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Entre puestos y palos.

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Entre puestos y palos.

Mensaje por Firenze el Vie Feb 04, 2011 1:49 pm

Me estiré cuanto pude echando el cuerpo hacia atrás primero y luego hacia delante, recolocando cada uno de mis cánidos huesos con un reconfortante "crack" que indicaba que todo estaba en orden. Llevaba ya dos días en Camelot pero al parecer nadie necesitaba un sirviente o no tenía dinero para costeárselo de forma fija así que seguía sin trabajo, lo máximo que había hecho era ayudar a descargar unos carros de aprovisionamiento a cambio de un plato de comida caliente y unas cuantas monedas, bastantes pocas para ser sincero con la realidad lo cual había convertido mi pequeña escaramuza laboral en una obra de caridad bien agradecida. Estaba cansado, no sabía si esta espera era parte de la prueba que me habían impuesto las diosas o solo un mal guiño del destino que tentaba a minar mi fe, sin embargo me habían enseñado que eran en estos momentos cuando más fuerte y persistente tenía que ser. La fidelidad que aportaba mi parte canina había sido una pieza clave en este aspecto, así que sin más tareas que hacer un festivo por la mañana salí a pasear.

Troté suavemente por las calles adoquinadas, esquivando con soltura transeúntes y ganado, apurando la carrera entre carros y puestos a medio montar. Debía de ser uno de los últimos mercados de primavera, los colores exóticos y las guirnaldas llenaban las calles cada vez más atestadas según me iba acercando a la calle principal, se notaba que el buen tiempo invitaba a salir a la calle, el sol resplandecía llenándolo todo de energía, empujando incluso a sacar a los críos a cuestas. Charlas, risas, discusiones por el precio y gritos de atención en torno a productos que se anunciaban como únicos en todo el continente, dos calles más abajo sonaban una bandurria y una flauta, los espectáculos callejeros también tenían su auge en días como ese. Todo estaba vivo, hasta la cálida brisa primaveral que por una vez traía algo más que los orines del "agua va", ahora parecía que todo brillaba bajo el aroma de los puestos de flores.

De cuando en cuando, me detenía a mirar con curiosidad las mercancías, ladeando la cabeza cuando encontraba algo interesante, gruñendo con desaprobación ante los timadores y estafas de siempre, siendo testigo de la inevitable picaresca y repartiendo alguna dentellada al aire a modo de aviso en un par de robos. Cierto es que ninguna de esas acciones me incumbían, pero en Monaghan los monjes me enseñaron que el servicio no tenía porqué ser exclusivo de quien me pagase por ello, tenía cuentas con la moralidad que algún día serían saldadas a mi favor y contaría con el beneplácito de Hiristha. Puede que todo eso fuese charlatanería como acostumbraban a afirmar mis antiguas amistades de la ciudad, que pese a su aura de conocimiento y sacra paz tenía sus propias redencillas internas, siempre había estado dividida entre la Razón de los estudiantes y la Fe de los religiosos. Personalmente y como muchos había tomado un poco de cada una, y a pesar de la fachada que ambos bandos mantenían la cordialidad y el enriquecimiento mutuo eran una evidencia.

Sin embargo mis buenas acciones tardarían en ser recompensadas, me llevé más de un grito, y algún que otro proyectil me pasó rozando el pelo en una desagradable cercanía. Por mucho que me escabullí entre el gentío y perdí de vista a mis captores la Fortuna no me tenía en gracia. No había escuchado que clase de rumor se había difundido, o puede que ese mercader tan solo me tuviese cruzado, pero el caso es que cuando me detuve cerca de un puesto de comida sencillamente para descansar de la carrera recibí un buen palo. No lo vi venir, cuando escuché el silbido del madero camino a mi cuerpo era demasiado tarde para reaccionar, pese a mi agilidad y reflejos no pude sino saltar para ofrecer la menor resistencia al impacto, y sin nada más que hacer sentí como este se astillaba contra mi vientre. Aullé adolorido, agazapándome a un lado mientras el dolor sesgaba mis costillas para extenderse a la pata delantera. Pero eso no lo iba a parar, pese a que la gente estaba asombrada de lo ocurrido lo más fácil era pensar que "el chucho había robado algo", sin collar y flaco como estaba (sin trabajo mi racionamiento se había visto obligadamente minado) era fácil pensar que era un perro callejero, y por ende había intentado algún truco. Bufé mentalmente, con ese dolor no podía transformarme en humano y lo que menos quería era causar mayor conmoción. Antes de que pudiese levantar el palo contra mí salí corriendo con torpeza y aturdido de ahí, deslizándome por una callejuela hasta llegar junto a unas cajas.

Me tumbé sin poder evitar un quejido lastimero, y comencé a lamer la herida sangrante que ese hombre me había infringido en el vientre. ¿No iba a cesar mi mala suerte...?
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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Ghatta el Vie Feb 04, 2011 2:28 pm

Un día nuevo, un día como otro cualquiera... Pero todo estaba excesivamente cambiado en su vida. Sabía qué cosas debía hacer, tenía un trato y una orden y por desgracia para ella tenía que cumplirlas costara lo que costara, si es que quería recuperar el objeto que perteneció una vez a su hermana y que ahora pertenecía al rey. Ghatta suspiró antes de levantarse de la cama, pues aún estaba en ella tumbada, pensando en qué haría durante el día. Se sentó en ésta y se inclinó hacia delante, dejando que sus ropas cayesen ligeramente por la gravedad al igual que su cabello anaranjado, que acabó por rozar suavemente su muslo. Se lo hizo hacia atrás con la mano para luego levantarse y estirarse, juntando ambas manos y después llevándolas lo más arriba posible. Giró su cuello suavemente y entonces se acercó a la ventana. Hacía un buen día, quizás hoy tuviera un poco más de suerte. Se dió la vuelta y pronto fue a asearse para seguidamente vestirse con unos pantalones piratas de color marrón, junto con sus típicas botas de hombre algo desgastadas. No tardó en ponerse una camisa blanca de tiras (por supuesto no se le veía nada) y una especie de ligera torera que ayudaba a que sus hombros no quedasen tan descubiertos, en general. Su pelo estaba suelto como siempre, y aunque tardó algo en desenredarlo, finalmente lo consiguió. Sus pasos se dirigieron hacia la cocina para llevarse un pequeño capricho chocolatero a la boca. Lo saboreó con gusto pues no siempre podía permitirse esas cosas por su situación económica.

Salió de su casa guardando la llave en uno de los sacos que colgaban de su cintura y comenzó a caminar. La verdad es que no tenía un rumbo fijo, pero ahora que lo pensaba y por la hora que era... Dónde podría encontrar lo que estaba buscando o más bien lo que el rey le había mandado que buscara era en una zona con mucha gente y eso podría ser o la plaza o el mercado, así que cogió la segunda opción y empezó a caminar dirección el mercado. Por supuesto no tardó en llegar de no tener transporte. Se metió las manos en los bolsillos y empezó a deambular entre los puestos, mirando a la gente. ¿Qué estaba buscando exactamente? ¿Cómo iba a encontrar eso allí? En realidad tenía la esperanza de que ese tipo de personas o seres tuviesen algo para identificarlos... Vale, a lo mejor no tendrían un cartel luminoso o llamativo pero bueno, quizás... ¿Alas? No lo tenía muy claro para qué engañarse.

Estaba harta de caminar sin rumbo cuando de pronto algo hizo que parase de pronto. Vió un gesto que no pudo evitar por justo era es lo que le había llamado la atención. Un hombre gordo y sin corazón básicamente, apaleaba a un perro de color negro indefenso. Por su instinto y por ser como era, no pudo evitar abrir los ojos de par en par y cuando fue a asestarle la segunda fue la misma Ghatta quien le paró con ambas manos y empujándole luego. De su boca, como siempre, salieron insultos hacia el tipo mientras le ponía verde delante de todo el mundo, quien empezó a reirse del tipo y el cual dió media vuelta tras echarle un insulto a Ghatta. Ésta había visto como el perro se había ido básicamente por patas y metido en un callejón. La ladrona miró hacia el tipo y entonces con una mirada desafiante le indicó que se largase de una vez. Esperaba que el perro estuviese bien, no obstante cuando dió un paso hacia delante para marcharse, su cuerpo se paró y entonces suspiró para ella misma.


" Por qué tengo que ser así " - pensó, criticándose a ella misma.

Se dió media vuelta y se dispuso a entrar por el callejón. La verdad es que en un principio no vió nada pero pronto comenzó a buscarle y cuando le encontró alzó ambas manos en señal de que no tuviese miedo. Seguramente cuando el perro hablase aunque fuera en ladridos lo entendería por ser como era... Lo que el perro no sabía, era precisamente eso.


- No te preocupes, no te voy a hacer nada - intentó calmarle - Ya he echado a aquel tipejo, ahora estás a salvo nadie te va a perseguir.

Acercó la mano suamente hasta finalmente posarla sobre su cabeza y entonces acarició ésta. Sus ojos anaranjados miraban al perro, esperando que estuviese bien.



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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Firenze el Vie Feb 04, 2011 3:36 pm

El sabor a hierro en el paladar me desagradaba en sobremanera, más sabiendo que era propio, y el dolor que producía cada rasposo lametón no me ayudaba a relajarme. Ese hombre sí que era un auténtico animal, más vale que me había dado con un palo y no con un hierro o seguro que ahora estaba camino a su puesto de carne ensartado como un pincho moruno. Estaba mareado, no iba a conseguir nada de esa forma pero transformarme en humano no iba a ayudar en nada, además de que era lo que me faltaba para completar el día, que me llevasen a los calabozos por pasearme desnudo un día de mercado. Gruñí como queja, apoyando la cabeza en las patas delanteras mientras cerraba los ojos. Estaba cansado, increíblemente cansado de todo, la idea de cerrar los ojos y esperar a que mañana fuese otro día resultaba demasiado tentadora en mis pensamientos. Total, ¿qué esperanzas podía tener? Ahora mismo no era más que un perro callejero, además me había ocultado de la vista de la gente, nadie se iba a parar a buscar y menos a ayudar a un chucho. Me quedaba la esperanza de que el dolor disminuyese un poco, tal vez el frío de la noche en los adoquines me ayudase a aliviar la herida y con ello tuviese aunque fuese el ánimo suficiente para caminar hasta la posada en la que me alojaba.

En eso escuché un ruido en el callejón. Abrí mi ojo dorado con pesadez, rogando porque no fuese el comerciante que quería terminar su trabajo. Me sentía vulnerable, si por lo menos hubiese prestado algo de atención con mi oído podría haber sabido qué había ocurrido después, si esos pasos pesados y faltos de gracia se habían alejado o por el contrario seguía buscándome para aumentar su abastecimiento. Había estado demasiado centrado en poner a salvo mi canino pellejo como para percatarme del detalle, y si de verdad era ese hombre ya tenía más bien pocas oportunidades de huir. Pero tampoco podía rendirme así, hice el esfuerzo de alzar la cabeza abriendo los ojos, dejando que un grave aviso vibrase en mi pecho. Cual fue mi sorpresa al percatarme de que los pasos se habían detenido. No, ahora avanzaban hacia mí, pero su propietario no era el mismo que me había dado la paliza, estos sonaban gráciles, ligeros, casi felinos... Felinos, también había algo de ese olor en el ambiente que me hizo arrugar la nariz. No estaba para jugar con esas bolas de pelo, y lo que me faltaba es que alguno apareciese para mofarse. Los gatos podían ser criaturas realmente crueles y molestas.

No, no era un gato, claramente era un bípedo. Una bípeda si se me permite la aclaración. Dejé escapar un pesado suspiro mientras volvía a apoyar el hocico en las patas delanteras, no sabía qué ocurriría, pero fuera lo que fuese era tarde para evitarlo. Alzó las manos en una especie de señal de paz, para mi consuelo no había palos de por medio esta vez, y su actitud era demasiado precavida como para ser una agresora. Ladeé la cabeza en las patas, mirándola esta vez más con curiosidad que con resignación. Al escuchar sus palabras mis ojos se cerraron de nuevo, mientras una expresión que intentaba ser una sonrisa se instauraba en mi faz.

Te daría las gracias si pudiese...

Pensé, pero no tenía ni siquiera fuerzas para hacer alguna virguería canina. Moví el rabo levemente, dos, tres veces antes de que cayese también. A pesar de que había sido solo un impacto y yo era bastante resistente no lo había esperado, tendría rotas unas tres costillas y la pérdida de sangre no me había dado energía precisamente. Mi mirada bicolor se encontró con la suya en un serio contacto, ninguno parpadeábamos ni apresurábamos las cosas, como si nos estuviésemos midiendo mutuamente, poniendo a prueba la confianza. ¿Acaso yo podía dejar que se acercase más aun a riesgo de volver a resultar herido? ¿Acaso podía ella tocarme aunque una sola dentellada podía dejarle sin un par de dedos?. Ella fue acercando la mano sin prisa, y en el último momento yo alcé la cabeza para finalizar el contacto, como un extraño apretón de menos en un pacto silencioso.

Hice el esfuerzo de ponerme en pie, una vez acostumbrado al dolor no era tan malo pero seguía siendo preocupante. ¿Qué querría aquella chica? Ladré mientras ladeaba la cabeza, intentando plantearle la pregunta. Mis ojos se encontraron de nuevo con los suyos y volví a arrugar la nariz. Nuevamente olía a gato, aunque quien sabe, tal vez había ayudado a uno antes que a mí, desde luego no podía ser ella.
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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Ghatta el Vie Feb 04, 2011 4:11 pm

La ladrona miraba fijamente al perro herido. Ella en parte los comprendía así que sabía de sobra que el contacto visual era muy importante para ellos. Cuando sintió la aprobación del animal ella siguió acariciando su cabeza con suavidad, dejando que sus uñas fueran las encargadas de rascar la cabeza perruna y además de ejercerle alguna que otra cosquillita cerca de sus orejas. La verdad es que se había fijado en sus curiosos ojos, nunca había visto un perro así ahora que lo pensaba. Se sentó a su lado durante unos instantes, la verdad es que parecía muy malherido pues el aullido que había salido de sus fauces le dejaba claro que un golpe leve no había sido y por ello, estaba preocupada. Siguió acariciando la cabeza del perro en señal de confianza y pronto trasladó muy suavemente la mano a su costado. Quería palparle, utilizar su oído felino para saber qué ocurría, sin embargo notó el repentino movimiento del perro al solo rozarle esa parte y por ello, apartó la mano. Debía de dolerle bastante y conocía a un buen veterinario pero esto le costaría carísimo. Suspiró durante unos instantes al lado de él y se quedó pensativa. Gracias al rey tenía dinero para ello pero.. Los muebles.. Bueno, los dejaría de lado estaba claro pues no podía dejar el perro así como estaba y además ahora que le miraba, estaba muy flaco o más de lo normal.

Volvió a mirar al perro fijamente y volvió a acariciar su cabeza de forma pensativa, entreteniéndose en eso. Debía buscar comida para perros en algún lado, pero ahora mismo lo que más le apetecería al perro sería un buen bistek o algo así para llevarse a la boca. Siguió pensando hasta que finalmente dió con la solución y se levantó. Se giró hacia el perro y le dió un toquecito amistoso en la cabeza.


- Ahora vuelvo.

Seguramente el perro no se movería de allí, pues estaba bastante y bueno, por su bien era mejor que no lo hiciera. Todavía había gente por la zona del alboroto pero ella pasó de largo y se fue hacia uno de los puestos, el de carne. Compró carne, algunos filetes no muy gordos para que no se atragantara, pero que fueran varios. Se fue a otro puesto y cogió una botella de agua y tras eso, comenzó a caminar hacia el callejón. Seguramente habría tardado unos quince minutos en los cuales el canino se habría quedado completamente dormido. Sin embargo ella se acercó con el mismo sigilo de antes y le vió allí, echado. Posó la botella de plástico extremadamente duro a un lado y entonces abrió una bolsa de plástico. El olor podría embriagar a cualquiera, pues era olor a carne, y tanto los gatos como los perros comían eso, aunque estuviese crudo, los humanos con la carne en ese estado ya no tanto, pero bueno, ella era en parte las dos cosas no podía evitarlo.

- Toma, por lo menos come algo porque sino te vas a poner peor.


Ghatta esperaba que le entendiese pues normalmente no tenía que hacer nada para comunicarse con los animales en general, sin embargo.. No sabía que éste perro no sólo le entendía por ese motivo, sino porque no era simplemente un perro cualquiera.


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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Firenze el Vie Feb 04, 2011 6:09 pm

Disfruté de las caricias que me ofrecía, cerrando los ojos para suspirar profundamente, dejando que el aire saliese de mi pecho con evidente placer. A pesar de ser también humano era extremadamente sensible a las caricias, y si estas eran agradables en ambos estados cierto era que en forma de can era más frecuentes. Sonreí mentalmente cuando llegó a las orejas, se me erizó el pelo de puro placer, como si hubiese sido un escalofrío humano, no era difícil encontrar mi punto débil. Mientras me tocaba no dejé de mirarla, debía de ser una gran amante de los animales para preocuparse así por mí, me preguntaba qué ocurriría si descubriese que no solo era un perro... la idea se me antojó divertida aunque extraña, no sabía por qué no tenía claro si recibiría cierto rechazo. La gente no se suele mostrar tan amable cuando el otro ser tiene conciencia, como si les diera vergüenza en algunos caso, mero desprecio en otros.

Sin embargo hubo un contacto que distaba de ser placentero. Noté como apenas rozaba la herida, seguramente con la intención de examinarla pero el instinto pudo conmigo, me aparté cuanto pude aunque con algo de torpeza, tenso. La rápida y brusca reacción hizo que una punzada me recorriese el costado, obligándome a lanzar un gruñido que sin embargo no contenía amenaza alguna, era un mero quejido. Idiota de mí, en menudo lío me había metido solo por no utilizar mi forma humana, muchas veces había paseado en forma de perro, me encantaba hacerlo pero entrañaba sus riesgos, y ahora pagaba haber bajado la guardia. Volví a lamer la herida, intentando limpiarla un poco, iba a necesitar bastante reposo hasta que eso sanase, y no podía permitirme un médico así que solo quedaba apretar los dientes, algún vendaje y cama, la naturaleza haría el resto, solo esperaba que no se malsoldasen y hubiese que romperlas de nuevo. Hice una mueca, no sería la primera vez que veía ese proceso, la ayuda caritativa que ofrecían los monjes incluía curas, y sus remedios eran eficaces pero... si se trataba de huesos la brusquedad estaba asegurada.

Intenté sacarme todo aquello de la cabeza mientras sentía las nuevas caricias de la chica. El leve masaje que ofrecían sus uñas me proporcionaba el placer suficiente como para olvidarme un poco del dolor, y la intriga que me producía me ayudaba a evadirme un tanto. Apoyé la cabeza sobre una de sus piernas, mirándola con curiosidad. ¿Cómo se llamaría? ¿Qué haría? ¿Viviría cerca? Parecía pensativa y no sabía si era el culpable de ello, o tan solo meditaba algún problema que le hubiese causado esta pausa forzada. Al sentir como se levantaba aparté la cabeza mientras me sentaba, levantando un poco la pata que pertenecía al lado herido, no quería forzar ese costado de más, y no había posición cómoda para unas costillas rotas. El suelo empedrado menos. Ladeé la cabeza viendo como se iba, había dicho que volvería pero... ¿a qué? No me quedó otra que esperar, después de todo tampoco es que tuviese un mejor plan en mente y la obediencia era una buena forma de pagar a aquella muchacha su amabilidad. Aun así el dolor latente me hizo recordar al hombre, por lo que me pegué bien a las cajas para que su sombra me diese cierto cobijo, solo mis ojos brillaban en aquella mancha negra que formaba... y el rastro escarlata de mi costado.

Me tumbé cerrando los ojos nuevamente. Lo qué daría por transformarme en humano, tenía la imperiosa necesidad de darle las gracias a la chica de cabellos de fuego. Aspiré el aroma que había dejado, rememorándolo, sabiendo que nunca saldría de mi mente. Fuera donde fuese, si es que alguna vez nos volvíamos a reencontrar en otro lugar sabría que era ella. El pensamiento me reconfortó, no dejaría una deuda como aquella sin saldar y lo cierto es que me gustaba la idea de que llegase el día en el que pudiese pagársela. Ahora mismo pese a que pudiese recobrar mi apariencia humana no tenía mucho que ofrecer, de hecho nada más que a mí mismo y algún que otro conocimiento. Pero lo segundo apenas valía para la gente corriente, así que no era una moneda de gran valor. El dolor no me dejaba dormir, así que me dediqué a ver la gente que pasaba por en frente de la callejuela. Niños corriendo, muchachas con el pelo enjaezado de margaritas y cintas de colores, hombres con diversos objetos, alguna carreta... Era una especie de festival mercantil, el juego de formas y colores que tanto me habían atraído unas horas antes ahora me parecían estar lejanos, precisamente a un callejón sombrío de distancia pues a pesar de que sabía que brillaba el sol bien alto mi día se había nublado. Aunque bueno, un rayo se filtraba rebelde con la esperanza de que no estuviese todo perdido.

Cuando la vi aparecer no pude evitar que mi rabo se moviese de un lado al otro alegremente, me erguí un poco, alzando la cabeza para recibirle. Hasta mi oído llegó el sonido del agua contra el odre que traía, y no me hizo falta más que el olor del ato para saber de qué se trataba, sin embargo, su aroma fue más intenso y embriagador en cuanto lo abrió. Noté como mi estómago rugía, desde la comida que me ofrecieron por el trabajo no había tomado nada más que cecina seca y un mendrugo de pan además de litros de agua para engañar el hambre. Pero el olor de una carne tan jugosa y roja despertó todas las ansias, se me había hecho la boca agua y tuve que forzarme a tragar. El primer instinto había sido coger el trozo de carne y engullirlo sin más, mi parte animal se moría por hacerlo y las dos compartíamos estómago así que la razón tampoco le ponía demasiadas trabas al plan. Sin embargo me tenía que obligar a recordar que no era solo un perro, así que me senté estirándome para llegar a su cara, dándole un cariñoso lametón en la mejilla antes de inclinarme y tomar el trozo. Lo desmenucé obligándome a ir despacio, mis dientes no tenía problema para desgarrar la tierna carne, y pensé que era el mejor manjar que había probado en la vida. No había como comer con hambre. Sin embargo había algo en su forma de mirar como me comía el filete que delató que ella tampoco le haría ascos, seguramente había sacrificado unas cuantas monedas en esa carne para alimentarme... Miré el trozo que quedaba en el paquete, y lo empujé hacia ella con cuidado de no tocar la carne con el hocico.

Guárdalo

Quise dar a entender con un ladrido, mientras movía el rabo satisfecho. Sin embargo tuve que apoyarme contra las cajas y dejarme resbalar hasta quedar nuevamente tumbado, la parte grave seguía igual, lo que necesitaba era un vendaje y sobretodo un buen reposo. Me pregunté a mí mismo si tendría las fuerzas suficientes para volver a la posada... Miré a la muchacha, preguntándome si no tendría nada que hacer, estaba volcando una gran parte de su tiempo en mí. Miré la herida de mi costado, la saliva había ayudado a formar una pequeña costra, lo suficiente para detener el sangrado. Me puse en pié un tanto inseguro, iba siendo hora de salir de ahí, la pregunta era... ¿cómo?
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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Ghatta el Vie Feb 04, 2011 6:53 pm

Observó como de forma inmediata el perro comenzaba a engullir, prácticamente la carne, por lo que Ghatta le acarició la cabeza y le dijo que comiese más despacio con una ligera sonrisa, ya que sino se podría atragantar y sería peor. No supo si había sido por sus palabras o por él mismo, pero pronto el canino hizo caso y comenzó a comer más despacio o en realidad a masticar el alimento antes de por fin tragárselo. Había hecho bien en comprar aquella carne pues parecía realmente hambriento. Le sorprendió su gesto cuando de pronto la miró con aquellos ojos tan curiosos y le dijo en un ladrido, que ella entendió, que lo guardase. Alzó una ceja levemente. ¿Para qué lo querría ella? Además, ahora mismo no le gustaba como estaba, lo prefería hecho y aunque oliese bien por su forma gatuna, crudo no era recomendable. Suspiró y vió como el perro se miraba la herida, la verdad es que eso debía ser curado para que no se infectara ni nada parecido. Observó como el canino tenía intención como de irse de aquel lugar. Era evidente que en aquel estado no podía irse así como así y menos solo.

Con suavidad posó la mano sobre la caja para crear una pequeña "barrera". El perro podría pasarla por debajo o por un lado si quería, pero lo había hecho para que parase su paso, total, él podía entenderle así que ahora le diría por qué no iba a dejar que se fuera. Cogió la botella de agua y la abrió, quitando así la barrera y teniendo la atención del perro por ese movimiento. Estaba aún junto a ella así que tras hacer con una mano la forma de un pequeño cuenco, con la otra echó un poco de agua... Eran claras sus intenciones.


- Deberías beber algo, el agua es buena para todo.

Esas fueron sus primeras palabras, espernado a que el perro aceptara el agua y comenzase a medio lamer su mano. Lo cierto es que el lametón que le había dado antes la había desconcertado un poco pero bueno, estaba acostumbrada a tratar con animales y los perros le gustaban para qué negarlo. Sonrió suavemente cuando el perro la miró y entonces volvió a decirle algo.

- Y no voy a guardar nada - dijo utilizando la misma palabra que el perro antes, pero sin darse cuenta - No tengo hambre de momento y te vendrá bien comer algo más, a menos que estés lleno. Además, hay que hacer algo con tu herida, así que te llevaré a un amigo mío, que es veterinario.

Ella le hablaba normal, como le entendiera todo así que seguramente el perro se daría cuenta de que ella sabía que hablaba con alguien que pudiese entenderla sin embargo habría confusión. ¿Le hablaría porque sabía que también podía ser humano? Quién sabe.


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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Firenze el Vie Feb 04, 2011 7:38 pm

Cuando puso la barrera con el brazo giré la cabeza para mirarla. Al parecer sus atenciones no habían terminado y la verdad es que en cierto modo me agradaba la idea, no por el mero hecho de que me cuidase sino porque en cierto modo era como tener una... ¿amiga? Bien dicen que el perro es el mejor amigo del hombre, y la verdad que bajo la forma canina esta vez se había establecido una conexión inversa también. La miré curioso, sin proseguir mi avance mientras observaba con atención cómo abría la botella para verter agua en su mano. Comprendí al instante sus intenciones, y la verdad es que no me venía mal. Me senté, todavía junto a ella, e incliné la cabeza para comenzar a dar suaves lamidas, llevando el agua a mi boca con cuidado. En apenas unos segundos la había vaciado, y permití que la rellenase un par de veces más antes de relamerme satisfecho, mirándola en la espera de su próximo movimiento. Estaba claro que no podía irme así, y ya no era por la herida sino porque de alguna forma tenía que compensar la amabilidad de la mujer, no sabía la ayuda que me había prestado en realidad.

Erguí la cabeza echándola un poco hacia atrás cuando me percaté de la palabra que había utilizado. Podía haber dicho que no iba a recogerlo, a comérselo, o incluso preguntar que qué hacía. Pero no, justo había utilizado la clara palabra que había ladrado yo. Bien era capaz de entender que había gente que tenía don para los animales, que más o menos se entendían o eran capaces de interpretar las señales. Pero ella no me había entendido, ella me había "escuchado". Bien, también había que dejar una puerta abierta al azar pero esas posibilidades pendían de un hilo, si tenía en cuenta nuestro encuentro lo cierto es que era curioso cuanto menos. Mis intrigas sobre ella solo crecieron más y más. Aun así, no quise preguntarlo a base de ladridos, no quería ladrarle, quería hablar con ella propiamente. Algo difícil sin duda en aquellos momentos, pero tal vez más adelante se diese, no sabía cuanto duraría con mi forma canina, si caía dormido había grandes posibilidades de que me descontrolase y cambiase sin darme cuenta pero no sería precisamente el momento adecuado ni creía causarle una buena impresión.

Aun así el instinto me movió una vez más, si no iba a guardar la carne yo tampoco podía cometer la atrocidad de dejarla ahí tirada, menos un trozo de jugosa carne la cual sinceramente estaba riquísima. Mi estómago secundó a mis papilas gustativas, seguía teniendo hambre eso era indudable aunque podía pensar que no ya que el molesto dolor que me había acompañado en el ayuno había desaparecido. Lo tomé despacio, masticándolo sin prisa, degustando cada pequeño bocado para tragar con calma mientras la escuchaba. Con lo de la herida estaba completamente de acuerdo, si había algo que aliviase aunque fuese un poco las punzadas que me atravesaban el costado lo agradecería eternamente, cualquier emplaste o ungüento serviría además para evitar una infección, y había que intentar recolocar el hueso rápido, me costaba respirar y lo único que me faltaba era que se me perforase un pulmón. Ahora entendía a la perfección con lo de "una vida de perros".

Ladré, como indicándole que estaba listo y me puse en pie, andando con cuidado, cojeando un poco con la pata derecha por la herida. Aun así podía caminar, y una vez comprobado me giré para mirarla, esperando a que me enseñase el camino.
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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Ghatta el Vie Feb 04, 2011 8:05 pm

Le había hecho caso nuevamente, eso era bueno, muy bueno. Ghatta observó como el perro bebía de su mano con rápidos aunque suaves lametones. Pronto volvió a llenar su mano hasta que vió que el perro pareció dejar de estar sediento y por lo tanto cerró la botella de forma fuerte sin darse cuenta y entonces la guardó en una de las bolsas que le habían dado que dejó colgando en su muñeca, aunque ahora no colgaría pues estaba sentada contemplando al perro. Estaba contenta porque no sólo había bebido de su mano, sino que también se había comido el último filete que quedaba y eso era también bueno. Oyó el ladrido del perro y entonces asintió con la cabeza y se levantó. Vió también como rápidamente el perro se había situado antes que ella, como esperando a que le indicase el camino. Caminó junto a él, pero vió su cojeó y volvió a preocuparse. Podría llevarlo en brazos perfectamente pero seguramente eso a él le haría daño por su herida y qué más sabe el qué roto, así que no era muy aconsejable, pero así no podía ir, si alguien se chocaba con él el haría mucho daño y la cosa podría empeorar y eso, sí que no era nada bueno.

Debía intentar pensar una forma de llevarle que no le hiciera daño. Por cuestiones del destino, algo pasó por delante suya que le hizo reaccionar directamente, y por ello, tocó la cabeza del perro suavemente diciéndole un "espera aquí un segundo" y salió corriendo tras una señora mayor con carretilla. Al principio le dió algo de vergüenza pararle por sus pintas, pues no parecía muy arreglada ni femenina, pero eso era de siempre, sólo que quizás la gente no estaría acostumbrada, sobre todo en mujeres que hoy en día eran de lo más femenina. Su sonrojo fue mu leve mientras le explicaba la situación a la señora de manera tranquila. Señaló el perro en una ocasión, el cual tenía la pata levantada y la señora mayor se limitó a coger ambas manos de Ghatta y decirle que por supuesto se lo dejaría. Claro que la pelinaranja tenía pensado devolvérselo y por ello preguntó donde tenía su puesto, pues parecía vendedora y efectivamente, tenía uno de telares. Ghatta asintió con la cabeza y cogió la carretilla que no era ni muy grande ni pequeña, seguramente iría cómodo.

Volvió hacia el perro y entonces le indicó que subiese poniéndose de cuclillas al lado con una mano alzada, como para ayudarle a que subiese. Se fijó en qué no tenía collar, ¿cómo se llamaría?


- Empeorarás si fuerzas... Y lo sabes. Anda sube.


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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Firenze el Vie Feb 04, 2011 8:32 pm

Me sentía penosamente lento y torpe, así no íbamos a llegar a ningún sitio si estaba a una distancia media. Una punzada, esta vez de culpabilidad, me azotó cuando vi la cara preocupada de la joven, no solo estaba entorpeciendo la marcha sino que le provocaba aun más quebraderos de cabeza. La verdad que no sabía como iba a devolverle el favor, tendría que conseguir por lo menos un mes de sueldo digno para compensarle y visto lo visto no iba a ser fácil. Pero tampoco pensaba quedarme con la deuda, no aguantaba tenerlas y no era por orgullo sino por conciencia. Cuando me dio un toque en la cabeza la alcé mirándola, comprendí el gesto pero no sabía qué lo había motivado. De todas formas me senté obedientemente, eso sí, apartándome un poco del tránsito, husmeando que el puesto junto al que me colocaba no tenía nada de lo que me pudieran acusar que robaba o mucho me temía que la escena se repetiría. Pero no, había habido suerte, por el olor era un puesto de jabones, algo que un cánido querría evitar a toda costa así que la amenaza había decrecido.

Seguí con la mirada a la pelirroja, pese al barullo y el tránsito pude escuchar la conversación a la perfección, y cuando la anciana se fijó en mí aumenté un poco más el gesto añadiéndole un punto de drama, aunque lo cierto es que tampoco hacía falta demasiado, estaba realmente desastrado. Sin duda la solución de la carretilla había sido ingeniosa, y ver que la buena mujer nos la prestaba sin mayor reparo me alegró sinceramente, ver que todavía había gente tan buena le daba a uno esperanzas para seguir sirviendo al resto. Dediqué una silenciosa oración a Hiristha, a pesar de las pruebas que había tenido que afrontar estaba siendo más que bien recompensado. La diosa apretaba pero sin llegar a ahogar.

Miré la carretilla sin mucho ánimo tampoco, aunque pequeño uno tenía su orgullo aunque tampoco estaba la situación para andarse con remilgos. Aun me quedaban algunas fuerzas, así que salté lo máximo posible para que no hiciese falta que me ayudase demasiado, ya estaba haciendo demasiado trabajo por mí con todo aquello. Me acomodé con cuidado en la carretilla, dejando boca arriba la herida para que el traqueteo de los adoquines no empeorase la fractura y aguardé pacientemente a que me llevase. Nuestro destino tampoco terminaba de ser de mi agrado, aunque por lo menos mi anatomía canina era perfectamente común, algo más fuerte pero nada que hiciese sospechar mi extraña condición, así que me atenderían como a un animal y todo seguiría bien.

Le dediqué una última mirada de agradecimiento a la chica, y con un entusiasta ladrido indiqué que todo estaba listo.
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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Ghatta el Vie Feb 04, 2011 9:05 pm

[FDI: Soy pelinaranja ;) ]

Ghatta observó como el perro se acercaba y de cómo, de un salto ágil, subía a la carretilla. Bueno, por lo menos podía saltar ligeramente. La ladrona se situó tras la carretilla y pronto alzó sus dos agarres de madera para cogerlos y comenzar a andar hacia el veterinario. Y sabía de memoria donde se encontraba pues no era la primera vez que ayudaba a un animal herido, sea gato, perro, pájaro o vete a saber qué. Ghatta tenía un extraño amor hacia ellos incontrolado y no podía evitarlo, quizás porque cuando ella era una felina y estaba en mal estado, le hubiese gustado que alguien le ayudase en aquellos momentos. Suspiró y siguió caminando entre las callejuelas, pues por ahí sería más corto y el perro no estaba para viajes largos. Sorteó un par de obstáculos sin mucha dificultad aunque era cierto que todo aquello le estaba cansando un poco por el simple hecho de pesar y que además, los agarres no estaban bien pulidos y alguna que otra astilla estaba clavándose en una de sus manos, concretamente, la derecha. Sin embargo no le importó y siguió su rumbo.

Aproximadamente diez minutos después, habían llegado ambos al lugar, era una casa blanca con un pequeño letrero pobre de madera con letras negras y una huella de animal. Ghatta tocó a la puerta y entonces le atendió un señor calvo con una mirada gentil que pronto se llevó las manos a la cintura y sonrió ligeramente mientras negaba con la cabeza.


- Qué raro tú por aquí...
- Ya bueno, pero esto es más serio - dijo entonces llevándose la mano tras la cabeza - Le han apaleado, tiene una herida fea y por sus movimientos diría que huesos rotos... Por favor mírale...
- Pero señorita, ya sabe que utilizar determinadas instalaciones es caro.
-No te preocupes, sabes que conmigo no has tenido nunca problemas...
- Pásalo dentro, anda.

Ghatta sonrió satisfecha y entonces ayudó, etsa vez sí, al perro bajar para acompañarlo al interior. Tendría que dejarle sólo durante unos minutos pero, es lo que tenía que hacer, dejar que el profesional se ocupara del resto pues ella en esto no podía hacer demasiado. Miró hacia el perro y le hizo un gesto de aprobación con la mano, levantando para ello el dedo pulgar de ésta. Ahora, sólo le tocaba esperar....



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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Firenze el Vie Feb 04, 2011 9:46 pm

Cerré los ojos dejándome llevar. No sabía cuanto duraría pero no me podía quedar dormido, tarea cada vez más difícil tenía que admitir. Decidí dejar que mi oído trabajara por mí, podía escuchar con claridad el traqueteo de las viejas ruedas quejándose contra los adoquines, la desvencijada madera crujiendo de forma inaudible en su corazón, un quebrar muy distinto al que tenían las astillas al levantarse, este era más agudo y seco. Y hablando de quebrar, porqué no, también escuchaba mis huesos quejarse cuando nos topábamos con algún obstáculo. La gente se solía maravillar al escuchar su corazón, pero escuchar tus huesos arañarse entre sí distaba de ser agradable, es más, me ponía de los nervios así que alejé mi mente de ello.

Por fortuna el trayecto no duró demasiado, y en cuanto quise darme cuenta estábamos en la puerta. Acepté la ayuda para bajar, no era recomendable que apoyase todo mi peso en las patas delanteras así que de buena gana acepté el apoyo. Observé con atención el encuentro, quedaba claro que la mujer era cliente habitual del local, lo que me arrancó una sonrisa interna. Avancé hasta la sala que indicaban, una de las habitaciones de la casa que había sido transformada. En el medio había una enorme mesa de madera maciza cubierta por una sábana de lino blanco en la cual me acomodó una mujer de aspecto amable, la ayudante del hombre según supuse. Hasta mi nariz llegaban el olor a jabón y agua hervida, a metal y... sangre, seguramente habían tenido que hacer alguna intervención a otro desgraciado animal. Dejé escapar un suspiro insatisfecho, me ponía nervioso ver esas baldas de madera cubiertas de tenazas, anzuelos, agujas de costura e hilo de pesca, además de otros instrumentos que más parecían para la tortura que para la sanación.

Cerré los ojos, deseando que pasase todo rápido, y no sé en qué momento perdí la noción de todo.
Hasta que la presión en mi costado aumentó haciéndome toser. Una tos que no venía precisamente de un perro.

El sonido metálico y un grito llenaron la sala, la ayudante se había tenido que llevar un buen susto al encontrar a un hombre desnudo en lugar de al enorme perro negro tendido en la mesa. Salió corriendo y yo por mi parte lancé una maldición, tocaba explicar muchas cosas y por otra parte el costado me mataba literalmente. Alcancé un extremo de la linaza envolviendo aunque fuese mi cintura, tenía que recuperar un poco más de fuerza antes de levantarme, dudaba que mi forma bípeda tuviese el mismo aguante que la canina.

Una voz llegó a mis oídos desde la entrada.


" Disculpe... creo que lo que necesita no es precisamente un veterinario, véalo usted misma"
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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Ghatta el Vie Feb 04, 2011 10:40 pm

Ghatta se había sentado fuera, aunque la verdad de forma un pelín impaciente para qué negarlo. El perro estaba mal, la verdad es que el pobre chucho seguramente las estaba pasando canutas pero Ghatta es que no podía hacer más de lo que había hecho ya, que era cuidarle, darle de comer y un lugar al que ir a curarse. Estaba sentada en una de las incómodas sillas de madera mientras se miraba la mano, que contenía alguna que otra astilla, las cuales empezó a quitar ligeramente, aunque era imposible quitar las más profundas y lo cierto es que molestaban bastante. Lo intentó con los dientes y no pudo por lo que se maldijo en voz alta. Suspiró y miró al techo, con la mano abierta y sobre su rodilla, a la espera de alguna novedad. Sin embargo un grito hizo que inmediatamente Ghatta se levantase de la chica. ¿Qué había ocurrido? ¿Qué le había ocurrido al pobre perro? Aunque, para ser sinceros, el grito era respuesta de haber sido más bien asustada, no por nada peligroso la verdad, aún así se había alertado bastante. No obstante, la puerta se abrió de repente y salió la ayudante del hombre de antes, algo sofocada y sonrojada. Ghatta seguía sin enteder absolutamente nada...

- Disculpe... creo que lo que necesita no es precisamente un veterinario, véalo usted misma.

Sin embargo, antes de que Ghatta hubiese entrado si quiera a la sala, el veterinario le había echado una bata por encima al chico, que se encontraba desnudo y en mal estado. Cuando Ghatta entró sus ojos se abrieron como platos al ver a un chico sobre la mesa de madera en vez de un perro... Y estaba... ¡Completamente desnudo! ¿Dónde estaba el perro? Ghatta miró hacia los lados y entonces analizó la situación pero sólo se dió cuenta de lo sucedido cuando vió la mirada del chico. Esos ojos, azul y ámbar... No había visto a nadie así, sólo a un animal y ahora a un hombre.. Era demasiada casualidad. Estaba tan sorprendida por la situación que ni se había parado a pensar nada, no podía ni sonrojarse ante la situación. Apartó la mirada durante unos segundos... ¿Por qué no le había dicho que era un hombre? Si sabía de sobra que Ghatta le entendía... O quizás no, bueno daba igual. De pronto un flechazo intervino en su cabeza. Si el perro antes estaba herido era lógico que ahora también y por las muecas que había hecho el chico, era evidente que sí además del comentario de la enfermera.

- Carl, ponle algo encima. Hay que llevarle a un hospital - sentenció, aunque no con la misma amabilidad de antes.

Sentía que había sido engañada y que sólo le habían utilizado, pero bueno, con tal de que no se muriera lo demás le importaba un comino. En cuanto estuviera en el hospital no esperaría como ahora, simplemente se largaría pues de verdad sentía que le habían estado tomando el pelo las últimas horas. Carl, el veterinario, hizo caso de las palabras de la chica y pronto le dió unos pantalones que tenía él de sobra, blancos, pues era como su uniform, además de la bata. No podía darle más pues era imposible sacar ropa interior en aquel lugar, tampoco era mago y la suya no se la iba a dar. Ghatta refunfuñó ligeramente y entonces miró a la enferma.


- Siento mucho todo esto - dijo entonces para luego mirar al "perro" - Y tú, vamos. Pesas mucho para la carretilla así que camina.


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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Firenze el Sáb Feb 05, 2011 7:53 am

Tomé aire con una profunda bocanada, unos pasos que bien había aprendido en la última hora se acercaban con urgencia. Ella venía, y me vería bajo aquella forma. Una vez más se vería puesta a prueba la clemencia humana, aunque en esta ocasión sabía bien que eso era lo menos importante, a lo que más temía era su rechazo, se había portado demasiado bien conmigo para que terminásemos a malas, quería aunque fuese explicarle... ¿el qué? ¿Exactamente qué podía yo explicarle de lo ocurrido?Giré la cabeza justo a tiempo para ver como sus ojos se abrían casi desorbitados, pese al primer momento de confusión en la que pareció buscar al animal no tardó mucho en asimilar que yo era aquel perro. Apartó la vista, pero no era por pudor, su respiración se había acelerado, ahora salía con más fuerza y su expresión iba cambiando poco a poco. Se estaba enfadando, no podía afirmar a ciencia cierta cual era su cadena de pensamientos pero sin duda no estaban llegando a un final satisfactorio. Me incorporé un poco sobre un codo, mirándola en silencio y no porque no quisiese hablar, sino porque si abría la boca lo más seguro era que apareciese un quejido. La disposición de mi caja torácica humana era distinta a la animal, bastante más estrecha así que presión en el pecho solo había aumentado de manera incómoda.

Su voz era mucho más tajante, ya no tenía el cálido tono de antes, tan conciliador y amable, ahora más que nada había sido una especie de seco gruñido. La teoría del enfado estaba confirmada, sin embargo me sorprendió que todavía permaneciese allí. Había esperado una sarta de gritos, improperios y maldiciones contra mi persona, alguna exigencia y por mi parte una avalancha de explicaciones y disculpas si es que antes no se iba dando un portazo y dejándome ahí. No la culparía por ello, de hecho era la reacción más humana que cabía esperar. Pero no, una vez más me sorprendió, de hecho parecía que iba a acompañarme. Aquél "tú" me arrancó la sombra de una sonrisa que dudaba que hubiese llegado a ver, y seguí su espalda saliendo de la habitación con paso enfurruñado mientras seguramente iba recitando mentalmente las maldiciones que no me había soltado a la cara. Acepté el pantalón casi sin darme cuenta, todavía seguía pensando en la chica de cabellos naranja como si pudiese verla a través de la puerta. Solo conseguía despertar más mi curiosidad a cada acción, lo cierto es que le debía cuanto menos una charla.

El veterinario se entretuvo un poco más conmigo, a pesar de que ya no estuviese en mi forma cánida examinó la herida y la lavó con cuidado, mascullando para sí mismo antes de darle cuatro puntadas mal dadas con un grueso hilo negro. Comentó que eso debía bastar para que no se reabriese hasta llegar al hospital, tras lo que me vendó el pecho con unos cuantos jirones de sábana. Tomé aire, adaptándome a la presión, lo cierto es que con las cotillas bien sujetas me sentía mucho mejor. Le agradecí todo lo que había hecho por mí y pregunté si podía compensarle de algún modo pero negó todo con una sonrisa nerviosa mientras evitaba mi mirada. Bueno, no era la primera vez que me trataban como un bicho raro, y sabía que casi era más por mi mirada que por las orejas. Un murmullo llegó de la planta de arriba, al parecer el rumor del perro que se había transformado en hombre comenzaba a volar por la casa, una anécdota para la hora de la colada sin duda alguna. Lo que me pilló más por sorpresa eran los livianos pasos que parecían bajar corriendo la escalera y se paraban frente a la puerta.

Ignoré un poco todo aquello y me dediqué a abrirle un agujero al pantalón para poder sacar la cola por él. Nunca había utilizado pantalones blancos, era una prenda que fuera de la capital dudaba que se acostumbrase, al menos en Monaghan era algo raro de ver, tanto estudiantes como monjes utilizaban prendas más oscuras. El hombre era más bajo y ancho que yo, así que el resultado puestos en mí era un poco extraño, las perneras apenas me llegaban a mitad de la tibia, y tuve que apretarme bien los cordones de cuero que lo cerraban en la cintura. Aun así todo era mejor que ir con una sábana atada a la cintura por la ciudad, así que sin mayores remilgos me puse en pie, con cuidado en los dos primeros pasos, intentando acompasar mi respiración antes de salir. Al abandonar la sala vi a la chica que me había acompañado, esta vez desde arriba ya que erguido llegaba casi a los dos metros. Sonreí mentalmente, había sido un pensamiento bastante estúpido en una situación como esa. También estaban el veterinario y la ayudante, y la esquina de la escalera a mis espaldas pude ver una chiquilla de apenas unos ocho años mirándome con una sonrisita. Así que esa era la propietaria de los pasos ligeros... Sonreí al percatarme de a donde iba su mirada, por la forma en la que se mordía el labio no era difícil adivinar sus deseos. Sonreí cálido, llevándome una mano al costado para sujetarlo mientras hincaba una rodilla en el suelo, agachando un poco la cabeza. Con una risita infantil llevó las manos a mis orejas, como si quisiera tocarlas antes de que me arrepintiese. Suspiré, ahora sí que me sentía como un perro casero.

No quería hacerle esperar a la chica, así que me erguí con algún que otro esfuerzo, y tras inclinar la cabeza a modo de agradecimiento hacia la pareja salí del recinto, esperando a la pelinaranja y el chasquido de la puerta al cerrarse. Tomé aire, volviéndome para encararla sin quitar la mano de mi costado, me negaba a molestarla más.

- No hace falta que me acompañéis al hospital, tampoco es algo que pueda costearme y con el pequeño apaño que me ha hecho el veterinario creo que estaré bien - comenté con calma, dejando que la grave suavidad llegase hasta ella- Os agradezco todo lo que habéis hecho por mí, me gustaría compensároslo de alguna forma, pero me temo que apenas tengo unas monedas que no llegan ni para afrontar la carne.

Me apoyé contra la pared dejando escapar un suspiro. La cosa estaba complicada.
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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Ghatta el Sáb Feb 05, 2011 8:46 am

La ladrona había abandonado la sala más rápido que volando y ahora se encontraba en la sala de espera, delante de la puerta que daba a la calle. Estaba con los brazos cruzados y murmuraban para ella misma. ¿Por qué siempre confiaba tan ciega en los animales? Bueno, es cierto que de unos 20 animales que había ayudado, sólo dos le habían salido mitad humano, pero vamos, la simplea idea de que éste también fuera medio mago... ¡Lo que le faltaba era convertirse también en perro! No, ya era una condena para ella tener que convertirse en gato y encima de manera "luminosa" o más bien mágica. Un largo suspiro salió de sus labios intentando asimilar todo lo que había ocurrido. Todavía se preguntaba por qué demonios el chucho no le había dicho absolutamente nada. ¿Qué se creía? ¿Que ella estaba loca y era normal hablar tan seguido con un perro? ¿¡HABLAR!? Si es que había que ser tonto para no darse cuenta... Apretó su cruzamiento de brazos y negó con la cabeza para luego apretarse el ceño con una de las manos. ¿Por qué le tenían que tocar a ella las cosas complicadas? En fin...

El chico había tardado más de lo normal en salir, seguramente Carl le estaba haciendo algún apaño y es que, aunque fuera veterinario, había cosas que no diferenciaban tanto a los humanos de estos, así que curarle aunque fuese un poco no sería difícil. Pero ahora.. ¡Un hospital! Más caro todavía. ¿Y tenía que dejar de comprar muebles por ayudar a alguien que le mentía!? Bueno, no le había mentido exactamente, digamos que no le había contado toda la verdad. Aún así, seguía molesta por varias cosas. Primero por las "no informaciones" que no había tenido, segundo porque encima no podía ser una perrita mona, no, tenía que ser un PERRO y encima... En fin. Y tercero, que sabía que su conciencia no la dejaría irse por esa puerta o darse la vuelta hasta que el chico no estuviese por lo menos en una camilla de hospital. Podría pasar por su casa de camino a allí para coger dinero... Su precioso dinero del cual se desprendería más rápido que volando, un dinero limpio y sin robos. En fin, mejor dejar de pensar en eso.

Cuando el chucho salió, Ghatta le estaba dando la espalda pero se había percatado de las miradas curiosas y por el rabillo del ojo vió su gesto de agacharse. ¿Qué estaba haciendo? Se giró ligeramente, o más bien giró el rostro suavemente y vió como el chico lo había hecho para que una niña comenzara a juguetear con sus peludas orejas. De pronto un leve sonrojo inundó sus mejillas al recordar escenas que le habían pasado a ella con sus orejas. En fin... ¿Quería intentar hablandarle el corazón con esas cosas? Pues no lo iba a conseguir, ¡por lo menos no tan fácilmente! Ambos salieron del lugar y entonces, por fin, el chico le dijo algo.

- No hace falta que me acompañéis al hospital, tampoco es algo que pueda costearme y con el pequeño apaño que me ha hecho el veterinario creo que estaré bien. Os agradezco todo lo que habéis hecho por mí, me gustaría compensároslo de alguna forma, pero me temo que apenas tengo unas monedas que no llegan ni para afrontar la carne.

De brazos cruzados, Ghatta alzó una ceja y se giró hacia a él.

- Y supongo, vamos por suponer - dijo sarcásticamente - Que si yo me encontrara en la misma situación y tú pudieses ayudarme económicamente me dejarías tirada.. - evidentemente, prácticamente nadie haría eso a menos que fuese un capullo integral, que los hay - Y ahora arreando, primero pasaremos por mi casa que tengo que buscar una cosa.

Había visto su gesto de apoyarse a la pared. Es que así no llegaría muy lejos. Se iba a arrepentir, ella lo sabía. Encima él era enorme... En fin. Se puso a su lado mirando hacia otro lado, de manera orgullosa aunque más bien estaba molesta y enfadada.

- Agárrate o lo que sea, así no puedes caminar.


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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Firenze el Sáb Feb 05, 2011 10:27 am

Su postura de brazos cruzados, su ceño levemente fruncido y el aura que poseía en general me hacían pensar en ella como una gata enfurruñada. Intenté tragarme la sonrisa que intentaba abrirse paso por difícil que fuese, lo que me faltaba es que pensase que me burlo de ella, y no creería la excusa de que había sido un cánida broma mental lo que la había provocado. Suspiré divertido por su ironía, parecía querer sonar más severa de lo que la situación le acreditaba si echaba la mirada hacia atrás. ¿Quería seguir ayudándome? Tenía que admitir que eso era una verdadera sorpresa, parecía más que molesta con el hecho que no fuese un perro común y corriente y sin embargo, pese a no tener motivos para ayudarme seguía insistiendo con lo del hospital. Solía calar a las personas más o menos rápido, pero ella se me escapaba con creces, lo cual solo hacía que todo fuese más curioso y en cierto modo divertido, mientras sobre ella recaía una apariencia más misteriosa si cabe.

Lo que se me escapaba de verdad era el motivo por el que estaba tan enfadada. ¿Pensaba que le había ocultado algo? Bien es cierto que no le había dicho que tenía una forma un tanto híbrida pero tampoco tenía manera, por muy empática que fuese con los animales era imposible a base de ladridos descubriese que quería decir tal cosa. Bueno, siempre quedaba esa teoría de que me "entendía", pero no estaba confirmada y aun así, ¿cómo se supone que tenía que decírselo? "Ey, gracias por la carne y tu ayuda, por cierto, puedo hacerme humano" Quedaba burdo de todas las formas posibles. La otra posibilidad de su enfado radicaba en que buscaba una mascota, pero era más imposible, las chiquillas quieren cachorros monos y adorables, no perros enormes y apaleados tirados en callejones. Quería conocer su motivo, si le molestaba haber ayudado a un hombre (aunque en realidad no lo fuese), si su reacción hubiese sido distinta de haberme encontrado apaleado en la calle bajo mi forma humana.
Sin duda habría tiempo para planteárselas, pero ahora no me parecía el momento adecuado.

Cuando se ofreció a ser mi apoyo asentí levemente, era más que evidente que andando a mi ritmo no iba a llegar muy lejos, de hecho con tres costillas rotas no debería moverme de una cama, cada paso era un suplicio. Pero no podía quejarme, además de que dudaba que ella se diese por satisfecha con otra respuesta que no fuese un "sí". Me acerqué dejando atrás un gruñido, mirando como debía apoyarme... Por su postura veía que la situación no le hacía la menor gracia, pero no encontraba otra forma de apoyarme que no fuese pasando el brazo por sus hombros. Tras un momento de duda a su lado, sin saber bien como mover el brazo para minimizar el contacto me rendí, pasándolo por sus hombros. Sonreí, ni siquiera había girado la cabeza pero había visto su gesto un tanto exasperado ante mi contacto.

- Gracias - dije con sencillez, no por lo del apoyo sino por todo en general. Intenté borrar la sonrisa, apretando los dientes para que no creciese pero... pero... es que había algo en ella que me resultaba divertido, y cuanto más dura y distante intentaba parecer más divertido me resultaba. Negué para mí mismo y comencé a andar, siguiéndola, intentando apoyarme lo menos posible. Las calles fueron cambiando bajo nuestros pies, se acercaba el mediodía y el mercado se iba vaciando poco a poco mientras la gente se reunía para comer. A la tarde las calles volverían a estar atestadas, de eso no cabía duda, pero agradecí que nos pudiésemos mover con cierta fluidez y sobretodo evitando los empujones y demás trabas.

- Firenze - dije sin mirarla tras un rato de camino, aunque pude sentir su mirada sobre mí- Me llaman Firenze.



OFF: siento que sea tan corto pero es que me van a cerrar el comedor xD Nos vemos luego!
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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Ghatta el Sáb Feb 05, 2011 10:56 am

Ghatta miraba hacia otro lado, no quería mirarle, no quería saber nada en realidad del tema. Quería que el chico se agarrase a ella como fuera y que comenzaran a caminar hacia el hospital de una vez, porque sino, la cosa sería grave y no podía mirar como alguien moría, a saber si tenía algo mucho más grave de lo que aparentaba. En fin, finalmente y como de costumbre durante ese día con el perro, éste, volvió a hacerle caso y se apoyó en ella... Pasando su brazo por el hombro de la chica y apoyándose lo menos posible, aunque Ghatta por inercia intentaba que se apoyara de manera normal porque sino no serviría de nada la ayuda que le estaba proporcionando la pelinaranja. Comenzaron a caminar, en silencio, y antes de pasar de la puerta Ghatta le indicó con la mirada al veterinario, Carl, que por favor cuidara de la carretilla, éste se limitó a asentir con la cabeza mientras caminaba hacia el transporte. Ambos siguieron caminando hacia delante, con un ritmo lento, aunque no tanto como para como estaba la cosa, se notaba que se estaba esforzando. De pronto, el chico se soltó una palabra de agradecimiento y ella se limitó a mirarle de reojo, no le respondió. ¿Para qué? Había quedado demostrado que lo hacía por amor a los animales y porque no podía dejar a alguien herido y menos si lo había ayudado desde un principio.

Siguieron caminando entre callejones. La muchacha también se había dado cuenta de que el trayecto había sido fácil debido a la poca gente que en ese momento había, pues todos o la mayoría, habían partido a comer con sus familias. El estómago de Ghatta pedía comida, pero aún no había rugido de forma sonora por lo que nadie podría detectarlo. Estaban llegando casi a la casa de la ladrona cuando de pronto, el silencio entre ambos volvió a ser cortado, y de nuevo por la misma persona, o lo que fuera. Suspiró de sólo recordar todo lo de antes, pero aún así le escuchó.


- Firenze. Me llaman Firenze.

Un nuevo movimiento de ojos hizo que Ghatta le mirase de reojo. ¿Firenze? ¿Le llaman? ¿Es que no tenía un nombre propio? ¿Es que no estaba seguro de su nombre? No dijo nada y entonces volvió la vista hacia delante. Ella no iba a decirle su nombre, nunca le daba su nombre a un extraño y menos... Si de vez en cuando robaba, vamos, que no era lo más apropiado para ella. Unos diez pasos más y estuvieron delante de una puerta, que no parecía la de un hospital para nada. Era más bien antigua, de madera vieja y gruesa. Ghatta se inclinó ligeramente en la pared para que "Firenze" se apoyase en ésta. Le miró de reojo mientras se subía en los pequeños escalones, en concreto dos, y abrió la puerta. La dejó media abierta y no tardó ni tres minutos en salir. Ahora, su pequeña bolsa de cuero que colgaba de su cintura pesaba más, y se hacía algo evidente para ella, no sabría a ciencia cierta si el chico se fijaba en esos detalles. Aunque, el sonido contra su cadera era evidente. No dijo nada y se volvió a poner junto al chico, sin embargo cuando se apoyó en la pared con la mano derecho, no pudo evitar quejarse y mirársela rápidamente.

Las astillas.

Ya casi se había olvidado por el mosqueo que se había cogido antes. Se miró la mano con concentración y entonces volvió a intentar quitarse la que estaba más clavada. Seguramente quedarían unas tres, pero no tenía mucha presición a pesar de tener las uñas algo largas. Cuando llegara al hospital de paso pediría ayuda con eso. Se dió cuenta de que había desviado la atención del chico hacia ella, y eso era lo menos que le apetecía ahora mismo y por ello, directamente le cogió del brazo y lo puso sobre su hombro, para volver a empezar a caminar.


- En diez minutos habremos llegado al hospital - anunció.

Sin embargo, una pequeña duda la correía por dentro y su curiosidad, por culpa de un hechizo, era mayor.


- ¿Te llaman? ¿Acaso no tienes un nombre propio?

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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Firenze el Sáb Feb 05, 2011 12:05 pm

Sus breves miradas y el imperioso silencio me dieron una de las órdenes más claras que había recibido en el día: cerrar la boca. No quería comunicación alguna, a mi no me molestaba el silencio pero la verdad es que la situación ameritaba algo de cuidado por mi parte. De todos modos, la misiva principal era no molestarla más de lo que estaba haciendo, por lo que me callé y dejé la mirada en el frente, bajándola de cuando en cuando por el cansancio acumulado que no dejaba ver, me estaba costando más esfuerzo de lo que pensaba, y tras los días que había pasado sin comer tampoco tenía una fuerza excesiva a pesar de mi constitución. Recordé los dos filetes que había comido y ahora pesaban en mi estómago, si no fuese por ella todo estaría mucho peor. Aunque ahora estaba seguro de que preferiría habérselos guardado como compra casera, o directamente haber ahorrado el dinero.

A pesar de todo sabía que había despertado aunque fuese un poco de su curiosidad, la mirada que me dedicó cuando dije mi nombre estaba menos cargada de reproche, y posiblemente la tentación estuviese paladeando su lengua en una lucha interna por si debía preguntar y saciar la duda o callar y permanecer tras la férrea barrera que había instaurado entre nosotros. Al parecer pudo su voluntad, dejando claro una vez más que no quería saber nada más de mí, que aquello era casi una especie de obligación propia para tener la conciencia tranquila y que en cuanto llegásemos me podía ir despidiendo. Bueno, supongo que en parte me lo merecía, incluso me sentía un poco culpable a pesar de que no había hecho mal intencionadamente. Por otra parte, las preguntas también bailaban en mi lengua, sobretodo la que cuestionaba su odio acérrimo hacia mí.

Llegamos a lo que debía de ser su casa, pues no tenía pinta de hospital precisamente. Aguardé contra la pared, suspirando en parte aliviado por la pausa, el efecto calmante de la venda se estaba disipando, y los puntos me tiraban a rabiar con cada paso. Lo único que me apetecía era tirarme en algún establo en un jergón de paja y descansar olvidando toda la mañana. Bueno, casi toda, dudaba que pudiese olvidar a la chica de cabellos de fuego y su mirada de desaprobación. Reí para mí mismo, vaya si era una chica curiosa... Una gata. Parecía una gata, y como no me había dicho su nombre ni parecía tener la menos intención de hacerlo así la bauticé en mi mente. Hablando del diablo, apareció con un cristalino tintineo que llegó hasta mis oídos casi sin darme cuenta. A raíz de ello recordé la primera imagen que había tenido de ella, y con solo un vistazo descubrí la diferencia. Dinero, la bolsa estaba visiblemente más llena que incluso antes de comprar la carne, tenía que haber bastante, y su destino no era un misterio. Así que nos habíamos desviado hasta su casa a por dinero... para pagarme el hospital. La miré a los ojos perdido en mis pensamientos, si tanto parecía despreciarme ¿por qué hacía todo aquello? Su moral tenía que estar tranquila a sabiendas de que me había ofrecido por lo menos un médico, no era el especialista adecuado pero tampoco era como si me hubiese dejado tirado en el callejón medio muerto.

Cuando se acercó más y se apoyó en la pared pude escuchar con claridad su quejido, y recordé el traqueteo de la carreta. Sin lugar a dudas se había herido en el intento de otorgarme una cura, seguramente se tratase de alguna astilla, o eso es lo que parecía que trataba de sacar. Aun así, no sabía si era por orgullo o porque le molestaba mi mirada pero en cuanto se percató me tomó del brazo dispuesta a seguir con un anuncio tajante. Pero no me moví, es más, aparté el brazo justo después de que por fin surgiese la pregunta que parecía haberle estado carcomiendo por dentro. Sonreí para mí mismo, tomando su mano sin mediar palabra. Al igual que en mi forma canina la temperatura de mi cuerpo era superior, así que calenté la zona de las astillas sosteniéndole la mano entre las dos mías, haciendo que sus poros se abriesen un poco. Con la ayuda de mis uñas en forma de cortas garras pude imitar el efecto pinza, y mi vista seguramente era treinta veces mejor que la de cualquier médico para detectarlas con precisión. Con paciencia, sujetándole la mano con firmeza saqué las tres astillas y media que habían quedado en su piel, retirando con el dedo la pequeña gota de sangre que surgió de una de ellas.

- No, al menos que yo recuerde. Los monjes me decían Firenze, y así me parece que he quedado.

Expliqué tan escueto como pude, aunque la calma de antes mientras pasaba ahora sí, un brazo por sus hombros y comenzaba a andar. No intenté forzar otra pregunta, sabía que no me respondería, si bien no quería saber nada (casi nada) de mí mucho menos querría que supiese yo de ella, así que tenía la sensación de que me quedaría así, con mi Gata enfurruñada de cabellos de fuego.
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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Ghatta el Sáb Feb 05, 2011 12:31 pm

Que el brazo se fuera de sus hombros fue un movimiento inesperado para ella y por eso, se giró hacia él, como con ojos llenos de preguntas. ¿Por qué había quitado el brazo? Sin embargo, pronto tomó su mano derecha entre las suyas y comenzó a sentir calor. ¿Q-Qué estaba haciendo? Estaba algo entrecortada, mirando los movimientos que estaba ahora haciendo el hombre-perro. Agarró entonces la mano de la ladrona con firmeza y seguidamente, con sus uñas largas y tras acercarse para visualizar mejor la palma de la muchacha, comenzó a extraer las astillas. Ghatta le miraba sorprendida pero con detenimiento. ¿Por qué hacía eso? Sin embargo, pronto la pregunta fue respondida en su cabeza y de forma automática. Había recordado el pequeño discurso que le había echado al chico si la situación fuese al revés, y seguramente, si el chico hubiese sido el salvador de Ghatta, ésta seguramente le hubiese ayudado con lo primero que hubiese visto. Por lo que no dijo nada y se limitó a aceptar nuevamente el movimiento del chico de posar el brazo otra vez sobre su hombro. Le cogió ligeramente, para ayudarle mejor y pasó una mano por su cadera, tampoco quería palparle demasiado pero bueno, debía ayudarle pues se había fijado que el ritmo de sus pasos eran aún más lentos que antes. No quería hacerle daño, por lo que tendría cuidado al agarrarle de la cadera.

- No, al menos que yo recuerde. Los monjes me decían Firenze, y así me parece que he quedado.

Por un momento, se imaginó un perro sólo y abandonado, más bien un cachorro que había sido acogido por monjes y que estos, le habían regalado no sólo un hogar y comida, sino un nombre, una identidad. No dijo nada y se limitó a dejar que su mente imaginase con ello mientras seguía caminando. La verdad es que no solía dar conversación y menos con alguien extraño, pero no sabía por qué le molestaba. Era como si hubiese jugado con ella en ese sentido. Aún seguía pensando que podría haberle dicho que no era un perro común, ya que ella se comunicaba con él... Aunque, ella no sabía que Firenze en realidad, no sabía a ciencia cierta si efectivamente le entendía o que se comunicaba con animales... Un suspiro salió de sus labios sin darse cuenta, pues iba pensando en sus cosas. ¿Por qué todo debía de ser así de complicado?

Giró su vista unos instantes y entonces miró al chico, conectando durante unos segundos con su mirada ambarina y azul.


- ¿Cómo vas? ¿Te sigue doliendo mucho?


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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Firenze el Sáb Feb 05, 2011 11:13 pm

Su mano en mi cadera me sorprendió un poco, pero a la vez me sentí en cierto modo reconfortado, era su mejor modo de dar las gracias supuse, y a la misma vez sentí como el muro que se había levantado entre ambos se desvanecía levemente, ya no me parecía tan impenetrable como en un principio. Sonreí para mis adentros, apoyándome esta vez con algo más de confianza, el apoyo me venía bien y estaba cansado como para darle más vueltas a la ya de por sí confusa y extraña situación. A fuerza de caminar, habíamos ganado una extraña coordinación como cuando se baila con un extraño por primera vez, y al final de la canción sientes haber dado esas vueltas a su compás cientos de veces. Bien, tal vez no hubiésemos dado cientos de paso, pero el tiempo que llevábamos juntos se me había hecho eterno y no porque fuese una compañía desagradable, al contrario, en cierto modo y pese a la rareza de nuestro contacto me agradaba, eso sin contar que no podría olvidar nunca lo que había hecho por mí, es más, pensaba compensárselo me costase el tiempo que costase.

- Un poco, más que nada es cansado. Creo que con una cama y reposo me valdrá... De verdad que no es necesario el hospital.

Murmuré cerrando los ojos para ser yo el que suspirase esta vez. Era un desesperado intento de hacerle cambiar de opinión, de no ser una molestia tan grande como le estaba suponiendo. Había escuchado su suspiro, a pesar de que en cierto modo la atmósfera se había serenado sentía como si de verdad la hubiese decepcionado, y eso no parecía ir a perdonármelo tan fácil. Caminé en silencio, esperando a que se retractase y me dejase en cualquier esquina, o por lo menos encontrásemos otra solución que no supusiese ese gasto económico. Miré de reojo, mis pies andaban solos así que intenté interceptar su mirada, me daba cierta confianza el contacto visual.

- ¿Qué es lo que tanto te molesta de mí...?

Aventuré a preguntar, si la pregunta había traicionado su lengua antes ahora era la mía la que cedía ante la curiosidad. Respetaba el silencio en el que quería guardar su anonimato, no necesitaba su nombre, su edad ni su historia. Pero por lo menos quería conocer el motivo de ese gesto en principio enfadado pero a la vez triste que se había instaurado en el vértice de sus cejas, y no parecía querer retirar el velo esquivo en su mirada. Aguardé paciente, tampoco podía forzar una respuesta, pero no perdía nada con intentarlo.
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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Ghatta el Dom Feb 06, 2011 12:57 am

Volvió a insistir sobre lo de no ir al hospital. ¿Acaso no se daba cuenta de que a la ladrona le daba exactamente igual lo que él dijese o pensara sobre ello? Ella iba a llevarle hasta ahí le gustase o no. Odiaba a los hombres en ese sentido. Era unos tozudos que no paraban de repetir lo mismo una y otra vez y hasta que no lo conseguían no paraban de repetirlo. Estaba harta de tener que ceder ante ellos así que, por su orgullo, que Firenze acabaría en la misma puerta del hospital o mejor, dentro con un médico que le viese y atendiese, ya que tenía que pagar. Miró de reojo al chico tras su respuesta y entonces volvió a suspirar y sin embargo, suspiraron ambos a la vez, por lo que sin darse cuenta le había mirado de nuevo pero rápidamente, había también desviado la vista hacia adelante. Ya no faltaba demasiado, por fin llegarían al hospital. Pensaba que seguirían en pleno silencio cuando de pronto, el mismo de antes, rompió éste.

- ¿Qué es lo que tanto te molesta de mí...?

Esa pregunta le chocó, pero no tardó en responder... Total, iba en su naturaleza, ser respondona y saber en todo momento lo qué decir, aunque pudiese ser incorrecto.

- De ti en concreto nada, me da igual si eres perro, pez, loro o mono - respondió directamente - Pero para la próxima, no me dejes hablando como una imbécil y por lo menos respóndeme. ¿Acaso te crees que te hablo a ti solamente con fluidez? - se refería obviamente a cuando estaba de forma canina - Es evidente que no.

Suspiró.

- Además me lamiste la cara, como un chucho. Yo qué iba a saber.

¡Es que le había dado la impresión durante todo el tiempo que era un perro normal y corriente. Y le molestaba de pronto encontrarse con un humano, además, podrían haber ido antes al hospital si lo llegaba a saber pues simplemente tendría que "cuidarlo" hasta que volviese a transformarse en un humano y entonces, llevarle al hospital inmediatamente o incluso, esperar en el hospital a que se hiciera humano. Pero no, el señorito tenía que hacer a ladrona llevarle hasta el veterinario para encima montar un escándalo. Hombres.


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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Firenze el Dom Feb 06, 2011 9:02 am

La Gata me volvió a obsequiar con una de sus elocuentes respuestas cuando ignoró completamente el comentario del hospital. Es más, sentí como aferraba un poco más mi cadera como si quisiese prevenir un parón en seco por mi parte para imponerme a sus deseos. Sin embargo ni tan siquiera el amago surgió de mí, a fin de cuentas era un perro, y como tal bastante obediente al respecto a pesar de que esa era una característica que solo reservaba al cien por cien para con mi dueño. Pero bueno, ahora le debía cierta lealtad a la pelinaranja sin duda alguna, y no solo por el hecho que de ignoraría cualquier otra opción que no fuese dejarme en una cama de matasanos e incluso si se podía atarme a ella con una soga para asegurarse de que me iba a quedar ahí. Al recordar el dato una memoria algo velada hasta el momento se abrió paso en mi mente, la de una de mis antiguas amas, Lady Ellendel, una joven cuanto menos peculiar que tenía la morbosa manía de llevarme con un collar de perro incluso en mi forma humana, que me paseasen así con una cuerda no era lo más agradable del mundo, y menos cuando lo hacía una mujer tan... tan... extravagante. Por fortuna mi propietario la acabó abandonando por no soportar sus manías, y yo me libré de su extraño y en cierto modo denigrante trato. Aunque sin ella en casa mi por entonces amo también prescindió de mí, pero bueno, no tardé en encontrar nuevo propietario, después de todo aquella había sido la historia de mi vida, ir de casa en casa cuando creían que ya no necesitaban más de mí, ya fuese que habían presumido de la extraña condición de su sirviente ante sus amistades demasiado, que el capricho se les hubiese pasado, que la tarea para la que me adquirieron había terminado, puro tedio de mi persona o en los casos más tristes la imposibilidad de poder costearme durante más tiempo. Aun así cada uno había tenido su encanto único, ya fuesen más amables, extraños o severos con todos había recopilado un capítulo de mi vida que... también se había difuminado hasta perderse en algunos casos. Pues aquella vez no fue tedio lo que me separó de mi amo, sino una dama mucho más fría, cruel e inesquiva que se había apresurado demasiado para su cita con él, mordiendo sus labios en el frío y mortal beso.

Aparté aquellos pensamientos de mi mente tan raudo como pude, no era un tema que me gustase recordar, no era un tema que pudiese recordar pero a su misma vez olvidarlo me estaba vetado. El ya acostumbrado gélido dolor se extendió por mi columna clavando sus agujas. Cerré los ojos mientras aguantaba la respiración un poco, por fortuna la chica nada raro vería en ello, era lógico que las heridas me doliesen, aunque en este caso eran las de mi alma las que arañaban con más fuerza. Seguramente ni se habría dado cuenta, pero me salvó una vez más al darme la respuesta con ese descarado enfado felino que portaba, el cual me devolvió a la realidad de nuevo obligándome a tragar una sonrisa. Ciertamente, no era el momento, así que escuché con atención sus palabras, sorprendiéndome un tanto. Al principio las ideas llegaron con una cadencia extraña e inconexa a mi mente, carentes de cierta lógica si las intentaba casar con mis pensamientos. ¿Responder? ¿Hablar con fluidez? Pero...

- ¿Cómo iba a responderte si lo único que puedo hacer es ladrar? -cualquier formalidad ya había sido abandonada a esas alturas, pero lejos de ser una molestia era cómodo, más cuando tenías que tratar un tema de por sí tan extraño- Mucha gente habla conmigo bajo mi forma de cánido, los humanos tenéis una extraña costumbre de hablarnos como si os entendiésemos, hecho que en mi caso es cierto obviamente, pero no es lo normal. Es más, de hecho muchas personas tienen mano con los animales, y se consigue cierto punto de comunicación pero... dudo que ninguno entendiese que un "Woof!" significa algo como "Gracias por tu ayuda, por cierto, también poseo una forma híbrida más humana" Porque no te confundas, no soy un humano... soy una especie de... perro con Razón y una apariencia más bípeda. - negué divertido, suspirando para proseguir con la misma calma la explicación.

- De todas formas... claro que te lamí la cara como un chucho, para empezar es lo que soy, y lo siguiente es que para al 99% de los humanos eso es un "gracias" al estilo canino. Y yo necesitaba dártelas. Por si tu siguiente pregunta es porqué no me convertí en humano para decírtelo... además de por lo evidente - miré una milésima de segundo al pantalón blanco que me habían prestado- no puedo transformarme tan "a placer", si estoy herido tengo que guardar energías, podría haber quedado en forma canina durante una semana y no poder hacer nada al respecto.

Terminé de hablar con un nuevo suspiro, me parecía que había explicado cosas como aquella cientos de veces, ya más que exaltarme eran casi rutina, y me volvería a tocar darlas cuando mi nuevo dueño me adquiriese. De todas formas, seguí su ejemplo con la mirada al frente mientras al final de la calle se veía un edificio de piedra vieja y dos pisos que sin duda y por los gritos que ya llegaban a mis oídos era el hospital. Un escalofrío recorrió mi espalda, aquello era peor que el veterinario.
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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Ghatta el Dom Feb 06, 2011 11:20 am

- ¿Cómo iba a responderte si lo único que puedo hacer es ladrar?

Su primera frase ya la desconcertó. Aquí había algo que no cuadraba... Oyó su explicación siguiente y sí vale, vale que los humanos a veces se ponían a hablar con los perros como si estos lo entendieran absolutamente todo, cuando a veces, no era para nada así y simplemente se limitaban a girar la cabeza hacia un lado. No obstante, eso nunca había o por lo menos... Ya desde hace tiempo, tenido problema con ese tipo de cosas. Debido a su obligada transformación mágica, hablar con los animales le resultaba muy fácil y es cierto que más de una vez los ciudadanos la miraban de forma rara, pero se había acostumbrado tanto a eso que ya le daba exactamente igual. Cuando le dijo lo del "woof" Ghatta no pudo evitar pararse en seco por supuesto, junto a él pues ella era la que marcaba el paso entre ambos. ¿Cómo que no lo iba a entender? Otra vez, ¿qué estaba pasando? ¿Qué se le había escapado? Espera... No me digas que... No puede ser... Se quedó en silencio esperando a que el chico terminase de hablar. Intentó explicarle lo del lametón, pero no pilló el punto, no pilló lo que exactamente eso quería decir y ahora.. Tendría quer explicárselo y no le hacía ni pizca de gracia.

Ya se había parado y por lo tanto, girado su rostro hacia el chico mientras dejaba caer un gran suspiro. ¿Acaso no había entendido nada? Efectivamente, seguramente sería eso. ¡Pero si era muy obvio! Se llevó la mano libre hacia el ceño y es lo apretó como cansada hasta que finalmente, otro suspiro salió casi sin darse cuenta. Comenzaba la explicación.


- A ver... ¿No te pareció un poquito raro? ¿Que yo dijese frases tan largas que no fueran "ven aquí" "salta" "no"...? ¿De verdad no te diste cuenta de que te comprendía? ¡Pero si era obvio! Además se supone que vosotros tenéis un sexto sentido para eso... Yo que sé.

Sin querer había hecho presión en su costado, pero porque estaba medio enfurecida y no podía evitarlo.


- ¡Por eso me molestó! Porque me lo podrías haber dicho y nos hubiésemos ahorrado muchas cosas, entre ellas, montar un escándalo y equivocarnos de lugar.

¿Pero qué estaba haciendo? ¿Por qué le estaba dando explicaciones a un completo desconocido? De pronto sus mejillas se sonrojaron casi de forma imperceptible, sí, era un fallo que tenía que, por nada sus mejillas se sonrojaban. Pero el daba igual, no iba a dejar que ese detalle la hiciera parecer menos enfadada o molestar y por ello tras mirar hacia el frente comenzó a seguir dando pasos. Ya veía la puerta al final con un cartel vertical que ponía "HOSPITAL" en dos minutos estarían ahí. Sin embargo, era tiempo suficiente para que el chico le respondiese.

[FDI: Siento que sea tan corto >_<]


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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Firenze el Dom Feb 06, 2011 1:13 pm

No sabía exactamente la razón pero de pronto nos detuvimos en seco con el consecuente pinchazo en el costado. Bueno, más bien ella se detuvo y con ello me detuvo a mí. El hecho me sorprendió un poco en un principio, tenía la férrea convicción de que quería librarse de mí a toda costa y cuanto antes, aunque tal vez el tema que habíamos tocado ya tan cerca de nuestro destino había resultado un tanto espinoso. Terminé las explicaciones con calma, no ajeno a su mirada y su gesto cada vez más turbado por pura exasperación aparentemente. El temor de estar estropeando las cosas más que arreglarlas mordió mi mente, pero tenía que terminar por lo menos y rezar por la oportunidad de un segundo comentario para aclarar cualquier malentendido que pudiese darse. En un rápido vistazo examiné la distancia que todavía nos separaba del hospital, si hablábamos en parado tal vez tuviese aquella oportunidad que el instinto me decía que iba a ser más que necesaria.

Guiñé mi ojo azul cuando apretó inconscientemente mi costado en un mudo gesto de dolor, lo cierto es que conforme hablaba se exaltaba y no sabía si era del todo recomendable permanecer en su abrazo en aquel estado. Sin embargo era soportable, además de que mi mente había considerado oportuno abandonar los pensamientos sobre mi dolor para centrarse en la búsqueda de su nuevo enfado. ¿Sexto sentido? Bien que tenía instinto pero no sabía si podría calificarlo de aquel modo, pero sabía que era algo que mejor me guardaba para mí, no iba a animarle precisamente. De todas maneras esperé a que terminase de desahogarse, comprendía su enfado, seguramente se sentiría engañada y frustrada por no haberlo visto venir. Me sentí en cierto modo culpable, tal vez sí que tenía que haber prestado más atención, a mi mente vino aquella sencilla palabra que sembró la duda en mí, "guardar", justo la misma palabra, justo en el mismo contexto... Debí de haberlo imaginado, atreverme a comprobarlo aunque fuese pero el instinto de supervivencia me había superado eclipsando mi razón más humana. Me había dejado ayudar pensando que no habría consecuencias, ingenuo de mí... Al parecer las había y grandes.

- No. No lo sospeché... bueno, hubo una palabra que dijiste y era prácticamente igual que mi ladrido pero... después de tantas veces tratado así por la gente uno acaba pensando que ha sido casualidad. Supongo que de nada sirve ahora, pero me habría gustado ahorrarte las molestias, de hecho me habría gustado ahorrarte todo esto pero no pareces dispuesta a dejarme ir hasta verme en ese hospital... ¿me equivoco?

Sonreí cálido y algo apenado al mismo tiempo, tenía la amarga sensación de haberla decepcionado. No volví la mirada a sus ojos, la dejé fija en el suelo mientras nuestros pasos volvían a encaminarse al cercano destino. Deseé que faltase más tiempo, que hubiese aunque fuese una calle más, un trozo más, que ocurriese cualquier cosa. La miré de reojo unos segundos percibiendo su sonrojo y supe que tal vez no era aquello, que lo que de verdad deseaba era haberla conocido en otras condiciones, bajo otras circunstancias. Entonces tal vez, y sabía que solo tal vez podíamos haber llegado a ser buenos amigos, aunque sus bufidos permaneciesen intactos al menos no habría esa sombra de enfado pendiendo de sus facciones. Quise borrarla. Quise demasiadas cosas y pude hacer demasiadas pocas. Así que con cierta resignación y verdadera culpa lo pronuncié.

- Lo siento mucho.

Una vez más, no esperaba respuesta de mi Gata anaranjada.
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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Ghatta el Dom Feb 06, 2011 1:51 pm

Como sospechaba, él no sabía nada. En fin, todavía no supo como es que el chucho no se había dado cuenta pero bueno, era así y punto. En ese momento se dió cuenta de que su enfado, se basaba en que él había "jugado" con ella o más bien, se había sentido engañada. Una reflexión ocupó su mente durante unos segundos. Entonces, si el perro no se había dado cuenta de absolutamente nada durante todo el rato, quiere decir que actuaba con total normalidad. En fin, mejor no pensarlo mucho más. ¡Ella seguía enfadada y punto! Su mirada seguía clavada hacia delante y de ahí no se iba a mover, o por lo menos eso pensaba ella. Normalmente su orgullo salía por todos lados y además de hacerle actuar de una forma en concreto, hacía que sus palabras fuesen más frías de lo normal. Sin embargo, hubo algo que hizo añicos todas sus espectativas y que rompió todo lo inquebrantable.

- Lo siento mucho.

No sólo ella se había quedado muda sino también sus pensamientos. La mirada que parecía fija en el infinito se relajó abriendo sus ojos ligeramente al comienzo pero luego quedando más normales que antes y no tan tensos. Su mano, que quedaba en la cintura de manera ruda se relajó y entonces agarró con más suavidad al chico. Pronto comenzaron los pasos de la pelinaranja a afectuarse, uno tras otro, hasta salir de aquel callejón y ver claramente el cartel, ahora, totalmente cerca. No había querido responderle absolutamente, total... ¿Qué iba a decirle? No tenía ningún motivo para sentirse ofendida y contra todo pronóstico el enfado se le había "medio" quitado de golpe. Un suspiro salió de sus labios cuando finalmente entraron en el hospital. Como esperaba, no tardaron en ser socorridos por dos médicos y sus enfermeras. Era como si de pronto, estos hubieran arrancado el enlace que tenían Ghatta y Firenze, pues pronto cogieron al chico de forma suave y lo apartaron de ella sentándole en una especie de silla de ruedas, aunque estaba algo deteriorada y chirriaba. La ladrona miró al chico, hasta perder su mirada por el pasillo. Volvió a suspirar nuevamente y se sentó en uno de los bancos de la sala de espera aunque pronto el médico apareció. Los médicos eran unos tacaños y se negaban a hacer nada si no les habían pagado nada antes. Ghatta le lanzó el saco de monedas con desprecio.

- Lo que sea necesario.

Pero no se fue, se quedó allí sentada esperando. S-Sólo le estaba esperando porque quería ver que salía con vida de aquel lugar y caminando. Sí, sólo eso.


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Re: Entre puestos y palos.

Mensaje por Firenze el Dom Feb 06, 2011 10:10 pm

Tres palabras. Tres palabras llegaron mucho más sinceras y profundas que cualquier torpe explicación que hubiese intentado darle antes. Cerré los ojos como quien suspira, y una tímida paz se asomó por mi mirada. Estaba aliviado, es más, estaba bien, ahora me sentía bien a pesar de la extraña e intensa mañana que habíamos pasado, como si tras tanto correr hubiese llegado una pausa. Tal vez nos la habíamos concedido, yo con mis palabras, ella con sus gestos, y el mutuo silencio selló el pacto echando de una patada la tensión para dejarnos a solas en la boca de un callejón. La suavidad con la que ahora su mano dirigía mi cadera era mucho mejor que cualquier respuesta formal, parecía que ella también había respirado llegando a alguna conclusión personal con la cual pese a desconocerla estaba de acuerdo y agradecido. Por segunda vez desde su casa deseé que el hospital estuviese más lejos, que nos quedasen un par de esquinas por doblar y tal vez dejar algún recuerdo que pudiese sanar mis olvidos. Tomé aire, dedicando la última y discreta mirada a la pelinaranja. Ahora su mirada contaba en paz los adoquines que parecían quedar hasta la puerta, como si a regañadientes tampoco quisiese llegar al destino aunque no podía jurar que nuestros motivos fuesen parejos.

Pese a todo y contra cualquier deseo extraño que hubiese volado por un simple gesto la verdad es que acabamos cruzando esa puerta, mientras el olor a sangre, hierbas, ungüentos y muerte nos recibía con su desagradable afecto. Los hospitales me deprimían todavía más que los veterinarios, por cualquier sitio solo se veían jergones con habitantes que se mimetizaban con ellos batallando por la palidez, otros que desesperados por su condición se arrastraban pegados a las paredes en una súplica de ayuda, quienes no podían costearse el tratamiento se arremolinaban en las esquinas, y supe que más de uno yacía muerto. Apreté los ojos unos segundos, que sucio era aquel trato, incluso los monjes de Monaghan aceptaban donativos para las ayudas sanitarias pero aun así, dejar que alguien muriese por no tener unas monedas a tus pies era algo repugnante. A la mañana siguiente pasarían a ser ceniza en la pira, tal vez alguno terminase en la fosa común y si el ya frío cadáver era reconocible y su ausencia se notaba puede que llegase a tener un digno entierro por sus familiares. Al menos la despedida de aquellos pobres diablos sería más dulce que su muerte, ver como una criatura de seis años se desgarraba por la viruela delirando por las fiebres distaba de ser un plato de gusto. Distaba de ser algo que poder aguantar con la mirada. Por ello, aquellos hombres y mujeres de túnicas claras ni siquiera se giraban por ellos.

La misma mueca de falsa preocupación nos asaltó en cuanto vieron unos clientes potenciales, seguro que habían visto la bolsa de la pelinaranja y eso me iba a asegurar uno de los tratos más dignos que recibiría en aquel lugar. Me sentaron sin dudar en esos extraños artilugios con ruedas que habían empezado a usar. Su sonido chirriante, el traqueteo que producía y la dificultad con la que era empujado me hacía dar una vez más un punto a favor de los antiguos camastros de tela y palos, por mucho que se necesitasen porteadores. No tardé en escuchar como unos pasos se alejaban de nuestro lado, no me hizo falta prestar atención para saber cual era su rumbo.

Suspiré desconectando, dejándome hacer en aquella nave con dos filas de interminables camas, algunas rodeadas de altas sábanas blancas que desvelaban las sombras convulsionándose de sus enfermos. Cerré los ojos, ignorando los pesados instrumentos que disponían a mi alrededor, la afilada navaja y los paños. Empecé a tararear en mi mente, no una canción sino unos pasos, sus pasos, su corazón, y la tristeza pesando de sus facciones. Recité su ceño fruncido, y esa mirada esquiva. Susurré sus silencios con aires de respuesta, y en mi mente resonó la fuerza de sus fieros ademanes. Dibujé en la nada de mi vacío su rostro con las astillas, y rememoré con avidez su mano distendiéndose en mi cadera. Recuperé nuestro último silencio, y con su cálida compañía, por fin dormí.

Ragnarök.



Tras el tiempo que debía haber durado la intervención uno de los médicos me despertó, contándome que todo había ido bien. Pude ver la limpia linaza blanca rodeando mi pecho, y la tablilla que me inmovilizaba el brazo para evitar movimientos innecesarios que entorpeciesen la cura. Mientras le escuchaba algo de tres días de reposo pude oler las hierbas y la grasa que formaban lo que debía ser un ungüento para el dolor y las infecciones. Preferí no preguntar, en esta ocasión no quería saberlo si estaba referido con mi cuerpo. Sin embargo otra duda asaltaba mi mente.

- Ella... ¿sigue ahí?
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