ni de si ayudaría ni nada... Aunque seguramente ayudaría pues desde hace tiempo que quería trabajar en algo y bueno, aquí estaba su oportunidad. En fin, que no... Que no iba a ir a esa fiesta. No le gustaban. Sin embargo, su instinto, algo le decía que acabaría con una corona estúpida de flores sobre la cabeza mientras espera vete a saber el qué, sentada en un banco de mármol de los que tiene el parque; viendo como todo el mundo correteaba de un lado para otro en busca de algo más divertido qué hacer entre pareja.

Firenze se había puesto más cómodo en la camilla, pero espera, ¿le iban a adejar en esa sala durante toda la noche? Normalmente, te llevaban a un pequeño dormitorio que tenía unas tres personas más por lo menos, pero no diez o más como era el caso. No, no se debía preocupar más, ella ya había hecho suficiente por él y ahora ya no tenía nada más que hacer en aquel lugar. Le había defendido, dado de comer, llevado al veterinario, aguantado el numerito, llevado al hospita y pagado todo, ahora no tenía por qué ir tras el doctor a exigirle que con el dinero que le había dado se merecía tener por lo menos una habitación conjunta de las referidas anteriormente. Espera, no lo haría por él, lo haría por ella... ¡Que era lo había pagado todo!

" ¡A mí nadie me estafa! " pensó entonces.

Aún no se levantó. Siguió comiendo su brocheta de pescado en silencio hasta que la terminó.


- Ahora vengo.

Se fue entonces, igual que había venido. No tardó en divisar a una enferma y le pidó con palabras tajantes que quería ver al doctor, y aunque insistieron en que estaba ocupado, Ghatta usó sus artimañas, ponerse brusca. En unos dos minutos el médico estuvo frente a ella. La ladrona se cruzó de brazos y de pronto cogió al doctor por el cuello de la bata de forma fiera y amenazante. Le dijo que le diese explicaciones de por qué el chico estaba en esa sala tan cutre. Él lo único que dijo tartamudeando era que pensaba nada más Ghatta abandonar el lugar cambiarle de habitación, pero ella lo dudaba la verdad, así que le exigió que hiciera el cambio de lugar ahora mismo. Rápidamente las enfermeras se pusieron a ello y Ghatta no había vuelto aún a la sala donde estaba él cuando las chicas comenzaron a mover su camilla de forma suave, llevándole por pasillos. Seguramente Firenze no sabría lo que estaba pasando, ella se limitaba a caminar detrás de ellos aunque a más distancia.

Finalmente, llegaron a una nueva sala, con gente, pero mucha menos. La chica de cabellos anaranjados no tardó en entrar a la sala, el chucho parecía confudido.


- Estos doctores, se piensan que pueden tomarle el pelo a cualquiera. - dijo entonces - Bueno, si quieres me voy y te dejo descansar.


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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Firenze el Lun Feb 07, 2011 6:16 pm

No tocó de nuevo el tema, sin embargo algo pareció volver a encenderla y juraría que esta vez no había sido yo. Miré con curiosidad hacia la puerta, dejando una pregunta silenciosa en el espacio que nos separaba, no me había dado tiempo ni a saber qué iba a hacer. Al menos había dicho que volvería, lo cual calmó un poco mi urgencia de que se hubiese ido para siempre. Suspiré poniendo los ojos en blanco, sin duda lo de Gata le venía bien, era igual de impulsiva e independiente, y ¿por qué no? tenía dotes de su humor.

- Menudo carácter muchacho.

Comentó suponía que en una broma el hombre del jergón de al lado. Sonreí de lado no muy seguro de si había sido un comentario bueno o malo pero por su bien me alegré de que ella ya no estuviese ahí o seguramente le habría hecho tragarse sus palabras, con una respuesta tajante en el mejor de los casos, no llegaba a imaginar el peor. Todavía me preguntaba qué odio acérrimo tenía al pobre festival, pero como tantas otras preguntas no me daría respuesta, o al menos algo completo y quien sabe si real. Suspiré volviendo a fijar la mirada en el techo...

Hasta que llegaron. Un par de las temibles enfermeras me arrancaron prácticamente de mi jergón de paja para ponerme en una especie de tabla con ruedas que a mi me recordó a los carros para cadáveres. Al igual que la silla esa extraña de la entrada me resultó una auténtica excentricidad de pesadilla, ¿qué demonios eran aquellos trastos? ¿No podía ser un hospital normal y corriente con sus salas, las camillas de traslado de tela con portadores y sin esos papeles extraños? Empezaba a enfadarme, si ya aborrecía cualquier centro médico que no me dejasen quieto solo empeoraba las cosas. Apreté los dientes sin dejar de quejarme, el dolor del costado no era nada comparado con el de oídos que me producían las ruedas de carro, su traqueteo contra el suelo de piedra y de paso los gritos de los moribundos. Todo me irritaba, hasta los doctores con túnicas blancas que llevaban orgullosos fajos de papel, cuando más de la mitad ni siquiera sabían leer. Además ¿para qué tanto? Lo único que necesitaban eran los códices para seguir las ilustraciones, que no se las diesen de inteligentes.

Sin dejar de gruñir llegamos a otra habitación, no esperé a que volviesen a levantarme, casi salto de la mesa-cama-rodante esa para meterme en el primer jergón que encontré. Qué reconfortantes me parecieron las pajitas doblándose incómodamente contra mi espalda. Tras unos cuantos ladridos y gruñidos para que ni se acercasen al vendaje las vi marchar, viendo a la pelinaranja detrás de ellas. Al parecer había presenciado el espectáculo, pero poco me importaba, no me gustaba que me buscasen las pulgas.

- No puedo retenerte, pero antes me gustaría recibir una última respuesta aunque sea. ¿Volveré a verte..? - fijé mis ojos en los suyos mientras suspiraba dejando que los restos del enfado se evaporasen.
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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Ghatta el Lun Feb 07, 2011 6:44 pm

Firenze dejó de mirar a cualquier lado y posó sus ojos sobre la pelinaranja. Ésta le devolvió la mirada de forma directa.

- No puedo retenerte, pero antes me gustaría recibir una última respuesta aunque sea. ¿Volveré a verte..? - preguntó entonces para luego suspirar.

La verdad es que se sorprendió un poquito con la pregunta. Vamos, era la última que esperaba naturalmente. ¿Que si se volverían a ver? Quién sabe. El destino, las casualidades, fiestas en común, una mala pata... La verdad es que no sabía qué responderte. No podía controlar eso, quien sabe si después de tres días volverían a toparse en el mercado, o tendría que salvarle de nuevo de un señor horrible, quien sabe si ahora Ghatta se caería por las escaleras y se encontraría a su lado, en la misma habitación. Eso no podía saberlo nadie. La ladrona suspiró y entonces se encogió de hombros.


- Búscame y me encontrarás, es así de simple.

Sonrió muy ladeadamente desviando la mirada hacia el mismo lugar de su sonrisa para luego acercarse a la cama del chico y tocarle rápidamente la oreja, pero no como quien juega sino un toque "amistoso".

- Ya nos vemos entonces.

Tras decir eso, se dió media vuelta y salió de la sala comenzando a caminar hacia la entrada. Sin embargo, se quedó quieta durante unos instantes y pronto se fue hacia donde estaban las enferas con sus plumas y papeleo. Cogió un pequeño papel, como una tarjeta, y escribió detrás unas palabras, seguidamente le ordenó básicamente, a una de las enfereras que le llevasen eso al paciente perruno, y era evidente quien era. Aseguró que esperaba no enterarse de que eso no sería entregado y rápidamente salió una de las enferas a buscar la habitación del chico. Ghatta se fue con aires triunfantes.. Qué fácil era intimidar cuando tenías dinero...

La nota decía así:


" Mejórate chucho!
Ghatta... "


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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Firenze el Lun Feb 07, 2011 8:47 pm

"Búscame, y me encontrarás"

Nada más escucharlas atesoré sus palabras en mi mente, guardándolas para luego, o para siempre. Sus palabras siempre escondían algo más, algo que no quería decir y se le escapaba al mismo tiempo, o tal vez era ella misma la que lo dejaba escapar para los oídos que supiesen entenderlo. ¿Yo lo hacía? No sabría asegurar si era el sentido de sus palabras lo que encontraba o me gustaba pensar que divisaba un trozo de su alma en cada velada verdad que descubría. Pero me sentía bien así, con renovada esperanza en un futuro incierto. Lo cierto es que ella bien podía no tener ninguna razón para que volviésemos a vernos, pero esas palabras habían dejado abierta una puerta a que cuanto menos no le importaría.

Cerré un ojo ante su repentino toque en mi oreja que como siempre me produjo un placentero escalofrío, cuando mis ojos la buscaban y mi boca se abría para agregar unas últimas palabras solo fui capaz de ver sus cabellos de fuego huir como una llamarada esquiva por el marco de la puerta. Sonreí, cerrando poco a poco la boca para dejar mi mirada perpetua en la puerta, como si todavía pudiese verla marchar, como si pudiese dibujar una sonrisa oculta al inverso de su nuca, como si pudiese leer su deseo, su esperanza de que tal vez aquello ocurriese. No me había dejado muchas pistas, ¿pero acaso no lo hacía más interesante? Acabábamos de lanzar un atrevido reto al destino, en el que solo podíamos ganar.

No sé cuanto tiempo permanecí así, pero a mi parecer poco después una enfermera con cara asustadiza me entregó una nota. La abrí, leyéndola para deslizar una media sonrisa por la comisura de mis labios a la par que me dejaba caer en el almohadón.

Ghatta.

- No dudes que volveré a encontrarte... - susurré cerrando los ojos, dibujando una vez más esos ojos, esa mirada indómita que ahora tenía un nombre. Al cual le hacía una promesa, y con ello empezaba la cuenta atrás.
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